La música en historias: Simphony or Damn, #MesTerenceTrentD'Arby


Symphony or Damn (Exploring the Tension Inside the Sweetness), fue considerado por la gran mayoría de crítica y público como el regreso a primera línea de Terence Trent D'Arby, tras la "decepción" que supuso su segundo álbum (Neither fish nor flesh) para los que esperaban otra entrega de funk y soul a la altura de su disco debut (el excelso Introducing the hardline...). Para Terence Trent D'Arby quizá fuera el momento de la verdad, la última bala para disparar al éxito, tras el fracaso de repercusión y ventas del anterior disco. "Sinfonía o maldición". En esas se encontraba Terence, "explorando la tensión" interior de no terminar de encontrarse a sí mismo en un entramado discográfico que no valoraba sus esfuerzos por canalizar su talento hacia diferentes caminos en cada nueva entrega.

Yo fui uno de aquellos que, entusiasmados por un primer disco que considero uno de los diez discos de mi vida, me quedé un poco a medias con el segundo, y esperé con ansia la llegada del tercero. Cuando supe del lanzamiento de "Sinfonía o maldición", me fui directo a una pequeña tienda de discos cercana a mi casa y compré ilusionado el cd. Cuando lo puse en la cadena de música que mi padre acababa de regalarme, supe que lo que había pagado por él había sido la mejor de las inversiones. Fiel a su propósito de ofrecer cosas diferentes, este tercer disco tiene un sonido más duro y rockero que sus obras anteriores.

El peso de las guitarras es evidente desde el inicio de Confrontation, la primera de las dos partes en las que separa el disco, cuando tras la breve introducción de coros a capella de Welcome to my Monasterio (el nombre del estudio de grabación que se había construido en su casa), las seis cuerdas rompen a bramar en She kissed me (tercer single del álbum), y el feeling de la voz áspera de Terence y las guitarras afiladas te transmite que lo que te espera es un disco grande. Sin descanso, adopta el registro cortante de un James Brown para gritar a los cuatro vientos Do You Love Me Like You Say?, pero manteniendo las capas de guitarras distorsionadas en un tema excelso que fue la tarjeta de presentación del disco.

Como si estuviera aprovechando para expulsar todos los demonios interiores que su situación le provocaba, el torrente de energía no se detiene en Baby, let me share my love, y solo después se permite el lujo de levantar el pie del acelerador y regalarnos la sutil y elegante Delicate, dúo con Des'ree que fue el segundo single del disco, un tema que (esta vez sí) nos recuerda en la producción y los ritmos al Sign your name por el que será recordado por siempre por los que nunca se esforzaron en profundizar más en su carrera. Los que sí lo hicieron, valorarán también Neon Messiah, una pieza de aires psicodélicos y ritmo setentero, y uno de los singles menos conocidos de su obra, publicado únicamente en Japón, convirtiéndose con el tiempo en una preciada pieza de coleccionismo.

La intensa confrontación que nos plantea esta primera parte tiene un solo momento valle con Penelope Please. La alegría y luminosidad del tema, y su limpia producción no encajan en el conjunto de una obra densa y rocosa. Que el único "lunar" de esta parte sea un buen tema habla también mucho de la calidad de la propuesta. Pero aún hay tiempo para más, para mojarse los labios con la rotunda batería y las cortantes guitarras de Wet your lips, con Terence luciendo sus excelencias vocales en un final con sabor a gospel, y sobre todo con la excelsa Turn the page, de larga y trabajada letra, y con un tramo final instrumental de big band del funk. Fue otro de los singles del disco, en este caso con muy poca repercusión, y el gran final de una Confrontation que, por sí sola, ya sería un disco excelso.

Después de la confrontación, la dualidad del artista le lleva a buscar la reconciliación y la calma sonora. Reconciliation esconde meritorias baladas ocultas en capas de pesadas guitarras y baterías (Castillian Blue), maceradas en soul añejo (T.I.T.S / Frankie & Johnny), mezclando ritmos optimistas con guitarras de aire blusero (Are you happy) o experimentando con la electrónica más pegadiza (Succumb to me) Pese a todo este esfuerzo, esta segunda parte del disco no escapa a cierta sensación de que lo mejor ya pasó, y es en los momentos menos recargados e intimistas (I still love you, Seasons y, sobre todo esa maravilla que es Let her down easy) donde se produce realmente la reconciliación.

Y ese fue el momento cumbre de Terence Trent D'Arby. Su Sign of the Times, ese disco que muchos consideran el mejor, pero que nunca podrá superar al impacto de su Purple Rain, ese Introducing the hardline que nos dejó sin palabras. Aún hubo un intento más con el también brillante pero irregular Vibrator, pero después ya nunca sería lo mismo. Y debería haberlo visto venir, porque casi al tiempo que inició su silencio y su lenta reencarnación en Sananda Maitreya, aquella tienda de discos cerró sus puertas, y ocupó su lugar una insulsa tienda de colchones. De la sinfonía a la maldición.

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