miércoles, 31 de octubre de 2018

El disco de la semana 42: Blur - The Great Escape






La falsa guerra entre Blur y Oasis me pilló en los años de Universidad. Fueron años de mucho esfuerzo y estudio, pero también de fiesta y diversión, en los que buscábamos referentes en los que anclar nuestra actitud y personalidad incipientes. Mientras Oasis eran duros y mal encarados, Blur eran desenfadados y fiesteros, con el punto justo de travesura y transgresión que hacía que se les tomara cariño en lugar de odiarlos. En mi caso, me sentía mucho más identificado con la "travesura respetuosa" que con la "bronca continua" de los de Manchester.

Para ilustrar esta diferencia, me remito a una de aquellas fiestas universitarias, en concreto en la Universidad Carlos III de Getafe, en la que "accidentalmente" nos salimos de la zona acotada para la fiesta general, para acabar colándonos en una fiesta privada del coro de la Universidad. Entramos en el edificio de la fiesta con la naturalidad, despreocupación y desparpajo de los Blur del momento, en lugar de con la actitud chulesca de sus alter egos de Oasis.El guardia jurado debió pensar que, con esa naturalidad, éramos miembros del coro.

Dentro de la fiesta, comimos y bebimos, en abundancia, del dulce maná que varios camareros con pajarita acercaban a la gente en plateadas bandejas. Regocijándonos en nuestro propio atrevimiento, decidimos llevarlo a un nivel superior. Al fondo de la sala en la que se celebraba el ágape, había una habitación desde la que llegaban las dulces notas de un piano, acompañadas por las femeninas voces de un coro. Cruzamos el umbral de la puerta y vimos un coro de varias chicas cantando solemnemente. Nos situamos alrededor de un gran piano de cola situado a la izquierda del coro. Sobre el piano, una bandeja enorme de pasteles, que parecían llamarnos con una voz más alta y clara que la de las intérpretes.

Alargué el brazo despacio y cogí un bocadito de nata, pero a mitad de camino se me escapó de la mano y la nata aterrizó en el piano. Nadie se percató del suceso, excepto la que, supongo, era la madre de una de las chicas del coro, que me dedicó un gesto de desaprobación que, sin embargo, no pudo ocultar una cómplice sonrisa. Ese es, en definitiva, el sentimiento que despertaba Blur, en contraposición a la actitud violenta y antipática de Oasis, que nos habría supuesto salir de aquella fiesta con dos dientes menos, y propulsados por los empujones de los guardias de seguridad.


Volviendo a la supuesta guerra entre Blur y Oasis, ésta era en realidad una brillante estratagema de algún avispado ejecutivo de marketing de la discográfica. Ni hacían el mismo tipo de música, ni eran los sucesores de los Beatles, pero el duelo a muerte en OK Corral se diseñó al milímetro, publicando un single de adelanto de “The Great Escape” y “What’s the Story (Morning Glory)" el mismo día. Curiosamente, ambos singles elegidos no son de lo mejor de ambas bandas, pero tanto “Country House” como “Roll with it” son canciones muy directas y comerciales.

Esa primera batalla en forma de singles enfrentados, fue ganada por Blur en lo que a ventas se refiere, si bien en conjunto el disco de los Gallagher es de mayor calidad. Sin embargo, fue precisamente la pérdida de la guerra particular de aquel disco lo que salvó a Blur, que vieron que debían explorar otros terrenos artísticos y no quedarse anclados en el inmovilismo en el que, paradójicamente, quedaron atrapados Oasis, entre las brumas de su ilusiorio y momentáneo triunfo.

THE GREAT ESCAPE

Pese a ser menos inspirador que los otros dos discos de la trilogía sobre la vida en Inglaterra (“Modern life is rubbish” y “Parklife” son sus brillantes antecesores), “The Great Escape” esconde momentos brillantes y algunas de las canciones más emblemáticas del grupo, que fueron además la banda sonora de aquellos años de fiestas universitarias y tardes de biblioteca y campus.

En aquel momento estábamos prendados de este disco, del mismo modo que el personaje de Osgood interpretado por Joe E. Brown en “Con faldas y a lo loco” lo estaba del travestido personaje interpretado por Jack Lemmon, feliz e incapaz de ver los defectos e inconvenientes de aquella relación:

Jack Lemmon: “Osgood, he de ser sincera contigo. Tú y yo no podemos casarnos”.
Joe E. Brown: “¿Por qué no?.
Jack Lemmon: “Pues primero porque no soy rubia natural”.
Joe E. Brown: “No me importa”.
Jack Lemmon: “Y fumo. ¡Fumo muchísimo!”.
Joe E. Brown: “Me es igual”.
Jack Lemmon: “¡Tengo un horrible pasado!. Desde hace tres años vivo con un saxofonista”.
Joe E .Brown: “Te lo perdono”.
Jack Lemmon: “Nunca podré tener hijos”.
Joe E. Brown: “Los adoptaremos”.
Jack Lemmon: “No me comprendes, Osgood. Soy un hombre”.
Joe E. Brown: “Bueno, nadie es perfecto“.

La escena ocurre mientras escapan en un yate, otra similitud con "The Great Escape" y el yate de su portada. "La gran escapada" de Blur comienza con la frenética “Stereotypes”, basada en un potente riff de punk industrial, ejecutado por la guitarra de Graham Coxon y el sintetizador de Damon Albarn, que firma además un relato desesperanzador sobre las banales costumbres de la típica familia de clase media inglesa de finales del siglo XX. Un comienzo a la altura de la temática y nivel de los anteriores discos de la trilogía.

Le sigue la archiconocida “Country House”, a la que se ha criticado hasta la saciedad por su tono comercial y la poca profundidad de su estructura y letras sobre el tradicional retiro inglés a una casa en el campo. Y sin embargo, yo sigo disfrutando del cambio de ritmo en el que Damon pasa al falsete y proclama: "Lonely outside I'm so sad I don't know why" (aquí fuera y solo, estoy tan triste y no sé por que) para volver a atacar de nuevo el pegadizo estribillo hasta el final de la canción

"Best Days” es más pausada y con una melodía más oscura. El melancólico piano prevalece en el conjunto, aderezado por unas trabajadas armonías vocales. Una canción meritoria a la que, sin embargo, le falta algo para convertirse en memorable y, más allá de la gira de promoción de este disco, queda siempre fuera de la selección de temas interesantes para el directo.

“Charmless Man” retoma el espíritu de "Parklife" y las influencias de Ray Davies y los Kinks. Damon Albarn afila su verbo y ataca el mundo de la hipocresía, la imagen de triunfo de la clase ejecutiva y la vanidad de las falsas apariencias, siguiendo la estela de una melodía efectiva y un ritmo muy directo, y con el comodín de unos pegadizos coros “na-na-na" para darle cuerpo al conjunto. Alegre y descarada, es todo un acierto y un clásico de la banda.

“Fade Away” es, probablemente, la canción en la que más exploran como banda, recurriendo a originales entramados de guitarra distorsionada, combinada con un estribillo en falsete y una imaginativa y elaborada instrumentación, apoyada en los excelentes arreglos de viento. Un brillante ejemplo del camino que podría haber tomado el disco.

“Top Man” tiene un estribillo pegadizo, repleto de coros, silbidos y un destacable sintetizador que le da al tema un aire árabe, pero más allá de esas pincelada étnicas, adolece de las mismas carencias que "Best Days" para poder convertirse en un estandarte de la banda. Un plato correctamente cocinado, pero al que le falta sal.

“The Universal” es la auténtica joya de la corona de este disco. De excelsa melodía y alto nivel lírico, aporta suaves arreglos de cuerdas y una emocionante ejecución vocal que parte de registros graves en las estrofas, para rozar después la épica en los estribillos. Imprescindible en los conciertos de la banda y una de las canciones míticas de su cancionero.

“Mr. Robinson’s Quango” sorprende por su solidez instrumental, sus constantes cambios de ritmo y sus animadas transiciones. Canción con gran peso de guitarras y teclados, en la línea innovadora de "Fade Away" pero con un acabado más rockero. Como curiosidad, en esta canción retoman las divertidas pinceladas circenses tan presentes en "Parklife".

“He Thought of Cars” tiene un sonido que te traslada a los tiempos de "Leisure", con toques psicodélicos en la sencilla pero efectiva letra, en la que consiguen trasladar el sentimiento de soledad con referencias aparentemente simples: "Pensó en coches, y a dónde llevarlos, y con quién conducirlos, y no hay nadie, nadie, nadie".

“It Could Be You” es un tema muy pop y comercial, que entra de lleno en la categoría de temas del disco que no trascenderán en el tiempo. La cuesta bajo sigue de manera vertiginosa en “Ernold Same”, que no es más que una mofa de canciones británicas de corte clásico, que poco aporta al disco. “Globe Alone” intenta un repunte, siendo el típico tema punk que siempre meten en los discos, pero no evita la sensación de que el tramo final del disco ha perdido la chispa y el brío de los primeros temas. “Dan Abnormal” transita por los terrenos que "Charmless man" exploraba, cambiando los "na na na" por "la la la" pero sin la magia de la canción sobre el "hombre predestinado".

"Entertain Me" sería claramente la indultada de este último tramo, canción al nivel de los temas de la primera mitad del álbum, una isla en mitad de la poca trascendencia de esta parte final. Habría sido un buen final para el disco, pero aún nos queda una extraña y ambiental “Yuko & Hiro” que narra la historia de una pareja de enamorados. Aporta poco al disco, pero mucho a la analogía que he planteado con la mítica escena de "Con faldas y a lo loco". Dos amantes, presos de un amor tan ciego como el que, aún hoy, tenemos por este disco y sus circunstancias, y que nos hace ver en él solamente los dulces bocados de nata que contiene y no sus desaciertos, al igual que Osgood era incapaz de ver la realidad oculta detrás de lo que, para él, era simple y llanamente la mujer de sus sueños. Pero es que "nadie es perfecto".

Canciones que no soporto: Entre dos tierras, Heroes del silencio



Senderos de traición






     Hoy le toca el turno a un tema compuesto por el mítico grupo zaragozano "Héroes del Silencio", el famoso tema "Entre dos tierras", que fue editado y publicado en 1990 como sencillo promocional del álbum "Senderos de traición".
     El disco fue producido por Phil Manzanera, ex miembro de la banda británica "Roxy Music", el cual había visto en concierto a la banda española en un concierto en Calatayud, perteneciente a su anterior gira "El mar no cesa". Phil al verles quedó prendado, creyó en el potencial del grupo maño y decidió apostar por ellos produciéndoles "Senderos de traición".
     "Entre dos tierras" significó un endurecimiento del sonido de Héroes, metiendo más guitarra y distorsión a su sonido, dando como resultado una gran aceptación del público y convirtiéndose rápidamente en uno de los mayores éxitos de la agrupación. Además la revista "Rolling Stone" la situó en el puesto nº 47 de su lista "Las 200 mejores canciones del Pop-Rock español".
     En una entrevista concedida hace tiempo por Pedro (Batería) y Joaquín (Bajista), ex componentes de la banda, estos comentaban que el trabajo para este disco fue incuestionable, ensayando dos veces al día todos los días durante un año, y que "Entre dos tierras" lo tocaron durante los ensayos como unas setecientas veces, hasta conseguir el resultado que querían.
     Como podéis observar, detrás de este disco hubo un trabajo y un sacrificio alucinante, incuestionable. Pero es un tema que no soporto por un solo motivo: al igual que le pasa a mi colega "Nevermimd" con "I feel Good" de "James Brown", este tema me harte de escucharlo a todas horas, sonaba en todos los sitios y a todas horas, en los garitos ,pubs, bares, radios y emisoras de turno; Y supongo que el resultado fue que me acabé quemando de escucharlo, porque Héroes son mucho más que "Entre dos tierras".

El disco de la semana 41: Benjamin Clementine - At Least For Now"


Al menos por ahora, el más grande de mis descubrimientos musicales. Me ha gustado la música desde muy pequeño, por lo que la búsqueda de "material del bueno" ha sido y es constante. En la mayor parte de las ocasiones, mis descubrimientos han sido en base a recomendaciones de otros. "¡Tienes que oir a este grupo!" o "¿No has oído todavía a este cantante?", me decía alguien, y la búsqueda comenzaba. Eso es, en realidad, lo que hacemos en el grupo de escucha de discos en el que se basa 7días7notas. Cada semana, uno de nosotros recomienda un disco, los demás lo escuchan, comentan y... a veces descubren un disco que les toca profundamente.

Una noche de insomnio, a pocos días de proponer disco, me puse a buscar obras y artistas que no conociera. Quería ser, en esa ocasión, el que sorprendiera con un descubrimiento único, y al mismo tiempo encontrar un disco que me emocionara, y que hiciera que aquellas horas sin dormir merecieran la pena. Y pasé, sin éxito, por decenas de discos y videos, encontrando cosas buenas a las que, sin embargo, les faltaba algo para ser mágicas. Hasta que una portada de disco me llamó la atención poderosamente. Basada en "El hijo del hombre" de René Magritte, muestra a un Benjamin Clementine entonces desconocido para mí, vestido con un abrigo negro y plantado delante de lo que podría ser el umbral de una estrecha puerta, o un monolito rojo. En su mano derecha oculta una manzana. ¿La fruta prohibida quizás? De ser así, irremediablemente había que probarla. Y así es como descubrí a Benjamin Clementine y su increíble disco de debut, "At least for now" ("Al menos por ahora")


Particularmente curiosa me parece, además, la historia de este artista, que de algún modo parece haber hecho el camino contrario al de Malik Yaqub (ver La música en historias: Malik Yaqub, una estrella en la Gran Vía). Si Malik pasó de ser estrella del Jazz a tocar en las calles de Madrid, Benjamin se crió en Londres y, tras fracasar en la escuela, pasó dificultades viviendo en las calles de Candem antes de mudarse a París, dónde siguió viviendo como sin techo, tocando en la calle para sobrevivir. No es difícil encontrar, en Youtube, videos de un Benjamin adolescente cantando en los pasillos o en los vagones del metro parisino.

De ahí a volver a Londres, grabar dos EPs que le dieron repercusión, debutar con gran impacto en el programa de Jools Holland, y entregar la obra maestra inclasificable que es su primer disco, una pieza plena de poética popular, lirismo dramático y la genialidad desbordante de unas canciones que no responden a las estructuras de construcción tradicionales. Pero no perdamos más tiempo y mordamos con avidez cada una de las partes de la jugosa manzana

AT LEAST FOR NOW

El que probablemente sea el mejor disco de un artista solista inglés en la última década, es en realidad un ejercicio musical de bohemia parisina, con grandes influencias de Jacques Brel o Edith Piath, pero también con evidentes rasgos del soul afroamericano de Nina Simone. Benjamin reconoce también, sin embargo, sus raíces anglosajonas en Winston Churchill's boy ("hijo de Winston Churchill"), carta de presentación en la que se acompaña de su omnipresente piano y elaborados arreglos de viento. El disco mezcla, con gran acierto, tramos de recitados "spoken word" con increíbles demostraciones vocales que transmiten pura emoción, como en "Then I heard a bachelor cry".

Todo el disco respira una atmósfera intensa de piano y arreglos clásicos, pero contiene también temas en los que la producción es más moderna, enfocados a ser los brillantes singles de promoción. Es el caso, por ejemplo, de London, dónde describe su añoranza por su ciudad natal. "Londres te está llamando, ¿a qué estás esperando?". Una canción que, personalmente, toca lugares sensibles en mi cabeza, y me hace recordar la gran experiencia de haber vivido allí temporalmente con mi familia.

Adios retorna al ritmo y arreglos franceses, pero nada en éste disco sigue una pauta fija o un tratamiento ortodoxo, por lo que a mitad de canción se transforma en un austero recitado en el que Benjamin nos presenta el siguiente tramo del tema, un fragmento con aires de canto eclesiástico que, según sus propias palabras, le han enseñado los ángeles.

St. Clementine on tea and croissants es, en mi opinión, el tema menos interesante del disco, apenas un recitado y un ritmo de pisadas, aunque el título refleja inequívocamente la dualidad Londres - París de las experiencias autobiográficas de Benjamin, la combinación del té y los croissants como símbolos de ambos entornos vitales.


Nemesis es una de las mejores canciones del disco, quizá la que mejor refleja el estilo tan personal y minimalista que transmite el disco. Su voz pasa del susurro profundo al canto, mientras las teclas del piano juegan con el efectivo ritmo de bodevil francés. The people and I sigue la línea de piano y acompañamiento de cuerdas, pero con un toque más lento y emotivo.


Condolence es la segunda pieza del disco que presenta una producción más moderna, una joya de pop elegante con un mensaje épico de superación y valentía ante las adversidades. Un Benjamin fortalecido, que ha sobrevivido a la dureza de la vida, y que proclama a los cuatro vientos: "Envío mis condolencias al miedo, envío mis condolencias a las inseguridades".

Especialmente significativa es la presencia de Cornerstone en el disco, rescatada del EP al que daba título, y por tanto uno de los temas que le abrieron las puertas de la carrera musical que ahora tiene por delante. Un auténtico himno,  apasionado e irrepetible, que irremediablemente tenía que estar aquí, entre el resto de grandes temas del disco

Los últimos temas del disco nos muestran de nuevo al Benjamin imprevisible y heterodoxo, que tan pronto ríe desencajado como llora con su suave voz en Quiver a Little, llevando su piano del intimismo inicial a una suerte de jazz bohemio de taberna. El disco cierra con la melancólica Gone, y el sentimiento que transmite es el mismo dolor que se siente al saber que ésta es la última canción del álbum, y que la belleza y el vigor de su voz y su piano pronto se habrán marchado.

"Al menos por ahora", ya que tan seguro como que siempre que pueda volveré a Londres con mi familia, también siempre que lo necesite regresaré a este disco. Lo pondré en el tocadiscos, cerraré los ojos y, en mi cabeza, veré a un hombre descalzo y con abrigo negro acercarse a un solitario piano en un oscuro escenario, para llenar al instante de magia y de color toda la estancia.

martes, 30 de octubre de 2018

El disco de la semana 40: Gossip - Standing in the Way of Control

Standing in the Way of Control, The Gossip



     Mary Beth Patterson, más conocida como Beth Ditto nace en 1981 en Searcy, Arkansas (Estados Unidos) en 1981, es el alma mater y vocalista del grupo Gossip, dotada de una prodigiosa voz gracias a la cuál ha llegado a ser comparada con las mismísimas Etta James y Janis Joplin. También es una activista en pro de los derechos de la comunidad LGTB.

     En 1999 Beth Ditto se junta en Searcy, su localidad natal, con el guitarrista Brace Paine y con Kathy Mendonca a la batería y juntos forman The Gossip, si bien el grupo acabaría llamándose Gossip. En sus comienzos se basan en los llamados sonidos garage rock y punk blues, si bien la formación va evolucionando hacia un sonido más indie rock y dance punk.
Tras su formación, ese mismo año el grupo se traslada en busca de oportunidades a Olympia (Washington) y consiguen un contrato discrográfico con el sello independiente K Records. Con este sello publican su primer EP de corta duración, titulado como el grupo en su momento, The Gossip.

     En 2001 y bajo el sello discográfico Kill Rock Star lanzan su segundo trabajo y primer LP de larga duración, That's Not What I Heard, y a este LP le seguiría su segundo EP, de nombre Arkansas Heat. En mayo 2003 publican su segundo LP, Movement, y en noviembre de ese mismo año publican su primer álbum en directo. Después del lanzamiento del directo la betería Kathy Mendonca deja el grupo, siendo sustituida por la batería Hannah Blilie.

     Como se puede observar, la actividad de Gossip desde su fundación es frenética, pero los resultados en forma de fama y ventas no acaba de llegar. No será ya hasta 2005 cuando se tengan noticias de actividad del grupo, realizando una colaboración para la solista Tracy con el grupo The plastics en su EP Real Damage.

     Habrá que esperar hasta el año 2006 para que Gossip obtenga el reconocimiento de la crítica y del público. Ese año, en enero publican su tercer Lp, Standing in the Way of Control, un álbum producido por el guitarrista del grupo Fugazi Guy Picciotto, y grabado en el estudio Bear Creek de Seattle (Estados Unidos). Es a raíz de la utilización del sencillo Standing in the Way of Control en un anuncio para la serie británica de televisión Skins que el grupo empieza a obtener el éxito y el reconocimiento internacional.

     Standing in the Way of Control se caracteriza por un cambio en el sonido del grupo, pues apuestan por la fusión del sonido punk con la música disco, y el resultado no puede ser mejor, un disco donde podemos escuchar temas como el que da título al disco, Standing in the Way of control, un tema que fue compuesto por Beth Ditto como respuesta a la postura que el gobierno de Estados Unidos tenía en ese momento sobre el matrimonio entre homosexuales durante la presidencia de George W. Bush. Ditto sostenía que la gente se había sentido engañada e impotente por la decisión del gobierno de negarle el derecho al matrimonio a los homosexuales. El coro lo escribió como una arenga para animar a la gente a no rendirse y luchar por sus principios. Es curioso que el tema que les dio el éxito en un principio fue usado sin permiso (el grupo no tenía ni idea) para la serie Skins.

     El tema Listen Up! tiene la curiosidad de tener dos vídeos musicales, en uno de ellos aparace Beth Ditto comiendo pizza en respuesta as las críticas por su sobrepeso, y en el otro vídeo relata como un transexual y un hombre acaban coincidiendo en un club y comienzan a bailar juntos.

     Standing in the Way of Control es un disco donde se alternan temas como los dos anteriores, Yr Mangled Heart ó Holy Water donde están muy presentes los potentes guitarreos mezclados con música disco y temas como Coal to Diamonds ó Dark Lines, de corte más lento dónde Beth Ditto da muestras de su enorme y brillante poderío vocal. 
     

El disco de la semana 39: Michael Jackson - Bad




El síndrome del segundo disco afecta a todos los músicos en mayor o menor medida. Está motivado por la presión de la discográfica por entregar un segundo disco rentable y poco arriesgado. Si el primer disco ha sido un éxito, la presión para que el siguiente vaya en la misma línea será asfixiante, a lo que el grupo generalmente responderá con un disco totalmente diferente, lo cual podría truncar su posible carrera emergente si no logra el éxito esperado. Si, por el contrario, el primer disco ha sido un fracaso, el segundo se convierte en la última bala disponible para lograr un disparo certero en la diana del éxito.


¿Y qué tiene que ver esto con "Bad" de Michael Jackson? No es un disco de debut, tampoco segundo disco, y lo firmaba un artista consagrado y de larga trayectoria. Tampoco saco este tema a colación porque tuviera que sufrir las comparaciones con su antecesor Thriller. La respuesta es que el síndrome del segundo disco pueden sufrirlo también los aficionados a la música.

He tenido la inmensa suerte de crecer en un entorno familiar en el que la música siempre ha ocupado un lugar privilegiado. Mi padre ha sido siempre un gran amante de la música, y crecí escuchando a Juan Bravo, Julio Iglesias, Manolo Escobar y tantos otros. El hábito de escuchar música a todas horas me viene de esta influencia, pero ese año marcó el comienzo de mi propia colección de discos y mis preferencias fueron por caminos completamente diferentes.

Tras un primer disco de debut del que posteriormente renegé durante años ("The Final Countdown" de Europe, disco de la semana 26 en 7dias7notas), la presión de acertar de pleno con el segundo disco era para mí asfixiante. Sin mucho dinero para arriesgar y no acertar en la elección de discos, y sin la ayuda de Internet para escuchar temas más allá del single de lanzamiento, había que afinar mucho y procurar no equivocarse en la elección. Y aunque dudé hasta el último momento si decantarme por el "Faith" de George Michael, acabé renegando de la fé para unirme a la banda del "Malo" que bailaba en la estación de Hoyt-Schermerhorn, en el barrio de Brooklyn de Nueva York.

La presión desapareció con la primera escucha, y la sensación de alivio fue enorme al comprobar que a la segunda había dado justo en el blanco. Algo parecido debió sentir él al entregar por fin esta colección de 10 canciones (11 en el formato CD), cargado con la responsabilidad de presentar un disco que estuviera a la altura de "Thriller". Billie Jean y vídeos de zombies aparte, para mí no hay color entre los dos discos, "Bad" es el disco más moderno, trabajado y completo que Jackson entregó jamás. La complejidad del proyecto se hace visible si recurrimos a las cifras: Se trabajó en 70 canciones que se fueron descartando hasta llegar a las 10 elegidas, que sufrieron más de 80 mezclas hasta dar con la mejor versión de cada una de ellas.

Para Bad, la canción de arranque y de título del álbum, se planeó un dueto con Prince, pero el genio de Minneapolis se bajó del proyecto en el último momento. Como fan de ambos artistas, me habría hecho ilusión que ese dúo hubiera existido, pero viendo el resultado final de Bad me cuesta imaginar que hubiera sido mejor con dos cantantes. A destacar el solo de teclado de Greg Phillinganes, simplemente memorable.

The way you make me feel es posiblemente la canción más pegadiza del álbum, aportando un interesante híbrido entre una melodía soul y un ritmo funky que la batería electrónica lleva casi hacia lo industrial, mientras los teclados de fondo rebajan el conjunto para hacerlo más melódico. La transición de teclado es de nuevo un ejercicio del ritmo funky del que se había alejado desde los tiempos de "Off the Wall".

En Speed Demon el nivel de brillantez baja ligeramente respecto al resto, en su defensa hay que alegar la rotundidad de los arreglos y los teclados, el toque funky de la guitarra y sobre todo el brillante puente en falsete de Michael Jackson, pero el veredicto sigue siendo "culpable" de ser una de las dos únicas canciones del disco que pueden hacernos fruncir el ceño y generarnos dudas.

Liberian Girl es la primera de las dos grandes baladas del disco. Dulce canto de amor a una mujer de Liberia en el que la voz suave de Michael Jackson destaca brillantemente, arropada por un ritmo de percusión con toques africanos y el sonido del teclado emulando el rasgado de un arpa. Una canción que habría encajado como un guante de seda en un disco de Sade.


Si la canción sobre la velocidad demoníaca bajaba el nivel pero tenía partes salvables, Just good friends no presenta ningún argumento de defensa por el que ningún jurado pueda salvarla de la quema. Repite sin gracia la misma fórmula utilizada en "Thriller" con "The girl is mine", un dúo con artista famoso (allí Paul McCartney, aquí Stevie Wonder) basado en la discusión sobre si una chica les quiere o no. Adicionalmente, ya era la segunda vez que Michael equivocaba la canción a elegir en el acuerdo al 50%, Say Say Say fue a parar al disco de Paul de aquel año y es mucho mejor que The girl is mine, y aún es más evidente la diferencia entre el single de éxito Get it del disco de Stevie y esta canción. La condena fue ser el único tema del disco que no salió como single,

Another part of me recupera la chispa y la energía gracias a su vibrante ritmo y al trabajo de los teclados. Una canción sencilla pero de nuevo pegadiza y efectiva, y solvente para el directo como demuestra el hecho de que su video de promoción fuera un directo puro sin recurrir a mezclar imágenes en vivo con la canción original.

Man in the mirror es una de las mejores canciones del disco, y el único de los cortes que no viene firmado por Michael Jackson. El tema fue compuesto por Siedah Garrett, y en la voz de Michael se convirtió en uno de los temas míticos del cancionero del autoproclamado "Rey del Pop". No podía faltar en un disco de "Jacko" un tema protesta contra el hambre, las injusticias y el rumbo al que estamos conduciendo este mundo nuestro.


Quizá como recompensa o parte del acuerdo por la cesión de la canción anterio, es Siedah Garrett la que interpreta, a dúo con Michael, I just can't stop loving you, el segundo tema lento del disco, y el más brillante de los dos. Las dos voces empastan a la perfección y la canción tiene uno de los estribillos más memorables de los que Michael escribió. No en vano fue el single de lanzamiento antes de que saliera el disco.

Dirty Diana es el tema rock del disco, Michael tira de nuevo de fórmula y no se olvida de meter siempre un tema en el que, apoyado por un gran guitarrista, las guitarras exploten para satisfacer a su público más "blanco" y rockero. Sus gemelas de otros discos son, por ejemplo, Beat it con Eddie Van Halen, o Give in to me con Slash. El tema es brillante, y salió respaldado de un brillante video en falso directo y de la polémica sobre quién era la "sucia Diana" del cuento. ¿Lady Di o (más probablemente) Diana Ross? El interés en esta duda siempre me ha durado lo que tarda en comenzar la siguiente canción.

Smooth Criminal es la brillante coda final para un disco grande. Me atrevería a decir que es el mejor tema del disco. Al oírlo, te olvidas por completo de Diana y te centras en saber si Annie está OK. El criminal de guante blanco es tan brillante y sigiloso que te roba el corazón, ese que suena al comienzo del tema, sin que te des cuenta. Al final de la canción eres ya, sin remedio, otro fan más que unir a la lista.

Habrá que ir cerrando, y quizá mencionar Leave me alone, el tema extra en la versión CD, y lamentar de paso que no eligiera esta defensa contra el acoso de los paparazzi en lugar del Just good friends perpetrado junto a Stevie Wonder. Mucho mejor este grito de rabia en el que reclamaba: "Déjame en paz". Al fin y al cabo, es lo mismo que mi padre me decía cuando, con toda la familia en el coche camino de la playa, yo pretendía que sacara el cassette de Juan Pardo para poner el Bad de Michael Jackson.