7 dias, 7 notas
jueves, 3 de septiembre de 2026
2073.- Over the mountain - Ozzy Osbourne
miércoles, 2 de septiembre de 2026
2072.- Dancing with Myself - Billy Idol

“Dancing with Myself” nació en el seno de Generation X, la banda punk de Billy Idol y Tony James, y fue publicada inicialmente por Generation X en 1980 antes de convertirse en una pieza clave para el lanzamiento de Billy Idol como solista en 1981. Aunque su recepción comercial inicial fue discreta, el tiempo la consolidó como uno de los himnos más reconocibles de su repertorio. La canción funciona como puente perfecto entre el punk tardío, la new wave y una sensibilidad pop más orientada al baile, anticipando la imagen descarada y fotogénica que Billy Idol explotaría en la era de MTV.
2071.- October - U2
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“October” es la pieza que da título al segundo álbum de U2, publicado en 1981 por Island Records y producido por Steve Lillywhite. A diferencia de otros cortes más impulsivos del disco, esta canción se presenta como una miniatura introspectiva, casi suspendida en el tiempo. Su contexto es importante: el álbum nació en una etapa de crisis espiritual para la banda, agravada por la presión de grabar con rapidez y por la pérdida de parte de las letras que Bono había escrito, lo que acentuó el carácter abierto, frágil y meditativo de varias canciones.
martes, 1 de septiembre de 2026
2070.- Souvenir - OMD
lunes, 31 de agosto de 2026
2069.- Let’s Groove — Earth, Wind & Fire

Publicada en septiembre de 1981 como primer sencillo del álbum Raise!, “Let’s Groove” marcó uno de los grandes regresos comerciales de Earth, Wind & Fire en el comienzo de los ochenta. Escrita por Maurice White y Wayne Vaughn y producida por White, la canción llegó en un momento en que la música disco sufría cierto rechazo cultural, pero el grupo supo reconvertir ese impulso bailable en una fórmula más moderna, brillante y electrónica. Su éxito confirmó que la banda aún podía dialogar con las pistas de baile de la nueva década sin renunciar a su identidad funk y soul.
domingo, 30 de agosto de 2026
2068.- Ruedas de metal - Riff
sábado, 29 de agosto de 2026
2067.- If You Think You’re Lonely Now - Bobby Womack
Bobby Womack no solo cantó el soul lo vivió en cada desgarrador rasgueo de guitarra y en cada rugido de su voz. Nacido en Cleveland en 1944, comenzó su carrera en el grupo familiar The Valentinos, apadrinado por el gran Sam Cooke, sin embargo, su vida daría un vuelco convulso tras la trágica muerte de Cooke, cuando Womack, con solo 20 años, se casó con la viuda de su mentor. El escándalo lo marginó de la industria, pero lejos de destruirlo, forjó la determinación de un artista indomable. Durante los años 60, sobrevivió trabajando como guitarrista de sesión indispensable para leyendas como Aretha Franklin y Sly and the Family Stone, al tiempo que compuso verdaderos himnos, entre ellos «It’s All Over Now», famosamente versionado por The Rolling Stones. Su era dorada llegó en la década de 1970. Convertido en un gigante del soul y el funk, regaló al mundo obras maestras como Understanding (1972) y la legendaria banda sonora de Across 110th Street (1972). Su música destilaba una honestidad brutal: dolor, pasión, errores y redención. La voz de Womack poseía una textura áspera, rasgada y carnal que convertía cualquier balada en una confesión íntima. Aunque las adicciones y las tragedias personales eclipsaron parte de su carrera en los 80 y 90, su legado jamás se apagó. En 2012, de la mano de Damon Albarn (Gorillaz), resurgió con el aclamado álbum The Bravest Man in the Universe, demostrando que su fuerza expresiva seguía intacta ante los sintetizadores modernos.
Publicada en 1981 dentro del aclamado álbum The Poet, «If You Think You're Lonely Now» representa la cima artística de Bobby Womack y una de las composiciones más desgarradoras en la historia del soul. La canción no es un simple tema de desamor, es un monólogo desgarrador, una advertencia cargada de despecho y vulnerabilidad donde el cantante enfrenta a una expareja que ha decidido marcharte. Desde el primer segundo, la producción nos sumerge en una atmósfera nocturna e íntima, la voz de Womack, característicamente rasgada, áspera y llena de matices, entra con una fuerza casi teatral. No canta desde el orgullo herido, sino desde la convicción de quien conoce el peso real de la soledad, el mensaje es directo y contundente: si crees que ahora te sientes sola, espera a que llegue la madrugada, cuando los recuerdos pesen y no haya nadie a quien acudir. Musicalmente, el tema destaca por su brillante arreglo de quiet storm y r&b clásico, un bajo sinuoso y elegante sostiene la estructura, mientras que la guitarra de Womack aporta pinceladas melódicas llenas de emotividad, sin embargo, el elemento que eleva la canción a la categoría de obra maestra es el uso de los coros, el diálogo entre la voz principal y las coristas crea una tensión dramática constante, simulando los pensamientos internos y los ecos de una conversación que se niega a terminar. A nivel lírico, Womack apela a la empatía y al karma emocional. Frases como «Wait until the deep dark night comes...» no buscan desear el mal, sino advertir sobre la inevitable crudeza del aislamiento. Esa honestidad brutal convirtió al sencillo en un éxito inmediato, alcanzando el número tres en las listas de R&B de Billboard y devolviendo a Womack al centro del panorama musical tras años difíciles.
viernes, 28 de agosto de 2026
Disco de la semana 496: Rumours - Fleetwood Mac
Rumours de Fleetwood Mac no es solo uno de los discos más
vendidos de la historia de la música pop y rock, sino también un monumento a la
catarsis, al desamor transformado en arte y a la capacidad del talento creativo
para emerger del caos personal más absoluto. Lleno de tensión, melodrama y
armonías celestiales, este trabajo lanzado en 1977 capturó el momento en el que
las vidas personales de cinco músicos se desintegraban al mismo tiempo que
alcanzaban la cima artística y comercial. Para entender la magnitud de Rumours,
es imprescindible comprender la convulsa trayectoria de Fleetwood Mac, fundada
en Londres en 1967 por el virtuoso guitarrista Peter Green, el batería Mick
Fleetwood y el bajista John McVie, la formación comenzó como un referente
esencial del blues rock británico, sin embargo, los primeros años de la banda
estuvieron marcados por una inestabilidad casi permanente: la inestabilidad
mental de Green provocó su salida temprana, y el grupo atravesó múltiples
cambios de alineación, alternando entre el blues, el rock progresivo y el pop
suave. La verdadera transfiguración del grupo ocurrió a finales de 1974, mientras
buscaba un estudio de grabación en California, Mick Fleetwood escuchó una
maqueta del dúo de folk-rock californiano formado por Lindsey Buckingham y
Stevie Nicks. Fascinado por el trabajo de guitarra de Buckingham, Fleetwood le
ofreció unirse a la banda, Buckingham aceptó con una condición innegociable: su
pareja y compañera artística, Stevie Nicks, debía entrar también. La
incorporación del dúo estadounidense junto al núcleo británico (Fleetwood, John
McVie y la teclista y vocalista Christine McVie) dio origen a la alineación
clásica y definitiva del grupo. La química entre estos cinco integrantes fue
inmediata y explosiva. Su álbum homónimo de 1975 (Fleetwood Mac) supuso un
éxito masivo en los Estados Unidos, refinando su sonido hacia un pop-rock
sofisticado, melódico y extremadamente accesible. No obstante, el precio
emocional de esa rápida ascensión a la fama fue devastador, la combinación de
una disciplina de trabajo extenuante, el abuso de sustancias y la convivencia
diaria dinamitó la estabilidad interna de la agrupación, sentando las bases
para uno de los dramas de grabación más célebres de la historia del rock.
Grabado principalmente en los estudios Record Plant de
Sausalito (California) entre febrero y agosto de 1976, Rumours se concibió en
medio de un clima de tensión interpersonal sofocante. Las dos parejas del grupo
se estaban separando: John y Christine McVie pusieron fin a su matrimonio tras
ocho años juntos y apenas se dirigían la palabra fuera de lo estrictamente
profesional; Lindsey Buckingham y Stevie Nicks atravesaban una ruptura
caracterizada por discusiones amargas; y Mick Fleetwood descubría que su esposa
le había sido infiel. Lejos de disolver la formación, el estudio de grabación
se convirtió en el único espacio donde los cinco miembros podían comunicarse.
Las letras de las canciones se convirtieron en recados directos y acalorados
entre ellos: composiciones donde cada uno exponía sus agravios, sus penas y sus
rencores hacia la persona que tenía al lado tocando el bajo, la guitarra o
cantando las coros. Sorprendentemente, a pesar del veneno y la desolación
implícitos en las letras, el sonido resultante fue de un brillo, un equilibrio
y una elegancia deslumbrantes. En lo musical, Rumours representa la cima
absoluta del sonido comercial de la Costa Oeste de los años setenta, la
producción, supervisada por la propia banda junto a Richard Dashut y Ken
Caillat, es meticulosa, orgánica y detallista, cada elemento está colocado con
una precisión arquitectónica: la base rítmica de Fleetwood y McVie aporta una
solidez inamovible, la guitarra de Buckingham oscila entre el fingerpicking
acústico más delicado y riffs secos y agresivos, mientras que los teclados de
Christine McVie aportan textura y calidez. Sin embargo, el verdadero sello
distintivo del álbum reside en el empaste vocal de tres voces únicas
—Buckingham, Nicks y Christine McVie— que combinan la dulzura, la pasión y la
rabia en armonías absolutamente perfectas.
El primer sencillo del disco fue Go Your Own Way y es una de las composiciones de rock más devastadoras jamás escritas. Firma de Lindsey Buckingham, la canción es un ataque directo y sin matices hacia Stevie Nicks. Con una batería volcánica de Mick Fleetwood y un solo de guitarra final agresivo y catártico, Buckingham canaliza todo su despecho y resentimiento. Resulta fascinante escuchar a Nicks haciendo los coros de una frase que la acusa explícitamente de querer irse con otros hombres, un claro ejemplo del nivel de tensión que nutrió este trabajo. Ademas las guitarras arden en un galope salvaje mientras la voz se desgarra entre la resignación y el orgullo, gritando al viento una verdad que quema. Es la catarsis perfecta del desamor: el momento exacto en que el dolor se transforma en fuego, rompiendo las cadenas del apego con un solo de guitarra devastador que roza el cielo. Songbird fue escrita por Christine McVie en medio de la noche en apenas media hora y cierra la primera cara del álbum con una delicadeza sublime. Grabada en un teatro vacío para capturar su acústica natural, cuenta únicamente con el piano y la voz de McVie, acompañados por un sutil toque de guitarra acústica de Buckingham. Es un momento de paz e introspección, una plegaria incondicional de amor y consuelo para con sus compañeros en mitad de la tormenta. The Chain es la única canción del álbum acreditada a los cinco miembros del grupo, se construyó uniendo fragmentos de distintas composiciones individuales que no habían prosperado. El resultado es un tema oscuro, épico y tenso que simboliza el pacto indestructible del grupo de permanecer unidos a pesar de las fracturas personales. El célebre crescendo final, liderado por la icónica línea de bajo de John McVie y el posterior solo desatado de Buckingham, es uno de los clímax más memorables del rock. Escrita en un momento de desintegración personal para los cinco integrantes de la banda, la letra aborda la tensión indivisible entre el final inevitativo del amor romántico y la lealtad profesional innegociable que los mantenía unidos. A través de imágenes cargadas de fatalismo y nostalgia, la canción habla de traiciones, sombras del pasado y cadenas invisibles que sofocan pero sostienen. El mensaje central no celebra la devoción apasionada, sino la servidumbre compartida hacia su arte y su destino común: la idea de que, aun cuando el afecto personal se haya extinguido por completo, el vínculo creativo permanece indestructible. Ese estribillo resonante funciona como un mantra de resistencia desesperada y un pacto inviolable: rompemos nuestras promesas y desgastamos nuestros corazones, pero jamás romperemos la cadena que nos mantiene juntos en mitad de la tormenta. En You Make Loving Fun, Christine McVie vuelve a demostrar su olfato infalible para el pop funk refinado. Inspirada en su romance con el director de iluminación de la banda tras separarse de John, la canción destaca por el contagioso groove del clavinet tocado por Buckingham y una base rítmica sumamente bailable. Es un tema fresco, sensual y melódicamente impecable que celebra la alegría del nuevo amor sin componer dramatismos.
I Don't Want to Know es composición de Stevie Nicks
rescatada de su etapa previa en el dúo Buckingham Nicks. De estructura directa
y espíritu country-pop, la canción se apoya en un ritmo alegre y en las
armonías vocales entrelazadas entre Nicks y Buckingham. La letra aborda la necesidad
de afrontar la verdad en una relación, prefiriendo la claridad del final antes
que la falsedad del distanciamiento. Oh Daddy esta escrita por Christine
McVie y dedicada a Mick Fleetwood —el único padre del grupo en ese momento y la
figura que intentaba mantener a flote la cohesión del conjunto—, Oh Daddy es la
pieza más sombría y pausada del trabajo. Con una atmósfera densa y melancólica,
la instrumentación baja de revoluciones para dar espacio a una interpretación
vocal sobria y cargada de cierta dependencia emocional. El mensaje de la
canción orbita alrededor de la sumisión y la devoción incondicional. Revela la
necesidad de aferrarse a alguien más fuerte cuando la propia identidad se
desmorona, admitiendo debilidades sin disfrazar el dolor. McVie plasma con
sobriedad y melancolía cómo el deseo de ser aceptado y protegido puede llevar a
aceptar un papel secundario o de vulnerabilidad absoluta, convirtiendo la
melodía en una confesión íntima de fragilidad, necesidad de consuelo y búsqueda
de un ancla en mitad de la tormenta. El disco concluye con Gold Dust Woman
esta pieza lisérgica y turbadora firmada por Stevie Nicks. El mensaje de la
canción explora el desgaste de la identidad y la inevitable caída de una figura
fascinante que se desmorona tras el brillo de la fama. A través de metáforas
turbadoras sobre sombras, aislamiento y relaciones destructivas, Nicks retrata
a una mujer atrapada en su propio espejismo, incapaz de escapar del dolor. Más
que una crítica externa, es una confesión cruda e introspectiva sobre la
vulnerabilidad, la supervivencia y el precio emocional que exige la búsqueda
continua de anestesia contra el desamor y la soledad en mitad del exceso. La
interpretación vocal de Nicks hacia el final del tema, entre susurros y
aullidos ahogados, deja un poso de angustia y verdad que cierra de forma
magistral un álbum inolvidable.
Rumours sigue manteniéndose como un triunfo artístico
rotundo. Logró transformar el resentimiento, la pena y el desamor en un
conjunto de canciones perfectas que trascendieron su propio tiempo, demostrando
que la belleza más perdurable a menudo nace del dolor más profundo.
2066.- Tomorrow - U2
Tras el prometedor debut con Boy a finales de 1980, los cuatro jóvenes irlandeses —Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr.— pasaron gran parte de 1981 en la carretera recorriendo Europa y Estados Unidos. Sobre los escenarios, la intensidad escénica de Bono y el característico uso del eco en la guitarra de The Edge comenzaron a forjar una devota base de seguidores en el circuito musical. Sin embargo, tras bambalinas, la banda atravesó momentos de enorme fragilidad espiritual. Bono, The Edge y Mullen formaban parte de Shalom, una comunidad religiosa fundamentalista en Dublín. El conflicto entre sus convicciones de fe y el estilo de vida del rock provocó serias dudas sobre la continuidad del grupo, una crisis en la que Adam Clayton actuó como ancla terrenal junto al empeño de su mánager, Paul McGuinness, por mantener el proyecto unido. Ademas durante una gira en Pórtland, Bono perdió un maletín que contenía el libreto con todas las letras y conceptos preparados para su segundo disco. Con la fecha de grabación encima, entraron a los estudios Windmill Lane de Dublín bajo una presión desmedida, obligando a Bono a improvisar la junto al productor Steve Lillywhite prácticamente al pie del micrófono. El resultado fue October, publicado en octubre de 1981. El álbum reflejó directamente esa desnudez y precipitación, entregando un trabajo reflexivo, atravesado por himnos espirituales como "Gloria" —que incorporaba versos en latín— y "Fire".
Cualquier fan conoce la habilidad de Bono para componer letras que parecen abarcar más de un tema. Creo que probablemente sea su mayor don como compositor, y la canción de hoy es uno de los primeros ejemplos de este talento en acción. "Tomorrow", es una de las canciones más explícitamente dedicadas a la madre de Bono, pero también es una de las canciones más claramente cristianas de U2. A menos que lo hayas vivido, es difícil imaginar el profundo impacto que la muerte de la madre de Bono tuvo en él, no solo como artista, sino también como persona. Especialmente considerando lo que ahora sabemos sobre la difícil relación que Bono tenía con su padre, para el joven perder a quien presumiblemente fue su mayor defensor a una edad tan temprana debió ser un golpe casi insuperable. Debió parecer que el mundo de Bono se derrumbaba a su alrededor, y no sorprende que eligiera escribir sobre esta pérdida en sus canciones. Se dice que del gran dolor nace el gran arte, y "Tomorrow" es sin duda una prueba de ello. Bono escribe y canta sobre el día del funeral de su madre, haciendo referencia al “coche negro aparcado al lado de la carretera”, que siempre he interpretado como el coche que venía a llevar a los supervivientes de su familia al funeral. “No vayas a la puerta” es Bono joven insistiendo en que si se niegan a afrontar la realidad de la muerte de su madre, no será real, luego “Voy a salir, madre… Voy a salir ahí fuera” es la comprensión de que no hay más remedio que seguir adelante y afrontar la dura verdad del día. En su vida cotidiana, Bono acabaría recurriendo a la religión para ayudarle a sobrellevar la pérdida de su madre, y esta fe se refleja en algunas de las últimas letras de “Tomorrow”. El final de la segunda estrofa plantea las preguntas “¿quién cura las heridas, quién cura las cicatrices?” y la respuesta implícita es que, al menos para Bono, la fe en Jesucristo sanó esas heridas. La canción culmina con Bono cantando su creencia de que Jesús regresará algún día para reunir a madre e hijo. La música de «Tomorrow» evoca las palabras profundamente personales que Bono escribió. Esta canción, con la gaita irlandesa a cargo de Vincent Kilduff, fue la primera vez que U2 incorporó música tradicional irlandesa a su sonido. El tempo es notablemente más lento que el de la mayoría de las canciones que U2 había grabado hasta entonces, y, durante la primera mitad, la interpretación de la banda es suave y contenida. Cuando la guitarra eléctrica y la batería entran en escena alrededor del minuto 2:42, el momento coincide aproximadamente con Bono cantando sobre su aceptación de la muerte de su madre, y como todos sabemos, la aceptación es la etapa final del duelo. Esto representa a Bono haciendo las paces con su pérdida y comenzando a sanar.
La Silueta: Un relato de música y muerte
Este es el argumento de "La Silueta", el primer libro que he escrito, tras muchos relatos cortos, reseñas y artículos, firmando como Nevermind en este blog. Como no podría ser de otra manera, la música es un "personaje" omnipresente a lo largo y ancho del libro, así que no hay lugar mejor que 7dias7notas para publicar de manera gratuita el primer capítulo del libro: "La nube negra". Ojalá no podáis dejar de leerlo, porque yo no pude parar de escribirlo.
LA NUBE
NEGRA
Cientos de personas iban de un lado a otro, por el largo pasillo del centro comercial. Caminaban como autómatas desprovistos de su propia humanidad. Seres alienados por el poder de las marcas y la publicidad, consumiendo la basura incesante generada por la televisión y las redes sociales, al ritmo implacable del estridente hilo musical de la gran superficie, que no dejaba de escupir banales canciones fabricadas en serie. Así es como lo veía el Sr. Kite, mientras caminaba entre la gente, en aquel reducto estrafalario de lo que, para él, era una sociedad desquiciada y carente de toda conciencia.
No sabía, a ciencia cierta, cómo había acabado allí.
Las últimas horas habían trascurrido en una negra nebulosa, en uno de sus ya
habituales lapsos de memoria, y no recordaba bien el recorrido previo a su
errático caminar actual. Antes de la “nube negra”, estaba seguro de que el
director de su oficina le había llamado a su despacho y, tan fría como
educadamente, le había comunicado el cese de la relación laboral. A sólo cinco
años de la jubilación, la noticia le había caído encima como una losa, bajo la
que ahora yacían los restos putrefactos de su carrera profesional,
convirtiéndole en un desdichado zombi andante, una triste figura que deambulaba
lastimosamente por el pasillo del centro comercial.
Al escuchar el frío y estudiado discurso del
director, sintió en un primer momento cómo el aire le faltaba en los pulmones,
y pensó que no sería capaz de mantener el control, derrumbándose allí mismo, en
el flamante despacho en el que estaba siendo despedido. Pero no lo hizo. En
lugar de eso, “aguantó el tipo con dignidad, y en el más completo de los
silencios”, según las palabras del propio director, entrevistado por la policía
sólo un día después, en el mismo despacho. “Escuchó resignado y con la mirada
perdida, con una extraña expresión de vacío en el rostro. Cuando me levanté de
mi asiento, él hizo lo propio, y sin mediar palabra alguna, se giró lentamente
y salió del despacho. Y eso fue todo. Recogió sus pocas pertenencias y se
marchó. No podíamos hacer otra cosa, cuando le daban esos episodios de ausencia
era una persona inestable, diría que incluso incontrolable”.
La realidad no hablaba de dignidad, ni de
resignación silenciosa, en la manera de tomarse el despido, sino simplemente de
“ausencia”. El Sr. Kite no estaba ya realmente allí, en el momento posterior a
que el director le anunciara su despido. Como mecanismo de defensa, y cual reflejo
vaso-vagal que provoca un desmayo como medida de “desconexión” ante un estado
límite, provocado por una infección y la consiguiente fiebre, el cerebro del
Sr. Kite evitó la inminente crisis nerviosa concentrando todos los recursos
mentales y sensoriales en un solo punto para, de alguna manera, distraer a su
dueño de todos los demás estímulos disponibles, y poder así salvar aquella
difícil situación sin agravarla. El punto crítico elegido, para tal fin, fue
una grotesca mancha de grasa en la cara corbata del director, comprada (ironías
del destino) precisamente en el centro comercial en el que ahora se encontraba
el Sr. Kite. Tanto se concentró en aquella mancha, que no solo fue la última
imagen que su frágil memoria guardó antes del vacío de la nube negra, sino que
fue, además, la primera disponible en el momento de volver a la consciencia y
observar a los cientos de personas de las que se encontraba rodeado. En ese
momento, interrumpió su errante caminar y se detuvo delante del escaparate de
una tienda de discos, presidido por un cartel enorme que decía “Liquidación
total por cierre”, y pensó: “¿Qué más puede ir mal hoy?”. Entró en la
tienda, y vagó por su interior como alma en pena, mirando con desgana los cd’s en
las estanterías, y deteniéndose a continuación a mirar en uno de los cajones
llenos de vinilos. Mientras rebuscaba, se topó con un vinilo que llamó su
atención, y se detuvo a contemplar su portada. Era el disco “The rise and
fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” en cuya portada David
Bowie aparecía solo, en plena noche, junto a la entrada de un portal en un frío
callejón londinense. Esbozó una leve y extraña sonrisa, al pensar que así era,
realmente, como se sentía en esos momentos. Sólo y a la intemperie, perdido en
la fría noche de un mundo que giraba en dirección contraria a la suya.
- ¿Puedo
ayudarle en algo? - preguntó una bella y joven dependienta de largos cabellos
rubios y ojos del color de la hierba en otoño, que tras el cierre que anunciaba
el cartel del escaparate, se llevaría seguramente su belleza natural a alguna
de esas franquicias de ropa para adolescentes. O quien sabe si, tras algunos
pequeños retoques de interiorismo, la franquicia no acabaría estando en el
mismo lugar en el que aquel establecimiento daba sus últimas bocanadas de aire,
antes de pasar a mejor vida en el cielo de las tiendas de discos, un lugar cuya
existencia aún estaba por demostrarse, al igual que la del resto de los
prometidos paraísos con los que el hombre mundano sobrellevaba la angustia de
su inevitable temporalidad.
- ¡Cinco
años, me quedaban cinco años! – contestó el Sr. Kite.
-
Perdone, ¿Qué ha dicho? – contestó ella, extrañada por la respuesta de aquel
hombre.
- No, no
puedes ayudarme, ya es demasiado tarde – le contestó el Sr. Kite,
mientras daba vuelta al vinilo, observando en la contraportada a David Bowie
dentro de una típica cabina londinense. ¿A quién estaría llamando en aquel
momento? ¿Y a quién podría llamar él ahora, si no tenía a nadie a quién llamar
y pedir consuelo? Eran solo preguntas al aire, y sin mucho sentido, que se hizo
a sí mismo mientras la dependienta volvía sobre sus pasos, maldiciendo por
tener que aguantar a otro pirado más, y conjurándose para resistir los pocos
días que le quedaban en aquel empleo. Tenía muchas de sus esperanzas puestas en
una entrevista que había hecho días atrás, para trabajar en “Fashion”,
una franquicia de ropa y complementos para modernillos y adolescentes, y la
ilusión por ese posible nuevo empleo le daba las fuerzas necesarias para
sobrellevar la anodina travesía hacia el cierre definitivo de su empleo actual.
El Sr. Kite miró con desgana como la dependienta
se alejaba por el estrecho pasillo de la tienda de discos, y devolvió con
cuidado el vinilo a su sitio en el cajón. Resopló por un instante, a la altura
del umbral de la salida de la tienda, como si necesitara renovar el aire de sus
pulmones, antes de sumergirse de nuevo en las profundidades del pasillo central
del centro comercial, dónde cientos de autómatas continuaban su incesante
trasiego de una tienda a otra, y luego a otra y… ¿Por qué no otra más?
En el centro de aquel gran pasillo, varias
personas esperaban la llegada de uno de los dos grandes ascensores a los que
daba acceso esa zona, para dirigirse a las plantas superiores o al aparcamiento
subterráneo. De camino hacia los ascensores, metió su mano derecha en el
bolsillo lateral del abrigo, y se sorprendió al sentir el contacto con un frío
metal, que encontró allí donde debería haber estado el teléfono móvil. No
necesitó sacar el objeto del bolsillo para saber que se trataba de una pistola.
¿Cómo había llegado un arma hasta el bolsillo de su abrigo? Sobresaltado, sacó
la mano y se tocó nerviosamente la cara, tapándose la boca y apretándose la nariz
con los dedos índice y pulgar mientras el resto de los dedos acariciaban su
descuidada barba de dos días. Con la mano izquierda, rebuscó en el otro
bolsillo, y encontró el móvil que hubiera esperado encontrar en el primero,
pero con la excitación producida por el descubrimiento del arma, había olvidado
completamente lo que quería hacer con él, y pensó que, en cualquier caso, no
habría nadie al otro lado de la línea para poder ayudarle. Bowie ya hacía
tiempo que habría abandonado aquella cabina, y era la única persona con la que
querría haber hablado en aquel momento, y a ser posible a cobro revertido. Siguió
caminando, hacia la zona de acceso a los ascensores, en la que varias personas
seguían esperando, mirando al suelo o a las pantallas de sus teléfonos móviles
con una mano, mientras con la otra sujetaban bolsas de plástico con los logos
de las tiendas en las que las habían llenado de, a su juicio, innecesarios artilugios
y complementos, adquiridos a precios descaradamente inflados por las marcas
corporativas y sus agresivas estrategias de marketing.
El ascensor destinado a las plantas inferiores
llegó casi al momento en que el Sr. Kite pasó a formar parte de la fila de “los
que esperaban”. Las puertas automáticas se abrieron, como un gran telón descorriéndose
a ambos lados del escenario de una gran obra teatral, mostrando un decorado de
planchas metalizadas de color rojizo y un gran panel de botones luminosos en el
lado izquierdo, con los que elegir la próxima parada, o el destino final del
viaje. El grupo de personas fue entrando ordenadamente en el ascensor, seguidos
por el Sr. Kite, y generando entre todos un leve y curioso ruido plástico,
producido con el roce de las bolsas de las compras con los bordes de la entrada
al elevador. Mirando al cuadro de botones, el desorientado Sr. Kite llegó a la
conclusión de que todo lo acontecido, hasta ese momento, había tenido lugar en
la planta tercera, porque los botones de las plantas segunda, primera y aparcamiento
estaban iluminados en azul, marcando las próximas paradas. Respiró hondo de
nuevo, y pidió amablemente a la anciana que tenía al lado que se apartara, para
pulsar el botón de su destino. Y ese destino estaba, en realidad, marcado en
rojo en aquel panel eléctrico, con cuatro letras blancas que formaban la
palabra “stop”. El ascensor se paró en seco, generando una breve sensación
sísmica en el interior del habitáculo, con el epicentro del temblor situado
bajo los pies de sus ocupantes. Las bolsas de plástico volvieron a chocar entre
sí, repitiendo aquel leve pero molesto ruido.
- Pero… ¿Qué hace, hombre? – le espetó un tipo de
unos treinta años, dueño de un engominado y a la vez milimétricamente
despeinado corte de pelo, unos estratégica y concienzudamente rotos pantalones
vaqueros, una camiseta de licra ajustada a sus exagerados y artificiales
pectorales, y unos grandes tatuajes de dragones y mujeres desnudas que le
cubrían totalmente la piel de ambos brazos. Casi sin pensarlo, la respuesta del Sr. Kite a la pregunta fue sacar el
arma del bolsillo del abrigo y encañonar al recauchutado treintañero, que en un
acto reflejo soltó sus bolsas y extendió las manos para protegerse y cubrirse
el rostro, girando la cabeza hacia un lado mientras gritaba:
- ¡Mierda,
tío, controla, no lo decía en serio!
La
anciana, a su lado, dio un respingo y gritó asustada, y el resto de los
ocupantes del ascensor hicieron lo mismo unas milésimas de segundo después,
como un coro góspel acompañando fielmente a su cantante principal.
Instintivamente, el coro se aplastó contra la esquina opuesta del ascensor,
apretándose unos contra otros y cubriéndose el rostro con las manos, tapándose
los ojos para no mirar, y a la vez seguir mirando, en lo que para el Sr. Kite
fue un ejemplo más de la incongruencia del ser humano, que ve sólo lo que
quiere ver y se engaña a veces no queriendo verlo.
- Para mí ya es tarde, pero aún tengo tiempo de
acabar con esta mediocridad antes de irme – masculló el Sr. Kite. Calculó que
tendría seis balas, porque en las películas de acción las pistolas siempre
tienen esa capacidad. Contó seis personas en el ascensor además de él, así que pensó
que tendría más que suficiente. Sacó el móvil del bolsillo izquierdo, sin dejar
de apuntarles con el arma, ajeno a los gritos y súplicas de todos ellos. Ya no
les oía, porque su cerebro estaba ya concentrado de nuevo en un solo punto de
emergencia, y las voces de aquellos desdichados habían pasado a formar parte de
la nube negra. Buscó una aplicación de reproducción de música, seleccionó una
de las listas disponibles y pulsó en la primera canción. Un lejano ritmo de
batería fue haciéndose cada vez más audible a través del altavoz del móvil, que
reproducía la entrada in crescendo de “Five Years” de David Bowie, que a
cada segundo sonó con más fuerza en el interior del ascensor.
- ¡Mediocridad! - gritó el Sr. Kite, mientras
movía el arma de un lado a otro, apuntando a las cabezas de las personas
mientras decidía por quién empezar - ¡Tú! – dijo señalando al hombre de la
camiseta ajustada y los tatuajes - ¿Cuál es el título de esta canción?
- ¡Por
favor, tranquilícese, guarde el arma y no haga una locura! – dijo el hombre,
balbuceando. De repente, aquel “musculitos” de pelo engominado había dejado de
tutearle.
- ¡Que
me digas el título de esta canción! Seguro que te pasas el día escuchando esa
mierda de reggaetón en el coche, y no tienes ni idea de lo que está sonando. Lo
siento mucho, amigo, pero ésta es la oportunidad que te doy… ¡Jugamos a todo o
nada! – le contestó airado, mientras le seguía apuntando con la pistola.
- Yo…Yo…
¡No lo sé…! – dijo el hombre, mientras cerraba los ojos, de los que brotaban ya
las primeras lágrimas, a punto de precipitarse por sus mejillas. Sabía
perfectamente que, en manos de aquel loco, esa respuesta no le conducía a un
destino favorable, y no quería mirar al mensajero de la muerte que tenía frente
a sus ojos.
El Sr. Kite apretó con fuerza la empuñadura del
arma para afianzarla. El sudor en sus dedos y en la palma de su mano hacía que
se le resbalara. Cerró también los ojos por un segundo, tras el cual apretó con
fuerza el gatillo. El disparo resonó dentro del ascensor cerrado, y al instante
los gritos histéricos de los ocupantes llenaron el reducido espacio y se
clavaron como cuchillos en sus tímpanos. El cuerpo del treintañero cayó al
suelo como un fardo, junto a las bolsas de plástico que había arrojado al suelo
unos segundos antes, salpicadas de miles de gotas de sangre, como si un
incómodo sarampión se hubiera adueñado de ellas. El Sr. Kite abrió los ojos y
miró nerviosamente a su alrededor, y levantó después la voz por encima de los
gritos histéricos del resto de ocupantes del ascensor. La anciana tenía manchas
de sangre del treinteañero por todo el rostro, y parecía en grave riesgo de
sufrir un desmayo, por lo que el Sr. Kite retomó apresuradamente su discurso:
- ¡Era “Five Years”, de David Bowie! ¿Pero qué narices le está pasando a este mundo? ¡Está en un disco que
se debería enseñar en la escuela! – dijo mientras apuntaba el arma hacia la
anciana, para continuar con su macabro concurso - ¡Vamos con la
siguiente… un rotundo tema de rock y psicodelia, con uno de los mejores solos
de guitarra del disco, llevado hasta el límite en la apoteosis final del tema,
hasta hacernos creer que el mundo va a estallar… ¡Y hoy lo va a hacer por fin!
- dijo a modo de épica introducción radiofónica, mientras en el móvil
seleccionaba “Moonage Daydream”. Fueron tan solo los primeros acordes,
porque la anciana puso los ojos en blanco antes de poder dar una respuesta, en
un claro indicio de estar a punto de desmayarse. La ejecutó casi al tiempo en
que la anciana perdía la consciencia, por lo que la mujer tuvo un tránsito casi
indoloro hacia la otra vida. Tras esta “piadosa” muerte, llegaría el turno de “Starman”,
errada por una estudiante de diminutos pantalones vaqueros cortos y trenzas de
colores en el pelo. "El
hombre de las estrellas está esperando en el cielo, le gustaría venir a
conocernos, pero cree que eso nos destrozaría las mentes" - dijo el Sr. Kite, parodiando el tono de un exaltado
predicador, mientras el cerebro de la chica estallaba de un disparo a
bocajarro. Misma suerte corrió un hombre claramente obeso, cercano a los cincuenta
y con un llamativo y poblado bigote, que no supo reconocer “Ziggy Stardust”,
y al que acompañó al más allá su mujer, dueña de una exagerada permanente
pelirroja, que en ninguna de sus largas sesiones de peluquería había escuchado
“Sufragette City” en el hilo musical del centro de estética de ese mismo
centro comercial. Fue la última canción que escuchó en su vida, antes de que la
caída de su cuerpo sin vida fuera amortiguada por el blando e inerte cuerpo de
su marido, que la esperaba para siempre en el suelo del ascensor.
Y así llegó el momento cumbre, en una escena
dantesca dentro de un ascensor con las paredes totalmente salpicadas de sangre,
y con los cuerpos de las cinco víctimas esparcidos por el suelo. Dos personas
se miraban fijamente entre el amasijo de cadáveres, en un duelo que recordaba a
los del “far west”, si en el salvaje y lejano oeste hubieran existido
los ascensores. El Sr. Kite apuntaba al otro, con el arma todavía humeante, y
una última bala por disparar. El otro, un universitario con gafas de pasta y
pelo cortado a cepillo, con la cara manchada de una mezcla de sangre ajena y
lágrimas propias, respiraba profunda y entrecortadamente, sin dejar de mirar
fijamente al arma de su contrincante, en un intento de concentrarse en un punto
concreto para no sucumbir a la locura que le rodeaba, como horas antes había
hecho su adversario ante la inesperada y traumática noticia de su despido. La
guitarra acústica de “Rock and Roll Suicide” rompió el macabro silencio.
El cañón del arma apuntó al chico, como la flecha de una ruleta, que acabara de
pararse en la casilla de la bancarrota. El asesino arqueó las cejas y,
esbozando una macabra media sonrisa, dijo:
- ¿Y bien? ¿Sabes que canción es?
El chico le miró fijamente y controló, como pudo,
su respiración acelerada, encontrando en algún lugar de su cerebro la calma
necesaria para jugar la que podía ser su última carta en la vida, antes de
responder:
- "Demasiado viejo para perder, demasiado joven para elegir, y el tiempo espera pacientemente tu canción, caminas fuera de la cafetería, pero no has comido nada y has vivido demasiado, eres un suicida del rock and roll"
El asesino bajó la mirada, y un segundo después
hizo lo propio con el arma, visiblemente abatido por la inesperada derrota.
Todo había terminado, o eso creía él. La novia del estudiante, conocedora de su
enfermiza puntualidad, esperaba preocupada por su inesperado retraso, y en un
ejercicio de oportuna impaciencia, le llamó por teléfono en ese preciso
instante, desde algún punto del abarrotado centro comercial. La canción que el
universitario tenía seleccionada como tono de llamada sonó dentro del ascensor,
desde el interior de la cazadora del muchacho. Visiblemente aturdido, el Sr.
Kite no reaccionó a la misma velocidad que el chico, que sacó el móvil del
bolsillo y, mirándole directamente a los ojos, dijo:
- ¿Y tú, sabes qué canción es ésta?
El Sr. Kite cerró los ojos un segundo y soltó una
bocanada de aire y de resignación. Volvió a abrir los ojos de nuevo, y mirando
al suelo dijo: “¡Ostia puta! ¿Qué más puede ir mal hoy?”, al tiempo que apuntaba con la pistola hacia su propia cabeza, para
que una sola bala se enfrentara, definitivamente, a la nube negra.
El libro completo está disponible en Amazon Kindle, tanto en formato kindle como en tapa blanda y tapa dura. Aquí tenéis el enlace directo por si queréis leerlo completo:
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jueves, 27 de agosto de 2026
2065.- Genius of Love - Tom Tom Club
| Genius of Love, Tom Tom Club |
Chris Frantz y Tina Weymouth decidieron formar Tom Tom Club en 1981, y lo hicieron en un momento peculiar de su trayectoria. Como miembros de Talking Heads, venían de una etapa de enorme intensidad creativa, marcada por la colaboración con Brian Eno y por la expansión del grupo hacia territorios más experimentales. Pero aquella efervescencia también había generado tensiones internas, especialmente en torno al liderazgo artístico de David Byrne. Frantz y Weymouth necesitaban un espacio propio, un proyecto donde pudieran explorar ritmos más ligeros, más bailables, más cercanos al funk caribeño y a la cultura club que empezaba a florecer en Nueva York y el Caribe. Así nació Tom Tom Club, como una vía de escape y como una declaración de independencia creativa. El álbum debut, Tom Tom Club, se grabó en los Compass Point Studios de las Bahamas, un lugar que ya era sinónimo de libertad musical. Allí habían trabajado Grace Jones, Robert Palmer y los Compass Point All Stars, y el ambiente del estudio (cálido, relajado, impregnado de ritmos isleños) influyó directamente en el sonido del disco. Bajo la producción de Frantz y Weymouth, y con la colaboración de músicos locales, el álbum se convirtió en una mezcla vibrante de new wave, funk, reggae, pop y música afrocaribeña. La filosofía era clara, menos cerebral que Talking Heads y más festivo y más orientado al baile.
La grabación se caracterizó por unas bases rítmicas que se construyeron a partir de grooves repetitivos, casi hipnóticos, mientras las capas de percusión añadían un sabor tropical que definió la identidad del proyecto. La producción evitó la densidad y apostó por la claridad, con líneas de bajo redondas, guitarras limpias, teclados juguetones y voces que alternaban entre lo melódico y lo casi infantil. El resultado fue un álbum despreocupado, que parecía diseñado para sonar en playas, fiestas y clubes nocturnos. Así nació Genius of Love, la joya del disco y una de las canciones más influyentes de la década. Curiosamente, Frantz y Weymouth no esperaban que el tema fuera un éxito. La banda tenía dificultades para grabarlo porque Frantz sufría problemas de espalda y no podía tocar la batería con normalidad, por lo que finalmente recurrieron a una caja de ritmos y a la colaboración de Steven Stanley, ingeniero del estudio, para construir el groove que definiría la canción. Ese ritmo, sencillo pero irresistible, se convirtió en el corazón del tema. La canción es toda una celebración del funk y del pop bailable. El bajo de Weymouth marca un ritmo cálido y envolvente, mientras los teclados crean ese ambiente juguetón, casi infantil, que contrasta con la sofisticación rítmica del conjunto. Las voces, que mezclan cantos y susurros, aportan un aire despreocupado que encaja perfectamente con el aire de la canción. La letra es un homenaje explícito a los héroes del funk y del soul: James Brown, Bootsy Collins, Smokey Robinson o Sly Stone. Weymouth y Frantz celebran la música que los inspiró, construyendo un pequeño altar pop donde cada nombre es una declaración de amor.
miércoles, 26 de agosto de 2026
2064.- Don't You Want Me, Baby - The Human League
En el rico panorama de la música pop de los 80, pocas bandas capturaron la esencia de la época como . Con su elegante sonido synth-pop y sus pegadizas melodías, se labraron un lugar único que sigue cautivando a los oyentes décadas después. The Human League se formó a finales de los 70 en Sheffield, una ciudad industrial y gris del Reino Unido. Los operadores informáticos Martyn Ware e Ian Craig Marsh tenían un grupo llamado The Future, y su objetivo, sin mucho éxito, era fusionar el pop con la música electrónica austera y expresionista. Ware y Marsh necesitaban un cantante, así que ficharon a Oakey, un amigo de ambos del instituto que no tenía experiencia musical, pero era guapo y vestía de forma extravagante. Con Oakey en el grupo, Ware cambió el nombre a The Human League, inspirándose en el juego de mesa de ciencia ficción Starforce: Alpha Centauri.
Lanzada en 1981 como parte de su innovador álbum "Dare", "Don't You Want Me, Baby" catapultó a The Human League al estrellato internacional. Los sintetizadores vibrantes y la potente línea de bajo de la canción cautivan de inmediato al oyente, preparando el terreno para la emotiva narrativa que se desarrolla a continuación. La letra de "Don't You Want Me" de Phil Oakey se inspiró en un reportaje fotográfico de una revista femenina y en la película " A Star Is Born”, escribieron la canción como un diálogo, el personaje de Oakey es una especie de magnate envejecido, abatido y desconsolado tras ser abandonado por una mujer que encontró trabajando como camarera en un bar de cócteles. Susan Ann Sulley, que hasta ese momento solo había hecho los coros para Oakey, asumió el papel principal de la chica, que intenta dejar al tipo con delicadeza, pero que claramente quiere alejarse de él de inmediato. En la primera estrofa de "Don't You Want Me", Oakey suena severo y autoritario, como si no pudiera creer que esta chica tuviera el descaro de pensar que podría superarlo. "El éxito ha sido tan fácil para ti", canta, dando a entender que tal vez no lo haya sido para él. Cuando la amenaza directamente: "También puedo volverte a derribar", empezamos a darnos cuenta de que está herido, destrozado e impotente. En esencia, «Don't You Want Me, Baby» narra la historia de una relación amorosa tumultuosa al borde del colapso. Sobre un fondo de brillantes texturas electrónicas, los vocalistas Philip Oakey y Susan Ann Sulley ofrecen un dúo cautivador, rebosante de emoción pura y vulnerabilidad, el imponente barítono de Oakey contrasta maravillosamente con la etérea voz de Sulley, creando una interacción dinámica que enriquece la narrativa de la canción.
Lo que distingue a "Don't You Want Me, Baby" de otros éxitos synth-pop de la época es su capacidad para combinar estribillos pegadizos con letras que invitan a la reflexión. A primera vista, el estribillo contagioso y el ritmo alegre de la canción invitan a bailar, pero un análisis más profundo revela una historia de desamor y desilusión. Es el primer éxito musical impulsado por la caja de ritmos LM-1 de Linn, este cacharro, que se convertiría en uno de los instrumentos favoritos de Prince, samplea sonidos de batería reales en lugar de electrónicos, lo que le da cierta dimensión a lo que es inconfundiblemente una pista programada, las líneas de teclado se entrelazan, reflejando la lucha de los dos personajes de la canción. La canción es minimalista y elegante y pone en primer plano a sus cantantes y el drama que tejen, pero mantiene latentes estribillos pegadizos. Es pura magia pop.
martes, 25 de agosto de 2026
2063.- Do me, Baby - Prince
El año 1981 para Prince estuvo marcado por una ambición desmedida, una estética provocadora y una prueba de fuego sobre el escenario que definió su carácter indomable. Con solo 23 años, el genio de Minneapolis buscaba trascender el ámbito del R&B para convertirse en una fuerza transversal capaz de fusionar funk, rock y pop sin ataduras raciales ni de género, su imagen en aquel periodo era una abierta provocación a las convenciones: gabardinas con tachuelas, tacones y calzoncillos oscuros, proyectando una androginia y una libertad sexual desconcertantes para la época. El acontecimiento más transformador de ese año ocurrió en octubre, cuando Mick Jagger lo invitó a abrir los multitudinarios conciertos de The Rolling Stones en Los Ángeles. Al subir al escenario ante una multitud conservadora de rockeros, Prince fue recibido con una hostilidad feroz alimentada por prejuicios, entre abucheos e insultos, la multitud le arrojó comida y botellas, obligándolo a retirarse antes de tiempo, lejos de amedrentarse, regresó la noche siguiente para enfrentarse de nuevo a la multitud. Esa amarga experiencia encendió en él una determinación feroz para conquistar al público masivo bajo sus propios términos. Tambien consolidó su faceta como estratega musical al dar vida a la banda The Time. Escondido tras bambalinas, compuso y grabó prácticamente todo el material de este proyecto paralelo, sentando las bases del influyente "Sonido Minneapolis", caracterizado por baterías electrónicas marchosas, sintes pegajosos y un funk electrificante.
Controversy representó la consolidación definitiva de Prince como un artista dispuesto a desafiar todas las fronteras políticas, religiosas y sexuales de su época, en su cuarto álbum de estudio, el músico de Minneapolis perfeccionó una mezcla arrolladora de funk sintético, new wave y rock, afianzando las bases del sonido que dominaría la década. A diferencia de sus trabajos anteriores, marcados principalmente por la provocación hedonista, aquí Prince expandió su narrativa para abordar la paranoia de la Guerra Fría, el mandato del presidente Ronald Reagan y las crecientes tensiones sociales en un mundo dividido. Canciones como el tema homónimo, "Sexuality" y "Ronnie, Talk to Russia" canalizaban tanto la angustia de una amenaza nuclear como un poderoso llamado a la liberación personal, invitando al oyente a cuestionar las rígidas etiquetas raciales y de género. No solo demostró la asombrosa madurez compositiva de Prince a sus 23 años, sino que Controversy sirvió como el puente conceptual perfecto entre la crudeza de sus inicios y la ambición desmedida que lo llevaría al estrellato global. Dentro del álbum a mi me gustaría destacar “Do Me, Baby” una de las baladas más intensas, sensuales y emblemáticas en la carrera de Prince, esta pieza de más de siete minutos reinventó las reglas de los slow jams de R&B, convirtiéndose en el molde definitivo para el soul contemporáneo y la música de seducción de las décadas posteriores. A diferencia de la energía bailable y la carga política que predomina en el resto de aquel trabajo, la canción se sumerge en un terreno íntimo y vulnerablemente erótico, Prince abandona cualquier postura de dominio para rogar por amor y placer, invirtiendo los roles tradicionales de masculinidad en la música urbana de la época. Su interpretación vocal es monumental: navega desde un falsete dulce y cristalino hasta desgarradores gritos rasgados, acompañados por suspiros y un monólogo final que roza lo teatral y lo confesional. La instrumentación, apoyada en un bajo profundo, teclados atmosféricos y un solo de guitarra impregnado de melancolía, crea una atmósfera nocturna e hipnótica. Aunque los orígenes del tema estuvieron envueltos en disputas creativas con su antiguo bajista André Cymone, Prince demostró su maestría al llevar la producción a su punto más alto de sofisticación. Líricamente, la obra explora la entrega total y la pérdida del control emocional, la canción se transforma así en un teatro de pasión cruda donde el artista se muestra desarmado.
lunes, 24 de agosto de 2026
2062 - The Waiting - Tom Petty and the Heartbreakers
The Waiting - Tom Petty and the Heartbreakers
Esperar puede ser una de las experiencias más extrañas de la vida. No ocurre nada y, al mismo tiempo, ocurre todo. Los minutos parecen más largos, cualquier pequeño acontecimiento adquiere importancia y la cabeza se llena de posibilidades. “The Waiting”, de Tom Petty and the Heartbreakers, convierte precisamente esa sensación en una canción de rock luminosa, contagiosa y aparentemente sencilla.
Publicada en 1981 dentro del álbum Hard Promises, la canción comienza con una de esas frases que parecen destinadas a convertirse inmediatamente en un lema. Pero lo interesante es que Tom Petty no presenta la espera como una condena. Hay ansiedad, incertidumbre y deseo, pero también una especie de entusiasmo. Esperar algo que realmente quieres puede doler, aunque también puede mantenerte vivo.
La música acompaña perfectamente esa contradicción. La guitarra avanza con naturalidad, la batería mantiene un pulso constante y la voz de Petty transmite una mezcla muy particular de serenidad y determinación. No necesita exagerar las emociones. Su interpretación tiene ese tono conversacional que hacía que muchas de sus canciones parecieran estar hablándote directamente, como si alguien te estuviera contando una historia mientras conduce por una carretera cualquiera.
Pero “The Waiting” tiene algo más. Debajo de su apariencia relajada existe una enorme sensación de movimiento. Es una canción sobre estar detenido que, paradójicamente, nunca parece quedarse quieta. El ritmo empuja hacia delante y convierte la incertidumbre en energía. Como si Petty estuviera diciendo que quizá no podamos controlar cuándo llegará aquello que esperamos, pero sí podemos decidir qué hacemos mientras tanto.
Esa filosofía encajaba perfectamente con la personalidad artística de Tom Petty. A lo largo de su carrera, el músico construyó una identidad basada en canciones directas, melodías reconocibles y una enorme capacidad para convertir experiencias cotidianas en algo universal. No necesitaba grandes artificios. Sus historias podían hablar de relaciones, carretera, libertad o frustración y, sin embargo, siempre parecían tener algo que pertenecía exclusivamente al oyente.
“The Waiting” también tiene esa capacidad. Todos hemos esperado alguna vez una llamada, una respuesta, una persona o una oportunidad. Todos hemos experimentado ese momento en el que todavía no sabemos qué va a suceder, pero intuimos que algo importante está a punto de ocurrir. Petty convierte ese instante en una canción que no se hunde en la melancolía, sino que encuentra una especie de optimismo en la incertidumbre.
El resultado es uno de esos temas que parecen fáciles de tocar y difíciles de igualar. Su sencillez es engañosa. Detrás hay una melodía impecable, una interpretación contenida y una producción que deja respirar a la banda.
Más de cuatro décadas después, “The Waiting” sigue sonando fresca porque su tema no pertenece a ninguna época concreta. Esperar forma parte de la experiencia humana. Y Tom Petty tuvo la habilidad de demostrar que incluso ese territorio de dudas puede convertirse en una canción que te haga sonreír, subir el volumen y seguir adelante.
Danieldomingo, 23 de agosto de 2026
2061 - Kick in the eyes - Bauhaus
Hay canciones que parecen escritas desde otro lugar. No pertenecen del todo al mundo cotidiano; viven en una zona intermedia entre la música, la literatura y la imagen. "Kick in the Eye", de Bauhaus, es una de ellas. Desde sus primeros segundos, la canción no busca conquistar al oyente con una melodía amable ni con un estribillo fácil. Su intención es otra: crear un espacio, una atmósfera, una sensación de inquietud que permanece incluso después de que el último acorde desaparece.
Publicado en 1981, este sencillo llegó en un momento en que Bauhaus ya había dejado claro que no quería seguir los caminos tradicionales del rock británico. La banda de Northampton había irrumpido pocos años antes con una propuesta que mezclaba la energía del punk, la experimentación del art rock y una estética marcada por el cine expresionista, la literatura gótica y una fascinación por los contrastes. "Kick in the Eye" fue una confirmación de que aquel sonido no era una simple moda pasajera.
La canción avanza con una tensión casi hipnótica. La guitarra de Daniel Ash construye texturas más que simples acordes, el bajo de David J sostiene una base profunda y envolvente, mientras la batería de Kevin Haskins aporta una precisión que evita que el tema caiga en el caos. Sobre ese paisaje aparece la voz de Peter Murphy, dramática y teatral, capaz de transformar una frase en una declaración llena de misterio.
Bauhaus entendió antes que muchos otros que la música también podía ser una experiencia visual. No se trataba únicamente de escuchar una canción, sino de entrar en un universo propio. Sus actuaciones, su estética y sus composiciones construyeron una identidad que terminó convirtiéndose en la piedra fundacional de lo que más tarde se conocería como rock gótico. Sin embargo, reducirlos solamente a esa etiqueta sería injusto: debajo de la oscuridad había una enorme curiosidad artística.
"Kick in the Eye" representa precisamente ese espíritu de exploración. No es una canción diseñada para una respuesta inmediata; es una pieza que invita a ser descubierta. Su estructura irregular, sus cambios de intensidad y su atmósfera sombría reflejan una época en la que muchos músicos buscaban romper con las reglas heredadas del rock tradicional. El objetivo ya no era solamente escribir canciones, sino crear mundos.
A diferencia de otros grupos que utilizaron la oscuridad como una pose estética, Bauhaus convirtió esa oscuridad en un lenguaje. Sus canciones hablaban de alienación, de belleza extraña, de personajes que parecían caminar por los márgenes de la sociedad. "Kick in the Eye" no ofrece respuestas ni intenta iluminar el camino; simplemente nos invita a mirar hacia lugares que normalmente preferimos evitar.
Más de cuatro décadas después, la canción conserva una fuerza particular porque no depende de una tendencia concreta. Su sonido sigue siendo incómodo, elegante y diferente. En una época donde muchas producciones buscan la perfección y la inmediatez, Bauhaus recuerda el valor de lo extraño, lo imperfecto y lo enigmático.
"Kick in the Eye" no es una canción que se escucha de fondo. Exige atención. Es una puerta de entrada a un universo donde la música deja de ser únicamente entretenimiento y se convierte en una forma de expresión artística. Y quizá esa sea la verdadera huella de Bauhaus: demostrar que incluso la oscuridad puede tener belleza cuando alguien sabe cómo darle forma.
Danielsábado, 22 de agosto de 2026
2060.- Good year for the roses - Elvis Costello
Good Year for the Roses - Elvis Costello
Hay canciones que hablan de una ruptura sin necesidad de levantar la voz. “Good Year for the Roses” pertenece a esa categoría. Desde sus primeros compases, Elvis Costello construye una escena doméstica aparentemente sencilla, pero detrás de cada detalle se esconde la sensación de que una relación está llegando a su final. No hay grandes discusiones ni dramatismo desbordado. Solo queda esa incómoda calma que aparece cuando alguien comprende que la persona que tiene al lado ya se ha ido emocionalmente.
La canción fue escrita por Jerry Chesnut y grabada originalmente por artistas de la música country, pero Costello encontró en ella un material perfecto para llevarlo a su propio universo. Su versión, incluida en Almost Blue de 1981, se aleja de buena parte de la electricidad asociada habitualmente con el músico británico y abraza abiertamente el lenguaje del country. Es una elección que, lejos de parecer un experimento anecdótico, demuestra hasta qué punto Elvis Costello podía moverse entre géneros sin perder su identidad.
El título contiene buena parte de la ironía de la canción. Mientras una relación se marchita, las rosas florecen. La naturaleza parece estar atravesando un momento magnífico justo cuando la vida sentimental del protagonista se desmorona. Es una imagen sencilla y extraordinariamente eficaz: el mundo exterior continúa funcionando con normalidad mientras, puertas adentro, todo se viene abajo.
Costello canta desde un lugar incómodo. No interpreta la historia como alguien que busca compasión, sino como alguien atrapado intentando entender qué ha ocurrido. Hay pequeños detalles que dicen mucho más que cualquier declaración romántica. La casa, los objetos cotidianos y esas señales casi insignificantes de una convivencia que se está terminando convierten la canción en una especie de fotografía emocional.
Y ahí aparece una de las grandes virtudes de Elvis Costello: su capacidad para encontrar dramatismo en lo cotidiano. No necesita recurrir a metáforas grandilocuentes. Una rosa puede ser suficiente. Una habitación puede decirlo todo. Una frase aparentemente inocente puede revelar que una pareja lleva mucho tiempo separándose sin haber pronunciado todavía la palabra definitiva.
Almost Blue fue, además, un disco singular dentro de su trayectoria. Costello decidió enfrentarse a un repertorio de canciones country tradicionales y hacerlo desde una posición poco habitual para un artista asociado al punk, la new wave y el rock. “Good Year for the Roses” terminó siendo uno de los momentos más memorables de aquella aventura.
Escuchada hoy, la canción conserva una tristeza particular porque no intenta convertir el dolor en espectáculo. Su fuerza está precisamente en lo contrario: en aceptar que algunas historias terminan mientras el resto del mundo sigue adelante como si nada hubiera pasado.
Y quizá por eso el título resulta tan perfecto. Puede ser un gran año para las rosas. Para el amor, en cambio, parece que no tanto.
viernes, 21 de agosto de 2026
Disco de la semana 495: West Ryder Pauper Lunatic - Kasabian

West Ryder Pauper Lunatic Asylum (2009) fue el disco que transformó a Kasabian de una exitosa banda de indie rock británico en un grupo verdaderamente ambicioso. Tras la salida de Christopher Karloff, Sergio Pizzorno asumió el liderazgo creativo y construyó una obra mucho más psicodélica, experimental y cinematográfica que sus trabajos anteriores. El propio grupo describió el álbum como una especie de banda sonora para una película imaginaria, y cada canción representaría a uno de los internos de un manicomio ficticio. El resultado fue un álbum que debutó en el número uno en el Reino Unido y que muchos consideran la obra maestra de la banda.
La primera pieza de este psicodélico puzle es Underdog, toda una explosión de energía. El riff principal recuerda al rock de estadio clásico, mientras los sintetizadores y la percusión aportan una sensación de peligro constante. Tom Meighan canta con actitud desafiante, convirtiendo la canción en una declaración de intenciones. Le sigue Where Did All the Love Go?, una de las mejores composiciones del álbum. Bajo una apariencia festiva y bailable se esconde una reflexión amarga sobre la pérdida de ideales y la desaparición de la empatía en la sociedad moderna. El estribillo es irresistible, pero la canción gana profundidad con cada escucha.
Swarfiga es un interludio psicodélico más que una canción en sí, y quizá sea uno de los momentos más prescindibles de un disco sin apenas relleno. Voces deformadas, efectos electrónicos y una atmósfera inquietante refuerzan la idea de estar dentro de un extraño sanatorio, y sirven para enlazar el material más accesible con las zonas más oscuras del álbum. Tras este breve intermedio, Fast Fuse retoma la fuerza inicial en lo que es uno de los momentos más explosivos del disco. En su vertiente más salvaje, Kasabian combina rock de garaje, glam y psicodelia con una producción sucia y agresiva.
Después de tanta adrenalina, en Take Aim la banda desacelera y presenta una balada oscura y elegante. La voz de Pizzorno aporta vulnerabilidad, mientras los arreglos crean una atmósfera melancólica y casi cinematográfica, en una canción injustamente infravalorada dentro del amplio catálogo de Kasabian. Tras este impactante y oscuro momento de pausa, Thick as Thieves es un tema compacto y adictivo que mezcla influencias de la música electrónica con un groove casi funk. No tiene el impacto inmediato de los sencillos más conocidos, pero funciona como una pieza esencial dentro de la secuencia del álbum gracias a su ritmo hipnótico. A continuación, West Ryder Silver Bullet es la canción que mejor resume el espíritu del disco. Extraña, teatral y llena de cambios de intensidad, incorpora la participación de la actriz Rosario Dawson y desarrolla una atmósfera de western psicodélico.
Vlad the Impaler hace referencia al personaje histórico que inspiró el mito de Drácula, pero Kasabian utiliza la figura como excusa para crear uno de los temas más contundentes de su carrera. Los riffs, los cánticos y la producción crean una sensación de persecución constante. Menos conocida es Ladies and Gentlemen (Roll the Dice), una canción que combina ritmos mecánicos, arreglos psicodélicos y una sensación de decadencia casi circense. Funciona bien como transición entre los momentos más agresivos y la recta final del álbum, que comienza con la experimental Secret Alphabets, una canción de construcción lenta y misteriosa, llena de capas de sonido que aparecen y desaparecen, generando una atmósfera casi onírica. No es una canción inmediata, pero sí una de las más fascinantes para quienes disfrutan explorando los detalles de la producción de los discos.
Capítulo aparte merece Fire, el gran himno de la carrera discográfica de Kasabian. La combinación de ritmo tribal, sintetizadores y coros convierte el tema en una auténtica explosión de energía, y muy pocas canciones del indie británico de los años 2000 poseen un estribillo tan poderoso. Fue el sencillo perfecto para presentar el álbum y sigue siendo una de sus canciones mas emblemáticas. Tras esta maravilla, Happiness cierra en tono introspectivo el disco, sin perder por ello la carga psicodélica que campa a sus anchas a lo largo de West Ryder Pauper Lunatic. El cierre transmite una sensación de calma extraña, como si al fin hubiéramos logrado escapar del manicomio. Es un final perfecto para un álbum con el que Kasabian llegó a su momento "prime", manteniendo su innegable capacidad para producir himnos de rock alternativo, pero añadiendo influencias psicodélicas, cinematográficas y experimentales que le dieron a West Ryder Pauper Lunatic el acabado de una obra completa, una joya oscura, imaginativa, ambiciosa y con una narrativa y una atmósfera muy definidas. En definitiva, fue y es la cima artística de la banda.

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