La andadura musical de Jeanette es una de las más fascinantes y particulares del pop en español. Con su inconfundible voz etérea, dulce y con un leve acento extranjero, la intérprete hispano-británica ya había saboreado las mieles del éxito internacional en los años 70 gracias a himnos imperecederos como "Soy rebelde" o "Porque te vas". Sin embargo, la llegada del cambio de década trajo consigo un periodo de transición y búsqueda artística que culminaría en un momento cumbre para su carrera y en la creación de una obra cumbre de la balada en nuestro idioma. Para entender el renacimiento de Jeanette en 1981, es necesario mirar un poco hacia atrás y comprender su desgaste artístico a finales de los 70, tras haber estado afincada en Alemania grabando sencillos de música disco y synth-pop por imposición de los productores —un estilo frívolo y encorsetado que no terminaba de encajar con su identidad artística—, la cantante tomó la firme decisión de dar un vuelco absoluto a su trayectoria. Sabía que su fuerte no eran las pistas de baile, sino la intimidad de la canción melódica. Decidió renegociar sus contratos para regresar de lleno al mercado español y reencontrarse con el compositor que mejor había sabido entender su sensibilidad y modelar su fragilidad vocal: el maestro jiennense Manuel Alejandro. En 1981, Jeanette publicó el álbum titulado Corazón de poeta bajo el sello discográfico RCA, grabado en los prestigiosos estudios Abbey Road de Londres, el disco supuso un éxito colosal que revitalizó por completo su carrera, devolviéndola de inmediato a los primeros puestos de las listas musicales en España, México, Argentina y gran parte de Latinoamérica. Al escuchar las maquetas y los temas terminados por primera vez, la propia Jeanette supo que estaba ante el trabajo más maduro de su vida y se dijo a sí misma: "Esta es la mía". Aquel año significó su consagración definitiva, abandonando la etiqueta de "musa juvenil" para erigirse como una de las grandes damas de la canción romántica.
La joya de la corona de aquel álbum de 1981, y el tema elegido como indiscutible primer sencillo, fue "Frente a frente", la canción es una balada sumamente elegante construida sobre una base minimalista pero profunda, donde delicados arreglos de piano y violín arropan la susurrante y casi quebradiza voz de Jeanette. Lo que la hace verdaderamente especial es la madurez, la psicología y la crudeza de su temática, en lugar de abordar el clásico desamor adolescente o el despecho rabioso tan común en la época, la letra describe de forma casi fotográfica e introspectiva el dolor, el silencio sepulcral y la insalvable distancia que se genera en una pareja durante el proceso de una separación definitiva. El texto plasma con una sensibilidad sobrecogedora ese instante devastador en el que dos personas se miran a los ojos y asumen, con dolorosa dignidad, que ya no queda nada de qué hablar, que el amor se ha evaporado. Para la sociedad española de principios de los años 80, que apenas estrenaba la ley del divorcio, tratar este proceso con semejante naturalidad, madurez y melancolía supuso un enfoque musical adelantado a su tiempo. La interpretación de Jeanette, que transmitía una vulnerabilidad desarmante, caló tan hondo en el público internacional que la artista llegó a grabar una versión en inglés titulada "Sorrow" ("Dolor") para expandir su mercado. "Frente a frente" no solo se convirtió en el tema más icónico de Corazón de poeta, sino en un testimonio social y emocional de una época. El estatus de clásico atemporal de esta obra quedó firmemente demostrado casi tres décadas después de su lanzamiento original. En el año 2010, el reconocido músico aragonés Enrique Bunbury decidió rendir un sincero homenaje a la composición de Manuel Alejandro y a la interpretación de Jeanette, eligiendo "Frente a frente" como el primer sencillo de su aclamado álbum Las consecuencias.