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| Angel Witch, Angel Witch |
A finales de los setenta, cuando Londres aún olía a humedad, a pubs llenos de humo y a una juventud que buscaba su propio lenguaje, un puñado de bandas empezó a moldear un sonido nuevo. No era el hard rock mastodóntico de la década anterior ni el punk incendiario que había arrasado con todo. Era otro estilo, más oscuro, más veloz, más crudo. En ese contexto nació Angel Witch, una banda que parecía empeñada en caminar por el borde entre lo terrenal y lo sobrenatural. Su debut homónimo, publicado en 1980 por el sello discográfico Bronze Records, no tuvo grandes campañas ni promociones, ni tampoco expectativas desmesuradas, era, más bien, el típico lanzamiento de un estilo que aún se movía en sótanos, fanzines y conciertos de entrada barata. Pero ahí, en esa modestia casi accidental, reside parte del encanto de un álbum que suena como si hubiera sido grabado deprisa, con la urgencia de quien teme que el tiempo o la suerte se les escape entre los dedos. La producción de Martin Smith da caracter y crudezaa un disco donde las guitarras entran a saco, desafiantes, la batería golpea con una sequedad casi punk y la voz de Kevin Heybourne suena entre frágil y desafiante a la vez. Este álbum debut se convirtió en un los discos esenciales de la New Wave of British Heavy Metal (NWOBHM).
Angel Witch encontro su propio hueco, pues no buscaa competir con la épica de Iron Maiden o con la velocidad de Motörhead. Su terreno era otro: lo ocultista, lo melódico y lo sombrío. Y ese universo encuentra su forma más pura en la canción que da título al disco, Angel Witch, nos abre la puerta de entrada a ese mundo de oscuridad y sombras. El riff principal irrumpe como un relámpago, es rápido, es directo y memorable. Entre los riffs, la canción avanza con una estructura sencilla pero tremendamente eficaz, con estrofas tensas, un estribillo que se repite como un conjuro y un puente instrumental donde la guitarra se permite un breve vuelo melódico. La producción consigue que suene casi íntimo, como si la banda estuviera tocando a dos metros de uno. En cuanto a la letra, las fuentes coinciden en que Heybourne jugaba más con la estética que con la ideología. No vamos a encontrar un mensaje satánico profundo ni una declaración doctrinal, pero si vamos a encontrar fantasía e imaginación demoníaca. La canción equilibra brillantemente esa temática sombría con una musicalidad luminosa, y el estribillo, repetitivo y directo, tiene algo de himno de pandilla, de grito compartido en un pub abarrotado. Estamos ante una canción que representa un momento en el que el heavy metal aún estaba formándose, cuando la energía y la convicción pesaban más que cualquier despliegue técnico, y Angel witch contribuyó a forjar la historia de un género que estaba aprendiendo a caminar entre sombras.
