miércoles, 19 de agosto de 2026
2057.- It Must Be Love - Madness
martes, 18 de agosto de 2026
2056.- Controversy - Prince

El álbum Controversy fue el cuarto disco de estudio de Prince, lanzado el 14 de octubre de 1981 por la discográfica Warner Bros. Records. Controversy es un disco que incide de nuevo en la visión de Prince sobre la sexualidad y la provocación, aunque en un tono más rebajado que el que empleó en las explícitas letras de su disco anterior, el impactante y arriesgado Dirty Mind (1980). El álbum comienza con Controversy, canción que le da título, una de las canciones más importantes de la primera etapa de Prince y una auténtica declaración de intenciones de lo que el disco ofrecía a quién lo comprara.
Controversy marcó el momento en que Prince dejó de ser una promesa del funk para convertirse en una figura provocadora, impredecible y imposible de encasillar. La letra aborda directamente la controversia, los rumores y las especulaciones que se habían generado sobre su identidad, su raza, su sexualidad y sus creencias religiosas. En esto último, la provocación está servida en el último tramo de una canción de más de siete minutos, cuando el genio de Minneapolis recita un Padre Nuestro sobre el ritmo hipnótico y minimalista de la canción.
Musicalmente, el mencionado ritmo sostiene y lleva en volandas a Controversy, con una batería electrónica marcando el pulso y un poderoso bajo sintetizado. La guitarra suelta los clásicos ramalazos rítmicos de funk, y en conjunto el groove de la canción es irresistible. Prince evita los cambios bruscos y apuesta por la repetición, logrando que la canción funcione tanto como tema de baile como manifiesto oscuro y personal. El resultado es una mezcla de funk, new wave y música electrónica que anticipa muchos de los sonidos que dominarían la década de los ochenta, en la que Prince alterna frases casi habladas con estribillos insistentes, creando una sensación de conversación directa con el oyente, en un tono que es desafiante pero también irónico, como si disfrutara alimentando el misterio que rodeaba su persona.
Controversy representa uno de los primeros pasos hacia la construcción del mito de Prince, y contiene ya muchos de los elementos que definirían su carrera: la ambigüedad sexual, la mezcla de lo sagrado y lo profano, el individualismo radical y una confianza artística casi ilimitada.. Más de cuatro décadas después, sigue sonando sorprendentemente moderna, y su ritmo mecánico y contagioso, unido a un mensaje que cuestiona los prejuicios y las categorías sociales, mantiene toda su vigencia como canción de baile y sobre todo como retrato de un joven y osado Prince retando al mundo con sus armas más características y con la innegable calidad de su música.
lunes, 17 de agosto de 2026
2055 - Mony, mony - Billy Idol
Mony Mony - Billy Idol
Hay canciones que parecen haber nacido para sonar a todo volumen. “Mony Mony” es una de ellas. En manos de Billy Idol, el tema se convierte en una descarga de rock directo, provocador y descaradamente festivo. No busca sutilezas ni pretende esconder sus intenciones: quiere que el cuerpo se mueva, que el estribillo se grite y que la canción sobreviva al paso de los años como uno de esos himnos capaces de transformar cualquier lugar en una pista de baile.
La historia del tema, sin embargo, empieza bastante antes de Idol. “Mony Mony” fue originalmente grabada por Tommy James and the Shondells en 1968, en pleno auge de la psicodelia y del pop-rock estadounidense. Casi dos décadas después, Billy Idol recuperó aquella canción y la llevó completamente a su terreno. El resultado fue muy diferente al original: donde había pop sesentero, Idol puso guitarras más agresivas, una batería contundente y esa mezcla de arrogancia, sexualidad y actitud punk que había convertido su imagen en una de las más reconocibles de los años ochenta.
Lo interesante de la versión de Idol es que nunca intenta modernizar la canción desde la prudencia. Hace exactamente lo contrario. La exagera. Todo está llevado al límite: las guitarras, los gritos, la interpretación vocal y, sobre todo, ese estribillo repetitivo que termina funcionando como un mecanismo hipnótico. “Mony Mony” no necesita una gran historia que contar porque su argumento está en la energía que desprende.
Billy Idol entiende perfectamente que el rock también puede ser espectáculo. Su interpretación tiene algo de desafío permanente, como si estuviera provocando al oyente para comprobar cuánto tiempo puede resistirse antes de terminar cantando el estribillo. La voz rasgada, los silencios y las explosiones instrumentales construyen una canción que parece diseñada para el directo.
Además, “Mony Mony” encaja perfectamente en el universo de Billy Idol. El artista había conseguido combinar la estética punk con el lenguaje comercial del rock de los ochenta, convirtiendo la rebeldía en un producto tremendamente eficaz sin que desapareciera por completo su espíritu insolente. Esa contradicción forma parte de su encanto.
Escucharla hoy permite comprobar que algunas canciones no necesitan reinventarse constantemente para mantenerse vivas. Basta con tener actitud. “Mony Mony” es puro exceso ochentero: guitarras, sudor, volumen y un estribillo imposible de olvidar. Una canción que no pide permiso para entrar en la fiesta. Simplemente aparece, sube el volumen y empieza a mandar.
domingo, 16 de agosto de 2026
2054.- Invisible Sun - The Police
Hay canciones que funcionan como una fotografía de un momento histórico. Otras consiguen algo más difícil: capturar una sensación colectiva, un estado de ánimo que atraviesa una sociedad entera. "Invisible Sun", publicada por The Police en 1981, pertenece a esa segunda categoría. No habla de una batalla concreta ni menciona nombres propios, pero transmite con una intensidad extraordinaria la incertidumbre de vivir bajo una sombra permanente.
A comienzos de los años ochenta, The Police ya era una de las bandas más importantes del Reino Unido. Sin embargo, lejos de limitarse a repetir la fórmula que los había llevado al éxito, el grupo decidió explorar territorios más complejos en su cuarto álbum, Ghost in the Machine. Allí apareció "Invisible Sun", una canción que sorprendió a muchos seguidores por su tono sombrío y reflexivo, muy alejado del dinamismo de sus primeros sencillos.
La inspiración surgió en un contexto marcado por el conflicto de Irlanda del Norte, una época de violencia, tensión política y división social. Sting, influido por las imágenes y noticias que llegaban desde aquella región, escribió una canción que no buscaba tomar partido desde la confrontación, sino centrarse en las personas atrapadas dentro de una realidad que parecía no tener salida. La guerra aparece como una ausencia, como algo que pesa sobre la vida cotidiana incluso cuando no está presente.
Musicalmente, "Invisible Sun" representa una evolución en el sonido de The Police. La batería de Stewart Copeland mantiene una energía contenida, el bajo de Sting aporta una base hipnótica y los teclados crean una atmósfera casi inquietante. La canción avanza con una calma tensa, como si estuviera describiendo un paisaje después de una tormenta que todavía no ha terminado. No busca el impacto inmediato; busca dejar una impresión duradera.
Uno de los mayores aciertos de la composición está en su metáfora central. Ese "Invisible Sun" representa la esperanza que permanece oculta incluso en los momentos más oscuros. No es una luz evidente ni una promesa fácil, sino una fuerza interior que permite seguir adelante cuando todo alrededor parece indicar lo contrario. La canción no niega el sufrimiento, pero tampoco acepta que la desesperanza sea la única respuesta posible.
Dentro de la trayectoria de The Police, "Invisible Sun" ocupa un lugar especial porque muestra a una banda que había dejado atrás la energía juvenil del punk y el new wave para convertirse en un grupo capaz de abordar temas universales. Sting comenzaba a consolidarse como un compositor interesado en cuestiones sociales y humanas, una característica que marcaría buena parte de su carrera posterior.
Con el paso del tiempo, la canción ha adquirido una nueva dimensión. Los conflictos cambian de escenario, las noticias modifican sus protagonistas, pero la sensación que transmite sigue siendo reconocible: la necesidad de encontrar una pequeña fuente de esperanza en medio del caos. Quizá esa sea la razón por la que "Invisible Sun" continúa vigente. Porque no habla solamente de una época concreta; habla de una condición humana que atraviesa generaciones.
Más que una canción de protesta, es una canción de resistencia silenciosa. Un recordatorio de que incluso cuando la luz parece haber desaparecido, todavía puede existir un sol que no vemos, pero que sigue ahí.
Danielsábado, 15 de agosto de 2026
2053.- I'm gonna love her for both of us - Meat Loaf
Antes de sonar la primera nota de "I'm Gonna Love Her for Both of Us", conviene olvidarse de que estamos a punto de escuchar una simple canción de rock. Lo que sigue se parece mucho más a una escena de un musical de Broadway o al clímax de una película romántica llevada deliberadamente al exceso. En el universo creativo de Jim Steinman nunca existieron los sentimientos a medias: todo era más grande, más intenso y más teatral. Y pocas composiciones representan mejor esa filosofía que esta pieza incluida en Dead Ringer (1981).
Desde el comienzo, la canción deja claro que no pretende conquistar al oyente mediante la sutileza. Los arreglos crecen de forma casi cinematográfica, el piano marca el pulso emocional y la producción levanta un muro de sonido que parece diseñado para sostener una tragedia amorosa de dimensiones épicas. Cada elemento empuja hacia el mismo objetivo: convertir una historia íntima en un espectáculo grandioso.
El gran protagonista, sin embargo, sigue siendo Meat Loaf. Su interpretación es una auténtica representación dramática. No canta; interpreta a un personaje consumido por una obsesión que roza el sacrificio. La frase que da título a la canción resume perfectamente el espíritu de Steinman: un amor tan desbordado que está dispuesto a compensar la incapacidad emocional de la otra persona. Es una idea exagerada, casi imposible de sostener en la vida real, pero completamente lógica dentro de este universo donde las emociones nunca conocen límites.
Esa desmesura fue precisamente la marca registrada de la alianza entre Meat Loaf y Jim Steinman. Mientras buena parte del rock de principios de los ochenta buscaba sonar más directo o más moderno, ellos continuaban apostando por composiciones largas, cambios de intensidad, melodías expansivas y letras que parecían escritas para ser interpretadas bajo un foco. Su propuesta siempre dividió opiniones: para algunos era puro exceso; para otros, una forma única de entender el rock como espectáculo total.
Con el paso de los años, "I'm Gonna Love Her for Both of Us" ha quedado algo eclipsada por monumentos como "Bat Out of Hell", "Paradise by the Dashboard Light" o "I'd Do Anything for Love (But I Won't Do That)". Sin embargo, esa relativa discreción no disminuye su valor. Al contrario, permite descubrir una de las composiciones donde mejor se aprecia la química entre un compositor que escribía como si cada canción fuera una obra teatral y un cantante capaz de convertir cualquier melodía en una interpretación inolvidable.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse a esta canción. No esperando una historia de amor convencional, sino aceptando la invitación a un escenario donde los sentimientos siempre se expresan al máximo volumen. Porque en el mundo de Meat Loaf y Jim Steinman no había lugar para las medias tintas: cada canción debía sentirse como el último acto de una gran tragedia. Y "I'm Gonna Love Her for Both of Us" cumple ese papel con una convicción que, más de cuatro décadas después, sigue resultando tan excesiva como fascinante.
Danielviernes, 14 de agosto de 2026
Disco de la semana 494.- Kadavar - Kadavar
2052.- Spirits in the Material World - The Police
jueves, 13 de agosto de 2026
2051.- Every Little Thing she does is Magic - The Police

miércoles, 12 de agosto de 2026
2050 – No te enamores nunca de aquel marinero bengalí - Los Abuelos de la Nada
No te enamores nunca de aquel marinero bengalí - Los Abuelos de la Nada
Hay canciones que parecen llegar desde un lugar que no termina de existir. “No te enamores nunca de aquel marinero bengalí” tiene algo de cuento extraño, de historia escuchada en un bar a altas horas de la noche, cuando las conversaciones empiezan a mezclarse con los recuerdos y cualquier personaje puede convertirse en protagonista de una aventura. En apenas unos minutos, Los Abuelos de la Nada construyen un pequeño universo lleno de color, misterio y libertad.
El título ya es una invitación a imaginar. ¿Quién es ese marinero bengalí? ¿De dónde viene? ¿Por qué no hay que enamorarse de él? La canción no parece demasiado interesada en responder esas preguntas. Y justamente ahí reside buena parte de su encanto. Miguel Abuelo siempre tuvo una relación muy particular con las palabras. Podía utilizarlas para contar una historia concreta o simplemente para crear imágenes capaces de despertar la imaginación.
Los Abuelos de la Nada fueron una banda difícil de encasillar. Su música podía pasar del rock al pop, del espíritu psicodélico a la canción melódica y de la fiesta a la melancolía casi sin pedir permiso. En su segunda etapa, durante los años ochenta, la banda encontró además una combinación extraordinaria de músicos y personalidades que ayudó a convertirla en uno de los grupos más importantes de aquella renovación del rock argentino.
Miguel Abuelo estaba en el centro de todo. Su presencia no se parecía a la de un cantante convencional. Había algo teatral, callejero y al mismo tiempo profundamente poético en su manera de interpretar. Parecía un personaje salido de otra época, alguien que podía estar cantando en una esquina de Buenos Aires y, un segundo después, aparecer navegando hacia un lugar completamente imaginario.
Y esa sensación está presente en “No te enamores nunca de aquel marinero bengalí”. La canción tiene movimiento, pero también misterio. Es divertida sin ser simplemente una canción de fiesta. Hay un juego constante entre lo absurdo y lo romántico, entre la advertencia y la tentación. Porque si alguien te dice que no debes enamorarte de un marinero misterioso, probablemente lo primero que quieras saber es por qué.
En el fondo, la canción parece hablar de la fascinación por lo desconocido. De esas personas que aparecen en nuestras vidas y que, precisamente porque no terminamos de comprenderlas, pueden resultar irresistibles. El marinero se convierte así en una figura casi mitológica: alguien que llega desde lejos, trae consigo una historia y probablemente desaparecerá antes de que podamos entender qué significó su presencia.
Escucharla hoy es también viajar a una época en la que el rock argentino recuperaba el color, el juego y cierta despreocupación después de años especialmente duros. Los Abuelos entendieron que también se podía hacer música para celebrar la vida, para bailar y para imaginar.
Y quizá por eso la advertencia del título resulta tan divertida.
“No te enamores nunca”.
Demasiado tarde.
Porque cuando aparece un personaje como aquel marinero bengalí, misterioso, lejano y seguramente imposible, lo último que uno quiere hacer es seguir el consejo.
Y ahí está la magia de Miguel Abuelo: conseguir que una canción aparentemente disparatada termine pareciendo una pequeña historia de amor, de aventura y de libertad.
DanielInstagram storyboy
martes, 11 de agosto de 2026
2049 – Inconsciente colectivo - Charly García
Inconsciente colectivo - Charly García
Hay canciones que se escuchan. Y hay canciones que, de alguna manera, parecen abrazarte. “Inconsciente colectivo” pertenece a esa segunda categoría. Es una de esas composiciones en las que Charly García consiguió algo difícil de explicar: convertir un sentimiento profundamente personal en una emoción compartida por millones de personas.
La canción fue escrita en un momento especialmente oscuro de la Argentina y terminó convirtiéndose, casi sin proponérselo, en una canción de esperanza. Habla de heridas, de sueños, de aquello que permanece dentro de nosotros incluso cuando todo alrededor parece derrumbarse. Y lo hace sin necesidad de levantar la voz. Su fuerza está precisamente en esa mezcla de fragilidad y convicción.
Hay algo profundamente conmovedor en la manera en que Charly García plantea la idea de un “inconsciente colectivo”. Como si existiera dentro de todos nosotros una memoria común, una especie de lugar donde sobreviven los deseos que no pudieron ser destruidos. La canción habla de libertad, pero también de la necesidad de recuperar algo que parecía perdido.
En 1982, Argentina estaba atravesando uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. La dictadura militar llegaba a su etapa final y el país estaba marcado por el miedo, la violencia y las heridas todavía abiertas. En ese contexto, una canción que hablaba de esperanza podía significar mucho más de lo que decía literalmente.
Y quizás por eso “Inconsciente colectivo” terminó creciendo con el tiempo.
La interpretación de Charly García tiene algo casi íntimo. No parece estar cantándole a una multitud, sino a una persona que necesita escuchar que todavía existe una salida. La melodía avanza con delicadeza, pero cada palabra parece cargar con un peso enorme. No hay necesidad de exagerar el dramatismo porque la emoción ya está allí.
La canción alcanzó además una dimensión especial cuando fue interpretada por Mercedes Sosa. En su voz adquirió otra profundidad, otra textura. La canción dejó de pertenecer únicamente a Charly García y pasó a formar parte de una memoria colectiva mucho más amplia. Fue incorporándose a la historia emocional de un país que necesitaba volver a creer.
Y ahí está probablemente la grandeza de “Inconsciente colectivo”: no es una canción de protesta convencional. No necesita señalar directamente a nadie. Su mensaje es más profundo. Habla de aquello que nadie puede quitar completamente: la capacidad de imaginar un futuro diferente.
Hay momentos en los que una canción aparece exactamente cuando hace falta. “Inconsciente colectivo” fue una de esas canciones.
Escucharla hoy produce una emoción difícil de separar de todo lo que ocurrió alrededor de ella. Pero también demuestra que algunas canciones consiguen escapar de su época. Ya no hablan solamente de aquel país, de aquellos años o de aquella generación. Hablan de cualquiera que alguna vez haya sentido que algo se rompió y, aun así, decidió seguir creyendo.
Por eso su final no se siente como una despedida, sino como una promesa.
Porque después del miedo puede volver la esperanza.
Después del silencio puede volver la música.
Y después de la oscuridad, incluso cuando parece imposible, siempre puede aparecer una canción capaz de recordarnos que seguimos juntos.
Eso es “Inconsciente colectivo”: una canción que no solamente se escucha con los oídos.
Se escucha con la memoria.
Daniel
Instagram storyboy
lunes, 10 de agosto de 2026
2048 – Yendo de la cama al living - Charly García
Yendo de la cama al living - Charly García
Hay títulos que ya contienen una historia antes de que empiece la música. “Yendo de la cama al living” es uno de ellos. La imagen es sencilla: alguien que se mueve de un espacio de la casa a otro. Pero en manos de Charly García, ese recorrido mínimo se transforma en algo mucho más grande. La casa deja de ser simplemente un lugar físico y empieza a funcionar como una representación del aislamiento, la rutina y una sociedad que todavía estaba intentando recuperar el movimiento.
La canción forma parte de Yendo de la cama al living, el primer álbum solista de Charly García, publicado en 1982. El disco apareció en un momento extraordinariamente particular de la historia argentina. La dictadura militar estaba llegando a sus últimos años y la sociedad atravesaba una profunda sensación de agotamiento. El rock comenzaba a recuperar espacios de expresión y Charly encontraba allí un terreno perfecto para construir una obra que combinaba intimidad, ironía y crítica.
Musicalmente, la canción no necesita grandes explosiones para transmitir esa sensación de encierro. Hay una tensión constante entre lo cotidiano y lo inquietante. El piano y los arreglos electrónicos crean un ambiente que parece doméstico, pero al mismo tiempo extraño. Como si aquello que debería resultar familiar hubiera dejado de serlo.
Charly siempre tuvo una habilidad especial para observar la realidad desde un ángulo ligeramente desplazado. No necesitaba describir directamente una situación política para hablar de ella. Podía hacerlo desde una habitación, desde una relación o desde una imagen aparentemente absurda. “Yendo de la cama al living” funciona precisamente así: lo personal termina convirtiéndose en una metáfora colectiva.
El título también tiene algo de humor. Es casi una frase cotidiana, incluso ridícula si se la observa fuera de contexto. Pero detrás de esa sencillez aparece una sensación de inmovilidad. Ir de la cama al living implica desplazarse, pero también permanecer dentro del mismo espacio. Hay movimiento, aunque no necesariamente avance.
Ese contraste resume buena parte del universo de Charly García. Sus canciones pueden ser inmediatamente accesibles y, al mismo tiempo, esconder varias interpretaciones. Puede aparecer el humor junto a la angustia, la melodía pop junto a una reflexión social, la ironía junto a una enorme vulnerabilidad.
El disco que lleva el mismo nombre también marcó una transformación importante en su carrera. Después de su etapa con Serú Girán, Charly comenzó a construir una identidad solista en la que los sintetizadores, las cajas de ritmos y una producción más cercana a los sonidos de los ochenta adquirieron un papel fundamental. Ya no se trataba solamente del músico de piano que había formado parte de Sui Generis o Serú Girán. Estaba apareciendo un nuevo Charly García.
“Yendo de la cama al living” es, en ese sentido, una canción de transición. Habla de un personaje encerrado, pero también de un artista que estaba saliendo de una etapa para entrar en otra.
Y quizás ahí reside su mayor fuerza. No hace falta recorrer grandes distancias para sentir que algo está cambiando. A veces basta con cruzar una habitación.
De la cama al living.
Y en ese pequeño trayecto, Charly García consiguió retratar todo un país intentando volver a moverse.
DanielInstagram storyboy
domingo, 9 de agosto de 2026
2047 - Las chicas son guerreras - Coz
sábado, 8 de agosto de 2026
2046.- ...Sex beat - The Gun club
The Gun Club se sitúa como una de las agrupaciones más singulares, feroces e influyentes de la marea post-punk estadounidense. Nacida a finales de la década de 1970 en Los Ángeles, la banda emergió en una escena urbana saturada de nihilismo para ofrecer algo radicalmente distinto: una colisión frontal entre la agresividad del punk y las raíces más oscuras y pantanosas del folclore norteamericano. El gran logro conceptual del grupo fue desenterrar el blues rural, el country primigenio y el rockabilly para juntarlos a través del filtro de la rabia contemporánea, mientras la mayoría de sus coetáneos miraban hacia el futuro sintetizado o el ruido abstracto, ellos volvieron la mirada hacia los desiertos, las historias de fantasmas, la desesperación del delta y los mitos fronterizos. Esta propuesta pionera sentó las bases de lo que más tarde se conocería como cowpunk o goth-blues, creando una atmósfera que resultaba tan destructiva como poética. En el centro de este huracán se encontraba Jeffrey Lee Pierce, líder, vocalista y compositor principal, una figura tan brillante como autodestructiva, pasó de ser un ávido crítico musical a convertirse en un auténtico chamán sobre el escenario, su voz, capaz de pasar del lamento desgarrador al aullido frenético, encarnaba el sufrimiento y la pasión de los géneros tradicionales que tanto veneraba. A su lado, la formación contó con una alineación sumamente volátil por la que pasaron instrumentistas extraordinarios, esta inestabilidad constante, lejos de frenar al proyecto, nutría su identidad con una tensión permanente. A pesar de no haber alcanzado nunca un éxito comercial masivo, la influencia del grupo en la música alternativa es incalculable, su estética oscura, su actitud visceral y su capacidad para reinterpretar la tradición americana calaron profundamente en la escena internacional, fascinando a bandas fundamentales del rock alternativo, el grunge y el post-punk europeo. El trágico fallecimiento de su líder a mediados de la década de 1990 cerró definitivamente la trayectoria del proyecto, pero su mito no ha dejado de crecer. Hoy en día, son recordados como un puente fundamental entre la tradición afroamericana y la vanguardia subterránea: una fuerza desatada que demostró que el verdadero rock and roll siempre habita en las sombras.
Lanzada en 1981 como tema de apertura de su álbum debut Fire of Love, "Sex Beat" es la declaración de intenciones definitiva de The Gun Club, lejos de ser una simple canción de rock, representa un torbellino sonoro que define a la perfección el nacimiento del cowpunk y la obsesión de la banda por distorsionar las raíces de la música americana. La pista se construye sobre un ritmo de batería urgente, galopante e implacable que simula el latido de una obsesión compulsiva, sobre esta base rítmica, las guitarras de Ward Dotson y Jeffrey Lee Pierce entrelazan riffs afilados que beben directamente del rockabilly y del swamp blues, pero ejecutados a una velocidad y con una distorsión heredadas directamente del punk angelino. La interpretación vocal de Pierce es pura visceralidad, su voz oscila entre el murmullo amenazante y el alarido desgarrador. La cancio habla del deseo, el desencanto juvenil y la alienación no como un romance, sino como una fiebre incontrolable de la que es imposible escapar. Sex Beat representa la esencia de una generación que buscaba peligro en la música en lugar de mero entretenimiento, su atmósfera turbia y su pulso bailable pero violento influyeron profundamente en el post-punk, el rock alternativo y el goth-rock de los años 80 y 90. Es, hasta el día de hoy, el himno más reconocible e incendiario de la banda: una descarga de adrenalina pura que demuestra cómo el blues y el punk siempre compartieron la misma alma atormentada.
viernes, 7 de agosto de 2026
2045.- Just Can't get Enough - Depeche Mode

Hay canciones que capturan un momento concreto de la juventud con tanta precisión que terminan convirtiéndose en cápsulas del tiempo. Just Can’t Get Enough de Depeche Mode es una de ellas. Escrita por Vince Clarke y publicada como segundo sencillo del disco "Speak and Spell" (1981), fue la última gran aportación de su fundador antes de abandonar la banda.
Disco de la semana 493: Foreign Tongues - The Rolling Stones
Cuando el nuevo milenio despuntó en el año 2000, muchos analistas de la industria musical daban por sentado que los Rolling Stones entrarían en una fase de jubilación dorada, con casi cuatro décadas de trayectoria a sus espaldas, la lógica indicaba que Sus Majestades Satánicas se limitarían a vivir de las rentas de sus clásicos inoxidables, sin embargo, el siglo XXI no ha sido para Mick Jagger, Keith Richards y compañía un plácido retiro, sino una lección magistral de supervivencia, reinvención y vigencia cultural. A lo largo de estas más de dos décadas, los Stones han demostrado que el espíritu del rock 'n' roll no entiende de fechas de caducidad.
El siglo comenzó con la energía arrolladora de giras mundiales multitudinarias como el Licks Tour o el ambicioso A Bigger Bang Tour, que rompieron récords de recaudación y demostraron una forma física inconcebible para músicos en su madurez. Precisamente en 2005 publicaron A Bigger Bang, un trabajo directo y crudo que demostró que la química entre las guitarras de Richards y Ronnie Wood seguía intacta. Lejos de dormirse en los laureles, el grupo continuó desafiando las expectativas, en 2016 sorprendieron a propios y extraños con Blue & Lonesome, un homenaje explícito y conmovedor al blues de Chicago que los vio regresar a sus raíces primigenias. El álbum no solo ganó el aplauso unánime de la crítica, sino que recordó al mundo que, debajo de los grandes estadios y la pirotecnia, reside una banda de blues extraordinaria. El mayor golpe emocional del siglo XXI llegó en agosto de 2021 con la muerte del legendario baterista Charlie Watts, su elegancia y su pulso impecable eran el latido del grupo, y su partida insinuó el final definitivo. No obstante, con la incorporación de Steve Jordan en las baquetas —bendecido por el propio Watts antes de fallecer—, los Stones transformaron el duelo en un impulso vital. El lanzamiento de Hackney Diamonds supuso un retorno triunfal con material original, demostrando una energía fresca impulsada por la producción moderna de Andrew Watt.Hoy en día, la permanencia de los Rolling Stones en el siglo XXI trasciende lo musical para convertirse en un fenómeno sociocultural, han sabido envejecer sin perder la rebeldía, adaptando su sonido a la tecnología contemporánea sin sacrificar la crudeza analógica de su esencia. Mick Jagger continúa siendo un cantante incomparable en directo, mientras que Keith Richards sostiene el ritmo con esa actitud desafiante e inimitable. Los Rolling Stones no pertenecen al pasado; habitan el presente con la autoridad que solo otorga haber inventado el manual de instrucciones del rock moderno.
En 2026 publican Foreign Tongues, el vigésimo quinto álbum
de estudio británico de los Rolling Stones que se erige como un trabajo con
identidad propia que expande el horizonte sonoro de la banda. Producido
nuevamente por el cotizado Andrew Watt, la obra funciona como una declaración
de principios sobre la longevidad y el hambre creativa, la portada, ilustrada
con la impactante pintura Trinity de Nathaniel Mary Quinn, fusiona los rostros
de Jagger, Richards y Wood en una sola entidad, simbolizando la unión
indestructible de un grupo que se niega a someterse al paso del tiempo. El álbum destaca por su ambición compositiva
y su abanico de colaboraciones estelares, entre las participaciones más
celebradas encontramos a Paul McCartney aportando las líneas de bajo, a Robert
Smith de The Cure impregnando matices atmosféricos, además de apariciones de
Steve Winwood, Bruno Mars, Chad Smith y Benmont Tench. Sin embargo, el momento
más emotivo del disco reside en el rescate de grabaciones de batería realizadas
por el añorado Charlie Watts en sus últimas sesiones de 2021, otorgando al
trabajo una carga afectiva insustituible. Musicalmente, Foreign Tongues
equilibra la crudeza del blues rock tradicional con una producción de empaque
moderno, Mick Jagger ofrece una interpretación vocal asombrosa, alternando
entre el falsete rítmico, la soltura callejera y la vulnerabilidad de las
baladas, por su parte, el engranaje de guitarras de Keith Richards y Ronnie
Wood entrelaza riffs afilados y rasgueos envolventes con una soltura propia de
quienes llevan más de seis décadas tocando juntos. El proceso de creación fue
directo y sin rodeos, buscando capturar la frescura de las primeras tomas sin
sobrepensar las estructuras y el resultado es un repertorio dinámico que aborda
temáticas de finitud, relaciones efímeras, sátira social y la pulsión
incansable del deseo. Lejos de sonar como un ejercicio de nostalgia acomodada,
Foreign Tongues confirma que la conversación musical de los Rolling Stones
sigue estando viva y vigente
El álbum arranca con la ferocidad atronadora de "Rough
and Twisted", un tema que condensa la esencia más peligrosa del grupo.
El corte se abre con un riff rasgado de Keith Richards que evoca la época
dorada de los años setenta, secundado por una armónica hirviente a cargo de
Jagger. La base rítmica marca un tempo acelerado y contagioso que sostiene una
letra sobre las contradicciones humanas y la lucha interna contra los propios
demonios. La voz de Jagger suena rasposa y llena de urgencia, escupiendo cada
verso con la convicción de quien no tiene nada que demostrar pero sí mucho que
quemar. Destaca el duelo final de guitarras entre Richards y Wood, donde las
notas se entrelazan de forma caótica y vibrante. Es una declaración de
intenciones perfecta para abrir el disco, demostrando que la actitud permanece
intacta. Como primer sencillo del trabajo, "In the Stars" nos
adentra en un terreno donde el rock melódico se cruza con matices de pop
psicodélico. La canción destaca por su producción luminosa y una línea de bajo
redonda que empuja el tema con elegancia. Jagger reflexiona sobre el paso del
tiempo, el destino y las conexiones efímeras bajo la inmensidad del universo.
El estribillo es sumamente pegadizo y está diseñado para resonar en grandes
recintos, mientras las guitarras acústicas y eléctricas crean capas envolventes
de gran ligereza. Los teclados ejecutados por Benmont Tench añaden una textura
melancólica pero esperanzadora. Muestra la capacidad única de los Stones para
facturar himnos accesibles sin perder un ápice de sofisticación. En "Jealous
Lover", la banda se sumerge en las profundidades del funk rock más
pesado y sensual, guiada por un groove de bajo hipnótico y una batería de golpe
seco, la composición explora los celos, la posesión y la paranoia en las
relaciones pasionales. Mick Jagger adopta un tono desafiante y rítmico en las
estrofas para luego estallar en un falsete expresivo durante el estribillo. La
guitarra de Ronnie Wood cobra un protagonismo clave, aportando adornos con
slide y solos afilados que cortan la mezcla con precisión quirúrgica. Es un
corte bailable y dinámico que recuerda la faceta más nocturna vista en álbumes
como Some Girls, refrescada con una sonoridad impecable.
"Mr. Charm" se presenta como una sátira
incisiva sobre la falsedad de la fama y la superficialidad social. La canción
avanza sobre un tempo sincopado donde Jagger recurre a una métrica casi hablada
que encaja con precisión en los patrones de la percusión. La guitarra rítmica
de Richards marca un marco inconfundible, mientras la batería invitada de Chad
Smith aporta una pegada física aplastante. A nivel lírico, la banda desmonta la
figura de los embaucadores con sarcasmo e ironía. Los arreglos de viento y los
coros sutiles crean un contraste sumamente efectivo entre la acidez de la letra
y el tono festivo de la música. Una de las piezas más complejas e
introspectivas de la producción es "Divine Intervention", con
una estructura pausada y envolvente, la canción combina pasajes de blues oscuro
con un crescendo progresivo enriquecido por la guitarra atmosférica de Robert
Smith. La letra profundiza en temas de mortalidad, fe y la búsqueda de
redención cuando el tiempo se agota. La interpretación vocal de Jagger transita
desde el susurro vulnerable hasta un clamor desgarrador en el clímax final. Las
capas de sonido entrelazadas crean un ambiente denso y emotivo que sitúa a este
tema entre los momentos más arriesgados del repertorio. En "Ringing
Hollow", los Stones entregan una balada clásica sobre las promesas
vacías y el aislamiento. Con un pulso contenido pero firme, la canción se apoya
en un piano melancólico y rasgueos acústicos espaciosos. Jagger canta sobre el
vacío que queda tras los aplausos cuando las luces se apagan, ofreciendo una de
sus entregas vocales más sinceras del disco. La presencia de Steve Winwood al
órgano Hammond suma una calidez espiritual que eleva el tema. El solo de
guitarra de Richards, medido y expresivo, transmite una emotividad austera que
encaja a la perfección con la atmósfera de la pista. "Never Wanna Lose
You" irrumpe con la energía directa del rock de carretera, coescrita
junto a Matt Clifford, la canción se plantea como una declaración abierta de
afecto y lealtad. Con un ritmo galopante y un estribillo abierto, el tema
transmite una inyección inmediata de vitalidad. Las guitarras de Richards y
Wood entablan una conversación sonora muy fluida, intercambiando fraseos de
corte tradicional con solos llenos de dinamismo. El entusiasmo vocal de Jagger
resulta contagioso, convirtiendo a este corte en un candidato natural para
destacar dentro de sus directos. Corta, concisa y sin rodeos, "Hit Me
in the Head" ofrece una ráfaga de rock directo que apenas roza los
tres minutos de duración. Se trata de una pieza acelerada guiada por un riff de
garaje que recupera la inmediatez de sus primeros años. Con una letra que
aborda el impacto desorientador de los reveses emocionales y los giros
inesperados, la pista no da tregua desde el primer segundo. La voz suena
rasgada y directa, respaldada por coros grupales que acentúan el carácter
festivo y crudo de la composición
Inspirada en la sobreexposición mediática y los anuncios de la industria farmacéutica "Side Effects" es un corte rítmico dotado de un fino sentido del sarcasmo. Keith Richards ideó el concepto al reflexionar sobre la presencia constante de estos mensajes en la televisión estadounidense. La música es ágil y contundente, apoyada en un riff seco sobre el que Jagger enumera las consecuencias del estilo de vida contemporáneo. Su ritmo pegadizo y su lírica irónica la convierten en uno de los números más corrosivos del conjunto. Siendo la composición más extensa del disco (superando los seis minutos), "Back in Your Life" se erige como una balada blues de aliento clásico. La pieza narra el intento de reconstruir un vínculo tras una separación dolorosa. La estructura crece de forma gradual partiendo de un piano intimista hasta desembocar en un final arropado por voces corales y un solo de guitarra de Keith Richards cargado de expresividad. La voz de Jagger muestra aquí un rango emotivo notable, dotando al tema de una solemnidad incontestable. El álbum se despide rindiendo pleitesía a una de sus mayores influencias con la versión de "Beautiful Delilah" de Chuck Berry. Ejecutada con velocidad y desenvoltura, la banda recupera el pulso del rock 'n' roll primigenio con el que iniciaron su andadura en los clubes londinenses. Las guitarras rítmicas capturan el estilo característico de Berry, mientras que la voz suena suelta y festiva. Es un cierre enérgico que celebra los orígenes del grupo y pone un punto final vibrante a este capítulo discográfico.
jueves, 6 de agosto de 2026
2044.- Slave - The Rolling Stones
Lanzado en agosto de 1981, Tattoo You ocupa un lugar legendario en la discografía de The Rolling Stones. Este trabajo representa el cierre definitivo de su época dorada y la consolidación de su estatus como la banda de rock and roll más grande del planeta. Su impacto radica tanto en su arrollador éxito comercial como en la singular historia detrás de su creación. A comienzos de los años ochenta, la agrupación se enfrentaba a una enorme presión: necesitaban material nuevo de forma urgente para respaldar una multitudinaria gira por Norteamérica, en lugar de componer desde cero en un ambiente marcado por tensiones internas, la banda recurrió a una estrategia brillante, decidieron rescatar, pulir y ensamblar descartes de sesiones de grabación anteriores que abarcaban casi una década de trabajo. Lo que en teoría pudo haber sido un conjunto inconexo de retazos terminó convirtiéndose, gracias a una producción impecable, en uno de sus discos más cohesivos y potentes. El álbum destaca por su cuidada estructura conceptual dividida en dos caras claramente diferenciadas, el primer lado es una lección magistral de energía directa, dominado por un rock and roll incisivo, riffs de guitarra memorables y ritmos bailables que capturaban la esencia del sonido del grupo. En contraste, la segunda mitad se adentra en un terreno mucho más reflexivo, pausado y atmosférico, donde convergen influencias del soul, el blues y las baladas melancólicas. Esta dualidad demostró la enorme versatilidad de la banda para transicionar entre la euforia festiva y la introspección emocional. En el ámbito comercial y cultural, su relevancia fue monumental. El álbum se mantuvo en el puesto número uno de las listas de éxitos durante nueve semanas consecutivas en Estados Unidos, convirtiéndose en un fenómeno multiplatino y en el último disco de la banda en alcanzar la cima de dichas listas. Además, la icónica portada diseñada por Peter Corriston —que presentaba el rostro ilustrado con tatuajes conceptuales— obtuvo un reconocimiento masivo y un premio Grammy por su diseño gráfico.
La historia de Slave se remonta a 1975, durante las extensas sesiones de grabación en Rotterdam para el álbum Black and Blue, en aquel momento, la banda experimentaba activamente con la fusión de sonidos funk, blues y ritmos afrocaribeños. Originalmente titulada "Vagina", la pista instrumental quedó archivada durante seis años hasta que fue rescatada, perfeccionada y completada para formar parte de la cara A de Tattoo You en 1981. Musicalmente, "Slave" está cimentada sobre una línea de bajo hipnótica a cargo de Bill Wyman y una batería precisa e implacable de Charlie Watts, que marcan un compás marcado por el funk-rock, sobre esta sólida base rítmica, Keith Richards y Ron Wood tejen un entramado de guitarras rítmicas con un marcado acento sincopado, sin embargo, el elemento decisivo que eleva la pista a otra dimensión es la aportación estelar de dos invitados legendarios: el saxofonista de jazz Sonny Rollins, cuyas improvisaciones melódicas aportan una sofisticación brutal, y el virtuoso del órgano Pete Townshend (líder de The Who), quien añade coros y textura armónica. En el plano vocal, Mick Jagger adopta un enfoque sorprendentemente minimalista, la letra es mínima y repetitiva, funcionando casi como un instrumento percusivo adicional más que como una narración lírica explícita y la repetición de frases sencillas acentúa la atmósfera de trance y obsesión, complementando a la perfección el pulso constante de la música.
Dentro del contexto de Tattoo You, "Slave" cumple un papel fundamental como puente entre el rock directo de estadio y el lado más experimental y bailable de la agrupación. Demuestra que, incluso rescatando una base improvisada años atrás, The Rolling Stones poseían la capacidad única de transformarla en un ejercicio impecable de estilo, espontaneidad y maestría colectiva. Su relevancia radica en mostrar la química pura de la banda cuando deja fluir el ritmo sin ataduras comerciales rígidas.
miércoles, 5 de agosto de 2026
2043 - New Life - Depeche mode
Hay canciones que marcan un antes y un después sin que nadie lo advierta en el momento. Cuando "New Life" apareció en septiembre de 1981, pocos podían imaginar que aquel sencillo de cuatro jóvenes de Basildon terminaría siendo el primer paso de una de las carreras más influyentes de la música contemporánea. En aquel instante, Depeche Mode era apenas una promesa del naciente synth-pop británico; con el tiempo, esa promesa se convertiría en un referente imprescindible de la electrónica, el pop y el rock alternativo.
Escuchar "New Life" hoy es viajar a una época en la que los sintetizadores todavía transmitían optimismo. Antes de las atmósferas oscuras de Black Celebration, antes de la sofisticación de Violator y mucho antes de que Martin Gore asumiera definitivamente el liderazgo creativo, la banda todavía estaba bajo la principal influencia compositiva de Vince Clarke. Y eso se nota desde el primer compás.
La canción rebosa frescura. Su ritmo contagioso, las melodías luminosas y la programación electrónica desprenden una energía juvenil que parece ignorar cualquier preocupación existencial. Mientras otras bandas utilizaban los sintetizadores para construir paisajes futuristas, Depeche Mode los convertía en instrumentos capaces de escribir canciones pop memorables. Esa fue, probablemente, la mayor revolución del grupo en sus primeros años: demostrar que la tecnología también podía sonar cálida y cercana.
Sin embargo, reducir "New Life" a un éxito de pista de baile sería quedarse en la superficie. Detrás de su aparente ligereza ya se perciben algunos rasgos que definirían la identidad de la banda: la precisión melódica, el gusto por los arreglos electrónicos cuidadosamente construidos y la capacidad de crear canciones irresistibles sin depender de guitarras. Incluso la interpretación de Dave Gahan, todavía lejos de la profundidad vocal que desarrollaría durante las décadas siguientes, transmite una naturalidad que resulta difícil no asociar con el entusiasmo de una banda que apenas comenzaba a descubrir sus posibilidades.
Con la perspectiva que ofrecen más de cuarenta años de historia, "New Life" adquiere un significado diferente. No es la obra maestra definitiva de Depeche Mode, ni pretende serlo. Su importancia reside en representar el instante en que todo empezó. Es la fotografía de un grupo antes de convertirse en leyenda, cuando aún predominaban la espontaneidad y el deseo de experimentar.
Quizá por eso la canción conserva intacto su encanto. Mientras buena parte del synth-pop de principios de los ochenta ha quedado atrapado en la nostalgia, "New Life" sigue sonando sorprendentemente viva. No porque anticipe el sonido que haría mundialmente famoso al grupo, sino porque captura algo mucho más difícil de reproducir: el momento exacto en que una banda encuentra su propia voz. Y aunque esa voz evolucionaría hasta alcanzar territorios mucho más complejos y oscuros, todo comenzó aquí, con una melodía luminosa que hacía honor a su título y anunciaba, sin saberlo, el nacimiento de una nueva vida para Depeche Mode.
Danielmartes, 4 de agosto de 2026
2042. - Año 2000 - Miguel Rios
lunes, 3 de agosto de 2026
2041 - Pensar en nada - Leon Gieco
domingo, 2 de agosto de 2026
2040 - Customer - The Replacements
Customer - The Replacements
En la discografía de The Replacements abundan las canciones que nunca fueron concebidas para convertirse en éxitos, pero que con el paso del tiempo han adquirido un estatus casi de culto. "Customer", incluida en Pleased to Meet Me (1987), pertenece a esa categoría de composiciones discretas que revelan el verdadero talento de Paul Westerberg como compositor: la capacidad de transformar escenas cotidianas en pequeñas historias cargadas de ironía, vulnerabilidad y una honestidad poco común en el rock estadounidense de los años ochenta.
A primera escucha, "Customer" puede parecer una pieza menor dentro de un álbum que contiene momentos mucho más celebrados. Sin embargo, basta detenerse en su desarrollo para descubrir una canción construida con una precisión admirable. La instrumentación evita cualquier exceso; las guitarras sostienen la melodía con naturalidad mientras la voz de Westerberg, áspera y cercana, conduce un relato que oscila entre la observación social y la introspección.
Lo que distingue a "Customer" es su enfoque. En lugar de recurrir a grandes declaraciones emocionales, Westerberg se fija en un personaje aparentemente anónimo, alguien atrapado en la rutina de consumir, esperar y buscar satisfacción sin encontrarla del todo. Esa figura del "cliente" funciona como una metáfora abierta que puede interpretarse desde distintos ángulos: el desencanto con las relaciones personales, el vacío del consumismo o, simplemente, la frustración de una generación que empezaba a cuestionar el sueño americano desde una perspectiva mucho menos idealizada.
Musicalmente, la canción refleja el momento de transición que atravesaba la banda. Pleased to Meet Me fue el primer álbum grabado tras la salida del guitarrista Bob Stinson y mostró a unos Replacements más contenidos, sin perder la esencia desordenada que los había convertido en referentes del rock alternativo. La producción de Jim Dickinson aporta una mayor claridad al sonido del grupo, permitiendo que las composiciones respiren y que los matices de las letras cobren todavía más protagonismo.
Como ocurre con gran parte del repertorio de The Replacements, el verdadero valor de "Customer" no reside en su impacto inmediato, sino en su capacidad para crecer con cada escucha. Es una canción que rehúye los grandes ganchos comerciales y apuesta por una narrativa sutil, donde cada verso parece esconder una lectura diferente. Esa cualidad explica por qué la banda sigue despertando tanta admiración entre músicos y aficionados décadas después de su separación.
Puede que "Customer" nunca aparezca en las listas de las mejores canciones de The Replacements, eclipsada por himnos como "Bastards of Young", "Alex Chilton" o "Can't Hardly Wait". Sin embargo, representa a la perfección aquello que hizo única a la banda de Minneapolis: escribir sobre personas corrientes con una mezcla de sarcasmo, melancolía y humanidad que muy pocos grupos de su generación supieron alcanzar. Es una de esas canciones que recuerdan que, detrás de la reputación caótica de The Replacements, siempre hubo un extraordinario talento para contar historias.
Daniel
Instagrama Storyboy
sábado, 1 de agosto de 2026
2039.- Heaven - The Rolling Stones
Para The Rolling Stones 1981 fue un año de pura resurrección y gloria en estadios, la banda venía de un período convulso marcado por los problemas legales de Keith Richards y tensiones internas, pero 1981 fue el momento exacto en que consolidaron su estatus, no solo como sobrevivientes de los sesenta, sino como la máquina de rock and roll más grande del planeta. El motor de este año dorado fue el lanzamiento de su disco Tattoo You en agosto, lo curioso es que este álbum, considerado hoy uno de sus grandes clásicos, se gestó prácticamente rescatando descartes e interpretaciones inconclusas de grabaciones anteriores, sin embargo, gracias a la producción y a la pulida final, el resultado fue brillante. El verdadero fenómeno de 1981 fue su gira por Norteamérica, arrancó en septiembre y se convirtió en la gira más taquillera de la historia de la música hasta ese momento, Mick Jagger, desbordante de energía a sus 38 años, transformó los conciertos en espectáculos masivos diseñados para llenar estadios gigantescos, algo pionero para la época, los Stones redefinieron la logística y el modelo de negocio del rock en directo, patrocinadores incluidos. En el escenario, la química entre la guitarra rítmica de Keith Richards y la solista de Ron Wood alcanzó un acople impecable, respaldada por la solidez inquebrantable de Charlie Watts en la batería. Momentos legendarios quedaron grabados para la historia, como el concierto en Hampton, Virginia, donde Richards no dudó en golpear con su guitarra a un fan que saltó al escenario para proteger a Jagger.
Dentro del vasto catálogo de The Rolling Stones, "Heaven" destaca como una de las creaciones más atípicas, hipnóticas y fascinantes de su discografía. Incluida en el aclamado álbum Tattoo You, representa un viaje sonoro único en el que la banda abandonó momentáneamente el blues-rock desgarrado y la adrenalina pura para adentrarse en un terreno etéreo, psicodélico y profundamente sensual. La génesis de "Heaven" es tan particular como su sonido, las sesiones iniciales del tema se remontan a 1979 durante las grabaciones del álbum Emotional Rescue, pero la canción no encontró su forma definitiva hasta las sesiones de edición de Tattoo You. Curiosamente, la estructura principal no contó con la participación habitual del núcleo de guitarras de la banda, ni Keith Richards ni Ron Wood tocaron en la pista instrumental base. En su lugar, Mick Jagger asumió el rol de guitarrista rítmico, guiando la dirección musical junto al imperturbable Charlie Watts en la batería y a Bill Wyman, quien aportó una línea de bajo absolutamente hipnótica. A ellos se les unió el legendario teclista Ian McLagan para tejer las capas sintéticas que dan forma a la atmósfera. El motor principal de la canción es el bajo de Wyman, cargado con un efecto flanger denso y envolvente que oscila a lo largo de toda la pista. Sobre este cimiento, la batería de Watts mantiene un pulso relajado y constante, mientras que las guitarras y teclados se disuelven en un eco sofocante y misterioso. La voz de Mick Jagger adopta un registro completamente distinto al habitual: en lugar de sus característicos gritos rasgados y chulería escénica, canta en un falsete suave, casi susurrado, impregnado de reverberación, lo que transmite una sensación de trance, vulnerabilidad y devoción absoluta. Líricamente, el tema prescinde de la provocación o el cinismo habitual de los Stones para abrazar una poesía romántica, sencilla e introspectiva, la letra habla sobre la paz definitiva que se encuentra al lado de la persona amada, describiendo esa conexión como un refugio espiritual donde el resto del mundo desaparece, el amor deja de ser una batalla o una persecución pasional para convertirse en un estado de quietud y plenitud: estar en los brazos correctos es, literalmente, tocar el cielo.
En el contexto de Tattoo You, un álbum dominado por el riff volcánico de "Start Me Up" y la energía de estadio, "Heaven" funciona como un oasis contemplativo en la cara B del vinilo. Aunque nunca fue lanzada como un sencillo comercial importante ni formó parte habitual de sus repertorios en directo, la canción ha resistido el paso del tiempo como una joya de culto imprescindible, demuestra que, incluso en la cima de su etapa de estadios masivos en 1981, los Rolling Stones aún conservaban la capacidad de sorprender con una propuesta íntima, arriesgada y genuinamente vanguardista.

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