viernes, 2 de octubre de 2026

2102.- Sin Gamulán - Los Abuelos de la Nada

 


Hay canciones que parecen pequeñas al escucharlas por primera vez y que, sin embargo, terminan convirtiéndose en fotografías perfectas de una época. Sin Gamulán, de Los Abuelos de la Nada, pertenece a esa categoría. Ligera, juguetona y tremendamente pegadiza, la canción posee ese encanto despreocupado que acompañó al renacimiento del rock argentino de comienzos de los ochenta, cuando la música empezaba a recuperar el color después de años especialmente difíciles.

La composición lleva el sello de Andrés Calamaro, entonces jovencísimo integrante de Los Abuelos de la Nada. Y ya aparecen algunos rasgos que después serían habituales en su escritura: la observación cotidiana, el lenguaje callejero, cierto romanticismo torpe y una facilidad extraordinaria para convertir una situación aparentemente insignificante en una canción. El título hace referencia al gamulán, un abrigo de cuero o ante con interior de piel, que formaba parte del paisaje urbano de aquellos años. La ausencia del abrigo se transforma en excusa para construir una escena sentimental y juvenil donde importan tanto la actitud y la apariencia como los sentimientos.

Musicalmente, Sin Gamulán tiene la frescura característica de aquella primera etapa de Los Abuelos de la Nada. Pop y rock se mezclan sin complejos, con una melodía inmediata y un ritmo que evita cualquier solemnidad. Hay algo casi ingenuo en ella, pero precisamente ahí reside buena parte de un encanto que sigue funcionando tantos años después. Es una miniatura sonora que explica mejor una época que muchos discursos: juventud, ropa, deseo, inseguridad, calle y música mezclados en apenas unos minutos.

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