0095 La música en canciones: Moon River - Henry Mancini

 


Pocas canciones podrán presumir de haber enarbolado la bandera del romanticismo en el cine con mayor firmeza que Moon River, la composición de 1961 de Henry Mancini, con letra de Johnny Mercer, para la película Breakfast at Tiffany's (Desayuno con diamantes), en la que era interpretada por Audrey Hepburn. Una composición tan brillante no escapó a la mirada de los jueces de los Oscars de Hollywood, y la corriente del "río Luna" se llevó la preciada estatuilla, en la categoría de mejor canción original. No sería el único gran premio, ya que un año después se llevó dos premios Grammy a la mejor canción y la mejor grabación del año.

Más allá de su enorme trascendencia en su versión para el celuloide, la composición de Henry Mancini ha tenido una larga vida en el mundo de la música, a través de las múltiples versiones de otros artistas que, década tras década, se han encargado de adaptar la melodía de Moon River al devenir de los nuevos tiempos, para que las nuevas generaciones de enamorados pudieran disfrutarla, con la misma intensidad que sus antecesores. Así, el río Luna ha seguido fluyendo, en las voces de artistas como Andy Williams, el primero en versionarla en 1962, o como el propio Johnny Mercer, autor de la letra, que utilizó las aguas de Moon River para reverdecer su por entonces apagada carrera. La cosa funcionó, y tanto como para que una ensenada de Savannah, su ciudad natal, fuera rebautizada como Moon River en su honor.

No fueron los únicos. La lista es tan grande que ya adelanto que ocupará la mayor parte de este párrafo final sobre Moon River. Como si de un desfile de cientos de embarcaciones se tratase, artistas como Frank Sinatra, Judy Garland, Louis Armstrong, Rod Stewart, Barbara Streisand, The Killers, R.E.M., Morrissey, Aretha Franklin, Paul Anka, Ben E. King, Dr.John, Willie Nelson, Katie Melua, Terence Trent DÁrby o Eric Clapton, por mencionar solo algunos, han vadeado, en estudio o en directo, las aguas del río Luna. Un río del que no se conoce desembocadura ni fecha de caducidad, pues sigue fluyendo con el mismo brillo e intensidad que el de los diamantes de aquel desayuno de enamorados en Tiffany's.

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