La música en historias: Parade, #MesPrince


¿La mejor banda sonora del siglo XX?

La pregunta puede resultar pretenciosa, y seguro que os vienen a la mente grandes bandas sonoras que merecerían ese apelativo mucho más que este, por otra parte, increíble disco antes que banda sonora de la película Under the Cherry Moon, dirigida y protagonizada por el propio Prince en 1986. Pero es que la pregunta tiene trampa.

Descubrí a Prince siendo sólo un adolescente, cuando llegó a mis manos el disco Sign of the Times (1987), casi al mismo tiempo que mi cabeza de quinceañero explotaba viendo la retransmisión del concierto de la gira de Lovesexy (1988) en Dortmund. Después de aquello, escuché ambos discos hasta desgastarlos, e inicié una ardua búsqueda de todos sus discos anteriores, digna del mejor de los detectives. Para los que crean que aquí también exagero, conviene recordar que por aquel entonces no había Internet, ni nada parecido. Para llegar a saberlo todo de un artista, había que comprar las revistas especializadas en música en las que apareciera. En una de ellas,dedicaron una página entera a reseñar brevemente todos los discos que había sacado hasta entonces, ordenados cronológicamente y con fotos de las portadas. Recorté esa página y la colgué en la pared de mi habitación, y se convirtió en la hoja de ruta de mi búsqueda de Prince.

En el apartado dedicado a Parade (1986), el redactor afirmaba que éste era el mejor disco de Prince, y añadía que era "la mejor banda sonora del siglo XX". Con esas expectativas, busqué el disco por todas partes, en lo que fue un auténtico desfile de tienda en tienda, hasta que logré encontrarlo. Con las primeras notas de Christopher Tracy's Parade ya tuve claro que aquello no era "la mejor banda sonora del siglo XX", pero sí uno de los discos más arriesgados e inspirados de un artista en estado de gracia, que seguía experimentando con los sonidos étnicos que ya poblaban el también excelso Around the World in a day (1985), pero dotando a las canciones de densas orquestaciones (Parade fue el primer disco firmado por Prince en el que colaboró el compositor y arreglista clásico Clare Fischer) y de referencias a la canción francesa, junto a una carga de jazz-funk mayor que la que había llevado en la maleta en su vuelta al mundo en un día.

Tras el breve y orquestal desfile inicial de Christopher Tracy's Parade, el primero de los dos temas en los que menciona al personaje que interpreta en la película, la cabra tira al monte y nos regala un tema tan desnudo como sus dos protagonistas, en el que Prince propone abiertamente a su pareja: "Cariño, tenemos que probar una nueva posición..." Sexualidad implícita y explícita aparte, es también un alegato a no acomodarse en los esquemas del pasado, y esa búsqueda de "nuevas posiciones" fue constante en cada disco publicado en los ochenta. Toda la canción es un golpe de creatividad y de experimentación sobre la mesa, una muestra más de que en ese momento no había barreras musicales que no se planteara saltar. El ritmo va ralentizándose al tiempo que se mezcla con el comienzo de I wonder U, una brillante pieza minimalista en concepto, duración y letra, con toques árabes y adornos orquestales, rota magistralmente en el final por los acordes de Under the Cherry Moon, primero de los buques insignia del disco y la película, y una de las más brillantes cartas de presentación del Prince melódico y pianista.

El Prince rockero y guitarrero de Purple Rain (1984) brilla aquí por su ausencia, pero a cambio, el despliegue instrumental es apabullante en temas como Girls and Boys, un auténtico trallazo de jazz-funk en el que se da el gusto de incluir tubas, violas y secciones de viento, y hasta recitados en francés acreditados a una enigmática Marie La France. Lástima que después llegue la atropellada y sobrecargada Life can be so nice, el tema menos destacable del disco, que retoma de nuevo la senda correcta con la delicada Venus de Milo, pieza instrumental basada en el piano de Prince y las capas de orquestaciones de Clare Fischer.

La cara B arranca con otro trallazo, la monumental y épica Mountains, quizá la pieza más cercana al rock, pero sin alejarse del tono barroco y psicodélico elegido para el disco. La versión incluida en los créditos finales de la película es mucho más extensa, con una parte adicional en clave de jam session funk. En el disco la canción se reduce a su parte más ortodoxa, al termino de la cual el sonido va disminuyendo hasta mezclarse con la voz de una niña que, en francés, dice: "Los niños que son malos no van al paraíso", antes de que comiencen los primeros compases de Do U Lie, la pieza más "francesa" del álbum, y una dulce canción basada en una estructura de piano y batería de jazz.

Kiss irrumpe entonces poderosamente en los altavoces con su pegajosa guitarra funky, casi en el momento en el que finaliza el último redoble de la balada "parisina" del disco. Poco más se puede decir de uno de los mejores temas de toda la carrera de Prince, el segundo en el que desafió las normas de la ortodoxia musical, eliminando la línea de bajo de la versión final de la canción (el primero fue When Doves Cry). La versión en single es, de nuevo, más extensa, y la parte adicional es más densa y desatada a nivel instrumental, en la línea de lo que haría después en temas como Eye No o Alphabet St en Lovesexy (1988)

Pegadiza e intensa, Anotherloverholenyohead no se queda corta con respecto a los trallazos anteriores. De nuevo es posible encontrar una versión más larga publicada como single, otra muestra más de la desbordante creatividad del músico, obligado a recortar sus obras para ajustarse al formato vinilo, pero dejándolas volar libres y completas en un formato (single y maxisingle) que tuvo sus cotas de popularidad en los ochenta. Y para terminar, el de Minneapolis se guarda una sorpresa en forma de delicatessen a piano y guitarra. Sometimes it snows in April es el segundo tema basado en el personaje de la película, y es de nuevo uno de los mejores temas escritos por Prince a lo largo de su carrera. Triste, intensa, austera, acústica, muy alejada del tipo de temas lentos de su cancionero. Y esa es la esencia de Parade, un disco que no suena como ninguna otra cosa hecha antes o después por Prince, ni como ninguna de esas bandas sonoras que todos consideramos como las mejores del siglo XX.

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