El disco de la semana 49: Whatever people say I am... Arctic Monkeys





En la antigüedad, se pensaba que la Tierra era plana y que no había monos en el Ártico. En el primero de los casos, ya en textos hindues del siglo XX A.C se insinúa que la Tierra pudiera tener forma esférica, pero no fue hasta Copérnico y Galileo cuando asumimos como certeza la forma redonda de la Tierra y los planetas. En el caso de los Monos del Ártico (Arctic Monkeys), los primeros indicios de su existencia aparecieron en 2001 en Sheffield (Reino Unido), algo lejos del Ártico. Dos adolescentes de esta localidad, Alex Turner y Jamie Cook, pidieron por Navidad una guitarra para formar una banda de música.


La mayoría de estos nuevos grupos desaparecen rápidamente, vencidos por la falta de repercusión de sus canciones, o porque sus miembros tienen que asumir las obligaciones del mundo real y no tienen tiempo para dedicarle al proyecto. Es lo que ocurrió en 1991 con "Los Paranoicos" (me permito tomar ese nombre porque es el que yo sugerí, pero no recuerdo si realmente llegamos a tener un nombre en firme). Éramos solo unos adolescentes, un grupo de amigos con la loca idea de formar un banda, sin tener instrumentos ni saber tocarlos, "igual" que los Arctic Monkeys (las comillas aquí son muy necesarias).


La diferencia fundamental es que los Arctic Monkeys consiguieron sus guitarras y aprendieron a tocarlas. Formaron una banda junto a otros dos amigos de la escuela, Andy Nicholson y Matt Helders, que asumieron los roles de bajo y batería, respectivamente. En los comienzos, contaron incluso con un quinto miembro como cantante (Glyn Jones), que dejó el grupo a los pocos meses, momento en el que Alex Turner tuvo que superar su timidez inicial y asumir el rol de cantante principal.

En el caso de Los Paranoicos, la estrategia fue errónea ya desde el inicio. Decidimos que, antes incluso de tener instrumentos y saber tocarlos, debíamos empezar por escribir las canciones. Quedamos en que cada uno trabajaría en una canción, y la presentaría al resto del grupo en un plazo máximo de un par de días. De aquellos intentos de composición surgieron, que yo recuerde, hasta cinco posibles canciones. Las risas que provocaron en los demás las canciones que cada uno de nosotros presentó aquel día, fueron las que acabaron con el grupo a los dos días de su intento de nacimiento.

Los Arctic Monkeys dieron su primer concierto el 12 de Junio de 2003 en una pequeña sala de su Sheffield natal. Para los siguientes conciertos, grabaron varias demos y las regalaron en CD a los asistentes. Se les acabaron muy pronto los CDs disponibles, pero los fans empezaron a copiar aquellos temas en sus ordenadores y a compartirlos de forma viral en la red. Eso hizo que la gente conociera sus canciones y las coreara en los conciertos, mucho antes de tener grabado su primer disco. Ellos ni siquiera sabían lo que era MySpace, pero ya tenían una página web que había sido creada proactivamente por sus fans.

En mayo de 2005, lanzaron Five minuts with the Arctic Monkeys, su primer EP, que contenía dos de las canciones que acabarían formando parte de "Whatever people say I am, that's what I'm not". Hablamos de Fake tales of San Francisco y From the Ritz to the Rubble. Posteriormente, lanzaron en Octubre de 2005 su primer sencillo, "I bet that you look good on the dance floor", que también acabaría formando parte de su disco de debut, y que llegó al número 1 de las listas de singles del Reino Unido. Aún sacaron un segundo sencillo, "When the sun goes down", antes de lanzar el disco, y de nuevo alcanzaron el lugar más alto de las listas inglesas.

Los Paranoicos se separaron a los dos días de formarse, por lo que canciones como "Casablanca" (una historia de amor entre dos adolescentes, ambientada en el mismo lugar que la película de Humpfrey Bogart), "Oye, tío cabrón" (pieza de rock pesado y riff repetitivo, compuesta mientras esperábamos a que un dependiente borde nos atendiera por fin), "Only as you now" (canción de despecho hacia una musa de los bares de Getafe, totalmente displicente hacia nuestros intentos de cortejo, a la que un vengativo enamorado juraba tratar algún día con la misma indiferencia), o "Soldado Autónomo" nunca vieran la luz en CD ni corrieran como la pólvora en MySpace, que dicho sea de paso no existía por aquella época.

Desafortunadamente, no me quedé con las hojas en las que garabateamos aquellas canciones. De haberlo hecho, ahora podría haber mostrado la "profundidad" de aquellas letras, que tantas risas provocaron en aquella reunión de principio y final de lo que pudo ser y no fue. Recuperárlas sería ahora mas dificil que encontrar alguno de aquellos textos hindúes del siglo XX antes de Cristo, en los que quizá se planteara no solo que la Tierra y los Planetas fueran esféricos, sino que ninguno de ellos estaría jamás alineado para que Los Paranoicos llegaran a ser un grupo de música rock. Los astros se alejaron de Getafe y miraron hacia el Ártico, haciendo una parada en Sheffield para recoger a cuatro prodigios que entregaron el mejor disco de debut que se recordaba desde el Is this It de sus idolatrados Strokes.  

WHATEVER PEOPLE SAY I AM... THAT'S WHAT I'M NOT


El título del disco, extrañamente largo ("Cualquier cosa que la gente diga que soy, es lo que no soy") proviene de Saturday Night and Sunday Morning, una vieja película de los años 60. Pese a que la mayor parte de las canciones ya eran conocidas a través de las demos que circulaban, el álbum generó mucha expectación y las ventas se dispararon desde la primera semana.

Las críticas en el Reino Unido les elevaron hasta la categoría de "los nuevos Beatles". Más allá de calificativos exagerados, la realidad es que su álbum de debut es un derroche de energía y decibelios, un chorro de aire fresco en el mundo del indie rock de los años 2000. Todo empieza con The view from the afternoon, un estallido directo desde las primeras notas del disco. Guitarras urgentes y distorsión, camuflando una melodía pop de estribillo pegadizo. Tras ver el atardecer, se trasladan a una discoteca con I bet that you look good on the dancefloor, una nueva descarga de energía que se ha elevado a la categoría de himno rock para adolescentes (y no tan adolescentes), sin duda la canción que más levanta al público en sus conciertos y una de las mejores canciones de un disco en el que todas las canciones llegan a un nivel muy alto.

Siguen de marcha con Fake tales of San Francisco, una de las canciones que existían ya desde los tiempos del primer EP. Al ritmo de un pegadizo riff de guitarra, describen de manera divertida una fiesta desmadrada en la que las rock stars toman vino blanco y otras sustancias en los cuartos de baño. Puede que en ese mismo baño esté el espejo en el que parece mirarse Alex Turner mientras canta Dancing Shoes, la letra parece un mantra de automotivación para atreverse a hablar con una chica de la fiesta, quizá la misma con la que cruzó miradas en la pista de baile.

El mantra debió funcionarle, porque en la siguiente canción su nivel de confianza en sí mismo se ha disparado, su título es la frase brillante y chulesca que todos hemos buscado alguna vez en nuestra época adolescente, para romper el hielo con una chica: You probably couldn't see for the lights but you were staring straight at me (probablemente no podías verlo por las luces, pero me estabas mirando directamente a mí). Y la frase parece que funcionaba, porque tras esta canción dan el salto a Still take you home (todavía te llevo a casa). Hasta aquí no hay tregua en lo musical, las guitarras desenfrenadas y los estribillos poderosos te llevan en volandas hacia la mitad del disco.

Riot Van es el único momento de calma, algo insustancial en su contenido, como las preocupaciones de los adolescentes. Salir, beber, el rollo de siempre... en las calles de Sheffield y metiéndose en algún que otro lío con un oficial de policía. El camino a casa, en esas horas intempestivas, pasa por tomar un taxi en Red light indicates doors are secured (frase que puede leerse en la cara interior de las puertas de los taxis británicos: "la luz roja indica que las puertas están cerradas), y por retomar la fuerza y brillantez de temas anteriores.

Llegamos a uno de los momentos más relevantes del disco, con otra de las canciones que se han convertido en un himno de la banda. Mardy Bum es la brillante descripción de una charla en la que el protagonista trata de reconciliarse con una chica, después de una discusión. Tras este tema, la noche se alarga con Perhaps vampires is a bit strong but... en la que, tras la descarga guitarrera marca de la casa, el tema se corta en un silencio, roto inmediatamente por la voz del protagonista, desgañitándose para decirles a los que le rodean "¡todos vosotros sois vampiros!" ¿Quién no ha gritado algo parecido cuando, a las 6 de la mañana, sus amigos aún querían ir a tomar la última?

El disco se acerca a su fin con una canción brillante pero oscura, When the sun goes down, que denuncia el ambiente de prostitución que se vive en algunas zonas de Sheffield. Es el submundo que aparece cuando el sol se esconde, y la noche se apodera de las calles de esta ciudad, como en el recorrido nocturno descrito en From the Ritz to the Rubble, la canción con la que cierran este épico recorrido por las calles y los bares de la noche británica. Diez años antes, un grupo de adolescentes transitamos por calles similares, fuimos a otros bares y conocimos chicas que habrían podido inspirar grandes canciones como éstas, pero lograrlo habría sido más raro que encontrar monos en el Ártico. Y para eso llegarían después los Arctic Monkeys, para hacerlo con más gracia y un inagotable talento.

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