Había algo extraño ocurriendo en las sierras de Córdoba. Mientras buena parte del rock argentino seguía debatiéndose entre las últimas sombras del sinfonismo y las formas conocidas del rock urbano, un grupo liderado por un cantante italiano de pasado londinense comenzaba a hacer ruido en los márgenes. Se llamaban Sumo y, a juzgar por sus primeras grabaciones, como Night and Day, parecía que habían llegado para dinamitar el panorama musical argentino. La banda giraba alrededor de la figura de Luca Prodan, un personaje singular cuya voz grave y actitud despreocupada marcaban desde el primer instante cualquier música en la que participaba. Las primeras cintas que circulaban de Sumo mostraban un grupo todavía en construcción, pero con una personalidad sorprendentemente definida. No había interés por reproducir fórmulas conocidas, encontrabamos reggae, punk, ecos del post-punk británico y una clara tendencia a experimentar con ritmos e ideas que rara vez encontraban un espacio dentro del panorama local.
Night and Day pertenecía precisamente a esa primera hornada de composiciones. La grabación era rudimentaria, incluso precaria por momentos, pero poseía una cualidad que muchos discos técnicamente impecables jamás llegarían a alcanzar: carácter. El sonido parecía surgir directamente de la sala de ensayo, sin filtros ni maquillaje, todo era espontáneo. El resultado recordaba por momentos a ciertas bandas británicas surgidas tras la explosión punk, aunque Sumo evitaba cualquier sensación de copia o dependencia estilística. Pero por encima de todo destacaba la presencia de Prodan. Su manera de cantar parecía ignorar deliberadamente las normas convencionales del rock, Prefería una interpretación distante, casi indiferente, que terminaba generando una tensión muy particular, ironía y melancolía. La letra se movía en territorios abstractos, sugiriendo imágenes en vez de contar una historia concreta. El propio título, Night and Day, planteaba un juego de polos opuestos, luz y oscuridad, actividad y reposo, euforia y abatimiento. Todo aparecía envuelto en una atmósfera ambigua que invitaba a múltiples interpretaciones. Lo más interesante de la canción. transmitía la impresión de estar escuchando una banda que todavía no conocía sus propios límites. Sumo experimentaba, probaba caminos y mezclaba influencias con una libertad poco habitual. Estas primeras grabaciones servían como indicio de lo que estaba por venir, porque mientras muchos grupos seguían mirando hacia caminos ya transitados, Sumo parecía empeñado en construir uno propio, avanzando entre la noche y el día con una personalidad que resultaba imposible ignorar.









