El disco de la semana 73: The age of the understatement, The Last Shadow Puppets



Dice el diccionario que "Understatement" (Eufemismo) es una palabra o expresión con que se sustituye a otra más grosera, impertinente, violenta o que se considera tabú. Es decir, que tanto Alex Turner, líder de los Arctic Monkeys, como un más desconocido Miles Kane, ex-líder de The Rascals, querían decir lo mismo que con sus formaciones nodriza, pero utilizando herramientas más sofisticadas. Y para construir la gran obra que fue The age of the understatement, confiaron en James Ford, productor habitual de los discos de Arctic Monkeys y músico en el grupo Simian Mobile Disco, para las labores tanto de batería como de producción.

El resultado fue una obra casi perfecta y de una madurez sorprendente para tratarse del trabajo de dos veinteañeros, y muy por encima de muchos de los discos posteriores de los monos árticos y de la irregular carrera en solitario de Kane. Al igual que los eufemismos te permiten cuidar al máximo el lenguaje del mensaje, todo en el disco de The last shadow puppets fue cuidado hasta el máximo nivel de calidad y detalle. Para ello, se rodearon de brillantes colaboradores para cada una de las diferentes facetas del disco.

El nombre del grupo ("las últimas marionetas de sombra"), ya daba pistas del cuidado sonido nostálgico que el disco iba a ofrecer, y la icónica portada fue como el flash cegador de una vieja cámara fotográfica, que nos devolvió una instantánea retro que no dejó a nadie indiferente, y que no estuvo exenta de una buena dosis de misterio. Tanto la portada del disco, como la del posterior segundo single "Standing next to me", eran obras del fotógrafo sudafricano Sam Haskins, tomadas en 1960 para su libro "Five Girls", y en ambas la protagonista es una bella y misteriosa mujer que despertó entre los fans una enorme corriente de interés por conocer su identidad.

Las averiguaciones desvelaron a una estudiante universitaria de Johannesburgh llamada Gill (nunca se llegó a saber su apellido), que pese a la naturalidad que mostró ante el objetivo de Haskins, no era modelo profesional. Las fotos del libro de Haskins fueron tan populares que la misteriosa Gill se convirtió en un icono durante la guerra de Vietnam, y el fenómeno volvió a repetirse durante la posterior "era del eufemismo", pero la hoy en día septagenaria Gill sigue siendo un auténtico misterio.

Pero lo que, de verdad, hace grande a este disco son, evidentemente, sus canciones, compuestas por el talento en bruto de unos adolescentes Turner y Kane, y cambiando lo que antes eran violentos arreglos de guitarra por cuidados arreglos orquestales, encomendados a la figura de Owen Pallett, e interpretados magistralmente por la London Metropolitan Orchestra. Sin lugar a dudas, éste fue el empujón de grandiosidad definitivo para un puñado de brillantes canciones que, en general, caminan entre la nostalgia y el homenaje a los sonidos de los discos y películas de los años 60.


Ya desde la primera canción, The age of the understatement, el tono de la música es un claro homenaje a las películas de espías de la guerra fría, mezcladas con los ecos de las bandas sonoras de las películas de espías y de los spaghetti western de Ennio Morricone. El segundo tema, Standing next to me, es probablemente el momento más álgido de la química Turner-Kane, en la que el (buscado) paralelismo con la excelsa complicidad de los primeros temas de Lennon-McCartney está bastante conseguido. El talento y la sencillez acústica del tema, combinados con la brillante química y empaste de las voces de los dos músicos, y el vistoso revestimiento de la orquesta, hacen de este tema un diamante de impactante brillo.

Tras un tema como Calm like you, quiza la más cercana al sonido Arctic Monkeys, la buscada influencia retro aparece en temas como Separate and ever deadly o The chamber, con guiños a la música de Serge Gainsbourg en los arreglos orquestales, aportando un sonido fresco y, a la vez, basado en estructuras musicales de antaño.


Only the truth es un paréntesis de menor brillo que otros temas del disco, que da paso al, probablemente, mayor logro de esta colección de temas. My mistakes were made for you es una pieza maestra y sin fisuras, en la que brilla el sonido sesentero y orquestal, en completa comunión con el aire nostálgico de la letra y la voz de Turner. No baja el tono Black Plant, que engrosa también la colección de temas destacables de un disco con una unidad de sonido digna de elogio.

I don't like you anymore es el segundo momento bajo del disco, volviendo a terrenos más cercanos al rock, pero quedándose a medio camino en su intención de transmitir una fuerza que el tema finalmente no termina de tener. In my room arranca con una efectiva orquesta que nos transporta a las escenas de acción de las películas de James Bond, y a diferencia del anterior, no desentona en el conjunto sonoro del disco.


Y cuando parece que el show de las marionetas no va a dar más de sí, aún queda tiempo para la sorpresa y el deleite ante otro de los momentos memorables con The meeting place, tema en el que las dos voces empastan a la perfección dentro de una balada acústica y sesentera, reforzada por los cuidados arreglos orquestales. La orquesta tiene su breve momento en solitario en el cierre de esta canción, y bien podría haber sido ese el final rotundo de esta obra pero, como si de un regalo inesperado se tratase, Turner nos regala como pieza final un Time has come again que anticipa el estilo de balada de crooner clásico que tanto le ha gustado explorar al entrar en la treintena.

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