Canciones que nos emocionan: "El final" #MesCoqueMalla



Dentro del #MesCoqueMalla, en el que estamos haciendo reseñas de discos, documentales, películas y conciertos, faltaba una dedicatoria en el apartado de "Canciones que nos emocionan". Puestos a solucionar "faltas", cuando surgió la idea de dedicar un mes a un artista lo primero que pensamos fue que cada uno haría la reseña de uno de sus discos, pero en 7días7notas somos 4, por lo que un disco suyo quedaría sin reseñar.

El descartado fue "Sueños", segundo disco de Coque Malla en solitario, hoy en día una rareza descatalogada del que puedo presumir de tener un CD original en formato disco-libro. Y por aquello de matar dos pájaros de un tiro, hoy la canción que nos emociona nos da pie a hablar de aquel disco, una mirada introspectiva y de difícil primera escucha, basada en los sueños y pensamientos del artista madrileño, en retazos de subconsciente convertidos en canciones (las 9 del disco) o poemas (los que conforman el libro). La música que acompaña a las letras del disco es igualmente introspectiva, y según el productor Suso Sáiz, crearon un disco al que algún día le gustaría darle una revisión y un lavado de cara, porque esconde mucho más de lo que muestra.

"Sueños" es, en definitiva, un puñado de canciones al buen nivel compositivo habitual, pero que conforman un disco que, salvo en puntuales momentos más enérgicos o eléctricos (canciones como "Mi asesina" "El faro" o "El sombrero" son brillantes), no consigue escapar de la dificultad de su carácter onírico y taciturno. Y es así hasta que llega "El final", un tema de cierre que musicalmente es totalmente diferente al conjunto del disco. Si tengo que describir "El final" en el contexto de un disco enfocado en los sueños, diría que es el primer café de la mañana. La noche ha podido ser prolífica en ideas, sueños y pensamientos, y Coque los reflejó perfectamente en este particular disco, pero "El final" es el necesario subidón de la cafeína y de la reparadora ducha, el despertar enérgico al nuevo día.

Es también la esperanza del resurgir, de una salida de las sombras de la noche, y Coque hace ese tránsito en la letra de manera brillante. De los descorazonadores mensajes iniciales: "No he vivido nunca un duelo, pero he cruzado los espejos, y ya se que no hay nada que encontrar", a la contradicción entre la letra del estribillo: "Se parece mucho al final" y los esperanzadores coros que la acompañan en el último tramo: "¡Y ahora vamos a empezar!" Como si de una premonición se tratase, el nuevo comienzo y la luz al final del camino llegaron justo después en forma de resurgimiento comercial ("No puedo vivir sin tí") y con la entrega de un tercer disco sobresaliente ("La hora de los gigantes").

Tengo la sensación de que Coque no se ha prodigado demasiado en directo con esta canción. Quizá considere que, como ocurre con el café, no es bueno abusar de su repetida ingesta, pero yo personalmente echo de menos el sabor de una canción que es amarga y dulce a la vez. En el concierto final de la gira de "Mujeres" en el Circo Price, después de tocar ese disco al completo con todas las artistas que participaron en él, dedicó media hora final a tocar algunos temas escogidos de otros discos. Cuál sería mi sorpresa, cuando la banda atacó las notas de "El final", y aquel momento se convirtió en inolvidable, como si en una agradable conversación con buenos amigos, alguien apareciera con una inesperada y humeante taza de buen café.

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