La música en historias: Para todos los publicos #MesExtremoduro

 




Extremoduro continúan por la senda de la ‘Ley Innnata’, haciendo lo que les da la gana, sobre todo, buena música, reinventándose a si mismos a través de novedosas melodías, cuidando el sonido y puliendo los arreglos para facturar uno de los plásticos más interesantes de la temporada.

 

El disco se abre con ‘Locura Transitoria’. Una canción con tres ambientes, con en clásico uso de cuarteto de cuerda, la más extensa por otra parte, (de nuevo Ara Malikian al frente, un violinista excepcional), el crescendo más rockero y la ‘defectuosa’ calidez del “una y otra vez”, con sones latinos. Un texto repleto de referencias literarias (Miguel Hernández, Gustavo Adolfo Becquer, Miguel de Cervantes…). En cualquier caso, la fuerza vocal del puente más potente, en contraste con la melódica la convierten en la reina de aires de ‘canción total’. ‘Entre Interiores’ suena a fin de ciclo, pues Robe, como todos, se nos hace mayor. Una canción que se cimenta en el blues con mucho swing. Como guinda de los cuatro minutos, uno de los mejores textos del álbum. Con esa cruel conversación entre el entregado y el que pasa.  Es una de las más sólidas y posiblemente vaya aparejada de la aceptación popular por las excelentes formas musicales. ‘¡Qué Borde Era Mi Valle’ es volver al Extremoduro del comienzo aunque más elaborada que antaño. Será el track que más contente a los que les gusta el Robe más bruto que, con una base rítmica que se mueve entre el funk y el stoner. Parece caña bruta sin más pero miente, tiene mucho más de lo que parece. 


‘Poema Sobrecogido’ es la canción más trascendente del disco, nos lleva al infierno, una canción de desarrollo complejo y que, más que a Triana como he leído en alguna parte (es verdad que hay un par de florituras en guitarras y algún ligero teclado que puede tener que ver), está más cerca de la expresión desbocada de sus admirados Lole y Manuel. La letra también es una de las mejores del disco. Digno de elogio la escalofriante interpretación de la segunda voz de Airam Etxaniz y los gritos desbocados, del que se quema en el infierno, de Agnes Lilith. ‘Manué’ es el más filosófico de la serie y abre paso, a la parte más loca del disco. ‘Mama’ parece empezar como canción al uso, (qué bien usan siempre esos remates distorsionados agudos para dar casi por frecuente una innovación rítmica como esta) hasta que uno percibe que esto va a ser un registro totalmente nuevo. El aire funk de riff corto y repetitivo juega con una letra histriónica, puro artificio hasta entrar en un estribillo de funk y percusión que recuerda al Zappa más gamberro, aires africanos y a los Grand Funk Railroad que tanto admira Homer Simpson. El estribillo además encierra la picaresca sexual marca de la casa por parte de Iniesta. ‘Mi Voluntad’ viene a ser el tema más ‘facilón’ del disco. La batería machacona se cimenta en un caja-bombo que no se frecuentaba desde Yo, Minoría Absoluta o de forma tan descarada desde el Canciones Prohibidas. Pero hablar de Extremoduro es hablar de evolución constante y esta mejora aquellas, tanto en la música como en el texto, ya que esta está a un buen nivel. La diversión estará garantizada en directo con la velocidad rítmica y esa melodía cantarina de guitarra. 


Pequeño Rocanrol Endémico’ va a ser una de las más populares del disco, no por ello creo que sea la mejor y no por decir esto significa que no me guste. De hecho es un registro que a Robe le sienta genial. Su rock accesible de inspiración blues y vacilón contrasta con una letra de abandono que será arrojada entre ‘ex’ con profusión sin atender a motivos. Una canción de sueños ya pasados, circunscritos a un tiempo concreto que ya no tiene solución alguna. Recuerda al Uoho más plateresco, pero pronto Robe hace suya la canción, tanto en la voz como en el desarrollo instrumental de la segunda parte del tema. El solo, con una distorsión muy delicada, ofrece otro momento que contentará a la sección más melódica. Es de las que entra desde la primera escucha y que el público hará suya al estilo ‘Standby’. Finaliza con ‘El Camino De Las Utopías’. Una canción de corte elegante y majestuoso, con un texto que, de nuevo, como en casi todo el segundo bloque como decía, juega con cierta hilaridad, aunque las formas lo disimulan. La estrofa inicial se convirtió desde el comienzo en doctrina de principios para los seguidores más recientes y ahí se quedará para siempre. Es una canción que tiene todos los elementos más armoniosos de Extremoduro desde La Ley Innata. Otro clásico del que quizá sea aventurado pronosticar el recorrido (creo que en la próxima gira le ganará en aceptación ‘Locura Transitoria’, porque de hecho parecen tener armonías comunes y, como ya hiciera en La Ley, el final del disco enlaza perfectamente con el inicio, permite el bucle).


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