La música en historias: Mentiras Piadosas #MesJoaquinSabina



No es una mentira piadosa decir que este álbum de Sabina es un disco de transición, ni tampoco aclarar que en este caso el adjetivo de "transición" no quiere decir que no sea un disco bueno, y es una verdad como un templo que, desde luego, lo es. La transición era hacia la madurez de sus discos desde Física y Química hacia adelante. ¿Y significa eso que los discos anteriores a este Mentiras piadosas no fueran maduros? Mire usted, pues tampoco. Pero tras unos primeros discos de cantautor ortodoxo (Inventario, Malas Compañías), el jienense se había lanzado a la Ruleta Rusa de producir discos más eléctricos y desenfadados, en los que fue perfeccionando cada vez más tanto el sonido como las letras, y que acababa de llegar a un momento álgido con El hombre del traje gris. El siguiente paso era hacia la madurez y la unidad de sonido, y Mentiras Piadosas fue ese momento de transición.


Para componer los temas del álbum, Joaquín Sabina se llevó a Pancho Varona a Buenos Aires para trabajar mano a mano. El resultado no fue muy productivo, ya que en lugar de trabajar en canciones, se pasaron dos semanas de fiesta, y sólo compusieron Eclipse de Mar, el tema que abre el disco con una brillante reflexión sobre la diferencia entre las noticias que salen en los medios y los temas más terrenales que preocupan realmente a una persona cualquiera y a título individual. Una única canción, pero el viaje finalmente no fue en balde, porque ya en Madrid, recordando todas las experiencias vividas, Sabina compuso Con la frente marchita, una canción que le catapultaría más allá del charco y le daría dimensión internacional a su carrera.

En Madrid el método cambió ligeramente. Joaquín Sabina estaba inspirado y escribiendo canciones a gran velocidad, y Pancho Varona se las llevaba escritas en papeles para trabajar con la guitarra. Canciones como Y si amanece por fin, que insiste en la temática de otras canciones anteriores como "Quédate a dormir" con el apoyo de imaginativas frases y referencias cinematográficas ("Y yo no soy Mickey Rourke, ni tu Kim Bassinger, ni tengo nueve semanas y media") nacieron en cualquier papel que estuviera a mano, desde un folio a una servilleta.

Con un buen puñado de canciones escritas, llegó el momento de entrar al estudio de grabación, y dada la conocida nocturnidad del cantante, se dio la curiosa circunstancia de que hubo otro disco de otro gran artista grabándose en la misma sala. Mientras Joaquín Sabina grababa sus mentiras por la noche, Joan Manuel Serrat se encargaba de su Material Sensible por las mañanas. Así que ahí tenéis un ejemplo de dos discos "hermanados" en espacio y tiempo. Y del hermanamiento entre las dos figuras tampoco hay ninguna duda, después de todas sus colaboraciones durante los últimos años.


El siguiente vaivén llegó de la mano de la discográfica, que quiso enrolar en el barco a Jay Burnett, un ingeniero estadounidense que había trabajado con Jeff Beck. Ni Sabina ni el resto del grupo llegaron a conectar con él, hasta el punto de aprovechar un fin de semana en el que se fue a Londres para grabar sin él el tema Mentiras piadosas, que daría título al álbum, y de acabar sustituyéndole por Luis Fernández Soria que remezcló todo el disco en Madrid.  Las grabaciones se dilataron demasiado en el tiempo, y la discográfica llegó a pararlas para no incurrir en más gastos. A ellos les hubiera gustado seguir creando y perfeccionando, pero afortunadamente habían reunido suficiente material para poder mentir piadosamente durante un disco entero.

Quizá esa precipitación en el cierre sea lo que le deja ese poso de transición, de mezcla de temas bien trabajados y con un sonido muy unitario, con la inclusión de otros temas que recuerdan más al sonido de El hombre del traje gris (Muro de Berlín) o que suponen homenajes musicalmente prescindibles a Cristina Onassis (Pobre Cristina) o El Dioni (Con un par), meras bromas musicales en un disco que en el tramo final nos ofrece, además de las grandes canciones ya mencionadas, temas de elaborada y profunda letra (Corre, dijo la tortuga) o de puro desamor sabinero (Medias negras).

La edición en CD añadía tres temas más. Una divertida declaración de intenciones sabineras en Ataque de tos, el sonido de bohemia y cabaret de Ponme un trago más, y una joya mayúscula llamada A tí que te lo haces. Diría que no me importa que no la incluyera en la versión en vinilo, como cierre perfecto a un gran disco, pero sería otra más de las mentiras piadosas de este cuento.

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