sábado, 23 de mayo de 2026

Disco de la semana 483: Oktubre - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Disco de la semana 483: Oktubre - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: la banda que no le pidió permiso a nadie — y Oktubre, el disco que lo cambió todo

Hay bandas que llegan al éxito por la radio, por las tapas de revistas, por el apoyo de una discográfica poderosa. Y hay bandas que llegan porque la gente se lo cuenta al oído al de al lado, en un bar, en la cola del kiosco, en el pasillo de la facultad. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fueron un fenómeno de convocatoria único en Argentina. 
No hubo campaña publicitaria que los empujara. No hubo sello multinacional que los respaldara. Hubo, simplemente, música que dolía justo donde tenía que doler, y una tribu que fue creciendo sola, en silencio, hasta que ya no hubo estadio capaz de contenerla.

El origen, conocer a la banda desde la ciudad de La Plata, el contexto social la dictadura militar y una cofradía de artistas raros

A mediados de los años 70, en la ciudad de La Plata, se gestaba un movimiento contracultural que sería el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Un grupo de jóvenes artistas y músicos se congregaba en espacios alternativos, mezclando experimentos teatrales, proyecciones audiovisuales y manifestaciones del espíritu psicodélico de la época. 

De ese caldo surgieron tres figuras que serían inamovibles: Carlos "Indio" Solari, Eduardo "Skay" Beilinson y Carmen Castro "La Negra Poli", todos ellos asesorados artísticamente por Ricardo Cohen, alias "Rocambole".

El nombre de la banda nunca fue del todo serio, y eso era parte del juego. "Patricio Rey no existe; Patricio Rey son todos", fue la explicación que desde siempre hizo Carlos "el Indio" Solari cuando le preguntaban quién era ese Patricio Rey que dio nombre a su banda. 
Una entidad colectiva, casi mítica, que funcionaba como escudo y como filosofía al mismo tiempo.

Sus primeros shows no solo eran musicales sino que también contenían números de ballet y teatro, mientras se repartían verdaderos redonditos de tricota al público (pequeños bocadillos). Era arte total, desorden organizado, carnaval con electricidad. En esos años de dictadura, hacer eso no era un gesto bohemio: era una pequeña revolución.

El under como trinchera

Durante años, Los Redondos fueron una banda de culto en el sentido más literal de la expresión. Promotores del "boca en boca", recorrieron el circuito under de los pubs y teatros hasta que, promediando los 80 y con dos discos en su haber, alcanzaron la popularidad y afianzaron la identidad ricotera plantando himnos que fueron y serán emblemas del rock argentino. 

Lo que los diferenciaba no era solo la música. Era la postura. Los Redonditos de Ricota siempre se caracterizaron por ser completamente independientes. Nadie les decía qué tocar, cómo vestirse, cómo venderse. La Negra Poli era la arquitecta logística de todo eso: productora, mánager, brújula. Sin ella, el Indio y Skay probablemente habrían seguido siendo una banda de culto para siempre. Con ella, se convirtieron en un fenómeno.

Oktubre (1986): cuando el rock argentino aprendió a hablar en serio

Si hay un disco bisagra en la historia del rock nacional, ese es Oktubre. El álbum se caracteriza por un sonido que incorporó influencias del new wave y el post-punk —lo cual significó un cambio con respecto a su álbum anterior, Gulp—, y por su narrativa con elementos distópicos, inspirada en las revoluciones sociales históricas y el contexto bélico internacional de la Guerra Fría, así como también del escenario político argentino en el período de la vuelta a la democracia. 

El arte de tapa y su concepto están inspirados en la Revolución Rusa de 1917, mientras que el sonido incorpora elementos de post-punk influenciados por el new wave de los 80, con bandas como The Cure, Joy Division y The Police como referentes. 
Rocambole, el genio visual detrás de la estética ricotera, diseñó una tapa que era ya un manifiesto antes de que sonara la primera nota.

El disco salió a la venta el 4 de octubre de 1986 y fue presentado el 18 y 25 de ese mes en Paladium ante 1.200 personas. Hoy eso suena pequeño. En ese momento, era el umbral de algo enorme.

Un disco que no le escapaba a nada. 
Lo que hace grande a Oktubre no es solo la música —aunque la música sea extraordinaria—. Es que en contexto, es el mejor álbum conceptual del rock nacional argentino, presenciando una distopía que tiene como eje principal la revolución rusa de 1917 y los diferentes sucesos presentes por aquel entonces en la Guerra Fría y la sociedad argentina. 

Ahora el enemigo tenía otra forma más difícil de discernir, en medio de un resentimiento y deseo de venganza post dictadura cívico-militar de 1976. "Divina TV Führer" traza un paralelismo entre la televisión y el nazismo en un mood muy "1984" de Orwell; "Preso en mi ciudad" expresa el hastío de las grandes urbes y el enojo del rock ante el avance del pop; "Música para pastillas" sugiere que los buenos volvieron y están rodando cine de terror, en referencia a que aunque el gobierno militar ya no estaba en el poder, la cúpula militar seguía teniendo gran peso en la sociedad. 

"En el segundo disco de Los Redondos la idea principal era recordar admirativamente los procesos revolucionarios y las luchas protagonizadas por las masas en la historia de la humanidad, en cuanto fueran sometidos contra sus opresores", recordó Rocambole. 

Y en ese marco de ideas explosivas aparece "Ji ji ji", la canción que los hizo conocidos masivamente. La leyenda cuenta que el tema surgió cuando Skay estaba zapando con su guitarra en un balcón mientras recordaba melodías de Jimi Hendrix, acompañado por la Negra Poli y el Indio Solari, quien tras escuchar la introducción agregó el famoso estribillo "No lo soñé". El Indio diría después que la canción hablaba de la psicopatía y la paranoia, de los males del promedio de la cultura rock. Pero la gente la cantó como si hablara de ella misma. Eso es lo que hacen las grandes canciones.

La historia detrás de "Ji ji ji" tiene además un giro oscuro y real: la canción fue escrita a inicios de 1986 como referencia a la adicción, pero desde ese momento hasta la publicación del disco ocurrió el accidente de Chernobyl. Esto llevó a reemplazar el final original con efectos de sonido del accidente, sirenas y gritos de "¡Chernobyl, Chernobyl!", en referencia al desastre nuclear.
La historia entró al disco por la ventana, como siempre lo hace.

La tragedia que rodeó al álbum. 
Para los shows de presentación en Paladium, Patricio Rey había incorporado a un nuevo miembro: Andrés Teocharidis, tecladista de formación clásica. Trágicamente, falleció en un accidente de tránsito poco tiempo después de su incorporación al grupo. Una sombra que quedó para siempre unida al recuerdo de ese octubre de 1986.

El legado: cuatro décadas después. 
En 2007, la revista Rolling Stone Argentina situó a Oktubre en el puesto número 4 en su lista de los 100 mejores álbumes del rock argentino. Es un reconocimiento tardío para un disco que, desde abajo, desde el under, desde la resistencia, ya había ganado esa batalla mucho antes.

Oktubre es la transición de Los Redondos hacia la gloria, un álbum que tiene detrás a Carmen Castro, conocida como La Negra Poli, quien fue representante y productora ejecutiva, una pieza fundamental en el crecimiento del proyecto. Y fue el punto de partida de una carrera que culminaría años después con dos shows en River donde asistieron 70.000 personas por noche, convirtiéndose en uno de los shows pagos más exitosos de la historia argentina. 

La banda se separaría definitivamente en 2001. Pero Oktubre sigue sonando como si lo hubieran grabado ayer. Porque hay discos que pertenecen a su época, y hay discos que le pertenecen al tiempo. Este es de los segundos.

¿Ya lo escuchaste de corrido? Si no, hacé el experimento: ponelo desde "Fuegos de octubre" hasta "Ya nadie va a escuchar tu remera" sin parar. Nueve canciones, cuarenta minutos, y una Argentina entera adentro.

Daniel 
Instagram storyboy 

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