viernes, 20 de marzo de 2026

Disco de la semana 474: Good Company - The Dead South

 


Publicado el 26 de abril de 2014, "Good Company" fue el primer LP de larga duración de The Dead South y el disco con el que cimentaron su identidad y característico estilo de bluegrass y folk modernos, con una inusual formación de banjo, guitarra acústica, mandolina y violonchelo (en lugar de contrabajo) y la ausencia de batería. Dos años después de su publicación, la viralización del vídeo de la canción "In Hell I’ll Be in Good Company" disparó las escuchas y descargas de un disco que ofrece catorce fogonazos de bluegrass de taberna y baladas de corte sombrío.

El disco arranca con "Long Gone", con un fogoso banjo mandando sobre el resto de instrumentos y con la voz áspera de Nate Hilts perfectamente encajada en el perfecto ritmo de la canción. La letra oscila entre la huida sentimental y el humor negro y la exageración satírica, rasgos frecuentes en el cancionero del grupo. Le sigue “Achilles”, más cadenciosa y de estribillo potente, y un destacable cello acompañado de mandolina y banjo en el cuerpo y la melodía de la canción.

El trío inicial lo completa “The Recap”, épica canción de aires tabernarios, con una letra que va creciendo en intensidad, con la música alternando tramos contenidos y estallidos rítmicos, antes de llegar a la ya mencionada “In Hell I’ll Be in Good Company”, la piedra angular del disco y la canción insignia del grupo, un curioso ejercicio musical que algunos han descrito como de "marcha fúnebre bailable" con un estribillo en el que el grupo asume y afronta el tema de la muerte en clave de sátira burlona.

“Manly Way” tiene también la habitual carga satírica de una típica canción de The Dead South, combinada con la también habitual instrumentación tradicional de mandolina y banjo sobre una base rítmica minimalista. Funciona como una especie de transición entre la primera parte del disco y “Travellin’ Man”, momento en el que se adentran en el terreno de la balada, y la voz rasposa de Nate Hilts vuelve a cobrar mayor protagonismo, en un tema en el que también destacan los cuidados coros y un banjo con sabor a carretera solitaria.

“Honey You” es una de las canciones favoritas de los fans del grupo, y es prácticamente imprescindible en sus actuaciones en directo. Tiene un toque dulce y pegadizo en la melodía y en los coros, y el estribillo se queda pegado fácilmente en la memoria del oyente, sin que por ello pierda el tono taciturno y algo lúgubre de la propuesta musical de The Dead South. Para este tema también grabaron un video promocional, que tuvo bastante presencia en las plataformas de consumo de música online. Tras este nuevo momento cumbre del disco, “Ballad for Janoski” es una extensa y contenida balada con un agradable cello, que va creciendo conforme avanzan sus más de cinco minutos de duración.

“Down That Road” retoma el medio tiempo habitual del disco en tono de road movie, descargando la tensión generada por el intenso tema anterior, y abriendo camino para un tramo final más luminoso y animado, que comienza con el manifiesto que es “The Dead South”, plagada de riffs de banjo y cierta sorna auto-paródica, y otro de los himnos característicos de la banda. No menos relevante y pegadiza es “That Bastard Son”, brillante tema folk de estribillo para cantar a coro. Y tras estos tres impactantes fogonazos, el ritmo vuelve a calmarse en “Deep When the River’s High”, profunda y dramática balada en la que el cello camina a sus anchas en agradables oleadas armónicas.

La intensidad no decae en “Into the Valley” y sus más de seis minutos de tensión creciente y apocalíptica. Musicalmente es la pieza más ambiciosa del disco, con una instrumentación de folk de salón cocinada con la calma necesaria y una producción muy limpia y acertada. Podría haber sido un gran final para "Good Company", pero The Dead South aún guardan una bala más en la recámara y, para terminar, nos regalan la bola extra de “Banjo Odyssey”, un torbellino acelerado y satírico sobre la rebeldía juvenil, descrita a través de la explícita historia de una relación amorosa entre primos. Musicalmente es, de nuevo, una gran demostración de su destreza con el banjo, con un estribillo pegadizo y una intensidad que hace que cierre en todo lo alto un disco que, definitivamente, es una "buena compañía" tanto si estás solo en casa sentado junto al tocadiscos, sin estrés ni prisa alguna y con una buena cerveza en la mano.

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