sábado, 28 de febrero de 2026
1885.- Alma de diamante - Spinetta
viernes, 27 de febrero de 2026
Disco de la semana 471 - Made in Medina - Rachid Taha

Siempre que viajo a cualquier ciudad dentro o fuera de España, intento buscar una tienda de discos en la que pasar un rato agradable y poder llevarme algún disco de recuerdo para mi colección de vinilos. Si la ciudad es de otro país, intento además que el disco seleccionado sea de un artista local que fusione su folclore tradicional con el rock de guitarras afiladas. No siempre lo consigo, y no he estado nunca en Argelia, pero tengo claro que si algún día tengo la oportunidad de viajar allí, el disco que me traeré será "Made in Medina" (2000) de Rachid Taha, el músico franco-argelino de música raï, o en su defecto cualquier otro disco de su amplia discografía en el que, como casi siempre hacía, mezclaba las raíces raï con el rock, el punk, el techno y hasta el funk.
1884.- Another One Bites the Dust - Queen
jueves, 26 de febrero de 2026
1883.- She's so Cold - The Rolling Stones

"She's So Cold" fue grabada por los Rolling Stones en 1980 como parte de "Emotional Rescue", su decimoquinto álbum de estudio. Tras la publicación como single principal de la canción que daba nombre al disco, "She's So Cold" fue el segundo sencillo lanzado por sus Satánicas Majestades, con una versión adicional de la canción en la que se sustituía la frase "she's so goddamned cold" ("Es tan jodidamente fría") para que "She's So Cold" no tuviera problemas de difusión radiofónica, y con el tema "Send It to Me" (también incluido en el álbum) como cara B.
miércoles, 25 de febrero de 2026
1882.- Emotional Rescue - The Rolling Stones

En 1980 The Rolling Stones decidieron abordar su particular "Rescate Emocional" con el disco "Emotional Rescue" y la canción que le daba título. Firmada como siempre por la dupla compuesta por Mick Jagger y Keith Richards, y grabada entre junio y octubre de 1979, "Emotional Rescue" surgió inicialmente de una idea de Jagger, y acabó resultando en una sorprendente pista muy influenciada por la música disco de finales de los setenta, que intentaba repetir el éxito de la canción "Miss You", de su anterior disco "Some Girls" (1978).
martes, 24 de febrero de 2026
1881.- Everybody's Got To Learn Sometime - The Korgis
Andy Davis y James Warren habían formado Stackridge durante la década de los 70, un grupo del oeste del país especializado en pop progresivo excéntrico que casi había irrumpido en las listas nacionales con "The Man In The Bowler Hat" (producido por George Martin). Pero para cuando llegó 1979, estaba claro que este enfoque expansivo no sería suficiente en lo que era esencialmente un mundo musical completamente nuevo. Refinando sus canciones de vuelta a lo básico, encontraron un nicho en el mercado para quienes pensaban que Joe Jackson era "uno de esos punk rockeros" con su sencillo debut "Young 'n' Russian". Un LP debut, cuyas mejores canciones fueron las conocidas "Art School Annexe" y "Boots And Shoes". "If I Had You" fue el comienzo de una carrera inestable en las listas de éxitos que culminó con el synthpop, francamente encantador, de "Everybody's Got To Learn Sometime". Ahora bien, no voy a escribir nada en contra de esa canción, un clásico para cualquiera y un merecido éxito rotundo. Lucharon para hacer rendir un disco tan clave como este, algo que puede haber contribuido y es una sorpresa descubrir a través de las notas de la funda, es que detrás de escena Davis y Warren estuvieron en su mayor parte en desacuerdo durante toda la duración de la existencia de la banda. De hecho, el primero se fue durante la creación de su segundo álbum "Dumb Waiters" (cortado justo después de que la vorágine del punk se calmara en 1980, ya que apareció una apertura para el synth pop verde, algo que les quedó a los Korgis como un guante), lo que significa que Warren tuvo que volver a grabar todas las pistas vocales. Un album jugueton, hermoso y a la vez desechable, totalmente pasada de moda pero de alguna manera capturando el momento . Davies se había reincorporado a la banda en el momento de su canto del cisne "Sticky George", pero a pesar de estar lleno de buenas melodías como la canción principal y el extraño toque clásico, su momento había pasado. El álbum tuvo una recepción decepcionante y los Korgis se separaron en 1982, aunque han revivido el nombre algunas veces desde entonces, la más reciente en 2015.
¿Alguna vez escuchaste una canción por primera vez y supiste al instante que te encantaría para siempre? Bueno, así me sentí la primera vez que escuché "Everybody's Got To Learn Sometime", una canción sencilla que, al parecer, el cantante y compositor James Warren solo tardó entre 10 y 15 minutos en escribir. Al escuchar Everybody's Got To Learn Sometime ahora, queda claro que la "New Wave" de Korgis era prácticamente todo fachada: habían eliminado los solos y la improvisación, pero seguían inmersos en miniobras maestras de 3 minutos al estilo de los Beatles, y su modus operandi no dista mucho de la producción de 10CC en aquel momento. El prototipo solo había sido modificado en realidad, canciones muy inteligentes, a menudo ingeniosas, pero siempre bien escritas y pegadizas, en las que se ha trabajado mucho en el estudio (aquí es donde se desviaron del modelo Stackridge; no parecieron prosperar en el entorno en vivo como sus precursores).
Los Korgis no rompieron barreras, no eran jóvenes gamberros apasionados con la intención de conquistar el mundo de la música, y se subieron al carro de la nueva ola, donde no tenían la cualificación necesaria. Pero, por el lado positivo, crearon música pop exuberante y de alta calidad, y siempre habrá un lugar para eso.
lunes, 23 de febrero de 2026
1880.- Cabalgando - Lole y Manuel
![]() |
| Cabalgando, Lole y Manuel |
En 1980 el dúo Lole y Manuel había publicado Al alba con alegría, y ya por entonces habían consolidado su espacio propio dentro del flamenco contemporáneo. Desde mediados de los setenta, el dúo sevillano había abierto una senda inédita: un flamenco íntimo, poético y espiritual, alejado de los códigos más rígidos del género pero profundamente respetuoso con su esencia. Tras tres discos que marcaron un antes y un después (El origen de una leyenda (1975), Pasaje del agua (1976) y Lole y Manuel (1977)), su cuarto álbum llegó en un momento de efervescencia creativa en la música española, cuando la transición cultural impulsaba nuevas mezclas, nuevas libertades y nuevas formas de mirar la tradición. En ese contexto, Al alba con alegría supuso un paso adelante en la búsqueda sonora del dúo. La colaboración con Imán, Califato Independiente, una de las bandas más representativas del rock andaluz, aportó una dimensión instrumental más amplia, sin que ello implicara renunciar al carácter íntimo que definía su música. La producción del disco se movió en un equilibrio delicado pues abrió el flamenco a paisajes sonoros más expansivos, pero sin perder la respiración lenta, la luz tenue y la espiritualidad que siempre habían acompañado a Lole y Manuel. La grabación se convirtió en un ejercicio de sutileza.
En este marco aparece Cabalgando, una de las que mejor encarna la estética madura del dúo. La canción establece un ritmo suave y constante simula el trote de un caballo, una imagen que la música sugiere incluso antes de que la letra la confirme. La guitarra de Manuel Molina, fiel a su estilo depurado, construye una base sonora basada en acordes abiertos y arpegios que parecen avanzar y detenerse con la naturalidad de un pensamiento que se despliega, y su manera de tocar, siempre atenta al silencio, convierte cada pausa en un elemento expresivo. Sobre esa base, la voz de Lole Montoya emerge con una mezcla de dulzura, claridad y determinación. Su interpretación dota a la canción de un carácter contemplativo, casi ritual, que transforma el acto de “cabalgar” en una metáfora de búsqueda interior, con imágenes de naturaleza, caminos que se abren, luz que guía y símbolos que sugieren más de lo que explican. Lole y Manuel nunca escribieron desde la literalidad; su flamenco era un espacio de ensoñación, y Cabalgando es un ejemplo perfecto de esa mirada que convierte lo cotidiano en trascendencia.
La canción tiene un equilibrio perfecto entre sencillez y profundidad. No hay ornamentos innecesarios, puues cada elemento está colocado con intención. La guitarra guía el movimiento, la voz ilumina el paisaje emocional y los pequeños detalles instrumentales añaden un leve halo progresivo que amplía el horizonte sin romper la intimidad del tema. Y todo nos da como resultado una pieza que avanza sin prisa, como un viaje interior que se despliega a su propio ritmo.
domingo, 22 de febrero de 2026
1879.- I Wanna Destroy You - Soft Boys
![]() |
| I Wanna Desroy You, Soft Boys |
The Soft Boys no son una banda que el gran público tenga en la punta de la lengua. Surgidos en Cambridge en 1976, en plena ebullición del punk británico, el grupo liderado por Robyn Hitchcock decidió nadar a contracorriente desde el primer día. Mientras el Reino Unido se llenaba de guitarras sucias y consignas nihilistas, ellos recuperaban la psicodelia de los sesenta, el jangle pop más luminoso y un sentido del humor surrealista que parecía heredado de Syd Barrett. No encajaban en ninguna escena, y quizá por eso terminaron influyendo a tantas bandas posteriores: R.E.M., The Replacements o incluso The Stone Roses han reconocido su deuda con ellos. La formación clásica (Hitchcock, Kimberley Rew, Matthew Seligman y Morris Windsor) funcionaba como un pequeño ecosistema creativo. Hitchcock aportaba la excentricidad lírica y la visión artística; Rew, un contrapunto guitarrístico brillante; y Seligman y Windsor, una base rítmica sólida que mantenía los pies en la tierra cuando las canciones amenazaban con despegar hacia territorios psicodélicos. Esa combinación cristalizó en Underwater Moonlight (1980), un disco que hoy es un clásico de culto, pero que en su momento pasó casi inadvertido.
La grabación del álbum fue un ejercicio de supervivencia artística. Entre 1979 y 1980, el grupo saltó de un estudio a otro con presupuestos mínimos y un calendario que se deshacía a cada paso. Hitchcock ha contado en entrevistas que muchas tomas se registraron “a la primera” porque no había dinero para repetirlas. Esa precariedad, lejos de ser un lastre, terminó definiendo el sonido del disco: guitarras afiladas, voces ligeramente saturadas y una electricidad latente que parece recorrer cada pista. Underwater Moonlight suena como una bomba a punto de explotar, y ahí reside buena parte de su encanto.
En ese contexto irrumpe I Wanna Destroy You, el tema que abre el álbum y que es toda una declaración de intenciones. La canción tiene un toque casi pop, pero cargada de una tensión que la sitúa entre el punk y la psicodelia. Las guitarras de Hitchcock y Rew se entrelazan perfectamente mientras la base rítmica mantiene un ritmo casi militar. Musicalmente, la canción es un híbrido perfecto, pues la inmediatez del punk, la melodía cristalina de The Byrds y un toque de locura psicodélica que la hace inconfundible. Es ese tipo de mezcla la que llevó a muchos críticos a considerarlos pioneros del jangle pop y la neo‑psicodelia. La letra, sin embargo, es lo que termina de convertir la canción en algo especial. Hitchcock dispara contra la manipulación mediática, la violencia social y la facilidad con la que la opinión pública se deja arrastrar por discursos prefabricados. Hay una anécdota que ilustra bien el espíritu del tema. Según contó Hitchcock, la escribió tras ver un informativo especialmente sensacionalista. La frase “I wanna destroy you” no era una amenaza literal, sino una forma de canalizar la frustración hacia un sistema que alimentaba el conflicto para mantener a la audiencia enganchada. El contraste entre la dulzura melódica y la rabia del mensaje fue deliberado: Hitchcock quería que la canción sonara como un himno pop… hasta que prestabas atención a la letra.
Publicada también como single en 1980 por Armageddon Records, la canción se convirtió con el tiempo en una pieza de culto, codiciada por coleccionistas y versionada por músicos de distintas generaciones. Hoy, I Wanna Destroy You es probablemente la puerta de entrada más poderosa al universo de The Soft Boys: un grito disfrazado de pop, un ataque envuelto en armonías brillantes y un recordatorio de que, aunque nunca fueron una banda de masas, dejaron una huella profunda en quienes supieron escucharlos.
sábado, 21 de febrero de 2026
1878.- Xanadu - Olivia Newton - John
viernes, 20 de febrero de 2026
Disco de la semana 470.- Brownout Presents Brown sabbath - Brownout
![]() |
| Brownout Presenta Brown sabbath |
En la historia reciente de la música alternativa hay proyectos que nacen casi por accidente y terminan adquiriendo una identidad propia, Brownout es uno de ellos. Para entender cómo un grupo de músicos latinos de Austin, Texas, acabó reinventando el legado de Black Sabbath desde el funk psicodélico, hay que retroceder a los primeros años de Grupo Fantasma, la banda madre de la que Brownout surgió como un desprendimiento natural.
A principios de los 2000, Grupo Fantasma ya era un colectivo vibrante, multicultural y ambicioso. Su mezcla de cumbia, salsa, funk y rock les había ganado un lugar en la escena texana y, más tarde serían premiados con un premio Grammy. Pero dentro de esa maquinaria musical había músicos que querían explorar territorios más crudos, eléctricos y expansivos. Así nació Brownout, inicialmente como un proyecto paralelo, casi un experimento; un espacio donde podían dejar a un lado la estructura más tradicional de Grupo Fantasma y sumergirse en el deep funk, el latin rock, el afrobeat y la psicodelia.
Brownout se formó como un grupo de musicos poderoso: guitarras afiladas, una sección de metales exuberante, percusión latina omnipresente y un bajo que funcionaba como columna vertebral. Desde el principio, su sonido se movió entre la tradición latina y la contracultura estadounidense, uniendo mundos que, en manos menos hábiles, podrían haber chocado. Si algo define al grupo es su capacidad para absorber influencias sin perder identidad. En sus primeros trabajos ya se percibía la huella de Santana, Earth, Wind & Fire, el rock psicodélico de los 70 y, sobre todo, el universo expansivo de George Clinton y sus Funkadelic. El famoso movimieno y sonido P-Funk no era solo una referencia estética, era una filosofía. Y ese caos controlado, ese groove infinito, esa libertad para deformar la realidad sonora Brownout lo adoptó como un lenguaje propio. En discos como Homenaje (2008) y Aguilas and Cobras (2009), el grupo ya mostraba una mezcla de riffs hipnóticos, metales incendiarios y ritmos afro-latinos que parecían diseñados para un ritual colectivo. Era cuestión de tiempo que esa libertad creativa los empujara hacia un proyecto más arriesgado.
En 2014, Brownout anunció un proyecto que, sobre el papel, parecía una provocación: reinterpretar los clásicos de Black Sabbath en clave de funk latino y psicodelia. El álbum, publicado por Ubiquity Records bajo el título Brownout Presents Brown Sabbath, se convirtió en un fenómeno inesperado. La propia banda lo describió como un “hit nacional sorpresa”, y no exageraban: el disco conectó con públicos que jamás habrían coincidido en un mismo concierto. La idea de versionar a Black Sabbath surgió casi como un juego interno, una pregunta lanzada al aire: ¿Qué pasaría si los riffs de Iommi se trasladaran a un universo de metales ardientes, percusión latina y grooves bailables?. La respuesta fue este brillante álbum.
Lo primero que hay que entender es que Brown Sabbath no es un disco de versiones al uso o como tal, no es un homenaje complaciente ni un ejercicio de nostalgia. Es una relectura profunda, una traducción cultural y musical que respeta la esencia del original pero la reimagina desde otro prisma. Si en Black Sabbath el riff es el rey, en Brownout la corona pasa a la sección de metales. Trompeta, trombón y saxofón se convierten en protagonistas absolutos, reinterpretando melodías icónicas con una mezcla de reverencia y descaro. En The Wizard, por ejemplo, la armónica original se transforma en un diálogo de metales que mantiene la mística pero la vuelve casi cinematográfica. La percusión (congas, timbales, bongós) es el motor, y se nota en canciones como N.I.B. o Hand of Doom, donde adquieren un toque casi tribal que las acerca al afrobeat y al funk setentero. Lo que en el grupo de Iommi era densidad, en el grupo texano es movimiento.
Las guitarras apuestan por la psicodelia en lugar de saturación, pues Beto Martínez y Adrian Quesada no intentan replicar el sonido de Iommi. Sería absurdo. En su lugar, lo reinterpretan desde la psicodelia y el funk, con wah-wah, fuzz suave y riffs más abiertos. Aunque Brownout es principalmente instrumental, para este proyecto contaron con vocalistas invitados como Alex Marrero, cuya voz aporta textura y un un toque denso y psicodélico que encaja sorprendentemente bien con la propuesta. La producción del álbum es uno de sus grandes aciertos. A diferencia del sonido oscuro y comprimido de los primeros discos de Sabbath, En Brown Sabbath se apuesta por una mezcla abierta, cálida y detallada donde los metales suenan brillantes, la percusión tiene presencia sin saturar y el bajo sostiene el groove con una solidez impecable. El equilibrio entre homenaje y reinterpretación es magistral. Brownout no pretende ni imitar ni mejorar sin más a Sabbath,traduce su sonido a su propio idioma musical.
La recepción crítica fue tan inesperada como positiva. Publicaciones especializadas destacaron la valentía del proyecto y su sorprendente coherencia. Una reseña señalaba que el disco “se ciñe a los originales pero llevándoselos a su terreno”, convirtiendo canciones pesadas y sombrías en piezas cálidas y bailables, Otra lo describía como un “pastiche blues funk rock psicodélico” que revela capas ocultas en las composiciones de Sabbath. Lo más interesante es que el álbum no solo conquistó a fans del funk, sino también a seguidores de Sabbath que encontraron en estas reinterpretaciones una nueva forma de escuchar canciones que creían conocer de memoria.
La clave del éxito de Brown Sabbath está en entender que el metal y el funk, aunque parezcan opuestos, comparten algo esencial: el poder del riff y la repetición hipnótica. Sabbath construía muros de sonido y Brownout construye paisajes rítmicos, y a pesar de todo confluyen en un mismo conecpto o idea: la obsesión por el groove. Al reinterpretar a Sabbath desde el funk, los texanos nos descubren como canciones que parecían monolíticas se vuelven fluidas, bailables e incluso sensuales. Este álbum, además de ser un homenaje respetuoso, una reinterpretación creativa y una celebración del poder del groove, es también un recordatorio de que la música es un territorio sin fronteras, donde el metal puede bailar con el funk y la psicodelia puede abrazar la oscuridad.
1877.- El hombre del piano - Ana Belen
1980 fue un año de absoluta plenitud para Ana Belén, en ese momento, no solo era una de las artistas más queridas de España, sino que estaba logrando algo muy difícil: equilibrar una carrera musical de éxito masivo con un prestigio actoral impecable y un fuerte compromiso político en plena Transición. Todo arracanca el año anterior cuando a finales del mismo lanzó el álbum titulado simplemente Ana, el cual dominó las listas de éxitos durante gran parte de 1980. Este disco marcó su consolidación como la "musa" de la elegancia pop en España, "Agapimú" (una adaptación de un tema griego) sonaba en todas las radios. Se convirtió en un fenómeno cultural que definió su estilo: voz dulce pero potente, estética cuidada y un carisma sofisticado. Ademas su relación personal y profesional con Víctor Manuel estaba en su punto álgido de influencia. Juntos personificaban la modernidad democrática de España, mientras Ana triunfaba con el pop, Víctor Manuel venía de arrasar con Soy un corazón tendido al sol, eran la cara visible de una generación que unía la "canción de autor" con una producción musical mucho más internacional y brillante. Y no podemos olvidar el cine, se estrenó la película "Cuentos eróticos", donde participó en uno de los episodios. Venía de rodar títulos importantes y ya era considerada una de las actrices más fotogénicas y capaces del cine español.
Ese año publica Con las manos llenas, un trabajo pulido al detalle. En este momento, Ana ya no es solo "la actriz que canta", sino una intérprete con un control vocal asombroso. El disco fue producido por Danilo Vaona, un productor clave para entender el sonido del pop español de los 80, aportando un aire europeo, orquestal y muy elegante. Dentro de ese álbum encontramos El hombre del piano, la pieza que terminó de consagrar a Ana Belén como una intérprete dramática de primer orden. Se trata de una magistral adaptación al castellano, realizada por Víctor Manuel, del clásico "Piano Man" de Billy Joel. A diferencia de la versión original, que tiene un aire más cercano al folk-rock americano y al saloon, la versión de Ana Belén eleva la sofisticación melódica, sin duda conserva el icónico riff de armónica, pero este adquiere un tinte más melancólico y europeo, funcionando como el hilo conductor que une las penas de los personajes, pero en la Interpretación, Ana Belén abandona el tono de "cronista de bar" de Joel para adoptar una voz empática y casi maternal. Su capacidad para pasar del susurro contenido en las estrofas a la potencia vocal del estribillo dota a la canción de una dinámica emocional arrolladora.
Otro punto fuerte es la letra, la adaptación de Víctor Manuel es brillante porque no traduce, sino que recontextualiza, presenta una galería de derrotados, presenta un retablo de personajes rotos, la letra explora la soledad compartida en la gran ciudad, donde la música es el único bálsamo capaz de hacer que los personajes "se olviden de su soledad por un momento". Esta versión convirtió un éxito de pop-rock en una balada existencialista que definió la educación sentimental de la España de los 80, consolidándose como el himno definitivo sobre la melancolía urbana.
jueves, 19 de febrero de 2026
1876.- Could you be loved - Bob Marley and the Wailers

Escrita en 1979 durante un viaje en avioneta, mientras Bob Marley and The Wailers mataban el tiempo improvisando con sus guitarras, "Could You Be Loved" tiene el ritmo característico del reggae pero también un marcado y animado toque disco que la convierte en una de las canciones más pegadizas de la mítica banda jamaicana.
miércoles, 18 de febrero de 2026
1875.- Aire - Pedro Marín
Pedro Marín saltó a la fama a finales de los años setenta como cantante melódico. Alcanza gran popularidad con los temas Aire y Que no, sus canciones destinadas a un público juvenil, fueron el primer pop en castellano que se bailó en las discotecas españolas y lo convirtieron en el más típico producto del fenómeno fans. Con un éxito de ventas superior a 2 millones de discos en menos de tres años, fue número uno en España, Francia, Alemania, Portugal, México, Argentina, Colombia, Perú y otros países latinoamericanos. Hasta 1986, año en el que decidió retirarse, grabó tres LP’s, Pedro Marín, Rebelde, Grandes éxitos y Secretos, y sus canciones fueron las primeras consideradas como Synthpop en castellano que se bailaron en las discotecas españolas y se le puede considerar como el primer cantante hispano que utiliza sintetizadores y cajas de ritmos (pionero de la electrónica), él educó el oído del público general hacia los sintetizadores, preparando el terreno para que grupos como Mecano o Alaska y los Pegamoides encontraran una audiencia masiva poco después. El joven artista, sin experiencia previa en el mundo de la música, se creó una legión de seguidores que le acompañaban en sus conciertos y que incluso intentaban colarse en los hoteles en los que se hospedaba para conocerle en persona. Muchas de ellas también empapelarían sus habitaciones con sus posters. En aquella época para triunfar en el mundo de la música había que aparecer en las portadas de las revistas de moda y él se convirtió en un fijo de la Superpop, junto a otros ídolos del momento como Miguel Bosé. Con su pelo cardado, maquillaje sutil y ropa de diseño, rompió con la imagen del macho ibérico. Fue el equivalente español a lo que David Bowie o el New Romantic estaban haciendo fuera.
En 1980 publica el álbum, titulado simplemente "Pedro Marín", no solo fue un éxito de ventas, sino que definió la estética del "tecnopop-galán" antes de que la Movida Madrileña terminara de explotar, bajo el sello Hispavox, se alejó de la balada clásica italiana para abrazar un sonido sintético, moderno y europeo. Logró múltiples discos de platino, una hazaña enorme para un debutante en un género tan "nuevo" como el tecno-pop. El álbum fue un éxito rotundo en México, Argentina y Chile, abriendo el camino para que otros artistas de la "avanzada española" fueran tomados en serio en el continente americano años después. El gran éxito de ese álbum fue Aire, no sonaba a nada de lo que se hacía en España en ese momento, su éxito se debió a una producción milimétrica, un gancho electrónico con la introducción de sintetizadores espaciales y esa línea de bajo sintético tan marcada era puro euro-disco, el productor italiano Danilo Vaona que aplicó la fórmula del éxito europeo: menos guitarras, más secuenciadores y una voz con efectos de eco que le daban un aire etéreo y futurista y la repetición de la palabra "Aire" en el estribillo funcionaba como un mantra difícil de sacar de la cabeza. Ademas la letra hablaba de libertad, de sensaciones y de una búsqueda de identidad que conectó perfectamente con la juventud de la Transición española. Se dice que el éxito de "Aire" fue tan fulminante que Pedro Marín no podía salir a la calle sin escolta, algo que en la España de 1980 solo les pasaba a figuras como Camilo Sesto o Julio Iglesias, pero con un público mucho más joven y frenético.
martes, 17 de febrero de 2026
1874.- Redemption Song - Bob Marley and The Wailers
![]() |
| Redemption Song Bob marley & The Wailers |
En 1980 Bob Marley & The Wailers ya no eran simplemente una banda de reggae, se habían convertido en todo un fenómeno cultural global. En junio de ese año publican bajo el sello discográfico Island Records Uprising, disco producido por Chris Blackwel. Este trabajo llegó en un momento en el que Marley estaba redefiniendo su sonido y, sin saberlo, escribiendo el capítulo final de su carrera. Grabado entre los Tuff Gong Studios de Kingston, Jamaica y los Compass Point de Bahamas, Uprising tiene esa mezcla tan característica entre la crudeza jamaicana y la sofisticación internacional que Blackwell había perfeccionado durante la década. Sin embargo, esta vez había algo distinto, tenía un tono más introspectivo, más espiritual... casi premonitorio. La maquinaria de los Wailers seguía funcionando como un reloj, Aston “Family Man” Barrett al bajo y Carlton Barrett a la batería sostenían el pulso rítmico con una gran solidez, los teclados de Tyrone Downie y Earl Lindo le daban a las canciones un tono cálido, y mientras, las I-Threes aportaban ese toque celestial que convertía cada estribillo en un pequeño ritual. Sin embargo, bajo esa superficie pulida se percibía un cambio de energía. Marley, debilitado por el cáncer que llevaba años combatiendo, parecía mirar hacia dentro. Quizás el artista nos estaba revelando que ya no solo cantaba para el mundo, sino también para sí mismo.
Y entonces llega Redemption Song, la última pista del álbum, y un punto de inflexión absoluto. En un disco lleno de arreglos cuidados, la decisión de cerrar con una pieza acústica, desnuda, sin banda, fue casi un acto de valentía. Según cuentan varias biografías, Marley compuso la canción en la intimidad de su habitación, con una guitarra que Rita Marley le había regalado. Chris Blackwell, al escuchar la demo, insistió en mantener esa fragilidad intacta. Existe una versión con banda completa, grabada en las mismas sesiones, pero quedó relegada a rareza porque, sencillamente, no podía competir con la fuerza emocional de Marley solo ante el micrófono. Musicalmente, la canción se aleja del reggae y se acerca al folk más puro. Su estructura es sencilla, casi minimalista, pero esa simplicidad es precisamente lo que permite que la voz de Marley (rota, cálida, urgente) ocupe todo el espacio. La letra, una de las más citadas de su repertorio, bebe directamente del pensamiento de Marcus Garvey. La frase “Emancipate yourselves from mental slavery; none but ourselves can free our minds” (Emancipaos de la esclavitud mental; nadie más que nosotros puede liberar nuestras mentes) se ha convertido en un mantra universal, pero en la voz de Marley adquiere una dimensión casi profética. No es solo un mensaje político, es una invitación a la introspección, a la liberación interior. La canción tiene algo de despedida. No es casual que muchos biógrafos la interpreten como el testamento artístico de Marley. Hay versos que parecen escritos desde la conciencia plena de la mortalidad, pero lejos de caer en el lamento, la canción irradia luz. Es un canto a la resistencia, a la dignidad, a la capacidad humana de levantarse incluso cuando todo parece perdido.
Una anécdota que suele mencionarse durante las sesiones de grabación es que Marley tocaba la canción una y otra vez, casi como si necesitara purificarla. Algunos miembros de la banda recuerdan que la toma definitiva fue prácticamente espontánea, y que al terminar, el silencio en el estudio era tan denso que nadie se atrevió a hablar. Sabían que habían presenciado algo irrepetible. El impacto de Redemption Song ha trascendido cualquier etiqueta. Ha sido adoptada por movimientos sociales, versionada por artistas de todos los géneros y utilizada como himno en contextos de lucha y esperanza. Es, probablemente, la canción que mejor cristaliza la esencia de Marley, un artista que entendía la música como herramienta de conciencia, de unión y de transformación.
lunes, 16 de febrero de 2026
1873.- Como yo te amo - Raphael
Raphael es el nombre artístico de Miguel Rafael Martos Sánchez, un reconocido cantante y actor español nacido el 5 de mayo de 1943 en Linares, Jaén. Es una figura icónica en la música en español y ha destacado en géneros como la balada. Aunque cuenta con una gran cantidad de éxitos, una de sus canciones más recordadas es ‘Como yo te amo’. Te contamos lo que expresa la letra de este tema. Para Raphael, 1980 no fue un año cualquiera; fue el inicio de una "segunda edad de oro". Tras una etapa de transición en los años 70 donde la música disco y los nuevos ritmos amenazaban con desplazar a los baladistas clásicos, Raphael logró reinventarse y reafirmar su estatus de leyenda viva. Es posiblemente el año más recordado de su carrera por un dato astronómico: en 1980 (aunque algunas fuentes citan la entrega oficial en 1982), su discográfica Hispavox le otorgó el Disco de Uranio, este premio se creó específicamente para él por haber superado los 50 millones de discos vendidos. Mientras otros artistas de su generación empezaban a retirarse o a repetir fórmulas, Raphael en 1980 se volvió más histriónico y teatral que nunca, fue el año en que "el mito" devoró al cantante: sus gestos, sus pausas dramáticas y su forma de adueñarse del escenario se convirtieron en su marca registrada imbatible.
1980 tambien fue el año que lanzó el álbum "Y sigo mi camino", una pieza fundamental en la discografía de Raphael, ya que marcó su regreso triunfal a la colaboración con el compositor Manuel Alejandro. Este disco consolidó su estatus en una década donde la música melódica española se enfrentaba a nuevos ritmos, demostrando que su estilo teatral seguía más vigente que nunca. Tras algunos años explorando otros estilos y compositores, Raphael volvió a trabajar con el "escribidor" de sus mayores éxitos. Manuel Alejandro compuso y produjo este álbum, logrando capturar de nuevo esa intensidad dramática que solo Raphael sabía interpretar, y como no allí encontramos Como yo te amo compuesta inicialmente para la cantante española Rocío Jurado. Sin embargo, fue la versión de Raphael, la primera en lanzarse en el mercado hispanoamericano, español y norteamericano, una canción que celebra la belleza y la profundidad del amor verdadero. La letra transmite un mensaje de amor incondicional, inigualable y que perdura a través del tiempo, pero lo que hace especial a esta pieza es su construcción narrativa, la letra no solo habla de amor, sino de una superioridad emocional casi religiosa ("yo te amo con la fuerza de los mares"). Para Raphael, este tema fue el vehículo perfecto para desplegar su teatralidad característica: esos silencios tensos, los gestos grandilocuentes y una interpretación que roza lo épico, este tema sirvió para que Raphael le recordara al mundo que, frente a la modernidad de la "Movida", el romanticismo más puro aún podía llenar estadios. Es la canción que mejor define su capacidad de convertir una balada en un evento dramático inolvidable.
domingo, 15 de febrero de 2026
1872.- Biko - Peter Gabriel

Inspirada en la trágica muerte del activista anti-apartheid Steve Biko mientras estaba bajo custodia policial el 12 de septiembre de 1977 en Port Elizabeth, la canción "Biko" compuesta por Peter Gabriel para su disco "Peter Gabriel" (1980) se convirtió en un himno anti-apartheid y en una de las canciones protesta más icónicas de los años ochenta. "Biko" fue publicada inicialmente como single promocional de aquel disco (alcanzando el puesto 38 de las listas de ventas británicas), pero su influencia y su legado van mucho más allá de lo que se podría esperar de una canción de rock.
sábado, 14 de febrero de 2026
1871.- Fool For Your Loving - Whitesnake
![]() |
| Fool For Your Loving, Whitesnake |
En 1980 Whitesnake publica Ready An' Willing. Este álbum es e tercer disco de estudio de la banda de Coverdale. Un disco que continuaba con el éxito pogresivo de la banda en Reino Unido y Europa. El disco contiene uno de los temas más importantes en la historia de la banda, Fool For Your Loving, primer sencillo del grupo, y con el que consiguieron un gran éxito en Reino Unido y buenas cifras también en Estados Unidos. Este fue el primer disco de la banda en conseguir entrar en la lista estadounidense Billboard 200, y en conseguir también el Disco de Oro en Reino Unido. Dentro del vasto catálogo de Whitesnake, pocas canciones condensan tan bien la esencia cambiante de la banda como esta canción. Publicada originalmente en 1980 en Ready an’ Willing, la pieza se sitúa en un momento crucial, la etapa en la que el grupo de David Coverdale dejaba atrás el rock británico de raíces blues para adentrarse, casi sin darse cuenta, en un terreno más musculoso y orientado al hard rock que dominaría la década siguiente. El resultado fue un tema que a día de hoy sigue sonando tan honesto como poderoso.
Musicalmente, la canción es un puente entre dos mundos, pues tiene ese ADN blusero que tan bie sabía explotar el grupo. Ssegún ha contado la propia banda en entrevistas, la composición nació con la intención de ofrecérsela a B.B. King, lo que explica su estructura clásica, su fraseo vocal cálido y ese riff que respira pentatónicas con naturalidad. Micky Moody y Bernie Marsden construyen unas líneas de guitarra que sostienen un groove firme, elegante, casi sensual. La producción de Martin Birch, un nombre clave en la historia del rock británico, es esencial, pues eleva el tema a la categoría de excelso, y la presencia de Ian Paice a la batería aporta un swing inconfundible, más cercano al rock setentero que al metal que dominaría la MTV años después.
La letra es directa, inmediatamente golpea y deja huella con fuerza. La canción nació en un momento personal turbulento para Coverdale: la ruptura de su primer matrimonio. Él mismo ha reconocido que tanto esta canción como Don’t Break My Heart Again surgieron de ese proceso emocional, de una relación que se había desgastado hasta el límite. La letra no se recrea en el victimismo; al contrario, es un ejercicio de claridad emocional. El narrador admite haber sido “tonto por tu amor”, alguien que ha dado más de lo que recibía, pero lo hace desde un lugar de lucidez, casi de renacimiento. Es una canción sobre el desengaño, sí, pero también sobre la recuperación del propio valor. Esa mezcla de vulnerabilidad y determinación es uno de los sellos más reconocibles de Coverdale como letrista. La interpretación vocal refuerza esa dualidad. Coverdale canta con un equilibrio perfecto entre fuerza y calidez, sin caer en la grandilocuencia que caracterizaría su estilo en la segunda mitad de los 80. Aquí su voz suena terrenal, humana, cargada de matices soul heredados de sus años en Deep Purple.
La historia de la canción, sin embargo, no termina en 1980. Nueve años después, Whitesnake decidió regrabarla para Slip of the Tongue, en plena era del glam metal. El contraste entre ambas versiones es casi un estudio de caso sobre cómo cambia una banda (y un género) con el tiempo. La regrabación de 1989 es más rápida y más contundente, y Steve Vai, que entró en el proyecto sustituyendo a Adrian Vandenberg por lesión, transformó el tema con su virtuosismo característico. La producción es más pulida y la voz de Coverdale tiene un tono más agresivo, acorde con la estética del momento.
viernes, 13 de febrero de 2026
1870 - Games Without Frontiers - Peter Gabriel
Hay canciones que no se presentan: se insinúan. Games Without Frontiers comienza como un murmullo electrónico, casi frío, como si alguien estuviera encendiendo una maquinaria invisible. No hay épica inmediata ni explosión rockera. Hay tensión. Hay cálculo. Y en ese clima contenido, Peter Gabriel despliega una de las sátiras más elegantes y perturbadoras del pop de comienzos de los años 80.
Publicada en 1980 dentro de su tercer álbum solista —ese disco sin título que muchos identifican como Melt por la portada—, la canción toma como punto de partida un programa televisivo europeo donde distintos países competían en juegos extravagantes. Pero Peter Gabriel no se queda en la anécdota televisiva. Transforma esa idea en una metáfora incómoda: las naciones comportándose como niños en el patio del colegio, midiendo fuerzas, burlándose del rival, compitiendo por orgullo más que por necesidad.
El pulso del bajo es insistente, casi obsesivo, marcando una línea que no se relaja. Sobre esa base, los sintetizadores construyen una atmósfera densa, ligeramente inquietante. Nada suena casual. Todo parece diseñado para generar esa sensación de juego que, en realidad, esconde algo más oscuro. Y entonces aparece ese susurro hipnótico: “Jeux sans frontières”. La voz de Kate Bush, etérea y distante, funciona como un eco que atraviesa la canción y la convierte en algo más que un simple tema pop. Es un recordatorio constante de que el juego no tiene límites… ni fronteras.
La letra es fragmentaria, casi críptica. Peter Gabriel menciona nombres infantiles, escenas de competencia, imágenes que remiten tanto a la inocencia como a la humillación. No hay una historia lineal; hay cuadros sucesivos, como flashes de un conflicto que se disfraza de entretenimiento. En plena Guerra Fría, el mensaje resultaba evidente: los líderes mundiales moviendo piezas en un tablero global mientras el resto observa como si fuera espectáculo.
Lo más inquietante es que Peter Gabriel no adopta un tono grandilocuente. No denuncia con furia; describe con ironía. Esa distancia hace que la crítica sea más punzante. Porque cuando escuchamos la canción hoy, más de cuatro décadas después, la metáfora sigue funcionando. Las rivalidades internacionales, la competencia permanente, la necesidad de ganar aunque el costo sea alto… todo parece seguir siendo parte del mismo juego.
Games Without Frontiers marcó un momento clave en la Peter Gabriel. Confirmó que su etapa solista no sería una extensión de Genesis, sino un laboratorio artístico donde el pop podía convivir con la experimentación y el comentario político. Es una canción sofisticada, incómoda y profundamente vigente.
Al final, el estribillo se queda flotando como una advertencia. Juegos sin fronteras. O quizás, fronteras convertidas en un juego que todavía no sabemos —o no queremos— terminar.
Daniel (Instagram Storyboy)
Disco de la semana 469: Dr. Hook - Dr. Hook & The Medicine Show

Dr. Hook (1972) es el primer álbum de la banda Dr. Hook & The Medicine Show, un disco que rebosa personalidad y aires de lírica bohemia, de la mano del poeta Shel Silverstein, que firma buena parte de las canciones del álbum, y de una banda que debutaba a lo grande con una interesante mezcla de rock sureño, country rock relajado y delicadas baladas sentimentales. Juntos, componían una especie de "troupe bohemia" que en el disco suena a bares, carreteras secundarias y apartamentos llenos de humo y botellas vacías, en los que lamentarse de un modo casi teatral por los traspiés amorosos y los desengaños, como en "Sylvia's Mother", el genial tema que abre el disco en forma de teatral balada dramática, narrando la desesperación de un hombre que intenta hablar por teléfono con su exnovia antes de que ella se marche para siempre, y se topa con la rotunda negativa de la madre de ésta, que no le deja despedirse ni intentar convencerla de que no le deje. La dramatización es tan intensa que la voz de Dennis Locorriere se quiebra, suplica, se eleva y se hunde, transmitiendo vulnerabilidad y desesperación. La banda está perfecta en este primer tema, y los arreglos de cuerda intensifican aún más el crescendo emocional de un auténtico himno de la banda.
jueves, 12 de febrero de 2026
1869.- Covenant Woman - Bob Dylan
De todos los álbumes de estudio de Dylan, Saved es el único que se ha reeditado con una portada diferente. Ni siquiera el horror desmesurado de Empire Burlesque ha cambiado. Pero Saved … bueno, es un álbum gospel a toda máquina, sin complejos. Siguiendo esta tradición, se lanzó con una cursi obra de arte cristiano en la portada. Es una escena de muchas manos, y una en particular, extendiéndose. Su dibujo es torpe: a partes iguales, el techo de la Capilla Sixtina y el premio de arte comunitario del Grupo Juvenil Bautista.De mal gusto, pero apropiado. Ya no encontrarás Saved con esta portada. Se ha cambiado por un boceto al pastel de Dylan en el escenario, de estilo cubista. Técnicamente es más logrado que la imagen de las manos, pero resulta insípido y poco convincente.
Haré con ellos un pacto eterno: jamás dejaré de hacerles bien. Pondré en sus corazones el deseo de adorarme, y jamás me abandonarán. (Jeremías 32:40)
El pacto es un vínculo, una promesa, un vínculo de una importancia trascendental. En el contexto de esta canción, un pacto entre un hombre y una mujer es un vínculo entre una pareja que no solo se ama, sino que también comparte la creencia de que existe un Dios y que la Biblia representa sus enseñanzas. Así que es un triángulo: el hombre, la mujer y la enseñanza de Cristo. Hay (al menos para mí) un vínculo real entre Covenant Woman y Precious Angel, las dos profundas canciones de amor de la época. Ambas se interpretaron por primera vez el 1 de noviembre de 1979. Precious Angel tuvo 73 interpretaciones y duró hasta el 12 de noviembre de 1980. Covenant Woman tuvo 87 interpretaciones, lo que llevó la canción hasta el 11 de junio de 1981, por otro lado, Caribbean Wind (escrita en 1980) tuvo su única presentación en vivo el 12 de noviembre de 1980, el día en que nos despedimos de Precious Angel. Fue como si esta profunda historia de amor, basada no sólo en el amor por la mujer sino también en las creencias religiosas compartidas de ambos participantes en la relación, hubiera mutado en algo más, algo que se expresa en estas nuevas canciones.
Por supuesto, otros críticos han descentreñado esta canción, y su significado me ha parecido complejo y difícil de comprender. Algunos sugieren que es un homenaje a María, la madre de Jesús, otros sugieren que trata sobre la alianza que representa el matrimonio entre un hombre y una mujer, en otra parte se sugiere que la identidad de la Mujer del Pacto es una mujer llamada Ena (como en covENAant), en lo que no me voy a extender. Aunque la explicación más probable es que la mujer en cuestión fue la que presentó a Dylan a la Comunidad de la Viña: Mary Alice Artes. Claro que todo es posible, pero al final, la repentina aparición, entre tantas canciones cristianas de 1980, de Caribbean Wind y Groom’s still waiting at the altar sugiere algo más parecido a una historia de amor que se suponía que sería la historia de amor definitiva, que salió mal. Me pregunto si Dylan también revisó esta situación por última vez con You changed my life, la canción con el final tan extraño.
miércoles, 11 de febrero de 2026
1868.- I'm Coming Out - Diana Ross
![]() |
| Im Coming Out, Diana Ross |
A finales de los años 70 Diana Ross decidió dar un giro a su carrera, consiguiendo renovar e impulsar su carrera musical, grabando uno de los álbumes más influyentes de su trayectoria. Tras una década de éxitos bajo el sello Motown Records, Ross decidó apostar por un cambio de sonido, y ese cambio llegó con Diana (1980), un álbum que además de redefinir su identidad musical capturó el espíritu de una época en plena transformación. Para ello, tomó una decisión tan arriesgada como visionaria, se puso en manos de Nile Rodgers y Bernard Edwards, los arquitectos del sonido Chic, responsables de algunos de los grooves más elegantes y sofisticados de la era disco. Las sesiones de grabación tuvieron lugar en los Power Station Studios de Nueva York, un templo moderno donde la tecnología y la acústica se combinaban para producir un sonido limpio, expansivo y contemporáneo. Allí, Rodgers y Edwards aplicaron su método habitual: líneas de bajo musculosas, guitarras rítmicas precisas, una sección de vientos luminosa y un sentido del ritmo que convertía cada compás en una invitación al movimiento. Ross, acostumbrada a un enfoque más clásico, se encontró de pronto en un territorio nuevo, vibrante, donde su voz debía convivir con una producción más urbana y moderna. La publicación del disco por Motown en mayo de 1980 vino acompañada de cierta controversia, pues la mezcla final generó tensiones entre la artista y los productores, que defendían una estética más cruda y directa.
Incluido en este disco se encuentra I'm Coming Out. El origen del tema es ya parte de la mitología pop. Según ha contado Nile Rodgers en varias entrevistas, la inspiración surgió una noche en un club de Nueva York, cuando vio a varios drag queens vestidos como Diana Ross. Aquella imagen (una mezcla de homenaje, identidad y liberación) le sugirió la idea de escribir una canción que celebrara la autoafirmación. Así nació I’m Coming Out, concebida como un mensaje de empoderamiento personal. Musicalmente, la canción es un ejemplo perfecto del lenguaje Chic, pues tiene un bajo vibrante que marca el paso, guitarras rítmicas que funcionan como un motor constante y una sección de vientos que aportam brillo y expansión. La producción es precisa, limpia, con un groove contagioso, y Ross, por su parte, nos regala una interpretación luminosa, llena de energía y confianza, alejándose de la sofisticación más clásica de sus trabajos anteriores para abrazar un tono más festivo y liberador. La letra, en un contexto personal y profesional de Ross, podía interpretarse como una declaración de independencia, un mensaje de renovación, de apertura hacia una nueva etapa. Pero también, como pronto descubriría el público, se convirtió en un himno para la comunidad LGBTQ+, que encontró en ella un mensaje de orgullo y visibilidad. Aunque Ross no era plenamente consciente de esa lectura en el momento de la grabación, la canción trascendió su origen para convertirse en un símbolo cultural de enorme alcance. El single, lanzado el 22 de agosto de 1980, alcanzó en Estados Unidos el número cinco en el Billboard Hot 100 y el número uno en la lista de Hot Disco Singles, confirmando su gran impacto comercial.
martes, 10 de febrero de 2026
1867.- Upside Down - Diana Ross
Una diva se encontraba en una encrucijada en su carrera, Diana Ross estaba teniendo dificultades en el Hot 100 después de conseguir dos sencillos número uno en 1976: «Theme from Mahogany (Do You Know Where You're Going To)» y «Love Hangover», si bien una inmersión en la música disco a partir de The Boss de 1979 le dio un pequeño éxito con la canción principal, no lograba conectar completamente con el público, hasta que eligió a un par de productores de moda para que la llevaran de vuelta a la cima del pop y extendieran su vida en las listas hasta los años 80. Los chicos que eligió fueron Bernard Edwards y Nile Rodgers del exitoso grupo Chic, entraron en las listas con una serie de éxitos, incluyendo los números 1 "Le Freak" y "Good Times". Durante la misma época, el dúo de producción reavivó la carrera de Sister Sledge , el equipo detrás de "He's The Greatest Dancer" (#9) y "We Are Family" (#2) de 1979, la "muerte" de la música disco ocurrió varios meses después, afectando a varios artistas y sus lanzamientos, pero eso no impidió que Ross trabajara con los dos en su siguiente álbum, que simplemente se titularía Diana . En 1980, "Upside Down" debutó en el puesto #82 en el Hot 100, lo que no fue exactamente una gran entrada dada la naturaleza del lanzamiento. Fue la quinta canción nueva con mayor clasificación en la cuenta regresiva, Aunque la canción mantuvo un ritmo constante, no parecía que fuera a ser el más grande de los sencillos, pero en la lista del 9 de agosto de 1980, "Upside" dio un salto espectacular del 49 al 10, convirtiéndose en la primera canción en ascender desde fuera del top 40 al top 10 desde "Theme From Shaft " de Isaac Hayes, un mes después, Ross y su disco ascendieron al número 1, manteniéndose en el primer puesto durante cinco semanas y en el top 40 durante 17, una racha más larga para la época. Terminó el año en el número 18 en la lista de los mejores sencillos de la década de 1980.
Casi todo en "Upside Down" funciona. Definitivamente tiene la mejor letra de la obra de Diana Ross posterior a Supremes: usar direcciones personales para reflejar los efectos desorientadores del romance es una idea poética lo suficientemente astuta como para respaldar una canción pop de tres minutos. Nile Rodgers hace un trabajo brillante tanto en los arreglos como en el trabajo de guitarra: el ritmo simple permite la improvisación justa para mantener cada estribillo dinámico. Comentar la firmeza de la sección rítmica, y especialmente, el bajo principal de Edwards (escúchenlo sudar la gota gorda con el fundido) es sin duda superfluo, aunque permítanme mencionar al gran Tony Thompson a la batería. ¡Menuda banda!. Diana solo tiene que cantar, pero aun así aporta algo, quizás una coquetería, perfecta para la alegría de la melodía y la letra, llenas de giros y vueltas (rimando "respectfully" y "thee", por ejemplo). Amor a primera escucha, amor a última escucha.
lunes, 9 de febrero de 2026
1866.- Coming Up - Paul McCartney

"Coming Up" es la canción de apertura del álbum de estudio "McCartney II" (1980) de Paul McCartney. Fue además el primer single promocional que se extrajo del disco, y como la mayor parte de las canciones del disco, destaca por su sonido sintetizado, la distorsión electrónica de la voz y unos alegres arreglos y guitarras de acompañamiento, marcando una clara ruptura con el enfoque acústico y minimalista de "McCartney" (1970), el disco con el que debutó en solitario tras la ruptura con The Beatles.
Más recientemente, Paul McCartney cerró la trilogía con "McCartney III" (2020), y como ya sucedió en los dos discos anteriores, Macca interpretó la práctica totalidad de los instrumentos. Eso es lo que diferencia a estos tres discos tan dispares del resto de las publicaciones de McCartney o de su banda Wings. Sin ningún tipo de acompañamiento ni influencia externa, en los surcos de temas como Coming Up se filtra y se respira la frescura de la experimentación y del "todo vale si es lo que quiero hacer".
Coming Up fue todo un éxito de ventas cuando fue lanzada como sencillo, pero sorprendentemente no fue gracias a la canción extraída del disco y publicada como cara A, sino por la versión en directo grabada en una actuación en Glasgow un año antes con Wings, que Paul McCartney incluyó en el single como cara B, y que llegó al primer puesto de las listas de ventas en Canadá y Estados Unidos, y al segundo puesto de las listas de singles del Reino Unido.
En 1980 la relación entre Paul McCartney y John Lennon volvía a ser cordial y amistosa, y Lennon alabó abiertamente Coming Up, declarando además que prefería la versión de estudio con McCartney en solitario a la versión en directo junto a Wings: "Pienso que Coming Up es genial y me gusta la versión friki de estudio más que la versión en directo, es lo que le hubiera dicho si hubiera estado con él en el proceso de grabación: ¡Esta es la buena!. Pienso que la discográfica estaba nerviosa y le propuso ese cambio, querían escuchar al hombre real cantando, pero a mí me gusta la versión friki".
1865.- I Was A Teenage Werewolf - The Cramps

En 1980, The Cramps lanzaron su primer álbum, “Songs The Lord Taught Us”, una obra que combinaba punk y rockabilly con un marcado y reconocible sonido que recordaba al de las películas de terror de bajo presupuesto. De entre todas las canciones del disco, fue “I Was A Teenage Werewolf” (que toma precisamente el título de una película de terror para adolescentes de 1957) fue la que más destacó, por su sonido crudo y su letra sobre las preocupaciones y miedos de la adolescencia.
En la película, protagonizada por Michael Landon, un experimento médico hace que un adolescente se transforme involuntariamente en hombre lobo, y eso sirve de inspiración a The Cramps para narrar con singular y oscuro encanto los cambios que se producen en esta época de la vida, y la angustia y la sensación de aislamiento que pueden producir en los adolescentes.
La voz de Lux Interior le añade intensidad y dramatismo al mensaje, arropada por la guitarra de Poison Ivy, que por momentos recuerda a la del pionero guitarrista Link Wray. La música es tan minimalista como urgente, insuflando la necesaria rabia adolescente a la intensa letra, y el conjunto se convirtió en un himno generacional y en la canción más característica y recordada de la banda, pero se habría quedado en canción de culto de no ser por su reciente inclusión en la serie Stranger Things, que supuso para “I Was A Teenage Werewolf” y The Cramps un retorno al primer plano musical, cuarenta años después de su lanzamiento.









