0078 La música en canciones: Apache - The Shadows

 


Los londinenses The Shadows (anteriormente conocidos como The Drifters, el grupo de acompañamiento de Cliff Richards) fueron uno de los grupos de moda en los guateques de los primeros años 60. Podría decirse que hasta la llegada de un grupo formado por cuatro adolescentes de Liverpool, el binomio de Cliff Richards y The Shadows eran el grupo más relevante de Inglaterra. Su característico sonido de guitarra, arropado por una sección rítmica de batería y bajo con aires soul, encajaban como un guante en la penumbra de los bailes de los adolescentes de la época, y no tardaron a elevarles a la categoría de grupo puntero que hasta llegó a participar en el Festival de Eurovisión, cosechando un meritorio segundo puesto con la canción "Let me be the one" en 1975. Mucho antes, en 1960, lanzaron el que a la postre sería su mayor éxito, la inconfundible "Apache"

Compuesta por Jerry Lordan, e inspirado en la película del mismo nombre de 1954, Apache fue grabada en los míticos estudios de Abbey Road, y podría ser considerada como la primera prueba viviente de lo que después sería el llamado rock instrumental británico, y el mejor ejemplo del particular estilo de música de The Shadows, imitado hasta la saciedad y convertido en los últimos años en el sonido característico de las películas de Quentin Tarantino, todo un experto en recuperar temas de bandas de los 60 y 70 que siguieron la senda de The Shadows y su peculiar forma de crear atmósferas "western" con un característico trémolo de guitarra.

La fórmula de facturar temas instrumentales, en los que la guitarra llevaba el peso de la melodía principal, que a priori pudiera parecer repetitiva y de corto recorrido comercial, les permitió seguir en activo hasta los años 90, si bien sus cotas de popularidad descendieron drásticamente cuando a la puerta de los guateques llamaron los chicos y chicas de música disco de los 70, relegando a las sombras al tipo de música con la que The Shadows habían puesto banda sonora al momento en que un chico se atrevía a acercarse a una chica que estaba sentada distraída en una silla en un rincón del guateque, para invitarla a mover el esqueleto al ritmo de "Apache".

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