miércoles, 23 de febrero de 2022

#MesTheBeatles: Abbey Road - The Beatles

 

Tras las tensas sesiones del Álbum Blanco, y el por entonces aparcado proyecto de Let it be, las expectativas que en el entorno de los Beatles generaba la noticia de una nueva grabación no eran precisamente positivas. Los técnicos de sonido recibieron la noticia de su designación para el proyecto casi como un castigo, anticipando los problemas y los conflictos con los que habían lidiado en las grabaciones anteriores. Sin embargo, y en contra de lo esperado, Paul McCartney se mostró menos autoritario y más conciliador, John Lennon fue menos sarcástico en sus comentarios, George Harrison aportó la confianza y la madurez que había volcado en sus nuevas composiciones y Ringo siguió aportando su personalidad apacible e inmutable ante cualquier situación, pero el problema (o la solución, dado el renovado buen ambiente de las grabaciones) fue que rara vez coincidieron todos juntos en una misma sesión, en lo que a la postre fue otro indicador más del cisma que ya se había abierto, sin remedio, en el seno de la banda.

Las primeras sesiones avanzaron sin la participación de Lennon, y la consiguiente presencia de Yoko Ono, debido a que ambos sufrieron un accidente de coche que les tuvo alejados del estudio durante la primera semana. Sus compañeros dieron solos los primeros pasos del proyecto, que curiosamente empezó con McCartney interpretando con su guitarra acústica Her Majesty, el fragmento oculto con el que cerrarían el último disco que grabaron juntos (después vendría Let it be, pero repescando las canciones de aquellas sesiones anteriores). Horas después, los tres Beatles disponibles grabaron la base de Golden Slumbers/Carry that weight, dos canciones que habían surgido de manera independiente (Carry that weight surgió durante el proyecto Let it be, como la típica canción destinada a Ringo) y que fueron el germen de la suite de fragmentos entrelazados en la que acabaría convirtiéndose la cara B del disco.

De esa primera semana sin Lennon es también el trabajo realizado con Maxwell's Silver Hammer, otra de las canciones que McCartney había ensayado durante las sesiones de Let it be, en la que Ringo sustituyó al ausente Lennon en algunas partes vocales. Para que el sonido del martillo fuera lo más real posible, hicieron llevar al estudio un pesado yunque contra el que golpearlo, y esa poco agradecida labor recayó en un Mal Evans con poco sentido del ritmo, requiriendo de varias tomas a petición de un perfeccionista McCartney, que logró exasperar a un impaciente George Harrison. Una vez se marcharon los demás, McCartney se quedó a trabajar en que el bajo sonara como una tuba, para darle al tema un acabado más añejo.

La relativa calma y tranquilidad de aquella primera semana desapareció cuando Lennon hizo por fin su esperada aparición en el estudio, de la mano de una Yoko Ono que, como aún requería de un mayor periodo de reposo, había encargado una cama en los célebres almacenes Harrod´s. Los operarios entraron tras ellos y montaron la cama en el estudio de grabación, y acto seguido Yoko se acomodó en ella, ante la mirada de asombro del resto de miembros de la banda. Lennon declinó participar en los temas que ya estaban en proceso, de modo que los otros tres se dedicaron a trabajar en Something y Here Comes the Sun (los dos brillantes temas de Harrison, en los que se invirtieron los papeles y fue George el que abrumó a Paul con sus instrucciones y requerimiento) e incluso en Octopuss Garden, un divertido tema escrito por Ringo, que grabaron de manera alegre y distendida en el estudio.

Después le llegó el turno a Oh Darling, un tema con aires de rock and roll compuesto por McCartney, que se esforzó en llegar el primero durante varios días para ir puliendo en solitario un tema que le requería un gran esfuerzo vocal, y que estaba en realidad en un tono que, en otras circunstancias, habría encajado más en la voz de Lennon, pero habida cuenta del pasotismo que su compañero estaba mostrando hacia los temas del resto, McCartney no se planteó en ningún momento cederle la "voz cantante", y trabajó intensamente hasta lograr la toma perfecta.

Por su parte, Lennon había trabajado de manera tímida e intermitente en el tema I want you (She's so heavy) durante las dos semanas posteriores a su aparición estelar rodeado de operarios de Harrod's, y cuando nadie parecía esperar de él mucha más colaboración, apareció un buen día de buen humor en el estudio, y con una canción nueva llamada Come together bajo el brazo. Casi como en los viejos tiempos, McCartney se implicó en el proceso de creación y aportó las líneas de bajo y de piano eléctrico, y sugirió tocarla a un tempo inferior a la versión que Lennon les había mostrado con la guitarra acústica. Lennon aceptó los cambios sin mayor problema, pero llegado el momento no recurrió a su viejo amigo para grabar las voces de acompañamiento, pese a que McCartney se ofreció a ayudar en el tema que acabaría abriendo Abbey Road.

Lennon discrepaba además con la idea de Paul y George Martin de construir una suite orquestal para el segundo tramo del disco, pero acabó claudicando y ofreció los temas Here comes the Sun King y Mean Mr. Mustard al conjunto. El buen humor parecía había vuelto a un Lennon más participativo y generoso, que invitó a McCartney a participar en estas canciones, pero las cosas volvieron a torcerse cuando hubo que entrelazar la siguiente canción de John (Polythene Pan) con otro tema de Paul (She came in through the bathroom window). Lennon criticó abiertamente la manera de tocar la batería de Ringo, y su negativa a volver a grabar el tema pese a los supuestos errores de su compañero, volvió a abrir heridas que estaban aún recientes. Esta vez fue Ringo quien esperó a que todos se hubieran marchado, para volver a grabar su parte de batería hasta que quedó correcta.

Salvo estos episodios menores, reinaba en general una aparente y falsa calma en el estudio, que se vio un día interrumpida por un curioso episodio que, años atrás, no habría tenido la mayor importancia, pero que en aquel momento encendió de nuevo la chispa del malestar y el agotamiento latentes entre los miembros de la banda. Durante la grabación de The End, un tema que cerraba la intensa y cambiante suite final, los Beatles subieron a la cabina de control para escuchar una de las primeras tomas. En ese momento, y a través de los cristales de la cabina, vieron como Yoko Ono bajaba de la cama y abría un paquete de galletas de George Harrison para coger una galleta. Harrison no se contuvo y soltó un desproporcionado improperio contra lo que consideraba un hurto furtivo, y Lennon entró al trapo en defensa de su mujer. Tras un intercambio de gritos, todo pareció volver a su cauce, pero si una simple galleta era capaz de desestabilizarles de aquel modo, era evidente que el The End del título de aquella canción era más que profético.

Con Because (la última aportación de Lennon a la suite final, y en la que por última vez hicieron voces Lennon, McCartney y Harrison juntos) y You never give me your money (una aportación de Paul que aparece entrelazada en dos momentos distintos) la suite final estuvo prácticamente terminada, pero aún quedaban algunos compases libres tras el solo de batería que había grabado Ringo para The End, y George Harrison planteó que era el lugar perfecto para un gran solo de guitarra final. Un Lennon dispuesto a robarle nuevamente la galleta dijo que, de ser así, el debía ser quién lo interpretara. Las risas que inicialmente despertó su ocurrencia no ocultaban los nuevos nubarrones en el horizonte, y fue el propio Lennon el que resolvió el entuerto, proponiendo de manera salomónica que, incluyendo a Paul en el asunto, los tres tocaran partes del solo. McCartney aceptó entusiasmado, y añadió que debían grabar los tres a la vez, tocando juntos en la misma toma.

Y así llegamos al "final" soñado, ese que nunca querríamos que acabara, con los tres Beatles desmelenándose codo con codo y en directo en el estudio. McCartney abrió el fuego con el primer tramo, Harrison le siguió a continuación y Lennon se reservó el tramo final. Por tan solo unos minutos, fue como si nada hubiera pasado, y los tres estuvieran de nuevo en The Cavern o en Hamburgo, felices y despreocupados, disfrutando de la música que un día les unió para siempre, por más que se acabaran separando finalmente después de este álgido y, a la vez, agridulce final.

Un buen día, y a consecuencia de la misma desgana con la que habían afrontado algunos momentos de una grabación que, pese a todo, fue excelsa, salieron del estudio para hacerse una foto rápida con la que despachar la portada del disco. De nuevo esa decisión fue profética, porque en la foto los cuatro Beatles cruzan el famoso paso de cebra de Abbey Road en dirección contraria al estudio de grabación en el que habían grabado todos sus discos míticos, alejándose del pasado y mirando hacia un futuro marcado por caminos separados.

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