
Tras una serie de tres discos publicada entre 1977 y 1979 conocida como la "Trilogía Berlinesa", en los que experimentó con sonidos más europeos y vanguardistas que en discos anteriores, pero que no supusieron un gran éxito comercial, David Bowie enfocó su nuevo disco "Scary Monsters (and Super Creeps)" (1980) hacia terrenos más comerciales. Afortunadamente, el foco en la comercialidad y las ventas no hizo que las canciones del disco desmerecieran en calidad a las entregas anteriores, ni que perdieran su buena dosis del art rock, new wave y post punk de los temas más característicos del Bowie de finales de los setenta. Por ese motivo, el disco "Scary Monsters (and Super Creeps)" se consideró durante muchos años como el último de sus grandes discos antes de que, en uno de sus interminables giros estilísticos, abrazara durante los ochenta sonidos aún más comerciales y bailables.
La canción que dio título al disco, y que saldría publicada como tercer single promocional tras "Ashes to Ashes" y "Fashion", destaca notablemente por el apocalíptico sonido de la guitarra eléctrica de Robert Fripp y una energizante percusión sintetizada. David Bowie interpreta la parte vocal con maestría y forzando su acento cockney, casi relatando más que cantando una historia sobre el descenso de una mujer a los infiernos del trastorno mental ("Cuando miré en sus ojos eran azules pero no había nadie en casa...). Buena parte de la letra fue escrita por David Bowie en 1975, para una posible canción que en ese momento llevó el título de "Running Scared", inspirada en un anuncio de los cereales Kellogg's, que ofrecía con los cereales una serie de juguetes de "monstruos aterradores y superhéroes" ("Scary Monsters and Super Heroes").
Aquel esbozo de canción no había encontrado su sitio y su momento en ninguno de los tres discos de la trilogía berlinesa, pero la versión final de la canción que acabó dando título a "Scary Monsters (and Super Creeps)" es el mejor ejemplo de lo que David Bowie quería conseguir con el disco, pues la guitarra de Robert Fripp crea una atmósfera que tiene el indudable sabor sonoro de sus obras más arriesgadas, y una letra claustrofóbica e impactante, pero al mismo tiempo, está dotada de una accesibilidad mucho mayor y de un estribillo más reconocible para el gran público y las actuaciones en grandes estadios. Consecuentemente, el single alcanzó un meritorio puesto 20 en las listas de ventas del Reino Unido, aunque no llegó a las cotas de popularidad de los anteriores singles del álbum.