Coque Malla en Wizink 15-2-2020 #MesCoqueMalla



No podía faltar, en el mes de Coque Malla, su esperado retorno al Wizink para traer a su Madrid el espectáculo de ¿Revolución? En la distancia, el recuerdo de su anterior actuación en La Riviera, cerrando su gira "Irrepetible" (ver reseña "La música en historias: Coque Malla "Irrepetible 6-12-2018 en este blog). Y así como aquel concierto fue realmente irrepetible, la duda con el concierto del sábado en el Wizink era si sería realmente una revolución. Tampoco tenía que serlo, si nos atenemos a los interrogantes del título del brillante disco que le tocaba defender a Coque en el escenario del arena madrileño.


Tuve la suerte de acudir al concierto con los dos mayores fans de Coque Malla del mundo mundial, mis dos hijos, que con tan sólo 9 y 12 años se saben todas sus canciones al dedillo, y que iban a presenciar su primer concierto. En el coche, propusieron que cada uno de nosotros adivinara cuál sería la primera y la última canción del concierto. En la primera no tuve ninguna duda, y fuimos varios los que acertamos, no hay mejor manera posible de arrancar la revolución que con la canción que le da comienzo. Los tambores de "¿Revolución?" precedieron a la salida de la banda, que encadeno la canción de arranque con el siguiente tema del disco, un "Solo queda música" que encantó a los reporteros más jóvenes de 7días7notas.



De no ser por la inclusión de "Escúchame" en la que Coque presentó a la banda, reforzada por una sección de metales en la que no faltaba su hermano Miguel Malla, el concierto en este primer tramo habría calcado la primera mitad del disco. "Un lazo rojo, un agujero" es un hit poderoso, convertido ya en un clásico de Coque, y la aparición de Kase O, muy aclamado por el público, levantó al Wizink en el recitado del rap de la canción. Tras marcarse un rapeo extra y marca de la casa, abandonó el escenario para que la banda de Coque atacara las primeras notas de "América", demostrando que las canciones más orquestales del disco funcionan también en directo. El primer tramo, si dividimos el concierto en lo que para mí fueron tres partes bien diferentes, acabó de manera triunfal con "Extraterrestre", recién estrenado single que suena en directo tan brillante como en el disco. Otro de los temas que huele a clásico, y el favorito de mis jóvenes acompañantes.


Tras la ya icónica "Berlín", en el tramo central del concierto abundaron las canciones más introspectivas, brillantes como cualquier otra pero de más complicado encaje en el formato de gran superficie del Wizink. Se notó en el ambiente que canciones como "La carta" o "Todo el mundo arde", separadas por ese otro temazo que es "El último hombre en la Tierra", habrían tenido más impacto en el entorno más intimista de los teatros y salas del resto de la gira.


La atmósfera repuntó con un tema tan redondo como "Me dejó marchar", tras el que Coque presentó a Jaime Urrutia, segundo invitado especial de la noche, con el que cantó a dúo "La sangre de tu tristeza", que volvió a revolucionar a un público agradecido con ese tipo de sorpresas. Reconozco cierta decepción cuando, tras acabar la canción, Jaime abandonó el escenario, pues habría sido el momento de regalarnos ese temazo que es "Polvo cósmico", aprovechando su presencia para hacerla con el recitado del disco. En lugar de ese tema, le llegó el turno a "El gran viaje a ninguna parte", primera de un grupo de canciones de "acústica y taburete" que Coque despachó con soltura y oficio, incluyendo guiños al "Fire" de Bruce Springsteen en el comienzo de "El ángel caído", una brillante e intimista interpretación de "Una moneda" y el ya tradicional final a capella de "Hace tiempo".

El tercer tramo fue una traca final más eléctrica, que arrancó con el escenario a oscuras y un foco de luz blanca enfocando a un Coque muy seguro de sí mismo con la guitarra, atacando un solo de marcados matices blues rock, para enganchar después con el riff stoniano de "Quiero que estemos pegados". La siguiente sorpresa de la noche fue que la cosa no quedara ahí, sino que atacaran otros dos temas más de "Los Ronaldos". Con el público entregado tras la revisión nostálgica de "Guárdalo" y "Por las noches", Coque anunció que "La señal" iba a ser la despedida y cierre de esa gran noche. Que ésto hubiera sido cierto habría sido toda una revolución, pero afortunadamente no desobedeció los cánones establecidos, y tras hacerse de rogar durante unos minutos, regresó al escenario con la banda al completo para los bises finales, en los que comprobamos que "Un árbol", otra de las gemas de ¿Revolución?, suena también brillante en directo. Para este tema, contó con la colaboración en los coros de Fon Román, que había sido el telonero de la velada.

Para la siguiente canción, era inevitable llegar "Hasta el final", sin importar si eso estaba bien o mal, y dejar abiertas las ventanas para que entrara el último soplo de aire, en forma de una de esas canciones sin las que no podemos vivir. Con "No puedo vivir sin ti" se acabó lo que se daba, y se cumplieron los pronósticos que hicimos en el coche. Y con el "Revolution" de The Beatles sonando de fondo, la banda hizo las tradicionales reverencias de agradecimiento al público, fundidos en el abrazo que se merece el trabajo bien hecho.

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