Speelbound - Siouxsie and the Banshees
Las luces del club se apagan, pero el aire en la sala no se enfría; al contrario, se vuelve denso, cargado de una electricidad que eriza la piel antes de que suene la primera nota. De pronto, el silencio se rompe no con un golpe, sino con un destello: el riff de "Spellbound" de Siouxsie and the Banshees.
No es una canción que empiece; es una canción que te secuestra. La guitarra de John McGeoch no toca una melodía, sino que dibuja espirales metálicas en el aire, como si estuviera invocando algo que ha estado esperando bajo el suelo del escenario. Es una invitación a un ritual donde la cordura se deja en la puerta. Mientras el bajo marca un paso acelerado, casi febril, te das cuenta de que no puedes simplemente escuchar este tema; tienes que correr con él.
Luego llega ella. Siouxsie no entra cantando, irrumpe como una autoridad de otro mundo. Su voz se desliza entre el desafío y la profecía, dictando los pasos de una danza macabra que todos, inconscientemente, empezamos a seguir. Hay algo genuinamente inquietante en cómo articula "Following the footsteps of a rag doll dance". No es una letra para descifrar en un cuaderno; es un mantra que se clava en la nuca. El ritmo no te deja descanso; la batería de Budgie es el corazón desbocado de alguien que sabe que no hay vuelta atrás, que la persecución ya ha comenzado y que, en realidad, no queremos ser rescatados.
Escuchar "Spellbound" es sentirse atrapado en una película de terror de alto presupuesto donde tú eres el protagonista y el antagonista al mismo tiempo. Es la banda sonora de esa adrenalina pura que surge cuando la noche se vuelve impredecible. No hay melancolía aquí, ni la tristeza pasiva que a veces asociamos con lo gótico. Lo que hay es pura, bruta y descarada vitalidad oscura.
Cuando el último acorde se desvanece, no queda la sensación de haber escuchado música, sino la extraña impresión de haber sobrevivido a algo. Te quedas ahí, con el eco del riff resonando en las sienes, preguntándote cómo una banda logró encapsular ese instante preciso en que el miedo se convierte en placer. "Spellbound" no es solo un clásico del post-punk; es la prueba de que, si cierras los ojos y dejas que el sonido te atraviese, la realidad puede transformarse en cualquier cosa que ellos quieran que sea.
Daniel
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