viernes, 2 de enero de 2026

1828 - Mother - Pink Floyd

1821 - Mother - Pink Floyd

Mother” no irrumpe: se desliza. En The Wall, esa ópera de ladrillos emocionales y silencios pesados, la canción aparece como una habitación con las luces bajas, donde la voz de Roger Waters suena más a pensamiento que a canto. Es una escena íntima, casi doméstica, pero lo que se cocina ahí es el corazón del conflicto: el amor que protege y, sin quererlo, asfixia.

La guitarra acústica abre el camino con una dulzura engañosa. Parece una canción de cuna para adultos cansados. Waters le habla a su madre como quien consulta un oráculo cercano y confiable: preguntas simples, inquietudes universales. ¿Todo va a estar bien? ¿El mundo es peligroso? ¿Me van a lastimar? La madre responde con una calma férrea, envolvente, prometiendo seguridad absoluta. No habrá dragones, no habrá bombas, no habrá desengaños. Ella se encargará de todo. Y en esa promesa total se insinúa la trampa.

Mother” funciona como un diálogo, pero también como un espejo. La figura materna no es solo una persona: es la voz del miedo heredado, la memoria de un mundo hostil que se transmite como advertencia constante. Cada “mamá se va a asegurar” suma un ladrillo más al muro. El cuidado se vuelve control; la protección, una frontera. Pink Floyd no acusa, observa. La canción entiende que el exceso de amor puede construir cárceles tan sólidas como el abandono.

A mitad de camino, la música cambia de piel. La entrada de David Gilmour aporta tensión eléctrica, un pulso más oscuro, como si la duda finalmente se atreviera a levantar la cabeza. La voz del hijo se vuelve más desesperada, casi infantil, mientras la madre responde con frases cada vez más tajantes. El mundo exterior queda definitivamente clausurado. No hay espacio para el error, ni para el crecimiento. Solo queda obedecer y esconderse.

Lo más inquietante de “Mother” es que no necesita grandilocuencia para incomodar. No hay explosiones sonoras ni coros épicos. Hay, en cambio, una verdad reconocible: todos, en algún punto, buscamos refugio en quien creemos que nos va a salvar. Y a veces ese refugio se convierte en un cuarto sin ventanas. Pink Floyd captura ese momento exacto en el que el miedo deja de ser una advertencia y pasa a ser una forma de vida.

Cuando la canción se apaga, queda una sensación ambigua. No hay villanos claros, solo heridas que se transmiten de generación en generación. “Mother” no juzga a la madre ni absuelve al hijo; simplemente muestra cómo se construye el muro desde adentro, con las mejores intenciones y los peores resultados. Una pieza delicada, perturbadora y profundamente humana, que sigue resonando porque habla de algo tan simple y tan complejo como amar… y dejar ir.

Daniel 
Instagram storyboy 

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