El disco de la semana 38: P.I.L "Album"



LA IRA ES ENERGÍA


En el verano de 1998, en un supermercado londinense, a pocos días de regresar a Madrid tras el infructuoso intento que mi hermana y yo emprendimos para mejorar nuestro nivel de inglés en la capital inglesa, me detuve ante las diferentes variedades de tomate frito de uno de los estantes. Decenas de marcas, etiquetadas en múltiples colores, combinando el tomate frito con una inmensa variedad de especias, pero ni un solo frasco de, simple y llanamente, tomate frito a secas.

Después de un mes entero de dificultades para adaptarme a la vida londinense, las particularidades de la oferta alimenticia no eran ya motivo de sorpresa, pero de alguna manera en aquel momento, de pié frente a un muro de botes de tomate, mi cerebro hizo "click" porque la gota había colmado el vaso. Paré por un momento el disco de PIL que sonaba por los auriculares de mi Discman, y me invadió una gran sensación de ira, sentimiento que según John Lydon y sus PIL es una relevante fuente de energía.

En 1998, el Discman había relevado al Walkman en mi mochila, y PIL a los Sex Pistols, siguiendo la natural evolución por la que acabas siguiendo al cantante de tu grupo favorito cuándo éste se disuelve. El proceso de descubrimiento de PIL fue lento y laborioso, no era fácil conseguir discos de un grupo totalmente desconocido en España, así que mi primer contacto con el disco "Album" llegó muchos años después de su publicación en 1986. De hecho, en el año del lanzamiento de este disco, yo estaba aún descubriendo a los Sex Pistols (momento detallado en la música en historias: La Zona Punk).

En 1986 John Lydon (Johnny Rotten en los Sex Pistols), recién llegado a Hollywood, descubría que el grupo de jóvenes músicos, contratados para su nueva entrega de PIL, estaba totalmente sobrepasado por la presión de grabar en un gran estudio y no daba la talla para ese propósito. Tuvo que prescindir de ellos, y se vió en ese momento solo y sin posibilidad de grabar sus canciones.

Su productor, Bill Laswell, se puso rápidamente a buscar músicos que quisieran tocar en un disco de baja repercusión y que no pidieran a cambio grandes cantidades de dinero. Para su gran sorpresa, se subieron al barco Ginger Baker, batería de Cream (aunque en el disco también toca Tony Williams en algunos temas), y Steve Vai a la guitarra. Ryuchi Sakamoto añadió unas líneas de teclado y el propio Bill Laswell se hizo cargo del bajo para que este particular "PIL" echara a andar.


Para que el disco fuera considerado un disco de PIL, y no como un disco de varios músicos conocidos colaborando, Johnny tomó la decisión de no incluir créditos en el álbum y, llevando la idea al máximo, decidió también que se llamaría simplemente "Álbum" ("CD" o "Cassette" en las versiones en estos soportes). Tampoco habría un diseño diferencial para el producto, ya que el disco sería a todos los efectos una "marca blanca". El propio Johnny lo definió como: "Un artículo sin marca, genérico. Sin rodeos, las cosas como son y punto". Y eso es justo lo que yo necesitaba en aquel momento clave y surrealista de mi vida. Simple y llanamente, tomate frito.



A diferencia de otros discos de PIL en los que, si no eres un iniciado en la manera tan particular que tienen de enfocar y expresar su música, correrías despavorido hacia tu reproductor de discos pensando que estaba dando chirriantes signos de mal funcionamiento, el primer tema "FFF" respeta bastante los cánones del concepto de canción rock y proporciona la rotundidad de arranque necesaria para empezar a valorar las bondades de este disco. La batería de Ginger Baker o Tony Williams (desafortunadamente Johnny no recuerda que batería agarró las baquetas en cada uno de los temas) es demoledora, y Johnny canta con la rabia de un poseso, o de alguien que quiere estar a la altura de los grandes músicos que lo rodeaban. Y en este disco lo está.



"Rise" es la gran apuesta del disco, el hit en single que Johnny nunca tuvo. Una canción con ciertos aires étnicos, gracias a la colaboración de, en sus propias palabras, "un tío indio llamado Shankar que tocó una especie de violín indio que encajaba a la perfección". Gracias Johnny por la calidad de los datos, como suele decirse "si te acuerdas de los 60 es que no los viviste", y esto en el caso de Johnny aplica para varias décadas posteriores. Más acertado estuvo nuestro protagonista en describir el sentimiento fundamental de la canción, a través de la frase mítica que emerge en este gran tema: "¡La ira es energía!".


"Fishing" continúa por la senda del rock, apoyada en la rotunda batería y en las líneas de guitarra de Steve Vai como genial acompañamiento a las peculiares inflexiones vocales de Johnny, el enfant terrible del punk y del "techno rock post punk" al que nos llevó con PIL.

El disco parece tomarse una tregua con "Round", tema más suave que los anteriores y basado en el repetitivo estribillo en el que Johnny engancha una y otra vez la palabra del título. 

"Bags" tiene en común con el resto de canciones hermanas del disco la machacona y rotunda batería y el repetitivo estribillo, pero viene con una carga extra de teclados que le dan un toque más ochentero a la propuesta sonora de estos PIL remozados.  

"Home" es la segunda gran apuesta del disco de cara a las listas de ventas. La guitarra de Steve Vai chisporrotea en primer plano y las transiciones de teclado tienen un cierto toque épico. Johnny está aquí en su salsa, estirando las palabras en los finales de frase, particular marca de la casa desde los tiempos de los Pistols.

"Ease" tiene un comienzo ilusionante, que parece vislumbrar la rareza final que todo disco imaginativo y diferente debe incluir, arrancando con unas líneas de teclado de aire oriental que, me arriesgo a asegurar, llevan la firma de Ryuchi Sakamoto. Con la entrada de la guitarra de Steve Vai, la canción retorna a terrenos más convencionales y se queda a medio camino de lo que podría haber sido. Tema largo y desarrollado (se prolonga hasta los 8 minutos con la ayuda de un gran solo de Vai) que alcanza cotas instrumentales difíciles de encontrar en otros discos de PIL.


Todo esto estaba en mi Discman en aquellos últimos días en Londres. El mismo Discman que, el día de la vuelta a España, en un abarrotado autobús que se dirigía a la estación Victoria, descansaba guardado en mi mochila de viaje. En un frenazo a causa del complicado tráfico, no pude evitar dar un leve y accidental golpe a un pasajero con la mochila. Intenté girarme para pedirle disculpas pero, a medio camino del giro, le escuché decir "¡Shit!" (mierda).

No dije nada en un primer momento, pero el resto del viaje la indignación estuvo dando vueltas sin parar en mi cabeza. ¿Iba a ser ese comentario despectivo el último recuerdo de mi experiencia en Londres? Y más irracionalmente... ¿Iba a marcar ese episodio una pauta en mi vida en la que, en adelante, me dejara pisar por cualquiera que pudiera considerarme como una mierda? Decidí que no.


Como si el Discman estuviera dentro de mi cabeza en lugar de en la mochila, las notas de "Rise" comenzaron a sonar en mi cerebro, en concreto la parte en la que la frase clave se repite: "¡Anger is an energy!" (¡La ira es energía!). Conforme pasaban las paradas, el autobús se fue despejando, hasta que los dos pudimos estar frente a frente, y pude ponerle cara a mi alter ego. Un señor con bigote y cara de ser poco amigo de los mochileros, que en ese momento pulsó el botón de solicitud de parada.

Sin dejar de mirarle de frente, en el momento en que se abrieron las puertas le dije: "'¡Bye, bye shity man!" (¡Adiós, hombre de la mierda!) en referencia a su desagradable comentario. Mi hermana me miró entonces con los ojos desorbitados, tan sorprendida como el señor del bigote, que me miró con gesto inevitablemente serio. Tras unos segundos de silenciosa tensión, asintió educadamente con la cabeza como si reconociera que mi ofensa era, desde un punto de vista salomónico, una respuesta a su inadecuada conducta, y por tanto estábamos los dos empatados. "Bye Bye" contestó, antes de girarse y abandonar el autobús. Las puertas se cerraron, le vi alejarse, y mi último recuerdo de aquella experiencia fue que "la ira es energía".

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