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viernes, 27 de marzo de 2026

Disco de la semana 475: Fool For Thr City - Foghat

 

Fool For The City, Foghat


     A mediados de los años 70 el rock británico buscaba nuevas formas de rugir sin perder la esencia del blues eléctrico que lo había alimentado desde los 60. Para entonces Foghat ya llevaba un tiempo circulando por la autopista del boogie con la determinación de una locomotora. No eran una banda de postureo ni de discursos grandilocuentes, eran músicos de carretera, curtidos en escenarios pequeños, en giras interminables y en esa mezcla de sudor, amplificadores calientes y cerveza tibia que define al rock más honesto. Pero fue en 1975 cuando todo encajó. Ese año publicaron Fool for the City, el disco que los catapultó definitivamente al estrellato americano y que, con el tiempo, se convertiría en su obra más emblemática.

El 15 de septiembre de 1975, Foghat lanzaba su quinto álbum de estudio bajo el sello Bearsville Records. El disco fue producido por Nick Jameson, músico estadounidense que no solo se encargó de la mesa de mezclas, sino que también asumió el bajo tras la marcha del miembro fundador Tony Stevens. Aquella salida, lejos de desestabilizar al grupo, abrió una nueva etapa creativa. Jameson aportó una visión más pulida y moderna, sin restar un ápice de crudeza al sonido característico de Foghat. El resultado fue un álbum que combinaba la energía callejera del boogie británico con una producción robusta, perfecta para las radios FM que dominaban la cultura musical estadounidense de la época, lo que les hizo entrar como un tiro en dichas emisoras.

La portada del disco se convirtió en un icono por derecho propio. Roger Earl, el baterista, sentado en una caja mientras pesca en una alcantarilla en East 11th Street, Nueva York. Una imagen tan absurda como entrañable, que capturaba el espíritu de Foghat, humor, irreverencia y una actitud despreocupada ante la vida. Era una banda de contrastes, pues aunque no se tomara demasiado en serio a sí misma, sí se tomaban muy en serio la música. Fool for the City fue el primer álbum de Foghat en alcanzar disco de platino, y no es difícil entender por qué. Desde el primer riff hasta el último redoble, el disco es una celebración del rock directo, sin artificios, construido sobre la base de guitarras afiladas, ritmos sólidos y una voz, la de Dave Peverett, que era capaz de transmitir carisma.



El álbum abre con el tema que le da título, Fool For The City, toda una declaración de intenciones. El riff inicial es simple pero engancha, y Peverett canta con ese tono entre socarrón y desafiante que siempre lo caracterizó, como si estuviera contando una historia en la barra de un bar. La letra habla de escapismo urbano, de la necesidad de perderse en la ciudad para encontrarse a uno mismo. Foghat nunca fue una banda de metáforas complejas: aquí todo es sudor, ritmo y ganas de vivir deprisa. La producción de Jameson brilla especialmente en este tema, con un sonido limpio que realza cada instrumento. 
My Babe es un blues-rock. El grupo siempre tuvo un don especial para reinterpretar el blues sin caer en la imitación. Aquí suenan compactos, casi como si estuvieran tocando en un garito lleno de humo. La guitarra de Rod Price, apodado “The Slide King”, desliza notas con una elegancia feroz, demostrando por qué era uno de los guitarristas más respetados del género. Y aquí llega el plato fuerte, Slow Ride. La versión original supera los ocho minutos, pero con los años se han editado hasta cuatro versiones más, desde los casi cuatro minutos hasta los diez y pico. Todas funcionan, pero la larga es la que captura la esencia del grupo: un viaje lento, sensual, construido sobre un groove hipnótico que te envuelve poco a poco. El tema está acreditado a Dave Peverett, y tanto la letra como el tempo simulan el acto de hacer el amor. Empieza suave, se mantiene en un vaivén constante y, hacia el final, los riffs se aceleran hasta culminar en un estallido eléctrico. Foghat convirtió el boogie en erotismo sonoro, y lo hizo sin caer en lo vulgar. Es pura energía, pura química musical. La historia de su creación es casi tan buena como la canción. Según el baterista Roger Earl, el tema nació de una jam con el recién incorporado Jameson. Este llevaba siempre un reproductor de casetes y grababa todo lo que tocaban. En una de esas sesiones captó una línea de bajo y algunos fragmentos sueltos. Luego recortó y pegó el material hasta darle forma. Peverett escuchó aquello y dijo: “Tengo letra para eso”. Y así, de una improvisación casi accidental, surgió este himno del rock setentero.

La cara B abre con Terraplane Blues, donde la banda rinde homenaje a Robert Johnson con una versión electrificada que respeta el espíritu del original. La guitarra slide de Price brilla con luz propia, y la banda suena como una locomotora en marcha. Estamos ante una reinterpretación musculosa y llena de vida, que demuestra el profundo respeto del grupo por las raíces del blues. Save Your Loving (For Me) es un medio tiempo con aroma a carretera nocturna. Aquí la banda demuestra que también sabe bajar revoluciones sin perder intensidad. La voz de Peverett suena más cálida, más íntima, mientras la guitarra envuelve la canción. Drive Me Home es un boogie acelerado, perfecto para conducir con las ventanillas bajadas. Tema directo, contagioso y lleno de energía. La batería de Earl marca un ritmo imparable, mientras Price y Peverett se reparten riffs y con una gran complicidad. Take It or Leave It cierra el álbum. Tiene una aire más melódico. No es el corte más conocido del disco, pero es el cierre perfecto. El grupo cierra el disco con la misma honestidad con la que lo empezó, sin pretensiones, solo rock bien hecho.

Fool for the City además de ser el disco más exitoso de Foghat, es el álbum donde la banda encontró su identidad definitiva. Un trabajo que captura la esencia del rock de carretera, del sudor en los clubs, de la libertad que solo da un riff bien tocado. Es sencillamente música honesta y directa hecha por músicos que amaban lo que hacían. No reinventaron nada, ni lo pretendieron, simplemente hiceron girar la rueda musical más rápido, más fuerte y con más estilo.

viernes, 20 de marzo de 2026

Disco de la semana 474: Good Company - The Dead South

 


Publicado el 26 de abril de 2014, "Good Company" fue el primer LP de larga duración de The Dead South y el disco con el que cimentaron su identidad y característico estilo de bluegrass y folk modernos, con una inusual formación de banjo, guitarra acústica, mandolina y violonchelo (en lugar de contrabajo) y la ausencia de batería. Dos años después de su publicación, la viralización del vídeo de la canción "In Hell I’ll Be in Good Company" disparó las escuchas y descargas de un disco que ofrece catorce fogonazos de bluegrass de taberna y baladas de corte sombrío.

El disco arranca con "Long Gone", con un fogoso banjo mandando sobre el resto de instrumentos y con la voz áspera de Nate Hilts perfectamente encajada en el perfecto ritmo de la canción. La letra oscila entre la huida sentimental y el humor negro y la exageración satírica, rasgos frecuentes en el cancionero del grupo. Le sigue “Achilles”, más cadenciosa y de estribillo potente, y un destacable cello acompañado de mandolina y banjo en el cuerpo y la melodía de la canción.

El trío inicial lo completa “The Recap”, épica canción de aires tabernarios, con una letra que va creciendo en intensidad, con la música alternando tramos contenidos y estallidos rítmicos, antes de llegar a la ya mencionada “In Hell I’ll Be in Good Company”, la piedra angular del disco y la canción insignia del grupo, un curioso ejercicio musical que algunos han descrito como de "marcha fúnebre bailable" con un estribillo en el que el grupo asume y afronta el tema de la muerte en clave de sátira burlona.

“Manly Way” tiene también la habitual carga satírica de una típica canción de The Dead South, combinada con la también habitual instrumentación tradicional de mandolina y banjo sobre una base rítmica minimalista. Funciona como una especie de transición entre la primera parte del disco y “Travellin’ Man”, momento en el que se adentran en el terreno de la balada, y la voz rasposa de Nate Hilts vuelve a cobrar mayor protagonismo, en un tema en el que también destacan los cuidados coros y un banjo con sabor a carretera solitaria.

“Honey You” es una de las canciones favoritas de los fans del grupo, y es prácticamente imprescindible en sus actuaciones en directo. Tiene un toque dulce y pegadizo en la melodía y en los coros, y el estribillo se queda pegado fácilmente en la memoria del oyente, sin que por ello pierda el tono taciturno y algo lúgubre de la propuesta musical de The Dead South. Para este tema también grabaron un video promocional, que tuvo bastante presencia en las plataformas de consumo de música online. Tras este nuevo momento cumbre del disco, “Ballad for Janoski” es una extensa y contenida balada con un agradable cello, que va creciendo conforme avanzan sus más de cinco minutos de duración.

“Down That Road” retoma el medio tiempo habitual del disco en tono de road movie, descargando la tensión generada por el intenso tema anterior, y abriendo camino para un tramo final más luminoso y animado, que comienza con el manifiesto que es “The Dead South”, plagada de riffs de banjo y cierta sorna auto-paródica, y otro de los himnos característicos de la banda. No menos relevante y pegadiza es “That Bastard Son”, brillante tema folk de estribillo para cantar a coro. Y tras estos tres impactantes fogonazos, el ritmo vuelve a calmarse en “Deep When the River’s High”, profunda y dramática balada en la que el cello camina a sus anchas en agradables oleadas armónicas.

La intensidad no decae en “Into the Valley” y sus más de seis minutos de tensión creciente y apocalíptica. Musicalmente es la pieza más ambiciosa del disco, con una instrumentación de folk de salón cocinada con la calma necesaria y una producción muy limpia y acertada. Podría haber sido un gran final para "Good Company", pero The Dead South aún guardan una bala más en la recámara y, para terminar, nos regalan la bola extra de “Banjo Odyssey”, un torbellino acelerado y satírico sobre la rebeldía juvenil, descrita a través de la explícita historia de una relación amorosa entre primos. Musicalmente es, de nuevo, una gran demostración de su destreza con el banjo, con un estribillo pegadizo y una intensidad que hace que cierre en todo lo alto un disco que, definitivamente, es una "buena compañía" tanto si estás solo en casa sentado junto al tocadiscos, sin estrés ni prisa alguna y con una buena cerveza en la mano.

viernes, 13 de marzo de 2026

Disco de la semana 473: Norah Jones y su álbum debut Come Away with Me


Disco de la semana 473: Norah Jones y su álbum debut Come Away with Me

A veces, la música no necesita gritar para ser escuchada. A principios de los años 2000, mientras las listas de éxitos estaban saturadas de pop sintético, guitarras cargadas de distorsión y coreografías milimétricas, una joven pianista neoyorquina apareció con un álbum que parecía grabado en una madrugada eterna.
Hablamos de "Come Away with Me", el debut de Norah Jones. Un disco que no solo vendió millones de copias y barrió en los Grammys, sino que redefinió lo que el gran público entendía por "música sofisticada". Si buscas un refugio sonoro, una banda sonora para la introspección o simplemente belleza pura, este es el disco que debes tener en tu colección.

Un oasis en medio del caos
Publicado en 2002 bajo el legendario sello Blue Note, este álbum llegó en un momento de fatiga auditiva. Lo que Norah Jones propuso fue un retorno a la calidez analógica. No hay trucos de producción aquí; lo que escuchas es la madera del piano, el roce de los dedos sobre las cuerdas del contrabajo y una voz que se siente como un secreto compartido al oído.

La producción de Arif Mardin es magistral por su invisibilidad. Logró capturar la esencia de una artista que se mueve cómodamente entre el jazz, el folk, el country y el pop, sin dejar que ninguna etiqueta la aprisione. Es un disco "híbrido", pero se siente totalmente cohesivo gracias a esa atmósfera nocturna y melancólica que lo envuelve de principio a fin.

El álbum comienza con "Don't Know Why", la canción que lo cambió todo. Es una pieza de una sencillez engañosa. La voz de Norah Jones suena vulnerable pero segura, navegando sobre una melodía de piano que se siente instantáneamente familiar. Es el himno de los arrepentimientos silenciosos, de las oportunidades perdidas que no duelen, sino que se aceptan con una resignada sonrisa.
Seguimos con temas como "Seven Years", donde la influencia del folk es más evidente. La guitarra acústica lleva el peso, recordándonos que Norah Jones es mucho más que una "cantante de jazz". Hay una cualidad narrativa en sus letras que evoca paisajes rurales y memorias de la infancia.
Pero es en la canción que da título al disco, "Come Away with Me", donde se alcanza el clímax atmosférico. Es una invitación a la escapatoria. Si cierras los ojos, puedes sentir la lluvia contra el cristal mientras ella te pide que huyas a un lugar donde la música sea lo único que importe. El uso del espacio y el silencio en esta pista es una lección de minimalismo musical.

Momentos destacados de álbum:
"Cold Cold Heart": Una versión magistral del clásico de Hank Williams. Norah Jones toma una joya del country y la transforma en una balada de club de jazz de las tres de la mañana. Demuestra que el dolor es un lenguaje universal, sin importar el género musical.
"Turn Me On": Aquí la temperatura sube ligeramente. Con un toque de blues y soul, Norah Jones explora el deseo con una elegancia que pocas artistas logran. Es sensual, orgánica y profundamente humana.
"The Nearness of You": El cierre perfecto. Solo Norah Jones y su piano interpretando un estándar de Hoagy Carmichael. Es una interpretación tan íntima que casi sientes que estás invadiendo su privacidad al escucharla.

¿Por qué deberías escucharlo hoy?
Podrías pensar que un disco de hace más de dos décadas ha perdido vigencia, pero la magia de Come Away with Me reside en su atemporalidad. No suena a "2002". No hay sintetizadores obsoletos ni efectos de voz que delaten su edad. Podría haber sido grabado en 1955 o ayer por la tarde.

Es el disco perfecto para bajar las revoluciones en un mundo de notificaciones constantes y ritmos frenéticos, Norah Jones te obliga a respirar.
Es un álbum que se siente como un amigo que no necesita hablar para consolarte.
Iniciarse en el Jazz, si el jazz te parece un género intimidante o complejo, este es el "puente" ideal. Es accesible, melódico y profundamente emocional.

Cuando Norah Jones subió al escenario de los Grammys en 2003 para recoger ocho estatuillas, no solo estaba ganando ella; estaba ganando la música honesta. Come Away with Me demostró que el público todavía tenía hambre de autenticidad.

A diferencia de muchos éxitos de ventas que se desvanecen con el tiempo, este álbum ha envejecido como los buenos vinos (metafóricamente, ¡y porque es el acompañamiento ideal para una copa!). Ha vendido más de 27 millones de copias en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los debuts más exitosos de la historia, y por una buena razón: es perfecto.

"A veces la música más poderosa es la que se atreve a ser silenciosa."
 
Come Away with Me no es solo un disco, es un estado mental. Es una invitación a detener el reloj, apagar las luces y dejarse llevar por una de las voces más prodigiosas de nuestra era. Si aún no lo has escuchado de principio a fin, te envidio, estás a punto de descubrir uno de esos álbumes que te cambian la forma de escuchar música.
Mi recomendación, es que busques una tarde lluviosa, unos buenos auriculares y dale al play. No necesitas nada más.

Daniel 
Instagram storyboy 

viernes, 6 de marzo de 2026

Disco de la semana 472: Bad Girls - Donna Summers


En la primavera de 1979, Donna Summer lanzó su mejor álbum. Ya era considerada la "Reina de la Música Disco" y su séptimo álbum de estudio se convirtió en la joya de su corona. Dos elementos principales hacen de este un viaje sonoro increíble: 1. La confianza de Donna Summer como cantante y compositora estaba en su apogeo; y 2. La capacidad de Giorgio Moroder para incorporar su propio estilo de producción con técnicas más nuevas e innovadoras. Bad Girls no es una obra musical perfecta, sus letras son cursis y kitsch, sus armonías y su producción no siempre son brillantes ni creativas, y el segundo disco (que combina baladas pop soul con electrónica) es mucho menos pegadizo y disfrutable que el primero (que es un popurrí de canciones disco más controvertidas),  ¿A quién le importa? ¿Qué es un álbum perfecto? ¿OK Computer? ¿Dark Side? 'Bad Girls' es un álbum humano. ¿Te gustaría que tu vida se pareciera a 'Dark Side' o a 'Bad Girls'? A mí me gusta que se parezcan a Bad Girls. Sin duda. No me refiero a esta mierda de putas y pobreza, claro; me refiero al ambiente.

El clásico disco arranca con fuerza, Hot Stuff abre el álbum, seguida de Bad Girls, la primera habla de prostitución, el solo de guitarra de Jeff "Skunk" Baxter (de los Doobie Brothers) le dio un borde "sucio" y energético que atrajo a una audiencia más amplia. Gracias a este tema, Summer ganó el primer Grammy a la Mejor Interpretación Vocal de Rock Femenina, demostrando que su rango era ilimitado. La letra, que habla de la búsqueda de deseo y compañía nocturna, se convirtió en un himno de empoderamiento y libertad sexual, es posiblemente, la canción más enérgica de su catálogo y un pilar fundamental de la cultura nocturna global. Bad Girls dio nombre a su álbum más vendido. Inspirada en un incidente real donde una asistente de Summer fue confundida con una trabajadora sexual por un policía, la letra humaniza y retrata la vida nocturna de las calles de Nueva York con una mezcla de realismo y ritmo irresistible. Es famosa por su pegajoso estribillo "Toot toot, beep beep", que simula el tráfico urbano, y una línea de bajo que invita al movimiento inmediato, logra un equilibrio perfecto entre el funk, el soul y el disco habla necesidades sexuales insatisfechas. Ambas canciones alcanzaron el número uno en las listas de éxitos de pop y dance, también son canciones definitorias de la era disco y se encuentran entre las más populares de la cantante.  Las otras dos canciones que cierran la primera cara son la discreta

Love Will Always Find You un himno de esperanza y resiliencia emocional. La letra asegura que, sin importar la soledad o las decepciones pasadas, el amor tiene una fuerza magnética inevitable, combina una base rítmica sólida con sintetizadores elegantes, permitiendo que la voz de Donna brille con una calidez reconfortante, alejándose de los gritos teatrales para enfocarse en la sinceridad y aunque no fue un hit comercial en su momento debido al retraso del sello discográfico, hoy es valorada por los fans como un recordatorio de la versatilidad de la "Reina del Disco". y la maravillosa y efervescente Walk Away, que debería haber sido un éxito aún mayor, la letra explora el dolor de una ruptura inminente. Es un consejo agridulce sobre saber cuándo retirarse de una relación que ya no funciona, antes de que el daño sea irreparable, de nuevo bajo la mano de Moroder y Bellotte, la pista destaca por su instrumentación orgánica, con un piano prominente y arreglos de cuerda que subrayan la melancolía del mensaje.

La cara 2 o B comienza con otro tema épico, Dim All the Lights que fue una de las primeras canciones acreditadas únicamente a Donna Summer como compositora. La había pensado para Rod Stewart, pero cambió de opinión y la grabó para este álbum. Alcanzó el número 2 en el Hot 100 y es otra canción que definió su carrera. Journey to the Center of Your Heart le sigue como uno de los mejores temas profundos, la canción encapsula la transición del sonido disco hacia el New Wave y el sintetizador pop que definiría esa década, One Night in a Lifetime, es una pieza de pop melódico con una producción limpia y sintetizadores brillantes. Destaca por su enfoque en la interpretación vocal romántica, alejándose del drama de sus hits anteriores para ofrecer una calidez más íntima y comercial, muy acorde al sonido radial de 1981. Can't Get to Sleep at Night se apoya en un ritmo más pausado y un sentimiento de añoranza. Explora la vulnerabilidad de la soledad y el insomnio provocado por el deseo, permitiendo que la voz de Donna se deslice con suavidad sobre una base rítmica constante pero relajada.


La tercera cara (o cara C) ha recibido las críticas y la atención menos favorables a lo largo de los años. Las cuatro canciones son baladas conmovedoras. Tener cuatro baladas en medio de un álbum de música disco podría parecer que ralentizaría el ritmo, pero en realidad funciona bien. El descanso de los ritmos y las cuerdas ondulantes se acompaña de canciones bien elaboradas y una entrega contundente. On My Honor es una balada de corte clásico y solemne. Aquí, Summer utiliza su registro más profundo y honesto para hablar de lealtad y promesas. La producción es contenida, dejando que la narrativa de compromiso sea la protagonista absoluta. There Will Always Be a You es una pieza romántica que destaca por su dulzura. Es el tipo de canción que demuestra que Donna podía dominar el formato de balada contemporánea con la misma facilidad con la que dominaba las pistas de baile, enfocándose en la permanencia del amor. All Through the Night, es una de las pistas más dinámicas de su etapa de principios de los 80, con un ritmo pulsante y sintetizadores que evocan el misterio y la energía de la vida nocturna, pero con un barniz pop muy refinado. My Baby Understands coquetea con el rock y el funk. Destaca por su línea de bajo caminante y una interpretación vocal llena de actitud, celebrando la conexión perfecta y el apoyo incondicional de una pareja.

La cuarta cara (o cara D) devuelve el viaje a una conclusión trepidante, Our Love es famosa por su inconfundible patrón de sintetizador galopante. La voz de Donna flota sobre una producción futurista que rinde homenaje a I Feel Love, pero con una calidez más romántica. Ha sido sampleada por innumerables artistas, demostrando su atemporalidad. Lucky acelera el pulso con una energía vibrante. Es una celebración de la fortuna en el amor, impulsada por secuencias electrónicas rápidas y una interpretación vocal que transmite una alegría pura y contagiosa. Sunset People es el cierre perfecto, una oda a la fauna nocturna de Sunset Boulevard en Los Ángeles. Con su ritmo mecánico y sintetizadores oscuros, retrata la cultura de los clubes con una mezcla de fascinación y melancolía urbana. Bad Girls fue una apuesta arriesgada para Donna. Aquí se arriesgó con los temas y las letras. Pero, combinando sus fortalezas con su mejor colaboradora,Los riesgos dieron sus frutos y el álbum sigue siendo su declaración artística más popular y aclamada.



viernes, 27 de febrero de 2026

Disco de la semana 471 - Made in Medina - Rachid Taha

 


Siempre que viajo a cualquier ciudad dentro o fuera de España, intento buscar una tienda de discos en la que pasar un rato agradable y poder llevarme algún disco de recuerdo para mi colección de vinilos. Si la ciudad es de otro país, intento además que el disco seleccionado sea de un artista local que fusione su folclore tradicional con el rock de guitarras afiladas. No siempre lo consigo, y no he estado nunca en Argelia, pero tengo claro que si algún día tengo la oportunidad de viajar allí, el disco que me traeré será "Made in Medina" (2000) de Rachid Taha, el músico franco-argelino de música raï, o en su defecto cualquier otro disco de su amplia discografía en el que, como casi siempre hacía, mezclaba las raíces raï con el rock, el punk, el techno y hasta el funk.

Cualquiera de ellos valdría como disco de la semana, pero me he decidido por "Made in Medina" por su extraordinaria cohesión y lo acertado de la mezcla entre lo oriental y lo occidental en muchos de sus temas, construidos sobre bases rítmicas pegadizas y aderezadas con arreglos que combinan de manera brillante las melodías más tradicionales con ramalazos guitarreros y una voz rasgada y poderosa. Esa explosiva combinación de estilos tiene sus momentos más álgidos en la primera parte del disco, con un arranque fulgurante en "Barra Barra", en la que los ramalazos metaleros contrastan con los arreglos orientales, en casi seis minutos que se pasan prácticamente volando y te dejan con ganas de más.

Pero no importa, porque hay más. Mucho más, porque "Foqt Foqt" no hace sino mejorar a su predecesora, y en de nuevo seis intensos minutos para no dejarse ninguna nota brillante en el tintero. Sin dar apenas respiro, el siguiente tema se podría entender como el principal, aunque el nombre no coincida exactamente con el título del disco. "Medina" es más luminoso y comercial, con una guitarra española de aire oriental marcando el pegadizo ritmo y la voz de Rachid Taha contestando a un coro masculino en el estribillo. Tras este trío inicial de ases, el disco se calma temporalmente en "Ala Jalkoum", agradable balada que demuestra que Taha puede moverse con éxito en registros muy diferentes.

El ritmo de batería de "Aï Aï Aï", lento pero rotundo, casi como arrastrándose, y la intensa melodía de cuerdas árabes que lo acompaña recuerdan al mismísimo "Kashmir" de Led Zeppelin, pero con mucho más poso y autenticidad de raï tradicional. Mucho más bailable y asequible es "Hey Anta", de la que se rodó un videoclip promocional. Una pena no poder entender la letra de muchas de las canciones, aunque he leído aquí y allá que muchas de ellas hablan del deseo, por un lado, y de la soledad del emigrante, en otros casos.

No se en cual de las dos temáticas está "Qalantiqa", una de mis favoritas del disco, y parece que "En Retard", basada en un ritmo tradicional marroquí, cuenta la historia de un amante que siempre llega tarde a sus citas. Quizá no llegue nunca a tiempo por entretenerse demasiado tiempo en escuchar un disco tan bueno como "Made in Medina", en el que hay espacio también para el funk en "Verité", o para la fusión entre el raï y la electrónica y el techno en temas como "Ho Chérie Chérie""Garab", el curioso tema con el que termina una obra impactante en la que no sobra prácticamente nada. Dadle un tiento, y si os apetece me decís por aquí que os parece en los comentarios.

viernes, 20 de febrero de 2026

Disco de la semana 470.- Brownout Presents Brown sabbath - Brownout

 

Brownout Presenta Brown sabbath



     En la historia reciente de la música alternativa hay proyectos que nacen casi por accidente y terminan adquiriendo una identidad propia, Brownout es uno de ellos. Para entender cómo un grupo de músicos latinos de Austin, Texas, acabó reinventando el legado de Black Sabbath desde el funk psicodélico, hay que retroceder a los primeros años de Grupo Fantasma, la banda madre de la que Brownout surgió como un desprendimiento natural.

A principios de los 2000, Grupo Fantasma ya era un colectivo vibrante, multicultural y ambicioso. Su mezcla de cumbia, salsa, funk y rock les había ganado un lugar en la escena texana y, más tarde serían premiados con un premio Grammy. Pero dentro de esa maquinaria musical había músicos que querían explorar territorios más crudos, eléctricos y expansivos. Así nació Brownout, inicialmente como un proyecto paralelo, casi un experimento; un espacio donde podían dejar a un lado la estructura más tradicional de Grupo Fantasma y sumergirse en el deep funk, el latin rock, el afrobeat y la psicodelia.

Brownout se formó como un grupo de musicos poderoso: guitarras afiladas, una sección de metales exuberante, percusión latina omnipresente y un bajo que funcionaba como columna vertebral. Desde el principio, su sonido se movió entre la tradición latina y la contracultura estadounidense, uniendo mundos que, en manos menos hábiles, podrían haber chocado. Si algo define al grupo es su capacidad para absorber influencias sin perder identidad. En sus primeros trabajos ya se percibía la huella de Santana, Earth, Wind & Fire, el rock psicodélico de los 70 y, sobre todo, el universo expansivo de George Clinton y sus Funkadelic. El famoso movimieno y sonido P-Funk no era solo una referencia estética, era una filosofía. Y ese caos controlado, ese groove infinito, esa libertad para deformar la realidad sonora Brownout lo adoptó como un lenguaje propio. En discos como Homenaje (2008) y Aguilas and Cobras (2009), el grupo ya mostraba una mezcla de riffs hipnóticos, metales incendiarios y ritmos afro-latinos que parecían diseñados para un ritual colectivo. Era cuestión de tiempo que esa libertad creativa los empujara hacia un proyecto más arriesgado.

En 2014, Brownout anunció un proyecto que, sobre el papel, parecía una provocación: reinterpretar los clásicos de Black Sabbath en clave de funk latino y psicodelia. El álbum, publicado por Ubiquity Records bajo el título Brownout Presents Brown Sabbath, se convirtió en un fenómeno inesperado. La propia banda lo describió como un “hit nacional sorpresa”, y no exageraban: el disco conectó con públicos que jamás habrían coincidido en un mismo concierto. La idea de versionar a Black Sabbath surgió casi como un juego interno, una pregunta lanzada al aire: ¿Qué pasaría si los riffs de Iommi se trasladaran a un universo de metales ardientes, percusión latina y grooves bailables?. La respuesta fue este brillante álbum.



Lo primero que hay que entender es que Brown Sabbath no es un disco de versiones al uso o como tal, no es un homenaje complaciente ni un ejercicio de nostalgia. Es una relectura profunda, una traducción cultural y musical que respeta la esencia del original pero la reimagina desde otro prisma. Si en Black Sabbath el riff es el rey, en Brownout la corona pasa a la sección de metales. Trompeta, trombón y saxofón se convierten en protagonistas absolutos, reinterpretando melodías icónicas con una mezcla de reverencia y descaro. En The Wizard, por ejemplo, la armónica original se transforma en un diálogo de metales que mantiene la mística pero la vuelve casi cinematográfica. La percusión (congas, timbales, bongós) es el motor, y se nota en canciones como N.I.B. o Hand of Doom, donde adquieren un toque casi tribal que las acerca al afrobeat y al funk setentero. Lo que en el grupo de Iommi era densidad, en el grupo texano es movimiento. 

Las guitarras apuestan por la psicodelia en lugar de saturación, pues Beto Martínez y Adrian Quesada no intentan replicar el sonido de Iommi. Sería absurdo. En su lugar, lo reinterpretan desde la psicodelia y el funk, con wah-wah, fuzz suave y riffs más abiertos. Aunque Brownout es principalmente instrumental, para este proyecto contaron con vocalistas invitados como Alex Marrero, cuya voz aporta textura y un un toque denso y psicodélico que encaja sorprendentemente bien con la propuesta. La producción del álbum es uno de sus grandes aciertos. A diferencia del sonido oscuro y comprimido de los primeros discos de Sabbath, En Brown Sabbath se apuesta por una mezcla abierta, cálida y detallada donde los metales suenan brillantes, la percusión tiene presencia sin saturar y el bajo sostiene el groove con una solidez impecable. El equilibrio entre homenaje y reinterpretación es magistral. Brownout no pretende ni imitar ni mejorar sin más a Sabbath,traduce su sonido a su propio idioma musical.

La recepción crítica fue tan inesperada como positiva. Publicaciones especializadas destacaron la valentía del proyecto y su sorprendente coherencia. Una reseña señalaba que el disco “se ciñe a los originales pero llevándoselos a su terreno”, convirtiendo canciones pesadas y sombrías en piezas cálidas y bailables, Otra lo describía como un “pastiche blues funk rock psicodélico” que revela capas ocultas en las composiciones de SabbathLo más interesante es que el álbum no solo conquistó a fans del funk, sino también a seguidores de Sabbath que encontraron en estas reinterpretaciones una nueva forma de escuchar canciones que creían conocer de memoria. 

La clave del éxito de Brown Sabbath está en entender que el metal y el funk, aunque parezcan opuestos, comparten algo esencial: el poder del riff y la repetición hipnótica. Sabbath construía muros de sonido y Brownout construye paisajes rítmicos, y a pesar de todo confluyen en un mismo conecpto o idea: la obsesión por el groove. Al reinterpretar a Sabbath desde el funk, los texanos nos descubren como canciones que parecían monolíticas se vuelven fluidas, bailables e incluso sensuales. Este álbum, además de ser un homenaje respetuoso, una reinterpretación creativa y una celebración del poder del groove, es también un recordatorio de que la música es un territorio sin fronteras, donde el metal puede bailar con el funk y la psicodelia puede abrazar la oscuridad.

viernes, 13 de febrero de 2026

Disco de la semana 469: Dr. Hook - Dr. Hook & The Medicine Show

 


Dr. Hook (1972) es el primer álbum de la banda Dr. Hook & The Medicine Show, un disco que rebosa personalidad y aires de lírica bohemia, de la mano del poeta Shel Silverstein, que firma buena parte de las canciones del álbum, y de una banda que debutaba a lo grande con una interesante mezcla de rock sureño, country rock relajado y delicadas baladas sentimentales. Juntos, componían una especie de "troupe bohemia" que en el disco suena a bares, carreteras secundarias y apartamentos llenos de humo y botellas vacías, en los que lamentarse de un modo casi teatral por los traspiés amorosos y los desengaños, como en "Sylvia's Mother", el genial tema que abre el disco en forma de teatral balada dramática, narrando la desesperación de un hombre que intenta hablar por teléfono con su exnovia antes de que ella se marche para siempre, y se topa con la rotunda negativa de la madre de ésta, que no le deja despedirse ni intentar convencerla de que no le deje. La dramatización es tan intensa que la voz de Dennis Locorriere se quiebra, suplica, se eleva y se hunde, transmitiendo vulnerabilidad y desesperación. La banda está perfecta en este primer tema, y los arreglos de cuerda intensifican aún más el crescendo emocional de un auténtico himno de la banda.

En "Marie Lavaux" cambia completamente el tono, y suena más a cuento musical con tintes de leyenda sureña, centrada en la descripción de una figura oscura y misteriosa sobre un manto musical de folk. El estribillo es pegadizo y la banda consigue crear una atmósfera intensa que contrasta con la intensidad del arranque. Le sigue "Sing Me a Rainbow", más ligera y melódica, cercana a lo que podríamos llamar "folk pop", con luminosas armonías vocales y una letra sencilla y colorida. "Hey, Lady Godiva" retoma el tono y el toque de humor y de teatralidad característicos de la banda. De ritmo country animado y letra simpática y picarona, que describe a una Lady Godiva moderna y desenfadada, es otro de los grandes momentos del disco.

"Four Years Older Than Me" es intimista, con una melodía suave y nostálgica, y una letra sobre una relación marcada por la diferencia de edad, contada desde la perspectiva del joven que mira con fascinación y cierta inseguridad a una mujer mayor que él, pero la ironía o la broma está en que la diferencia de edad es tan solo de cuatro años. El tono delicado continúa en "Kiss It Away”, una melancólica balada sobre como el amor y el afecto pueden ser capaces de curar las heridas emocionales. Los arreglos musicales son sencillos pero efectivos, y la voz principal es especialmente cálida y profunda. Con "Makin’ It Natural" la banda vuelve al humor y a la irreverencia, apoyados en un ritmo relajado, casi perezoso, y una letra que juega con la idea de aceptar las cosas tal como vienen, incluso cuando son un desastre. La interpretación vocal tiene un toque burlón, y la instrumentación refuerza ese ambiente despreocupado y bohemio.

"I Call That True Love" es también tierna y a la vez algo humorística, y presenta una visión poco convencional del amor, celebrando las imperfecciones y las situaciones absurdas que pueden surgir en una relación. Es otro de los temas ligeros y pegadizos del disco, y una vez más con un estribillo que se queda fácilmente grabado en la cabeza del oyente. La banda demuestra de nuevo su habilidad para equilibrar lo sentimental con lo cómico sin caer en la parodia. "When She Cries" es una de las canciones más maduras y emotivas del disco, una balada introspectiva que explora la tristeza de una mujer desde la mirada de alguien que la quiere pero no sabe cómo ayudarla. La melodía es suave y frágil, y la interpretación vocal transmite una empatía sincera.

"Judy" combina melancolía y dulzura, con una letra sobre una mujer que parece estar atrapada entre sus sueños y la realidad, y con la música acompañando en un tono suave y contemplativo. El disco cierra con "Mama, I'll Sing One Song For You", un final perfecto para un álbum que es cualquier cosa menos pulido y calculado, y es todo un ejercicio de sincero derroche emocional y de fresca espontaneidad, y esas virtudes son las que lo hacen auténtico y atemporal, y que siga siendo un placer para la escucha tantas décadas después de su publicación. "Dr. Hook" es una memorable mezcla de tragedia romántica, tradición sureña, teatro de comedia ligera y mucha, mucha música, todo mezclado en una efectiva receta medicinal cortesía de "Dr. Hook & The Medicine Show".

sábado, 7 de febrero de 2026

Disco de la semana 468: Hecho en Memphis - Los Ratones Paranoicos en el corazón del rock and roll


Disco de la semana 468: Hecho en Memphis - Los Ratones Paranoicos en el corazón del rock and roll 

Cuando una banda argentina viaja al origen del mito para encontrarse a sí misma

Hecho en Memphis no es solo un álbum dentro de la discografía de Los Ratones Paranoicos: es una postal, una declaración de principios y, sobre todo, un viaje. Un viaje físico —desde Buenos Aires hasta Tennessee— y otro simbólico, hacia el corazón mismo del rock and roll. Publicado en 1993, el disco captura a la banda en un momento clave de madurez artística, cuando ya no necesitaba demostrar su amor por el rock clásico, sino dialogar con él de igual a igual.

La peregrinación a Memphis

Memphis no es un lugar cualquiera. Es una ciudad mítica, un punto de cruce entre el blues, el soul y el nacimiento del rock. Grabar allí no fue una excentricidad ni una jugada de marketing: fue una peregrinación. Los Ratones Paranoicos, con Juanse al frente, llegaron a ese territorio sagrado con respeto, pero sin pedir permiso. No fueron a copiar un sonido; fueron a absorberlo, dejar que los atravesara y devolverlo transformado.

Ese contexto se percibe incluso antes de que suene la primera nota. Hecho en Memphis tiene algo de ritual, de comunión con una historia más grande que la banda, pero nunca ajena. Desde el inicio se siente un clima distinto: cálido, orgánico, respirado.

Un sonido que respira

Las guitarras no buscan el golpe inmediato ni el protagonismo exagerado. Acá mandan el groove, el swing, el pulso. Hay aire entre los instrumentos, algo poco frecuente en el rock argentino de comienzos de los 90, todavía marcado por la urgencia y la electricidad cruda de la década anterior.

El álbum parece grabado sin apuro, como si cada canción hubiera sido tocada con la calma de quien entiende que el rock no siempre necesita velocidad, sino convicción. Ese tempo relajado no quita intensidad: la concentra.

Juanse, narrador y testigo

Juanse atraviesa el disco con una voz segura, sin sobreactuar. Canta como alguien que sabe de dónde viene lo que está diciendo. Hay discos gastados, escuchas nocturnas y una tradición internalizada que no necesita ser explicada.

Su interpretación mezcla desparpajo, sensualidad y una convicción casi espiritual. No hay pose impostada: la actitud está integrada al cuerpo de las canciones. Juanse no interpreta personajes; habita el rock and roll como un idioma propio.

Blues, Stones y ADN paranoico

El blues es la columna vertebral del álbum, pero filtrado por el pulso stone y por el ADN paranoico construido desde los primeros discos de la banda. No se trata de un blues académico ni reverencial, sino de uno callejero, nocturno, con olor a bar cerrado de madrugada.

Las canciones se suceden como escenas de una road movie: rutas largas, luces de neón, moteles de paso y una sensación constante de movimiento. No hay grandes artificios, pero sí una coherencia estética muy marcada que convierte al disco en un relato continuo.

Identidad argentina, espíritu universal

Uno de los mayores logros de Hecho en Memphis es sonar profundamente americano sin perder identidad argentina. Las letras conservan ese tono porteño inconfundible: directo, irónico, sin solemnidad innecesaria.

Los Ratones no se disfrazan de banda extranjera. Viajan, escuchan, aprenden y vuelven con canciones que siguen hablando su propio idioma. Memphis es el escenario, pero la voz sigue siendo del Río de la Plata.

Ritmo y equilibrio

El disco está cuidadosamente equilibrado. Hay momentos donde el rock and roll se vuelve celebración, casi bailable, y otros más introspectivos, donde el blues se estira y se vuelve contemplativo. Esa alternancia evita la monotonía y refuerza la sensación de estar escuchando una obra pensada como un todo.

Nada sobra. Nada parece puesto para cumplir. Cada canción cumple una función dentro del relato general.

Producción y atemporalidad

Grabado en estudios emblemáticos de Memphis, el sonido es limpio pero nunca frío. Se escuchan los amplificadores, las cuerdas, la madera, la sala. Todo tiene cuerpo. En una época donde muchas producciones buscaban sonar grandes y estridentes, Hecho en Memphis apostó por la claridad y el pulso.

Esa decisión lo vuelve atemporal. El disco envejece bien porque nunca dependió de modas: dependió del groove.

Un punto de inflexión en la banda

Dentro de la carrera de Los Ratones Paranoicos, este álbum funciona como una bisagra. Si antes se afirmaban como herederos del rock clásico reinterpretado desde Buenos Aires, acá consolidan definitivamente su identidad.

Dejan atrás, al menos en espíritu, la etiqueta de “los Rolling Stones argentinos” para convertirse en una banda que entiende ese lenguaje y lo utiliza para contar su propia historia.

El valor del riesgo

Grabar en Memphis también fue un acto de riesgo. El peligro era quedar aplastados por el peso del mito. Pero Los Ratones salen airosos porque no intentan competir con la historia: caminan a su lado. Honran la tradición manteniéndola viva, no imitándola.

Un disco para escuchar entero

Escuchar hoy Hecho en Memphis es volver a una época donde los discos se pensaban como obras completas. Es un álbum que pide ser escuchado de principio a fin, dejando que el clima se construya de a poco.

En tiempos de playlists y consumo fragmentado, esa experiencia se vuelve casi un lujo.

Daniel 
Instagram storyboy 

viernes, 30 de enero de 2026

Disco de la semana 467: Currents - Tame Impala

 

Con sus dos primeros discos, Innerspeaker y Lonerism, Tame Impala se situó a la vanguardia de la ola de rock psicodélico proveniente de Australia, junto con artistas como Pond y King Gizzard and the Lizard Wizard. Pero mientras que esos dos primeros trabajos se basaban en guitarras potentes con reverberaciones deslavadas y paisajes sonoros expansivos con sabor a rock, cediendo voluntariamente a los clichés de la música psicodélica de los años 60 y 70. Kevin Parker, quien es en realidad el único miembro de la "banda" de Tame Impala, nos embarca en un viaje muy personal, quizás incluso más que en los dos primeros discos. Lo hace no solo a través de sus letras introspectivas, cercanas y que invitan a la reflexión, sino también por el simple hecho de que Parker es literalmente la única persona que ha contribuido a este disco: es compositor, músico multiinstrumentista, vocalista, productor y arreglista, y el resultado es increíble.


Let It Happen empieza con un sonido único, las notas de tan raras resultan absurdas al principio, pero se vuelven dramáticas a medida que avanza la canción. La narrativa da la impresión de que trata sobre agresión sexual, creo que suena extremo, pero eso es lo que pienso con la frase "let it happen", especialmente con "it's gonna feel so good", a medida que el bajo baja en la segunda estrofa, la canción crece y en cierto modo, se vuelve más "épica", creo que eso se debe a la combinación del bajo mencionado, la voz característica de Kevin con eco y el instrumento que suena casi como una cigarra y que toca una nota constante de fondo durante esta parte. Me gusta mucho la frase homófona de "a notion" y "an ocean", especialmente con "and all the others seem shallow", lo que prácticamente confirma que fue intencional, en cuanto a la narrativa, parece hablar de sentirse impotente e intentar desaparecer, lo cual, en mi opinión, podría tener muchos sentidos, pero desde luego no se opone a mi historia de agresión sexual. A medida que avanza la tercera estrofa, se habla más de impotencia, con referencias a un antagonista real (el "torbellino"), y se habla aún más de desaparecer ("si nunca vuelvo..."). Ahora, vamos con la parte instrumental, en primer lugar, me gusta mucho la audaz elección de una parte instrumental de 3 minutos en el mejor momento, y Tame Impala la ejecuta a la perfección. El sintetizador principal lleva un ritmo pegadizo, mientras que el sintetizador de fondo y el bajo mantienen su sonido, lo que la hace tan potente. Y luego, cuando la canción empieza a saltar y entra ese sonido potente, haciendo que el oyente dude un poco, aparece ese violín increíblemente dramático, y te hace sentir como si estuvieras viajando. Y eso es incluso antes de que empiece a repetirse y a saltar entre altavoces, antes de que entre un nuevo sintetizador con un ritmo diferente, antes de que la canción estalle con el sintetizador de nuevo en primer plano, sintiendo una liberación de la presión acumulada durante cinco minutos en este punto. A medida que la letra final llega con este tono etéreo, y la canción cierra, habla con más claridad sobre "seguir adelante", y escuchamos la guitarra, con su sonido potente, aquí para quedarse hasta el final. En general, creo que Tame Impala básicamente hizo lo que una canción de casi 8 minutos siempre debe hacer: algo diferente, Let It Happen es un tema muy fuerte y una gran introducción a este álbum. Nangs es un interludio que encaja a la perfección con el contexto del álbum y cumple su cometido a la perfección, con los sintetizadores trinos que se desarrollan hasta la introducción de la batería, mientras pregunta: "¿Hay algo más?". Se inclina hacia el synthpop, una especie de "weird-core", y se desvanece dejando más preguntas que respuestas sobre qué nos deparará exactamente este álbum.

The Moment, me recuerda un poco a "Everybody Wants to Rule the World" de Tears for Fears, al principio, con el sintetizador que la inicia. Sin duda, conserva buena parte del drama de "Let It Happen", pero también conserva algo del misterio con las voces y los sintetizadores con eco, junto con la letra algo críptica, que parece hablar de algo inevitable (¿quizás la muerte? Aunque parece bastante joven para preocuparse por la mortalidad, podría ser un argumento válido en cualquier caso: un joven no es menos mortal que un viejo), y de cómo no está preparado para ella. La canción se ralentiza bastante hacia la mitad, y luego introduce un instrumento con un sonido extraño que ni siquiera puedo identificar, pero puedo decir que suena muy disruptivo y creo que contribuye al sonido dramático que encierra la canción. Luego, las teclas de sintetizador nos arrastran de vuelta al siguiente estribillo, y al cerrar, escuchamos repetidamente "it's getting closer". Esta canción parece hablar de tomar las riendas y dejar de esperar a que las cosas sucedan. Yes I'm Changing comienza de forma bastante discreta, con sintetizadores más lentos y un tempo general más lento. Creo que en este punto del álbum, ha llegado a reconocer los cambios que han estado ocurriendo y está empezando a aceptarlos y reconocerlos por lo que son, en lugar de simplemente "dejar que sucedan". La letra de esta canción, al menos con más claridad que las demás hasta ahora, se dirige a alguien, se dirige a él en segunda persona y, en mi opinión, intenta convencerlo de estos nuevos cambios y atraerlo ("Hay un mundo ahí fuera que me llama y te llama a ti, chica, también te llama a ti..."). Creo que esa es también la razón por la que esta canción no cambia tanto como las demás y es relativamente más tranquila: para no asustar a la persona y disuadirla de unirse a esta nueva vida. El tráfico y los ruidos urbanos que se escuchan hacia el final representan la oportunidad, algo con lo que la gente suele asociar las grandes ciudades, y estos nuevos cambios también conllevan grandes oportunidades. 

Eventually la forma en que esta canción empieza tan fuerte con la guitarra se debe a que se supone que debe sentirse contundente ("se siente como un asesinato someter tu corazón a esto"). Creo que quienquiera que intentara convencer en "Yes I'm Changing" no quería acompañarlo en los cambios, así que tiene que dejarla para emprender este viaje solo, razón por la cual serán más felices, pero solo "eventualmente", porque va a doler mucho ahora mismo. Y con esa idea surge un verso hermoso, en mi opinión: "Ojalá pudiera volverte a convertir en una extraña", porque desearía no tener que infligirle el dolor de dejarla, o, mejor dicho, "Porque si nunca hubiera estado en tu vida no tendrías que cambiarla". El instrumento de viento que suena hacia el final de la canción la hace parecer más esperanzadora y optimista, ahora sabiendo que tiene que suceder, y por eso tratando de sacarle el máximo provecho. Gossip es otro interludio gorjeante, y además sin voces. No estoy del todo seguro de qué pensar, además de que suena muy misterioso, a pesar de que muchos misterios parecen haberse resuelto ya. The Less I Know The Better parece tratar sobre la mujer que tuvo que dejar para emprender este viaje más grande que implica un cambio, y ahora se ve obligado a vivir con las consecuencias, que, en este caso, es... básicamente ser engañado, sin duda, es una de esas canciones que suenan felices, pero no lo son si escuchas la letra. En cualquier caso, es increíblemente pegadiza, y no es difícil ver cuál es su canción más escuchada, con diferencia. En Past Life los sintetizadores suenan muy vaporwave, y luego la conversación distorsionada del principio sobre ver una figura que resultó ser un "amante de una vida pasada". Esta canción parece más bien un interludio largo, principalmente por su repetitividad vocal y la atmósfera más tranquila en general. En cuanto a la narrativa, creo que quizás se arrepiente de haber abandonado a su amante para favorecer los cambios que vimos antes, y se siente tan desconectado de ella ahora que parece de una vida pasada. Disciples parece, una vez más, centrarse en la amante que perdió tras elegir los cambios en lugar de ella, y parece estar regresando. 


'Cause I'm A Man suena como Eventually al principio, pero luego a medida que las voces llegan, más claras que antes, y hasta ahora en primer plano, me recuerda a la música navideña en general por alguna razón. Comienza hablando sobre el arrepentimiento, creo que está completamente arrepentido de la elección que hizo de tomar el camino que lo desvió de su amante. Habla de no tener el control de sus acciones y de estar influenciado por una fuerza mayor, de la cual parece que vinieron los cambios en primer lugar, y ahora está tratando de justificar eso a su amante, a quien dejó, aunque ha regresado arrastrándose. Reality In Motion suena a verano, creo que por los golpes de batería más fuertes y el ritmo que alterna arriba y abajo a lo largo del estribillo, junto con el instrumento que lo inicia. A lo largo de la canción, siempre se refiere a "eso" y a sus efectos ("hizo que mi corazón diera vueltas y se acelerara..."), y una vez más, se refiere a alguien en segunda persona. Love/Paranoia, el título de esta canción lo dice todo. Finalmente ha vuelto con su amante después de sufrir el dolor de perderla, y ahora está paranoico de que lo deje de nuevo (aunque en realidad nunca lo hizo), y tiene que recuperar la confianza que tenía antes de que los cambios lo tentaran a dejarla, así que ahora solo puede abrirle su corazón para intentar reconstruir su relación. New Person, Same Old Mistakes con la entrada del sintetizador, reconocí esa parte de la canción en otro momento del álbum. Esta canción parece marcar un cambio radical en el tono con respecto a las demás, parecían ir creciendo, cada vez más felices, resolviendo problemas, y luego llega esta con el sintetizador extraño y vibrante, y ese tono vocal más bajo y misterioso que plantea más preguntas que respuestas, especialmente porque hemos pasado la última mitad del álbum en la resolución, atando cabos sueltos... y entonces llega esta canción. En cuanto a la narrativa, creo que parece tratarse de una lucha interna entre su amante y los cambios que le resultaron tan tentadores que decidió dejarla. No puede ignorarlos sin más; claramente había algo ahí, y los eligió a ellos antes que a ella, aunque cambió de opinión. Sin embargo, ahora que han vuelto, han vuelto a tentarlo, y se siente como una persona completamente nueva por haberla recuperado, pero está cometiendo los mismos errores de siempre, incluso antes de perderla. Incluso hace referencia indirecta a las fuerzas superiores que lo influyen, las cuales mencionó en "Porque soy un hombre", cuando dice: "y todavía no sé por qué está pasando". La voz de fondo que le decía que estaba cometiendo los mismos errores desapareció por completo, dejándolo para que vuelva a cometerlos. Incluso pregunta cómo sabrá si se ha excedido o si está bien, pero no obtiene respuesta. Cuando finalmente recupera a su amante, se prepara para repetir lo mismo que lo hizo perderla, porque recuerda que eligió los cambios por una razón, y ahora que no está cegado por la perspectiva de recuperarla, puede ver por qué fue así otra vez, y es demasiado tentador dejarlo pasar.


viernes, 23 de enero de 2026

Disco de la semana 466: Going Back Home - Wilko Johnson y Roger Daltrey

 



Llega a nuestra cita semanal con los mejores discos de la historia de la música el álbum "Going Back Home" ("Volviendo a casa"), publicado en 2014 como una de esas puntuales colaboraciones de grandes artistas fuera de sus grupos nodriza, que tanto nos gustan en 7días7notas.net. En esta ocasión, hablamos de la asociación musical de Roger Daltrey, mítico vocalista de The Who, y Wilko Johnson, legendario guitarrista de Dr. Feelgood. Juntos, facturan un discazo de blues rock de carretera y de enérgico rhythm & blues, con intensos riffs de guitarra y con la cruda voz de Roger Daltrey, sorprendentemente impactante en un registro en teoría más alejado del estilo mod y rock que le hizo famoso junto a Pete Townsend en The Who.

Grabado en apenas una semana y compuesto casi por completo de temas del propio Wilko Johnson, regrabados con un sonido y una vitalidad sorprendentes, "Going Back Home" es un testimonio del talento y el savoir faire de dos grandes de la música, tocando sin la presión asociada a las producciones de sus grupos de referencia.  El disco comienza a lo grande con la canción titular, "Going Back Home", directa y rotunda, con la característica guitarra de Johnson marcando el pulso de la canción y con Daltrey en un registro de voz más rasposa y tan poderosa como siempre, encajando como un guante en un estilo menos habitual para él que para el brillante guitarrista de Dr. Feelgood.

El ritmo no decae en "Ice on the Motorway" con Johnson desatando un auténtico frenesí de guitarras cortantes y riffs urgentes, con Daltrey firme y seguro ante el micrófono, en una explosión de rock de carretera y en una de las mejores canciones del disco. Suena a continuación "I Keep It to Myself", un medio tiempo que está por méritos propios entre los grandes clásicos de Wilko Johnson, y que en esta revisión suena más cálida y luminosa que en la versión original.

Tras este intenso primer tramo, llama la atención el cambio de estilo en la versión que hacen del "Can You Please Crawl Out Your Window?" de Bob Dylan, en la única composición "ajena" del disco, y un tema en el que, de nuevo, Roger Daltrey se luce demostrando su increíble versatilidad para abordar temas de diferentes estilos, dándole a la interpretación un aire más rockero y poderoso. Le sigue "Turned 21", canción que suena a ambiente de pub inglés de los años setenta, con la banda al completo rayando a un gran nivel interpretativo.

"Keep On Loving You" es el tema más suave y melódico del disco, con el bajo destacando y Daltrey sorprendiendo de nuevo con una voz más cálida y soul de lo habitual. "Some Kind of Hero" suena algo más oscura y reflexiva que las canciones previas del disco, e igualmente intensa. En "Sneaking Suspicion", otro de los grandes clásicos de Dr. Feelgood, todo vuelve a estar en su sitio y la banda suena extraordinariamente intensa y compacta, y "Keep It Out of Sight" es Wilko Johnson en estado puro, con un intenso riff marca de la casa y un ritmo que hace imposible no mover los pies al escucharla.

Nos acercamos al final del disco con la crítica social de "Everybody’s Carrying a Gun" a ritmo de rock and roll, y una letra que, desgraciadamente, suena sorprendentemente actual. Con un ritmo y un piano de lo más electrizante, culmina y nos deja con ganas de más, pero el extra que echábamos en falta lo encontramos rápidamente en "All Through the City", el gran cierre de "Going Back Home", una canción vibrante y eléctrica con un ritmo de lo más bailable y ese sabor a carretera y bar que rezuma todo el álbum.

Cuando llega a su fin, la sensación es la de haber escuchado un disco grabado por una banda de músicos que llevaran tocando juntos toda la vida, y esa es en realidad la gran virtud de "Going Back Home", como dos grandes músicos son capaces de llegar a ese nivel de calidad y de compenetración sin haber tocado antes juntos, simplemente (y dicho así hasta parece fácil) aunando su enorme talento y su experiencia. Les sobran tablas en el escenario, y es un inmenso placer para el oído comprobarlo a lo largo y ancho de este impresionante camino de "vuelta a casa"

viernes, 16 de enero de 2026

Disco de la semana 465: Shadow Of A Falling Star Pt.2 - Seven Sisters

 

Shadow OfA Falling Star Pt.2, Seven Sisters


     Seven Sisters han nacido y crecido en silencio, casi como un susurro en mitad de la noche, avanzando con una determinación tranquila. Surgidos en Londres hace poco más de una década, han crecido despacio, con paciencia, dejando que la música hable por ellos. En un mundo donde el heavy metal parece debatirse entre la nostalgia y la reinvención, Seven Sisters han encontrado un punto intermedio extraño y hermoso, pues no buscan resucitar el pasado, pero tampoco reniegan de él. Caminan sobre una cuerda tensada entre la tradición británica (esa que huele a pubs húmedos, a carreteras secundarias, a portadas dibujadas a mano) y una sensibilidad contemporánea que mira hacia adelante sin miedo. Su sonido tiene algo de rito antiguo: las guitarras dobladas que se persiguen como sombras alargadas, las armonías que se elevan como si quisieran tocar el cielo, los pasajes progresivos que se abren paso como corredores secretos dentro de un templo. Y, por encima de todo, esa inclinación por las historias grandes, por los relatos que no caben en una sola canción. Así es como han concebido su saga, dentro de la cual se encuentra el álbum recomendado esta semana: Shadow of a Fallen Star Pt. 2.



Para entender Shadow of a Fallen Star Pt. 2, publicado por Dissonance Productions en 2025, hay que volver a 2021, cuando la banda lanzó la primera parte de esta odisea. Aquel primer capítulo era un mapa estelar desplegado sobre la mesa: un viaje iniciático, una búsqueda, una pregunta lanzada al vacío. La crítica lo recibió con respeto y curiosidad. Publicaciones como Metal Storm lo calificaron como un trabajo sólido, coherente y ambicioso. Pero más allá de las notas y los adjetivos, lo importante era la sensación de estar ante el comienzo de algo más grande. Ese primer capítulo tenía la luz de los prólogos: prometía, insinuaba y dejaba claro que la historia no estaba completa. Había un destino esperando al otro lado. Cuatro años después, Seven Sisters regresan con Shadow of a Fallen Star Pt. 2, y lo hacen con la serenidad de quien sabe que está cerrando un círculo. Es la culminación de una historia que se vuelve más densa, más introspectiva, más humana. Si la Pt. 1 era el viaje, la Pt. 2 es el regreso. Y ya se sabe: nadie vuelve siendo el mismo.



La crítica especializada lo ha recibido con entusiasmo. Algunos hablan de “una odisea galáctica” que captura la imaginación del oyente; otros destacan la madurez compositiva y la fuerza emocional del conjunto. La producción del álbum es un ejercicio de equilibrio: las guitarras tienen espacio para desplegar sus alas, los bajos sostienen la estructura sin reclamar protagonismo y la batería marca el pulso con naturalidad. La mezcla apuesta por la claridad; cada armonía, cada riff doblado, cada transición progresiva está colocada con gran precisión. Es como si cada instrumento tuviera su propio latido. Las guitarras son el hilo conductor del relato. Kyle McNeill y Graeme Farmer forman una dupla que parece salida de otra época, pero que escribe desde el presente. Sus líneas se entrelazan como dos hilos de un mismo tapiz, creando momentos que van de la épica a la melancolía, de la furia al recogimiento. Las armonías ascienden como si buscaran una revelación, los riffs doblados caen como un presagio y los solos paralelos dialogan como dos personajes enfrentados por el destino. Entre todo ello, los pasajes progresivos se abren como portales hacia otros mundos. Kyle McNeill, como vocalista, canta sin artificios ni alardes, sin necesidad de demostrar nada. No es un héroe operístico, es un narrador que conoce el camino.

La historia que cierra la Pt. 2 mezcla ciencia ficción, misticismo y emoción humana. Hay viajes interestelares, entidades cósmicas, civilizaciones perdidas. Pero también miedo, esperanza, sacrificio, identidad. El grupo entiende que la fantasía no es evasión, es un espejo. Y en ese espejo, el oyente encuentra reflejos de sí mismo. La estructura del disco está pensada como un viaje continuo, pues los temas funcionan como capítulos. Hay momentos de acción, de conflicto, de revelación; también interludios que actúan como respiraciones profundas y finales expansivos donde las guitarras se elevan como si quisieran escribir el último párrafo en el cielo.

Dissonance Productions vuelve a acompañar a la banda en este lanzamiento. La edición física mantiene la estética cósmica de la saga, reforzando la idea de continuidad. Es un detalle importante: en un disco conceptual, el arte no es un adorno, sino una extensión del relato. Shadow of a Fallen Star Pt. 2 es un cierre brillante para una saga que ya forma parte de la identidad de Seven Sisters. Es un disco que combina técnica, emoción y narrativa con una madurez que confirma lo que muchos intuían: la banda ya no es emergente, ha encontrado su propia voz dentro del heavy metal contemporáneo. Las guitarras gemelas brillan como nunca, las letras alcanzan una profundidad inesperada y la producción permite que todo esté en su sitio.

La primera vez que lo escuché, me quedó una sensación extraña y hermosa: la de haber acompañado a la banda en un viaje que no solo cerraba una historia, sino que abría un horizonte.