El disco de la semana 68: Is this It, The Strokes







Recuerdo una actuación de The Strokes interpretando Take it or leave it, que encontré en uno de esos ratos de cacharrear por Youtube sin rumbo fijo, en la que la fuerza escénica del cantante, Julian Casablancas me recordó al carisma de Jim Morrison en sus apariciones televisivas. Su manera de atacar las frases frente al micrófono, la pose de “o paso de todo, o estoy colocado, o ambas cosas”, y su sorprendente invasión del patio de butacas, cantando mientras caminaba sobre los respaldos de los asientos como Jesucristo sobre las aguas, o como Iggy Pop sobre los brazos y hombros de la audiencia, me impactaron sobremanera. Para mí esa era la respuesta, el bofetón en la cara del insulso panorama musical, convertido en la España de los noventa en un auténtico páramo en lo que a programas televisivos especializados se refería.



Casablancas a punto de caminar sobre el público
Eso fue, en pocas palabras y en potentes imágenes, lo que supuso el disco Is this It para el panorama musical del momento, un auténtico pisoteo de las desgastadas fórmulas de finales de los 90, un chorro de aire fresco que nos hizo albergar la esperanza de que la nueva década sería mejor. Una vez apagados los otrora brillantes fuegos del grunge, el britpop y la nueva oleada punk, estrellas fugaces que ardieron en su propia combustión y dejaron la segunda mitad de los noventa tocando fondo y en penumbra, llegaron estos chicos bien de Nueva York y agitaron un avispero que parecía irremisiblemente adormecido. Su mensaje era claro y contundente. El título omitía el interrogante, pero era una pregunta que podía traducirse como “¿es esto lo que hay?, y que al final del disco te obligaba a valorar o a tomar una decisión al respecto. Esto es lo que hay. Tómalo o déjalo (“Take it or leave it”). Y decidimos tomarlo.

The Strokes - Take it or leave it
https://www.youtube.com/watch?v=C0qls7b5oAY

IS THIS IT

Nada mejor para explicar el sonido de Is this it que la frase con la que Julian Casablancas indicó al productor lo que quería de aquel primer disco: “Queremos sonar como una banda del pasado que hiciera un viaje al futuro para hacer su disco”. Para lograrlo, el grupo volvió a grabar en el pequeño estudio del East Village de Manhattan en el que habían registrado sus primeros temas. El sonido que buscaban era más cercano al garaje rock y a la aspereza sonora que reproducían sus maquetas en los conciertos, que a la pureza que se podía conseguir en el tratamiento de estudio.

Por esa razón, y siguiendo las indicaciones de Casablancas, las canciones se grababan en una sola toma y sin grandes arreglos posteriores, siendo lo más cercano posible a lo que habría sido un directo. La influencia del cantante en el sonido del disco fue capital, y en palabras del productor del disco, era capaz de estar adormilado tras tomar demasiadas cervezas, y despertarse en el momento de escuchar un golpe de batería desacompasado.

El proceso culminó con una colección de 11 canciones que reflejaban la aspereza buscada en ese supuesto viaje en el tiempo de una banda del pasado, y por las influencias que destilan las canciones, nos atreveríamos a decir que la banda en la que pensaban bien podría ser la Velvet Underground de su admirado Lou Reed, o el regreso triunfal del ya mencionado Jim Morrison desde la ultratumba para volver a comandar a los Doors más incendiarios. Casi como si no quisieran desvelar sus armas de inicio, el tema "Is this It" es en realidad el más lento del disco, para que creamos que la curación del hastío del final de los noventa va a consistir en una tirita y no en un tratamiento de choque.

Es sólo un truco de magia o un simple espejismo, del que comenzamos a darnos cuenta en el ritmo velvetiano de "The Modern Age" y en el sonido garajero y desnudo de "Soma". El ritmo pegadizo y aceleredado vuelve con "Barely Legal" ("Casi Legal"). Esté o no dentro de la legalidad, llegados a este punto ya no queremos bajarnos de este tren sin control al que los Strokes nos han subido, casi sin avisar.

Idéntico camino sigue la instrumentación de "Someday", "Alone Together" o "Last Nite", una de las canciones más conocidas del disco, aunque cediera el honor de ser la canción de lanzamiento del disco a "Hard to explain" (Difícil de Explicar"). Más que considerar difícil de explicar esta decisión, diremos que se explica en la gran cantidad de potenciales singles que contiene este disco, dotado además de una envidiable unidad de sonido y nivel de calidad en todos los temas, algo que no está al alcance de cualquier banda en su disco de debut.


Capítulo aparte merece el tema "New York City Cops", uno de los momentos más álgidos y brillantes del disco, que sin embargo fue suprimida de las ediciones posteriores por su crítica y despectiva letra contra la policía de su ciudad. Tras el 11S, la discográfica considero que no era lo más correcto cantar contra los heroicos agentes de la policía neoyorquina. Un descarado Julian clamaba en directo su desacuerdo ante esta censura, justo antes de que la banda comenzara con las primeras notas.


Portada alternativa de "Is this It"
Y tras una "Trying your luck" menos relevante, el cierre a lo grande llega con la bofetada en la cara con la que abríamos esta reseña, "Take or leave it", somos así y no nos vas a cambiar, o lo tomas o lo dejas, este ha sido nuestro disco y nos despedimos con un temazo lleno de rabia y sabor a clásico. Final perfecto para un disco que prácticamente también lo es, a pesar de los esfuerzos de la discográfica y sus managers por estropearlo, empezando por la censura de la desaparición de “New York City Cops” en beneficio de un corte (“When it Started") mucho más insustancial, y terminando por el absurdo cambio de portada en las ediciones posteriores, eliminado una portada icónica. El fotógrafo Colin Lane entregó al grupo la foto del trasero de una chica, acariciado por la mano de la propia chica enfundada en un guante de piel. La foto generó una inexplicable polémica que finalmente llevó a su retirada para posteriores ediciones. De nuevo Julian tuvo, nunca mejor dicho, la voz cantante, proponiendo como nueva portada una toma microscópica de una colisión de partículas.

No se puede decir que no encajara con un disco que fue una explosión sonora que nos devolvió la ilusión por el futuro de la música en la entonces nueva década. Esas mismas esperanzas las pusimos en un grupo que parecía que iba a romper todas las barreras, pero al igual que le ocurrió a Oasiscada disco siguiente fue siempre un poco peor que el anterior, cruzando la línea roja de no retorno tras First Impressions of Earth en 2006, último disco en el que se pueden encontrar varios singles potentes. Anuncian nuevo disco para 2020, y vuelve a ser comienzo de década, por lo que nunca debemos perder la esperanza. ¿Será éste el esperado retorno de The Strokes? ¿Volverán a “pisotearnos” con un disco de la envergadura del de su debut? No queda otra que esperar con incertidumbre, para saber si “esto es lo que hay” o si de nuevo volveremos a ilusionarnos.

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