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viernes, 4 de septiembre de 2026

Disco de la semana 497: Room on Fire - The Strokes



Room on Fire: The Strokes se reafirman sin traicionar Nueva York

Hay discos que llegan con la presión de confirmar algo, y otros que simplemente se atreven a repetir la fórmula sabiendo que esa fórmula todavía tiene mucho que dar. Room on Fire, el segundo álbum de The Strokes, pertenece claramente al segundo grupo. Escucharlo es volver a esa misma Nueva York de guitarras entrelazadas, noches largas y actitud despreocupada que la banda había retratado en su debut, pero con algunos matices nuevos: sintetizadores discretos, un pulso ligeramente más bailable y una producción algo más cuidada, aunque sin perder esa textura urbana que los hizo únicos.

Publicado en 2003, Room on Fire llegó en un momento delicado. Is This It había sido recibido como una revolución silenciosa del rock, y la pregunta obligada era si The Strokes podían sostener ese nivel sin repetirse ni traicionarse. La respuesta de la banda fue casi provocadora en su sencillez: no reinventarse, sino profundizar. Cinco músicos volviendo a tocar canciones cortas, directas, llenas de guitarras, con Julian Casablancas cantando con esa mezcla ya reconocible de indiferencia y desgaste.

Pero, como en su debut, detrás de esa aparente comodidad había decisiones muy pensadas.

The Strokes entendieron que no hacía falta cambiar de identidad para evolucionar. Bastaba con ajustar los matices: un poco más de brillo en los teclados, ritmos algo más marcados pensando en la pista de baile, y guitarras que seguían dialogando entre sí como en los mejores momentos de Television o Blondie. Room on Fire no rompe con la tradición neoyorquina que definió a la banda; la estira con cuidado.

Nueva York como sonido, otra vez

La relación entre The Strokes y su ciudad seguía intacta en este segundo álbum. La banda no sonaba como una agrupación imitando referencias lejanas; su identidad seguía anclada en la propia historia musical de Manhattan.

En Room on Fire hay guitarras que conversan, melodías pegadizas escondidas bajo capas de aparente desgano, y una producción que, aunque más pulida que la de Is This It, conserva ciertas asperezas deliberadas. Las canciones siguen sin buscar el lucimiento técnico. Todo sigue al servicio de la canción.

El comienzo con "What Ever Happened?" funciona casi como una respuesta directa a las expectativas generadas por el disco anterior. La guitarra distorsionada de la introducción, casi como una pequeña provocación, da paso a un tema que deja claro que la banda no tiene intención de esconderse ni de complacer fácilmente.

Después llega "Reptilia", posiblemente el corazón del álbum. Ahí queda clarísimo lo que The Strokes buscan: un riff hipnótico, una energía contenida que explota en el estribillo, y esa capacidad de la banda para sonar urgente sin perder el control. Es música para escuchar caminando rápido, casi corriendo, por una ciudad que nunca se detiene.

Canciones pequeñas que vuelven a sonar enormes

Una de las virtudes que Room on Fire hereda de su predecesor es la capacidad de construir grandes atmósferas a partir de situaciones cotidianas.

"12:51", "The Way It Was", "Between Love and Hate" o "Automatic Stop" parecen canciones sobre asuntos pequeños: relaciones que no terminan de funcionar, rutinas nocturnas, la incomodidad de crecer sin certezas. Pero la banda vuelve a transformar esos temas en algo que suena más grande de lo que parece en el papel.

"12:51" es quizás el ejemplo más claro. Su sintetizador, discreto pero presente, marca una de las mayores diferencias respecto al debut, y sin embargo la canción conserva esa nostalgia inmediata que ya era marca de la casa. Es un tema sobre el paso del tiempo dentro de una relación, y logra que esa nostalgia parezca, otra vez, algo cotidiano.

"The Way It Was" recupera el tono más melancólico del grupo, con una atmósfera casi nocturna que recuerda a ciertos pasajes de Is This It, pero con una producción algo más envolvente.

La sombra larga de la vieja Nueva York

Escuchar Room on Fire después de conocer bien Is This It permite notar cómo la banda mantiene el mismo linaje musical, aunque con matices distintos.

Sigue estando ahí la actitud de The Velvet Underground, el diálogo de guitarras heredado de Television, la economía de Ramones y esa capacidad, tan neoyorquina, de mezclar cultura underground con melodías capaces de llegar a audiencias masivas. The Strokes no abandonaron ese lenguaje en su segundo disco: simplemente lo pulieron un poco, sin perder su espíritu callejero.

Eso es lo que evita que Room on Fire se sienta como una simple repetición de fórmula.

La voz de Casablancas, otra vez

La voz de Julian Casablancas sigue siendo un elemento central. Aquí suena, si acaso, un poco más procesada, con ciertos efectos que la distancian todavía más, acentuando esa sensación de estar escuchando a alguien contar algo importante sin querer admitir que le importa.

Ese contraste —energía musical frente a actitud indiferente— sigue siendo una de las claves del sonido de la banda, y en Room on Fire se mantiene casi intacto.

"Under Control" y el lado más suave de la banda

"Under Control" muestra una faceta distinta de The Strokes: un tempo más lento, casi con aire de soul discreto, que demuestra que la banda no dependía únicamente de la velocidad y la urgencia para sostener una canción.

Ese equilibrio entre temas más acelerados y momentos más pausados es una de las características que hacen de Room on Fire un disco con más variedad de la que suele reconocérsele.

Un disco que sigue sonando a Nueva York

Más de dos décadas después, Room on Fire conserva esa cualidad de no sentirse completamente atrapado en su año de lanzamiento. Suena a comienzos de los 2000, mira hacia el rock de los setenta y ochenta y, sobre todo, sigue sonando a Nueva York.

Es un disco que acompaña bien una caminata nocturna, un trayecto en metro por Manhattan o una madrugada saliendo de algún bar pequeño del Lower East Side.

"What Ever Happened?" abre con desconfianza.
"Reptilia" acelera el pulso.
"12:51" introduce la nostalgia con sintetizadores.
"Under Control" baja el ritmo.
"The Way It Was" cierra con melancolía.

¿Por qué escuchar Room on Fire?

Porque es uno de esos discos que demuestran que una banda puede sostener su identidad sin repetirse literalmente. No es el álbum que reinventó el sonido de Nueva York —ese mérito ya lo tenía Is This It—, pero sí es el disco que demostró que ese sonido podía sostenerse, ajustarse y seguir funcionando.

The Strokes volvieron a demostrar algo simple: no hacía falta reinventarse por completo para seguir sonando vigentes.

Bastaba con las guitarras.
Bastaba con una batería precisa.
Bastaba con una voz cansada, ahora un poco más procesada.

Y bastaba con cinco músicos demostrando que la fórmula que los hizo grandes todavía tenía mucho para dar.

Room on Fire es, en definitiva, la confirmación de que The Strokes no fueron un accidente. Es una segunda postal de la misma ciudad, tomada desde un ángulo apenas distinto. Y quizás por eso sigue siendo tan recomendable: porque cuando suena "Reptilia", durante unos minutos volvemos a caminar por esa misma Nueva York.

Daniel 
Instagram storyboy 

martes, 15 de febrero de 2022

Grandes éxitos y tropiezos: The Strokes

 


En esta nueva entrega de Grandes Éxitos y Tropiezos nos vamos hasta Nueva York, para hablar de un grupo que nos devolvió la ilusión por la música garaje rock en los albores del nuevo milenio. Tras comprobar que el mundo, no se autodestruía con el llamado "efecto 2000" de los ordenadores, sólo nos faltaba la irrupción de un grupo de rock que nos devolviera la efervescencia y el descaro que muchos dábamos ya por perdidos, cuando a finales de los noventa se apagaron los ecos del grunge, el brit pop y la nueva ola punk. Cuando parecíamos abocados a un largo camino de transición y decadencia, llamaron a la puerta del nuevo siglo unos descarados e insolentes The Strokes. El grupo que prometía reinar durante las próximas décadas nos regaló momentos fulgurantes, pero el gigante que llevaban dentro no pudo evitar que sus pies de barro les hicieran dar varios tropiezos. ¿Quieres comprar un disco de The Strokes? Esta es nuestra propuesta para que vayas sobre seguro.

Estás tardando en comprarlo: 

Is this it (2001) está considerado uno de los mejores discos de debut de una nueva banda, y muchos lo etiquetaron como el mejor disco de la década del 2000. La revista Rolling Stone le dio la máxima calificación posible (5 estrellas) en su crítica en el momento de su lanzamiento, y lo que es indiscutible es que prácticamente todo en este álbum es impactante, desde la controvertida portada de la cadera femenina y el guante de látex negro, pasando por la inesperada controversia del tema New York City Cops (que tuvo que ser eliminado de las reediciones del disco por criticar a los policías de Nueva York, en una letra sarcástica e inofensiva que se volvió inoportuna tras los atentados del 11-S), y terminando por el sonido áspero y directo de sus 11 temazos, entre los que se encuentran himnos de la banda como Take it or leave it, Last night, The Modern age o Hard to explain, por nombrar solo algunos.

La continuación de un bombazo de este calibre no debió ser fácil para The Strokes, pero si nos abstraemos del éxito de semejante hermano mayor, y consideramos Room on fire (2003) de manera aislada, estamos ante otra obra grande que encajaría en este apartado de recomendaciones. Las canciones de este disco nada tienen que envidiar a las del precedente, y la diferencia principal estriba en el enfoque que en el disco se le dio al sonido. Sin perder la potencia de los temas anteriores, la producción está mucho más cuidada, y con ello se prescinde de la aspereza y la urgencia de un primer disco que prácticamente se había grabado con tomas únicas. Todo está mucho más pulido en Room on fire, y como nunca llueve a gusto de todos, unos criticaron que el sonido fuera más limpio, y otros que el disco siguiera recordando al de debut y no hubieran dado un giro radical en la segunda entrega. Sin embargo, unos y otros estarían de acuerdo en que temas como Reptilia o 12:51 son auténticas joyas atemporales, y no son las únicas que brillan en un disco que es también imprescindible.
 

Si te queda pasta, llévate también:

Si la crítica fue positiva y unánime con Is this it, y ambivalente y bipolar con Room on Fire, fue bastante injusta y negativa con First Impressions of Earth (2006). Con este disco, la banda intentó dar ese giro que algunos sectores les demandaban, y abrir su paleta a nuevos y más variados colores. Cabe darles parcialmente la razón a los críticos en que el disco se hace largo, y que las canciones más alejadas del sonido de los primeros discos no terminan de despegar, pero un disco que contiene temas como You only live once, Heart in a cage y On the other side no baja nunca del notable en cualquiera de sus escucha.

Su último disco hasta la fecha, The New Abnormal (2020), lanzado durante el confinamiento por el Covid-19, es para muchos el esperado regreso del talento en bruto de una banda a la que todos esperamos ver de vuelta, pero quizá ese ansia nos ciega, y donde creemos ver renovadas excelencias solo hay en realidad algunos brotes verdes (The Adults Are Talking, Brooklyn Bridge To Chorus y sobre todo Bad Decisions), que en cualquier caso son de agradecer tras la travesía por el desierto que fueron discos tan extraños y flojos como los que os contamos en la siguiente sección.

Vuelve a dejarlo en el expositor:

Tanto Angles (2011) como Comedown Machine (2013) son discos tan inexplicables como decepcionantes. En Angles, la obsesión por el innecesario cambio de rumbo en el grupo, les lleva a producir un incómodo disco que suena a tecno-pop ligero de los años ochenta, y del que apenas se salva el tema Machu Pichu, que destaca entre el batiburrillo general y es el único momento en el que brillan como antaño. Siendo un mal disco, les disculpa que al menos parecen tener un objetivo, lo cual no ocurre en Comedown Machine, un disco que transmite dejadez y desgana ya desde la insulsa y genérica portada. Era evidente que estaban agotados y necesitaban un descanso, y el período sabático y los proyectos paralelos les sirvieron para recargar pilas, y recuperar el tono en su reciente regreso con The New Abnormal (La nueva anormalidad). Nunca mejor dicho, porque lo normal hubiera sido que esta banda no se hubiera apeado nunca de lo alto de su, por entonces, merecido pedestal.

 
Nuestro TOP 5
 
1.- Take it or leave it
2.- Reptilia
3.- On the other side
4.-Heart in a cage
5.- Machu Pichu

viernes, 9 de noviembre de 2018

El disco de la semana 68: The Strokes - Is this It







Recuerdo una actuación de The Strokes interpretando Take it or leave it, que encontré en uno de esos ratos de cacharrear por Youtube sin rumbo fijo, en la que la fuerza escénica del cantante, Julian Casablancas me recordó al carisma de Jim Morrison en sus apariciones televisivas. Su manera de atacar las frases frente al micrófono, la pose de “o paso de todo, o estoy colocado, o ambas cosas”, y su sorprendente invasión del patio de butacas, cantando mientras caminaba sobre los respaldos de los asientos como Jesucristo sobre las aguas, o como Iggy Pop sobre los brazos y hombros de la audiencia, me impactaron sobremanera. Para mí esa era la respuesta, el bofetón en la cara del insulso panorama musical, convertido en la España de los noventa en un auténtico páramo en lo que a programas televisivos especializados se refería.



Casablancas a punto de caminar sobre el público
Eso fue, en pocas palabras y en potentes imágenes, lo que supuso el disco Is this It para el panorama musical del momento, un auténtico pisoteo de las desgastadas fórmulas de finales de los 90, un chorro de aire fresco que nos hizo albergar la esperanza de que la nueva década sería mejor. Una vez apagados los otrora brillantes fuegos del grunge, el britpop y la nueva oleada punk, estrellas fugaces que ardieron en su propia combustión y dejaron la segunda mitad de los noventa tocando fondo y en penumbra, llegaron estos chicos bien de Nueva York y agitaron un avispero que parecía irremisiblemente adormecido. Su mensaje era claro y contundente. El título omitía el interrogante, pero era una pregunta que podía traducirse como “¿es esto lo que hay?, y que al final del disco te obligaba a valorar o a tomar una decisión al respecto. Esto es lo que hay. Tómalo o déjalo (“Take it or leave it”). Y decidimos tomarlo.

The Strokes - Take it or leave it
https://www.youtube.com/watch?v=C0qls7b5oAY

IS THIS IT

Nada mejor para explicar el sonido de Is this it que la frase con la que Julian Casablancas indicó al productor lo que quería de aquel primer disco: “Queremos sonar como una banda del pasado que hiciera un viaje al futuro para hacer su disco”. Para lograrlo, el grupo volvió a grabar en el pequeño estudio del East Village de Manhattan en el que habían registrado sus primeros temas. El sonido que buscaban era más cercano al garaje rock y a la aspereza sonora que reproducían sus maquetas en los conciertos, que a la pureza que se podía conseguir en el tratamiento de estudio.

Por esa razón, y siguiendo las indicaciones de Casablancas, las canciones se grababan en una sola toma y sin grandes arreglos posteriores, siendo lo más cercano posible a lo que habría sido un directo. La influencia del cantante en el sonido del disco fue capital, y en palabras del productor del disco, era capaz de estar adormilado tras tomar demasiadas cervezas, y despertarse en el momento de escuchar un golpe de batería desacompasado.

El proceso culminó con una colección de 11 canciones que reflejaban la aspereza buscada en ese supuesto viaje en el tiempo de una banda del pasado, y por las influencias que destilan las canciones, nos atreveríamos a decir que la banda en la que pensaban bien podría ser la Velvet Underground de su admirado Lou Reed, o el regreso triunfal del ya mencionado Jim Morrison desde la ultratumba para volver a comandar a los Doors más incendiarios. Casi como si no quisieran desvelar sus armas de inicio, el tema "Is this It" es en realidad el más lento del disco, para que creamos que la curación del hastío del final de los noventa va a consistir en una tirita y no en un tratamiento de choque.

Es sólo un truco de magia o un simple espejismo, del que comenzamos a darnos cuenta en el ritmo velvetiano de "The Modern Age" y en el sonido garajero y desnudo de "Soma". El ritmo pegadizo y aceleredado vuelve con "Barely Legal" ("Casi Legal"). Esté o no dentro de la legalidad, llegados a este punto ya no queremos bajarnos de este tren sin control al que los Strokes nos han subido, casi sin avisar.

Idéntico camino sigue la instrumentación de "Someday", "Alone Together" o "Last Nite", una de las canciones más conocidas del disco, aunque cediera el honor de ser la canción de lanzamiento del disco a "Hard to explain" (Difícil de Explicar"). Más que considerar difícil de explicar esta decisión, diremos que se explica en la gran cantidad de potenciales singles que contiene este disco, dotado además de una envidiable unidad de sonido y nivel de calidad en todos los temas, algo que no está al alcance de cualquier banda en su disco de debut.


Capítulo aparte merece el tema "New York City Cops", uno de los momentos más álgidos y brillantes del disco, que sin embargo fue suprimida de las ediciones posteriores por su crítica y despectiva letra contra la policía de su ciudad. Tras el 11S, la discográfica considero que no era lo más correcto cantar contra los heroicos agentes de la policía neoyorquina. Un descarado Julian clamaba en directo su desacuerdo ante esta censura, justo antes de que la banda comenzara con las primeras notas.


Portada alternativa de "Is this It"
Y tras una "Trying your luck" menos relevante, el cierre a lo grande llega con la bofetada en la cara con la que abríamos esta reseña, "Take or leave it", somos así y no nos vas a cambiar, o lo tomas o lo dejas, este ha sido nuestro disco y nos despedimos con un temazo lleno de rabia y sabor a clásico. Final perfecto para un disco que prácticamente también lo es, a pesar de los esfuerzos de la discográfica y sus managers por estropearlo, empezando por la censura de la desaparición de “New York City Cops” en beneficio de un corte (“When it Started") mucho más insustancial, y terminando por el absurdo cambio de portada en las ediciones posteriores, eliminado una portada icónica. El fotógrafo Colin Lane entregó al grupo la foto del trasero de una chica, acariciado por la mano de la propia chica enfundada en un guante de piel. La foto generó una inexplicable polémica que finalmente llevó a su retirada para posteriores ediciones. De nuevo Julian tuvo, nunca mejor dicho, la voz cantante, proponiendo como nueva portada una toma microscópica de una colisión de partículas.

No se puede decir que no encajara con un disco que fue una explosión sonora que nos devolvió la ilusión por el futuro de la música en la entonces nueva década. Esas mismas esperanzas las pusimos en un grupo que parecía que iba a romper todas las barreras, pero al igual que le ocurrió a Oasis,  cada disco siguiente fue siempre un poco peor que el anterior, cruzando la línea roja de no retorno tras First Impressions of Earth en 2006, último disco en el que se pueden encontrar varios singles potentes. Anuncian nuevo disco para 2020, y vuelve a ser comienzo de década, por lo que nunca debemos perder la esperanza. ¿Será éste el esperado retorno de The Strokes? ¿Volverán a “pisotearnos” con un disco de la envergadura del de su debut? No queda otra que esperar con incertidumbre, para saber si “esto es lo que hay” o si de nuevo volveremos a ilusionarnos.