El disco de la semana 17: Prince "Hit and Run Phase II"



"Hit and Run" (Golpea y corre) podría ser una expresión asociada al baseball, cuando el bateador golpea inmediatamente tiene que salir corriendo. No puedo asegurarlo, la verdad es que no soy aficionado al baseball, pero sí que lo soy (y mucho, aunque trate de contenerme en este blog para no aburriros) de su majestad el Príncipe Roger Nelson.

Descubrí a Prince en 1988 cuando, en plena fiebre por Michael Jackson, todo el mundo hablaba de él como el único capaz de discutirle el trono a "Jacko" en aquellos momentos. Como slogan comercial no estaba mal, y seguramente funcionó para ambos como la tan cacareada guerra del brit-pop entre Blur y Oasis, pero musicalmente nunca hubo color. El trono siempre fue de Prince.


En color era la televisión en la que vi por primera vez el video de una canción suya, "Alphabet St", en el que salía rodeado de letras parpadeantes de colores y posando delante de su Thunderbird del 66. A partir de ahí fue como si me subiera en aquel coche e iniciara una carrera contra el reloj para lograr conseguir el resto de sus discos hacia atrás, además de esperar con ilusión cada nuevo lanzamiento, mientras él se mantenía fiel al ritmo de un disco por año.

Hacia atrás no encontré un solo disco que no fuera genial, hacia adelante descubrí que hasta Prince puede ser humano y tener sus altibajos, pero después de un disco menos brillante siempre había una resurrección impresionante. Después de un "Come" hubo un "The Gold Experience", después de un "Rave un2 the Joy Fantastic" hubo un "The Vault Old Friends 4 Sale" y después de un flojo "Hit and Run Phase I" afortunadamente hubo un "Hit and Run Phase II" para dejar un final de carrera en todo lo alto, ya que a la postre sería su último disco publicado en vida.

HIT AND RUN PHASE II - EL DISCO

Como siempre, el disco fue producido, arreglado, compuesto  y en su mayoría interpretado por Prince, trabajando cuidadosamente el sonido y buscando una vuelta a las raíces de la música negra, el soul y el funk clásico. Quizá por eso lo grabó enteramente en analógico, con una banda enorme de apoyo que contemplaba una sección de vientos de 11 miembros en varios de los temas.

El disco arranca con "Baltimore", tema dedicado a la muerte de un afroamericano a manos de la policía en esa ciudad. Un buen tema en lo musical, con una letra algo sencilla para la temática reivindicativa de la canción. Con ella en su momento quiso dar un mensaje de paz para la ciudad norteamericana, sumida en violentas protestas. "Si no hay justicia no hay paz".


Mucho más inspirado es el siguiente corte, "Rock and Roll Love Affair" en el que el genio de Minneapolis vuelve a demostrar que puede entregar singles redondos casi sin despeinarse. Producción cuidada y comedida en la ejecución, con una melodía sencilla y algo exótica, sin grandes alardes, pero con el sello inconfundible del carismático y pequeño gran músico. Se echa en falta que se desmelene un poco más en lo musical pero es un buen tema.

Tras una "2Y2D" correcta, en la que empiezan a destacar las excelencias y colores de los metales de la banda, nos encontramos con una de las cimas musicales del disco, la excelsa "Look at Me, Look at U". Si como nostálgicos buscáis en los últimos discos de Prince vestigios de las grandes canciones del pasado, os facilitaré la búsqueda, ir al corte 4 y escuchad esta joya. Bella melodía en la que la flauta y trompeta cobran peso, mientras Prince bromea con que hasta Ray Charles o Stevie Wonder verían la belleza de su chica y la química que hay entre los dos.

La broma continúa con uno de los singles del disco, la redonda "Stare" y su poderío funky, en la que se permite un guiño a si mismo y a uno de sus grandes hits, cuando en la mitad del tema canta "¿Puedo darte un beso?" para instantáneamente mezclar el famoso rasgueo de guitarra de "Kiss" y que encaje sin fisuras en la atmósfera de la pieza.

La unidad de sonido que consigue entre los temas es tal, que si no conociéramos previamente algunas canciones, no sabríamos que algunos de los temas fueron rescatados de su "bóveda" y que son en realidad composiciones de otra época que fueron regrabadas porque encajaban con el concepto del disco. Es el caso, por ejemplo, de "Xtraloveable", escrita en torno a 1982 y de la que circula una versión primeriza en discos pirata de la época. Aquí ha sido regrabada y publicada por fin en un disco oficial, con la novedad de la inclusión de percusiones de aire latino con las que no contaba la primera versión.

Tras el único "pero" del disco ("Groovy potential" no llega a la altura del resto), el despliegue de soul continúa con "When she comes", la balada soul clásica en falsete que nunca falta en sus discos. Le sigue una sorprendente "Screwdriver", que rompe la línea del disco por su estructura de canción de riffs y guitarras rock. Un tema que habría encajado más en su proyecto de "3rdeyegirl" que en un disco de marcada música negra.

En el último tramo del disco, destaca por encima del resto "Black Muse", una maravilla funk de siete minutos que combina el buen gusto melódico con la generosidad de ritmos y arreglos de un tema intencionadamente largo y cuidado, con el bajo en primer plano como en cualquier himno funk que se precie.

Más pausada pero igual de cálida es "Revelation", segundo momento lento del disco, en el que de nuevo atenúa la luz y enciende las velas para crear, una vez más, magia con su falsete y sus brillantes ráfagas de trompeta.



Podría haberlo dejado ahí y habría bastado, pero una big band en la que cabe una familia numerosa en la sección de viento necesita un final a lo grande y en positivo. "Vamos a pasarlo bien en la gran ciudad" canta en el estribillo de "Big City" mientras toda la banda hace precisamente eso, pasarlo bien y darlo todo al compás de la música. Un ejercicio de diversión y maestría, un golpe final sobre la mesa, para después marcharse y dejar solo el silencio en el reproductor de CDs. Y esa es, en esencia, la travesura eterna de Prince. Te golpea y corre. Y en discos así no hay muchos que puedan alcanzarle.

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