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jueves, 22 de enero de 2026

1848.- The Boy With the Perpetual Nervouness - The Feelies

 

The Boy With the Perpetual Nervouness
The Feelies


     En 1980 el panorama del rock alternativo estadounidense vivía un momento extraño, pues el punk había dejado un buen torrente de energía, y a su vez un vacío creativo que muchos no supieron como llenar. A esa urgencia respondieron The Feelies, originarios de Nueva Jersey, con el álbum Crazy RhythmsGrabado en los Power Station Studios de Nueva York, el álbum se benefició de una producción sorprendentemente pulida para un grupo asociado a la escena underground. La banda, compuesta por Glenn Mercer, Bill Million, Keith DeNunzio y Anton Fier, trabajó alejándose del ruido y la suciedad que dominaban el post-punk de la época. En entrevistas posteriores, Mercer recordaría que querían que cada golpe de batería, cada rasgueo de guitarra, sonara “como si estuviera bajo un microscopio”. Esa obsesión por el detalle se nota desde el primer segundo del disco.

La edición original, publicada por Stiff Records en el Reino Unido y por A&M en Estados Unidos, presentaba un sonido inusualmente nítido, que contrastaba con la energía nerviosa de las composiciones. El propio proceso de grabación fue deliberadamente austero: pocas capas, pocos efectos, nada de artificios. La banda buscaba capturar una sensación de tensión contenida, como si cada instrumento estuviera a punto de desbordarse pero se mantuviera en su sitio por pura disciplina. Esa estética, que más tarde influiría a grupos como R.E.M. o Yo La Tengo, se convirtió en la marca de fábrica de The Feelies.

En medio de ese planteamiento conceptual, el disco Crazy Rhythms abre con The Boy With the Perpetual Nervousness, una declaración de intenciones disfrazada de canción. No es un comienzo grandilocuente ni un single pensado para enganchar, es una puerta entreabierta a un universo emocional muy particular. La batería entra con un patrón seco, casi mecánico, que recuerda a un metrónomo inquieto, es un pulso constante que establece el tono y el patrón del álbum entero; mientras las guitarras de Mercer y Million desarrollan un diálogo de acordes limpios, tensos, sin distorsión, que parecen avanzar con pasos cortos y medidos. Por otro lado, Mercer canta con una contención que roza el susurro, como si temiera romper el equilibrio frágil del tema. La letra sugiere un estado de inquietud permanente, una sensibilidad a flor de piel que no encuentra descanso, transmitiendo la sensación de alguien que vive en un mundo donde cada estímulo pesa un poco más de lo normal. Esa mezcla entre lo emocional y la vulnerabilidad es uno punto fuerte de la canción. The Boy With the Perpetual Nervouness inaugura uno de los debuts más singulares de su época. Un disco que, más que canciones, proponía na manera de sentir. Y todo empieza aquí, con un chico perpetuamente nervioso marcando el paso.