El disco de la semana 23: Stevie Wonder "Talking Book"


"Estoy buscando un disco para mi hija, es para su cumpleaños, I just called to say I love you, ¿lo tenéis?"

Así comienza una escena memorable de la película "Alta Fidelidad", un padre de aspecto conservador, vestido con corbata, traje y gabardina entra en la tienda de discos del protagonista y pregunta a  uno de los trabajadores de la tienda, el descontrolado freaky de la música interpretado por Jack Black, que contesta: "Sí, lo tenemos"

"Genial, ¿puedes dármelo? contesta el ilusionado padre, que seguramente había buscado antes en otros sitios sin éxito y que parece un poco perdido en el mundillo de los discos.

"No, no puedo", contesta sorprendentemente Jack Black.

"¿Por qué?" contesta a su vez el padre, que pasa rápidamente de ilusionado a sorprendido.

"Porque es una horterada sentimentaloide y da pena, ¿cree que en esta clase de tienda venderíamos algo así? ¡Dese el piro!"

"¿Pero qué te pasa?" protesta el padre, sin tiempo para decir más porque en ese momento Jack Black estalla:

"¿Conoce bien a su hija? ¡Es imposible que le guste esa canción!. ¿Ha estado usted en coma?"

Sin estar totalmente de acuerdo con la animadversión del personaje hacia "I just called to say I love you", si que coincido en que el mundo parece haber estado en coma selectivo durante el período de los 70 en el que Stevie Wonder realizó varios discos míticos, entre ellos el "Talking Book" de esta reseña. De otra manera no se explica que las radio fórmulas recurran siempre a la amorosa llamada de teléfono de Stevie en los 80, olvidando  canciones del calibre de "You are the sunshine of my life", "I believe" o por supuesto "Superstition" (esta quizá algo más recordada en radios más puristas en los momentos en los que el coma selectivo tiene remisiones o leves signos de esperanza en la recuperación).


Talking Book se publicó en Octubre de 1972, el segundo de una serie de discos de lo que se conoce como el período clásico de Stevie Wonder, en el que se incluyen también discos de la talla de Innervisions o Songs in the key of life. Stevie ya era una estrella de la Motown, y en contra de las clásicas y férreas directrices de control que la caracterizaban, se le dió total libertad artística para desarrollar su idea sobre como quería que sonaran las canciones.

Decidió que el peso del ritmo de las canciones lo llevarían sus interpretaciones de sintetizadores y teclados, especialmente a través del uso del Hohner Clavinet en algunos temas, que dió empaque y unidad sonora al disco, además de dotarlo de un marcado sabor funky. El distintivo sonido del disco lo consiguió además sustituyendo los arreglos tradicionales de orquesta por infinitas capas de sintetizadores, tocados por el propio Wonder.

 El álbum arranca con “You Are The Sunshine Of My Life”, uno de los temas de más éxito, en el que además del teclado de Wonder destaca una inspirada percusión.

El tono cambia después hacia el funky con tintes rock de “Maybe Your Baby”, o al piano intimista de "You and I". Por supuesto no se puede olvidar la mención a “Superstition”, cumbre absoluta del disco y probablemente de su carrera, canción de brillante ritmo funk ante el que es imposible quedarse quieto. Su ritmo de teclado es ya histórico e imperecedero, a la altura del mejor de los "riffs" de las canciones rockeras que todos recordamos.

Pero sería injusto quedarse solo con esta canción, teniendo el disco temas de exuberantes arreglos como "Big Brother" o rutilantes baladas de la calidad de “Lookin’ For Another Pure Love” (con la colaboración de Jeff Beck en el solo de guitarra).

El disco cierra como empezó, a lo grande y con otro de los temas bandera de esta colección de hits, la brillante y atmosférica “I Believe (When I Fall In Love It Will Be Forever)”, en castellano "Creo que cuando me enamore será para siempre".

Que así sea, Stevie. Pero cuando lo hagas, recuerda no decirle a nadie que la llamaste para decirle que la quieres. El mundo podría entrar en coma, y olvidarse de este y otros grandes discos que nos regalaste, para no despertar jamás de ese letargo intrascendente. Y ahora ya no hay tiendas de discos ni dependientes mal encarados que puedan despertarnos y decirnos que nos demos el piro cuando llevemos el rumbo errado.

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