El disco de la semana 41: "At Least For Now", Benjamin Clementine


Al menos por ahora, el más grande de mis descubrimientos musicales. Me ha gustado la música desde muy pequeño, por lo que la búsqueda de "material del bueno" ha sido y es constante. En la mayor parte de las ocasiones, mis descubrimientos han sido en base a recomendaciones de otros. "¡Tienes que oir a este grupo!" o "¿No has oído todavía a este cantante?", me decía alguien, y la búsqueda comenzaba. Eso es, en realidad, lo que hacemos en el grupo de escucha de discos en el que se basa 7días7notas. Cada semana, uno de nosotros recomienda un disco, los demás lo escuchan, comentan y... a veces descubren un disco que les toca profundamente.

Una noche de insomnio, a pocos días de proponer disco, me puse a buscar obras y artistas que no conociera. Quería ser, en esa ocasión, el que sorprendiera con un descubrimiento único, y al mismo tiempo encontrar un disco que me emocionara, y que hiciera que aquellas horas sin dormir merecieran la pena. Y pasé, sin éxito, por decenas de discos y videos, encontrando cosas buenas a las que, sin embargo, les faltaba algo para ser mágicas. Hasta que una portada de disco me llamó la atención poderosamente. Basada en "El hijo del hombre" de René Magritte, muestra a un Benjamin Clementine entonces desconocido para mí, vestido con un abrigo negro y plantado delante de lo que podría ser el umbral de una estrecha puerta, o un monolito rojo. En su mano derecha oculta una manzana. ¿La fruta prohibida quizás? De ser así, irremediablemente había que probarla. Y así es como descubrí a Benjamin Clementine y su increíble disco de debut, "At least for now" ("Al menos por ahora")


Particularmente curiosa me parece, además, la historia de este artista, que de algún modo parece haber hecho el camino contrario al de Malik Yaqub (ver La música en historias: Malik Yaqub, una estrella en la Gran Vía). Si Malik pasó de ser estrella del Jazz a tocar en las calles de Madrid, Benjamin se crió en Londres y, tras fracasar en la escuela, pasó dificultades viviendo en las calles de Candem antes de mudarse a París, dónde siguió viviendo como sin techo, tocando en la calle para sobrevivir. No es difícil encontrar, en Youtube, videos de un Benjamin adolescente cantando en los pasillos o en los vagones del metro parisino.

De ahí a volver a Londres, grabar dos EPs que le dieron repercusión, debutar con gran impacto en el programa de Jools Holland, y entregar la obra maestra inclasificable que es su primer disco, una pieza plena de poética popular, lirismo dramático y la genialidad desbordante de unas canciones que no responden a las estructuras de construcción tradicionales. Pero no perdamos más tiempo y mordamos con avidez cada una de las partes de la jugosa manzana

AT LEAST FOR NOW

El que probablemente sea el mejor disco de un artista solista inglés en la última década, es en realidad un ejercicio musical de bohemia parisina, con grandes influencias de Jacques Brel o Edith Piath, pero también con evidentes rasgos del soul afroamericano de Nina Simone. Benjamin reconoce también, sin embargo, sus raíces anglosajonas en Winston Churchill's boy ("hijo de Winston Churchill"), carta de presentación en la que se acompaña de su omnipresente piano y elaborados arreglos de viento. El disco mezcla, con gran acierto, tramos de recitados "spoken word" con increíbles demostraciones vocales que transmiten pura emoción, como en "Then I heard a bachelor cry".

Todo el disco respira una atmósfera intensa de piano y arreglos clásicos, pero contiene también temas en los que la producción es más moderna, enfocados a ser los brillantes singles de promoción. Es el caso, por ejemplo, de London, dónde describe su añoranza por su ciudad natal. "Londres te está llamando, ¿a qué estás esperando?". Una canción que, personalmente, toca lugares sensibles en mi cabeza, y me hace recordar la gran experiencia de haber vivido allí temporalmente con mi familia.

Adios retorna al ritmo y arreglos franceses, pero nada en éste disco sigue una pauta fija o un tratamiento ortodoxo, por lo que a mitad de canción se transforma en un austero recitado en el que Benjamin nos presenta el siguiente tramo del tema, un fragmento con aires de canto eclesiástico que, según sus propias palabras, le han enseñado los ángeles.

St. Clementine on tea and croissants es, en mi opinión, el tema menos interesante del disco, apenas un recitado y un ritmo de pisadas, aunque el título refleja inequívocamente la dualidad Londres - París de las experiencias autobiográficas de Benjamin, la combinación del té y los croissants como símbolos de ambos entornos vitales.


Nemesis es una de las mejores canciones del disco, quizá la que mejor refleja el estilo tan personal y minimalista que transmite el disco. Su voz pasa del susurro profundo al canto, mientras las teclas del piano juegan con el efectivo ritmo de bodevil francés. The people and I sigue la línea de piano y acompañamiento de cuerdas, pero con un toque más lento y emotivo.


Condolence es la segunda pieza del disco que presenta una producción más moderna, una joya de pop elegante con un mensaje épico de superación y valentía ante las adversidades. Un Benjamin fortalecido, que ha sobrevivido a la dureza de la vida, y que proclama a los cuatro vientos: "Envío mis condolencias al miedo, envío mis condolencias a las inseguridades".

Especialmente significativa es la presencia de Cornerstone en el disco, rescatada del EP al que daba título, y por tanto uno de los temas que le abrieron las puertas de la carrera musical que ahora tiene por delante. Un auténtico himno,  apasionado e irrepetible, que irremediablemente tenía que estar aquí, entre el resto de grandes temas del disco

Los últimos temas del disco nos muestran de nuevo al Benjamin imprevisible y heterodoxo, que tan pronto ríe desencajado como llora con su suave voz en Quiver a Little, llevando su piano del intimismo inicial a una suerte de jazz bohemio de taberna. El disco cierra con la melancólica Gone, y el sentimiento que transmite es el mismo dolor que se siente al saber que ésta es la última canción del álbum, y que la belleza y el vigor de su voz y su piano pronto se habrán marchado.

"Al menos por ahora", ya que tan seguro como que siempre que pueda volveré a Londres con mi familia, también siempre que lo necesite regresaré a este disco. Lo pondré en el tocadiscos, cerraré los ojos y, en mi cabeza, veré a un hombre descalzo y con abrigo negro acercarse a un solitario piano en un oscuro escenario, para llenar al instante de magia y de color toda la estancia.

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