El disco de la semana 93: Stop, Drop and Roll, Foxboro Hot Tubs



"La única similitud entre Green Day y Foxboro Hot Tubs es que somos la misma banda"

Con esta frase, Billie Joe Armstrong zanjaba el misterio de quién estaba realmente detrás de esta banda inventada, con la que sorprendieron a todos en 2008 con el disco Stop, Drop and Roll. Los "Foxboro Hot Tubs" surgieron como un vehículo con el que huir de las restricciones y la exposición pública que les generaba la nave nodriza de Green Day. Para ello, los tres integrantes Green Day (Mike Drent al bajo, Tré Cool a la batería y el mencionado Armstrong, cantante y guitarrista de la banda) se reforzaron con Kevin Preston (guitarra), Jason White (guitarra) y Jason Freese (teclado, saxofón y flauta).

Sin abandonar sus señas de identidad, en Stop, Drop and roll dieron rienda suelta a composiciones más básicas y directas, más orientadas al garaje rock y al rock and roll. Las canciones surgieron en el estudio a horas intempestivas y con la ayuda de varias botellas de vino, mientras ensayaban antiguas canciones de rock and roll, que acabaron retorciendo y modificando hasta convertirlas en canciones diferentes, lo cual no implica que no dejaran "pistas" dentro de cada tema para que los oídos mas avispados pudieran encontrar los referentes en los que se habían basado.


STOP, DROP AND ROLL


El disco fue grabado en 2007, durante los descansos de la grabación del disco 21st Century Breakdown (2009) de Green Day, y publicado finalmente en 2008, pero antes algunas de las canciones estuvieron colgadas en la web del grupo. Aquellas primeras canciones incluían fragmentos de películas de los años sesenta y setenta, que fueron eliminados en las versiones del disco. Una de esas canciones, Highway 1, fue sustituida en el disco por la canción Broadway, para terminar conformando la lista de doce canciones de rock and roll garajero que componen este disco directo y urgente. Puro divertimento y actitud rockera.

El disco arranca con el rock and roll acelerado de Stop, Drop and Roll, la canción que le da título y uno de los tres singles que se lanzaron al mercado. Toda una declaración de intenciones, del tipo de música desenfadada y rotunda con la que homenajearán a los clásicos de los sesenta y setenta en los que el disco está basado. Probablemente inspirada en el tema Strychnine de los Sonics. Le sigue Mother Mary, elegida como el single de lanzamiento del disco, basada en el ritmo del Lust for life de Iggy Pop, y con un tono más pausado y un fresco sabor a años cincuenta, de la mano de unos añejos coros al más puro estilo doo-wop. La energía garajera vuelve de la mano de Ruby Room, y ya en Red Tide encontramos los primeros vestigios de las canciones en las que se inspiraron. En este caso, las conexiones con Tired of waiting for you de los Kinks son claras.

El siguiente tema, Broadway, siendo una buena canción, carga con la losa de ser la pieza elegida en lugar de Highway 1, que personalmente me parece mucho más directa y rotunda. Se la echa de menos en el conjunto, aunque la elegida en su lugar no desmerezca dentro del todo. She's a Saint, not a celebrity mantiene el buen tono general del disco, con efectivos ramalazos de guitarra y, de nuevo, una interpretación urgente y directa. Sally, el siguiente tema, sabe al I'm not your stepping stone de los Monkees, que fue también versionada en su momento por los Sex Pistols, otra de las referencias de Green Day. La conexión es tan evidente, como la de Alligator con el mítico You really got me de, de nuevo, The Kinks.


Con The Pedestrian, el tercero de los temas que salieron como sencillos, llega uno de los momentos más brillantes del disco, pero aún quedará más tiempo para más guiños a clásicos, ya que 27th Avenue Shuffle tiene matices del Run Run Run de The Who y del Over, Under, Sideways, Down de los Yardbirds, con lo que también juegan en Dark side of night, que parece basarse en Heart full of soul, y que acaba siendo uno de los mejores temas del disco, merced a la efectiva atmósfera sesentera, conseguida con unos certeros arreglos de flauta.

Y para terminar, vuelve la potencia de las guitarras en Pieces of truth, un final a la altura de un álbum desenfadado, directo y divertido, uno de esos discos hechos para ser disfrutados por los que lo tocan, pero que de paso, consiguen que los que lo escuchan se queden con un buen sabor de boca, y una razonable dosis de sorpresa, al ver a los tres miembros de Green Day alejarse de esquemas de punk rock de estadios, para sumergirse en el rock and roll de garaje de treinta años atrás. Para el lejano día en que el rock deje de ser divertido, recordad lo que Billie Joe Armstrong y compañía nos recomendaron en 2008: Detente, suéltalo, y enróllate. Puede que no consigas nada nuevo, pero disfrutarás de lo que significa volver a empezar.

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