El Aviador Dro y sus Obreros Especializados es uno de los proyectos más singulares de la "Movida Madrileña", no es solo una banda de música, es la punta de lanza del futurismo en España, el grupo fue fundado en 1979 en Madrid por Servando Carballar (Biovac N) y Arturo Lanz (quien luego formaría Esplendor Geométrico), y nació bajo la curiosa premisa de que la tecnología debía liberar al ser humano del trabajo alienante. Influenciados por la estética del futurismo italiano de principios del siglo XX, el punk y bandas europeas como Kraftwerk y Devo, los integrantes de Aviador Dro adoptaron nombres en clave y se presentaron ante el público con monos de trabajo industriales y gafas de protección, su manifiesto era claro: el hombre y la máquina debían fusionarse para crear un nuevo arte. Su música, etiquetada como tecno-pop o synth-pop, combinaba melodías pegadizas con letras que hablaban de energía nuclear, viajes espaciales, computadoras y distopías científicas. A diferencia de muchos de sus contemporáneos que desaparecieron tras el auge de los años 80, el Aviador Dro ha demostrado una longevidad asombrosa, han sobrevivido a cambios de formación, crisis de la industria y modas pasajeras, manteniendo siempre su coherencia conceptual. A lo largo de las décadas, han explorado el anarquismo científico, la nanotecnología y la defensa de la mutación como motor de cambio. Hoy, liderados por Servando Carballar y Marta Cervera (Arcoiris), el grupo sigue activo, realizando conciertos que son verdaderas ceremonias de "propaganda" futurista. Han pasado de ser vistos como una excentricidad de la Movida a ser reconocidos como pioneros de la electrónica en español, influyendo a generaciones de músicos que ven en ellos el ejemplo perfecto de que la vanguardia y el pop pueden ir de la mano.
Entre sus himnos más recordados se encuentran: "Programa en espiral": Un despliegue de secuenciadores y energía robótica, "Selector de frecuencias": Quizás su éxito más comercial y accesible y sobre todo “La chica de Plexiglás": Un clásico del pop sintético temprano, se preguntan en la «Guía Esencial de la Nueva Ola Española» (Rock Indiana), mero y grueso censo de La Movida, si los Aviador Dro fueron o no unos meros Devo a la española. Lo cierto es que estéticamente plagiaron bastante a los de Akron, pero en cuanto a sonido, si bien bebieron de ellos -como de muchos otros- no veo una especial o sangrante emulación. De hecho, me atrevo a decir, y aún con todo el riesgo que conlleva, que ya les hubiera gustado a los Devo haber firmado canciones como las contenidas en este sencillo, especialmente La chica de plexiglás que se convirtió en una de las piedras angulares del synth-pop en España. La letra describe un amor futurista y deshumanizado, no habla de una mujer de carne y hueso, sino de una entidad artificial o "mutante", el plexiglás (un tipo de plástico acrílico) simboliza la frialdad, la transparencia y la modernidad industrial, sin duda es una oda a la artificialidad, alejándose del romanticismo tradicional del pop de la época. En un momento en que el rock dominaba la escena española, "La chica de Plexiglás" irrumpió con sintetizadores monofónicos y cajas de ritmos primitivas, una estructura minimalista y repetitiva que buscaba la estandarización industrial y voces procesadas que daban un aire robótico y distante. La canción fue el resultado de la visión de Servando Carballar (Biovac N), quien quería romper con los estereotipos del rock. Según el propio Servando, la "Chica de Plexiglás" representaba a ese grupo de chicas que conectaban con el movimiento futurista de una forma "divertida y agradable", lejos del aire sucio del punk convencional.
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