El disco de la semana 32: Introducing the hardline according to T.T. D'Arby



La vida es como uno de esos libros de "Elige tu propia aventura" que leíamos cuando éramos niños. Dependiendo de las decisiones que tomemos, nos llevará por una y otra dirección, como en un laberinto en el que no sabemos si estamos yendo por el lado correcto. No todos los caminos son buenos, ni los caminos que otros consideren correctos tienen que ser válidos para nosotros, pero la decisión de ir hacia uno u otro lado siempre será nuestra. Y al fin y al cabo, lo importante de este gran juego es que cuando miremos atrás, en las últimas páginas de la aventura, no nos arrepintamos de las decisiones tomadas.

Terence Trent D'Arby, como todos nosotros, tuvo que tomar en la vida sus propias decisiones, como la de rebelarse contra la música sacra que monopolizaba su hogar en la infancia, escuchando soul y rock en un transistor mientras se ocultaba bajo las sábanas de su cama. Decisiones que no siempre fueron fáciles, como alistarse en el ejército y servir en Alemania (en el mismo regimiento en el que anteriormente estuvo Elvis Presey), o decidir qué hacer cuando le expulsaron de la vida militar.

Optó por mudarse a Londres, dónde se unió temporalmente a "The Bojangles", que acabarían siendo su banda de acompañamiento cuando Columbia le fichó para grabar su brillante disco de debut, con el que consiguió un nivel de calidad tan alto que ninguno de sus discos posteriores pudo superar.

Nunca supo lidiar con la fama y el éxito que "Introducing the hardline..." trajo de golpe, y tampoco supo llevar una buena relación con ejecutivos y discográficas, que no vieron en él a un artista de largo recorrido tras el fracaso de su segundo disco "Neither fish nor flesh", en el que optó por explorar otros caminos y dar rienda suelta a su capacidad artística, en lugar de la alternativa comercial de entregar otro disco potente de funk y soul.

Posteriormente resurgió con nuevas propuestas como el enorme "Simphony or Damn" o su menos inspirada continuación en "Vibrator", pero sus relaciones con Columbia eran cada vez más tensas. En una decisión que parecía inspirada en su admirado Prince, decidió romper con la discográfica y cambiar su nombre por el de Sananda Maitreya. Para la mayoría, esa fue la decisión equivocada en su "Elige tu propia aventura", y le condenaron por ello a la indiferencia y el ostracismo en los medios.

¿Fue realmente una decisión equivocada? Prince y Michael Jackson, compañeros e ídolos con los que compartía similitudes de estilo, tomaron decisiones diferentes y no han vivido para contarlo. Sananda, sin embargo, se trasladó a Milán, donde vive feliz con su mujer y sus hijos, y a través de su página web (https://www.sanandamaitreya.com) ya ha sacado más discos que los que sacó como Terence Trent D'Arby. Por todo esto, la moraleja que saco de esta historia es que quizás los adultos no seamos los más indicados para juzgar el resultado de un libro de "Elige tu propia aventura". Esos libros estaban hechos para niños, y solo ellos pueden juzgar si el resultado es el correcto o lleva a la página del fracaso o la muerte.


Es por eso que para comentar un disco tan grande, plagado de composiciones brillantes en las que se conjugan influencias tan diversas como el soul, el R'N'B o la experimentación funk, todas ellas unidas por el nexo de un registro vocal al alcance de pocos, he buscado la ayuda de mi hijo de 9 años, al que podríamos llamar "Mini Nevermind" para que lo juzgue con la mirada limpia de un auténtico lector de "Elige tu propia aventura".


INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO TERENCE TRENT D'ARBY


El disco comienza con "If you all get to heaven". Para mi hijo, este potente tema de estribillo de tintes indios, en el que Terence pide a los que vayan al cielo que recen por él, es una canción "emocionante, no sé como explicarlo, ¿Cómo se dice cuando una canción te hace sonreir y te da tranquilidad?"

Con "If you let me stay", el genio empieza a desatarse, es uno de los grandes singles del disco, voz potente en el estribillo contrastando con los coros de Bojangles. El ritmo es altamente contagioso y la voz rasgada de Terence recuerda los mejores momentos de James Brown. A los ojos de Mini Nevermind, es una canción que "me gusta mucho, no sé, ésta también es emocionante, la he escuchado hace tiempo y siempre me ha gustado".


Terence fue entonces al "pozo de los deseos" ("Wishing Well") y el éxito le fue concedido con este temazo de rotunda batería en primer plano, en la que su voz suena más negra y rota que nunca. "Este disco ya se cuál es, lo escuché contigo..." (deja de hablar para silbar la melodía de los teclados entre estrofa y estrofa)

Me ha resultado especialmente emocionante escuchar "I'll never turn my back on you", en la que un padre dice a su hijo cosas como "nunca te daré la espalda". Musicalmente, es un gran tema funk que sabe a acústico y que está cantado en falsete. El puente de mitad de canción es simplemente brillante, y en ese punto Mini Nevermind comenta: "Ésta no la recuerdo bien pero me gusta también", mientras corre a por la flauta dulce y se pone a tocar al ritmo de la voz de Terence.


La tralla sigue de la mano de "Dance Little Sister", en la que de nuevo transmuta en James Brown, apoyado por una rotunda batería y una voz increíblemente potente. Puro funk frenético a lo Sex Machine, no en vano en la versión extendida de la canción hay un tramo en el que versionea el gran tema del Padrino del Funk. "Me gusta el ritmo" dice el pequeño de esta reseña mientras mueve la cabeza.

En "Seven More Days" vuelven a notarse las influencias indias, el estribillo es como un canto lento pero salvaje que parece venido de las Montañas Rocosas. Una de las canciones más calmadas de un disco en el que es dificil no mover los pies. Explico a mi compañero de reseña lo que dice la letra y contesta: "Es buena. ¿Fue un éxito? Me imagino a un chico viajando en un coche, y en 7 días estará de vuelta a casa".


En "Let's go forward" hay algo que nunca me ha cuadrado y nunca he sabido qué es, pero me parece la canción menos impactante del disco, paradójicamente no termina de despegar a pesar de los efectos de sonido... ¡de un avión despegando!. Quizá sea el excesivo predominio de los teclados, porque la voz de Terence es más tierna pero igual de impresionante. Mi hijo me da la razón en esto último: "Es bonita la voz que pone..."

Tras un tramo marcado por dos de los temas más lentos, el disco vuelve a autopropulsarse hacia las estrella con "Rain", una de las mejores canciones del conjunto, imposible no rendirse a lo rotundo de su sonido y al de nuevo leve toque a canción india de invocación a la lluvia. Dicen que "Lo bueno si es breve dos veces bueno", algo de razón tendrán porque la canción más corta del disco es un disparo seco y certero. Lo suscribe Mini Nevermind comentando: ¡Hala! Esta me encanta, es emocionante y me pone contento.

Que decir que no se haya dicho ya de "Sign Your Name". Primer single del disco y culpable de que éste vendiera un millón de copias sólo en los tres primeros días. La melodía es atemporal, la percusión es perfecta a nivel sonoro. Magistral el momento en el que el puente, con Terence cantando entre coros "Doo-Woop" interpretados por el mismo, se rompe en un silencio mágico, antes de que la percusión anticipe un nuevo estribillo. Obra maestra, o en palabras de un niño: "Qué chula, cómo me gusta, sign your name across my heeaaaart.." 

"As yet untitled" sigue a día de hoy, como su nombre indica, sin título. Y también sin música. Gran demostración de talento vocal a capella, se hace dificil de digerir si no eres un devoto seguidor de las cualidades vocales de este artista. Eso le pasa a mi pequeño Nevermind: "Estoy esperando a que haya música, seguro que ahora va a cambiar, ¿qué te juegas?". No ha tenido en cuenta que he escuchado el disco más de mil veces, no es una buena idea apostar conmigo sobre este tema. Los instrumentos que espera que entren nunca llegan a entrar y la canción le gusta menos que las anteriores.

El disco cierra con "Who's loving you". A lo mejor "se me ve el plumero" con este comentario (para mí TTD es uno de los "5 grandes") pero esta brutal versión del tema de Smokey Robinson me parece incluso mejor que la original, y mejor también que la gran versión que hizo Michael Jackson con los Jackson 5). Suena como un tema de los años 50 en lugar de uno de un disco de 1987. En la versión infantil de esta reseña: "Que bien suena, me gusta, me vuelve a poner contento, la anterior era más triste".

Llegados a este punto, sólo puedo terminar la reseña dando un paso atrás y dejando que sea Mini Nevermind quién cierre con una frase final. Para ello le pregunto: "Si te encontraras con Terence Trent D'Arby ahora mismo, ¿qué le dirías sobre el disco?" Ni corto ni perezoso, me da la respuesta necesaria para cerrar como es debido: "Le diría que hemos hecho una reseña sobre su primer disco porque nos ha encantado, y que si sigue haciendo discos como éste lo va a petar".

¿Tendrá razón Mini Nevermind y habrá un regreso triunfal de Sananda Maitreya con un disco a la altura de "Introducing the hardline..."? Dependerá de la opción que él mismo escoja la próxima vez que, al pasar a la siguiente página, el libro de la vida le obligue a elegir una opción en el desarrollo de su propia aventura.

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