En 1979, Sister Sledge estaba en la cima gracias al álbum We Are Family, producido nada menos que por Nile Rodgers y Bernard Edwards, los genios de Chic. Entre todos los temazos de ese disco aparece “He’s the Greatest Dancer”, una canción que resume a la perfección la vibra disco: elegante, bailable y con mucho estilo.
Lo primero que engancha es el bajo, con ese groove que parece imposible de soltar, acompañado por la guitarra funky de Rodgers, que corta el aire con precisión quirúrgica. La base rítmica es hipnótica y cada detalle instrumental parece pensado para que no haya escapatoria: estás obligado a moverte. La producción es limpia, sin excesos, pero al mismo tiempo brillante y lujosa. Es la clase de tema que suena en un club y automáticamente te hace sentir dentro de una película de los setenta.
La voz de Kathy Sledge le da el toque perfecto. Canta con frescura y complicidad, como si realmente estuviera narrando la escena de un tipo que entra a la pista y deja a todos boquiabiertos. El personaje del “greatest dancer” no es solo un bailarín: es el que brilla, el que tiene confianza de sobra, el que convierte la pista en su reino. En una época donde el disco era sinónimo de libertad, de moda llamativa y de romper con lo cotidiano, esa figura representaba todo lo que la gente quería ser por una noche.
Otro punto interesante es cómo esta canción muestra la inteligencia musical de Rodgers y Edwards. No es un simple tema para bailar: hay un trabajo fino en la estructura, en los ganchos, en la manera en que se repiten ciertas frases hasta volverse irresistibles. Es disco con mucha clase, el tipo de sonido que después influenció al funk, al R&B y hasta al pop de los ochenta y noventa.
Cuando salió, “He’s the Greatest Dancer” pegó fuerte en las listas de música disco y R&B, ayudando a que Sister Sledge pasara de ser un grupo prometedor a convertirse en un nombre clave de la época. Y lo curioso es que, aunque pasaron más de cuarenta años, todavía suena fresco. Lo pones en una fiesta hoy y la reacción es la misma: la gente empieza a mover la cabeza, el pie, hasta que alguien se anima y va directo a la pista.
Es ese tipo de canción que no envejece porque no depende de la nostalgia, sino de la energía que transmite. Y esa energía, al final, es la esencia de la música disco.
Daniel
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