Duran Duran – “Save a Prayer”
Hay una diferencia enorme entre una canción romántica y una canción realista sobre el deseo, y "Save a Prayer" es, según su propio autor, lo segundo. Simon Le Bon definió así esta joya de Rio (1982), el disco que catapultó a Duran Duran al estrellato global: no habla de amor eterno, sino de un encuentro de una noche, de esa mezcla de atracción y fragilidad que aparece cuando dos desconocidos se cruzan en una pista de baile.
Ese desajuste entre la letra —honesta, casi melancólica— y la producción —lujosa, atmosférica, bañada en sintetizadores— es lo que vuelve a este tema tan particular dentro del new romantic de principios de los ochenta. El estribillo, inspirado según Le Bon en "If You Could Read My Mind" de Gordon Lightfoot, tiene una melancolía casi folk disfrazada de pop de estadio. Nick Rhodes construye capas de teclado que parecen niebla, mientras que la base de John Taylor y Roger Taylor mantiene un pulso bailable que nunca deja que la canción se hunda del todo en la tristeza.
El videoclip, filmado en Sri Lanka en abril de 1982 por Russell Mulcahy, terminó de sellar el estatus icónico del tema. Las imágenes de la banda tocando entre las ruinas de Polonnaruwa y en la cima de la fortaleza rocosa de Sigiriya se convirtieron en un ícono de MTV en sus primeros años, consolidando a Duran Duran como una de las bandas más visuales de la década, en una época en que el canal todavía estaba definiendo qué significaba eso.
En el Reino Unido, "Save a Prayer" llegó al número dos y se transformó en el hit más grande que la banda había tenido hasta ese momento. En Estados Unidos, curiosamente, tuvo que esperar: no se editó como single en 1982, y recién en 1985, con una versión editada, entró al top 20 del Billboard Hot 100, empujada por el envión de Seven and the Ragged Tiger y Arena.
Lo que queda, pasados más de cuarenta años, es una canción que logró algo difícil: sonar lujosa y vulnerable al mismo tiempo. "Save a Prayer" no necesita gritar para emocionar; alcanza con esa voz de Le Bon flotando sobre los sintetizadores, pidiendo —casi rogando— que alguien recuerde el nombre de quien se va. Una de las cumbres silenciosas del repertorio de Duran Duran, menos citada que "Hungry Like the Wolf" pero infinitamente más profunda.
Daniel
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