El disco de la semana 14: Smashing Pumpkins, Mellon Collie...





Mellon Collie and the Infinite Sadness

Viajamos atrás en el tiempo hasta los años 90, en pleno apogeo del grunge liderado por ese maremoto que fue el Nevermind de Nirvana, todo el mundo quería subirse a la ola que en ese momento aún crecía desafiante antes de que terminara rompiéndose contra el acantilado en una espiral de espuma, dejando paso al nuevo despertar del punk que trajeron grupos como Green Day, Off Spring, Rancid o NOFX, por citar solo algunos.

¿He dicho alegremente que todos querían ser grunge? Los Smashing Pumpkins me llevaron la contraria y tras un primer disco brillante en esa línea (Siamese Dream), sorprendieron a todos con el lanzamiento de un álbum doble de 28 canciones, una obra descomunal tanto por su desmedida duración como por lo barroco y victoriano de su propuesta musical para un grupo alternativo de la época.

El propio Billy Corgan comentó que se sentían cansados de seguir la fórmula alternativa que siguió el primer disco, por lo que decidieron poner toda la carne en el asador en un ostentoso disco conceptual que querían fuera comparable al "The Wall" de Pink Floyd. Eso es mucho decir pero sí que lograron un disco irrepetible y un admirable ejercicio de introducción de arreglos e instrumentos no habituales como sintetizadores, pianos de cola, arpas y un largo etcétera de matices y colores, de emociones y sentimientos, mezclados con rabia y armonía a partes iguales y en constante cambio de una canción a otra.

No quiero aburriros con una disección completa de todas las canciones, pero si destacar las curiosidades más relevantes de algunos de los momentos clave del disco:

Mellon Collie and the Infinite Sadness
Declaración de intenciones en el arranque de un disco complejo e inabarcable, la primera canción y la que da título al disco es una pieza instrumental de piano con aires melancólicos (Mellon Collie...)

Tonight, tonight
Tremendo himno de rock con un impresionante despliegue en forma de orquesta de 30 instrumentos de cuerda, que van tomando protagonismo hasta el épico final de una canción soberbia.

Bullet with butterfly wings
Primer single del disco, probablemente la canción más rotunda y famosa, imposible no rendirse a ella desde la frase de Corgan del comienzo, "el mundo es un vampiro" ante el que solo cabe la reacción de la rabia de quien se siente "como una rata encerrada en una caja". No se puede expresar mejor el desencanto adolescente de la época.

Cupid de Locke
Para adornar este tema recurrieron a instrumentos poco convencionales, el arpa destaca sobre el conjunto pero la mezcla incluye también el uso de saleros y tijeras como arreglos en algunos tramos, el resultado es simplemente brillante para un tema pausado y evocador.

1979
Segundo single del disco y bandera de la segunda mitad del álbum, una melodía tenue y a la vez hipnótica, con toques electrónicos y en definitiva grandes dosis de magia. Es curioso que estuviera a punto de quedarse fuera del disco en sus inicios, hasta que lograron darle el toque que necesitaban y la incluyeron en el último momento.

En conclusión, una obra grande de un grupo que no tuvo miedo al cambio, para la que se crearon 50 canciones que finalmente desembocarían en las 28 de la versión final, y en las que para cada una de ellas no hubo reparos en probarlo absolutamente todo. Como consecuencia las canciones se van sucediendo y te van zarandeando de un extremo al otro, de la alegría a la melancolía, del odio y la rabia al desencanto y la depresión. 

Así es la vida en definitiva, una sucesión de vaivenes y emociones, o al menos así me imagino que sería viajar en esa ola imaginaria subidos en el barco barroco del Capitán Corgan y sus secuaces, rumbo a despeñarse contra el desfiladero en el que en discos posteriores naufragaron, pero dándolo todo para intentar salvarse en la fiera lucha contra la tempestad dominante.

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