Disco de la semana 88: Post Pop Depression, Iggy Pop


De la depresión, y aunque parezca mentira, pueden salir grandes cosas, como este Post Pop Depression. Iggy ya había planteado sus reflexiones sobre el paso del tiempo en el desigual Avenue B (1999), un disco taciturno con un marcado carácter acústico, salteado de recitados en los que Iggy hablaba sobre los sentimientos que le generaba el hecho de hacerse mayor y sentir la muerte más próxima de lo que quisiera. Si en aquel disco apagó los amplificadores, para contar sentimientos profundas que, a la larga, acabaron lastrando el resultado final del álbum, en esta segunda crisis existencial su objetivo y su enfoque fueron totalmente distintos. Si la pálida dama de la guadaña estaba rondando, él haría un gran disco, uno con sabor a sus grandes discos berlineses de finales de los setenta, para dejar un legado brillante antes de la fatídica cita. Y así nació la idea de este Post Pop Depression.


Después de varios años sin publicar material nuevo, no quiso afrontar ese gran reto solo, y llamó a Josh Homme de Queens of the Stone Age, que entusiasmado por poder trabajar con uno de sus grandes ídolos, se ofreció como productor, guitarrista y compañero de creación, y le abrió las puertas del estudio privado de su "Rancho De La Luna" en Joshua Tree, California. La grabación duró dos semanas, mas una semana adicional en los Pink Duck Studios en Burbank, California. Iggy y Josh planificaron y financiaron el álbum, enrolando en el barco a Dean Fertita (compañero de Homme en QOTSA, y que aportó guitarra y teclados al disco) y a Matt Helders (batería de The Arctic Monkeys). En la soledad del desierto californiano, entre todos conformaron las nueve canciones del que sería, a la postre, el mejor disco de Iggy Pop de los últimos veinte años.

POST POP DEPRESSION

Publicado en Marzo de 2016, y tras la reciente muerte de su amigo y compañero David Bowie, el sonido que plasmaron en el disco fue un involuntario pero brillante homenaje a los discos que Bowie produjo con Iggy a finales de los setenta. Aunque separado por la friolera de cuarenta años, Post Pop Depression cierra, de alguna manera, la trilogía iniciada con The Idiot y Lust for Life en 1977. Desde el momento en que Iggy arranca, casi a capella y acompañado solo de una leve guitarra eléctrica, el estribillo de Break into your heart, el sonido nos retrotrae hasta el Berlín al que Bowie e Iggy se exiliaron voluntariamente, para intentar su enésima desintoxicación y un nuevo renacer artístico. Alejada de los riffs facilones de discos anteriores, el potente estribillo y el cuidado revestimiento de las guitarras de Josh y Dean, es un ilusionante comienzo muy por encima de la mayor parte de temas facturados por Iggy en solitario en las últimas décadas.

Podría tratarse de un espejismo, pero con Gardenia comprobamos que el agua que mana de la inspiración de estos músicos es real, y se desborda y precipita de nuevo entre las guitarras distorsionadas y el ritmo de esta oscura oda a los favores de una chica llamada Gardenia, que fue el single de presentación del disco. Pero el torrente no para ahí, y como guerrero curtido en mil batallas, la reflexión sobre la cercanía de la muerte lleva a Iggy a plantearse el más allá en American Valhalla (los fans de la serie Vikingos sabrán que sólo los muertos en batalla pueden acceder a este paraíso de los guerreros, un lugar en el que poder seguir luchando eternamente y codo con codo con los amigos ausentes) Un tema en el que la batería y el bajo mandan sobre el conjunto, salpicados de ambientales golpes de teclado y guitarra, y todo ello acompañando a la profunda y ajada voz de Iggy el eterno guerrero.

In the Lobby es uno de los temas más cercanos al sonido que impregnaba los discos de la época berlinesa. Iggy sigue profundizando en la idea de estar a las puertas del gran viaje final, esperando en el lobby a que le llegue el momento. La espera es más dulce, y mucho más inspirada, en Sunday, canción que despega desde el comienzo con el potente juego de parches de Helders, y con una áspera y chispeante guitarra que despertaría a cualquier dominguero del embotamiento de una siesta. Imposible no moverse al ritmo de este tema, otro de los grandes momentos del disco. Tras una brillante transición guitarrera, al final del tema se permiten incluso la transgresión de un cierre orquestal apoyado por una suave voz femenina.

Vulture es el tema más desnudo del disco, el momento en el que los súbditos y colaboradores se echan a un lado, y dejan espacio para el Iggy más árido y personal. En la antesala de la muerte, no podía faltar la inquietante imagen del buitre sobrevolando a su presa. El icónico animal sabe, al igual que Iggy, que el final está cerca, y proyecta su negra silueta mientras vuela en círculos. El desgarrador grito de Iggy al final del tema es como el de un viejo guerrero indio que acabara de ver esa amenazante sombra, y lo desafiara a bajar y enfrentarse con él.

Y hablando de la nostalgia de la época berlinesa, que mejor ejemplo que German Days, el más directo mensaje de recordatorio a esa época tan dorada a nivel personal y artístico. El desencanto continúa en Chocolate Drops, un tema sobre el desencanto de la derrota, y la posterior reacción de orgullo y esperanza, ya que sólo desde lo más bajo se puede comenzar de nuevo el ascenso, y transformar la mierda en la que te hundes en gotas de chocolate. El disco cierra con una interesante balada sobre Paraguay, una rareza en la discografía de Iggy, más proclive a nombrar paraísos mexicanos en sus letras. Quizá sospeche que allí se encuentre su American Valhalla, un lugar en el que pasar con Gardenia los últimos domingos de su vida, pero hasta que lo encuentre, esperamos que le de tiempo a regalarnos más discos a la altura de Post Pop Depression.

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