La música en historias: Scars, el final del #MesGaryMoore



Llegamos al final del #MesGaryMoore, y lo hacemos con Scars (Cicatrices) el décimo quinto álbum de estudio del genial guitarrista de jazz rock, blues rock y hard rock. Mencionamos, una vez más, varios de los grandes estilos en los que se movió, porque Scars fue, tras diez años dedicado a explorar los terrenos musicales del blues rock, una especie de vuelta a los discos de sus orígenes, sin dejar por ello de lado al blues y, sobre todo, a las influencias de grupos como Cream o The Jimi Hendrix Experience.

Publicado en 2002, el disco fue grabado por una banda en formato power trío, algo muy del gusto de Gary, que ya había explorado esa fórmula en "BBM" con Jack Bruce y Ginger Baker. En esta ocasión, los elegidos fueron Cassie Lewis (ex-bajista de Skunk Anansie) y Darrin Mooney (batería de Primal Scream). Este último impresionó a un Moore conocido por ser extremadamente exigente con los baterías, que pensó que con el sonido que el baterista podía dar a sus canciones, lo que realmente pegaba era un disco más crudo y directo que lo que normalmente venía haciendo, por lo que una vez reclutado el bajista, decidió que esa sería la banda de Scars.

A diferencia del trabajo realizado en el combo Bruce-Baker-Moore, que en todo momento se trató como un trabajo puntual y paralelo a su discografía, Scars tiene en todo momento el sello de un disco personal de Gary Moore, empezando por el propio título. Las "Cicatrices" pueden hacer referencia a la experiencia y los momentos difíciles vividos a los largo de toda una carrera en la música, o más directamente a las propias cicatrices físicas en el rostro del guitarrista norirlandés, a consecuencia de una reyerta en un pub a finales de los años setenta.

When the sun goes down es el tema de apertura, y la primera muestra clara de la fuerza y la química de Moore, Lewis y Mooney. Si las cicatrices pueden a veces ser bastante profundas, también lo son las raíces del rock gestado por los tres músicos, siempre con la guitarra de Moore y su sonido wah wah típico de Hendrix mandando en cabeza. Rectify sigue la misma línea cruda y guitarrera, con un riff más pesado y el mismo tono amargo en la voz de Moore, más grave y rasposa que en discos anteriores. Gary no nació en Chicago, como reza el título de siguiente tema, pero en Wasn't born in Chicago se maneja a sus anchas sobre una batería de estilo jazz y sonidos electrónicos que bien podrían haber nacido en uno de los oscuros bares de jazz y blues de la ciudad estadounidense.

Tras la rítmica y efectiva Stand Up, con sus peculiares silencios al final de cada vez que se pronuncia el título, llega el turno del Moore más lento y melódico en la balada Just Can't Let You Go, intenso tema de estructura blues y de más de 7 minutos de duración. Es sólo un alto en el camino, porque el blues rock de garaje y carretera vuelve con fuerza en My Baby (She's so good to me). Vuelven también las influencias de Hendrix, tanto en World of Confusion, que juega con la estructura de Manic Depression, como en Ball and Chain, tema de casi 13 minutos, que bebe de las fuentes de Voodoo Child. La cosa no queda ahí, porque en el abrasivo arranque de World Keep Turnin' Around y en su acelerado riff se vislumbran guiños evidentes a Foxy Lady.

Y después, como a todo disco, y como al #MesGaryMoore, a Scars le llega el momento de decir adiós. A estas alturas, y pese a las visibles cicatrices que las ramas de los árboles le han producido por el camino, el caballo que galopa Gary se sabe ya ganador, y se permite el lujo de aminorar el paso y disfrutar del paisaje en los metros que le separan de la meta final en Who Knows (What Tomorrow May Bring?), que además de un gran tema lento, es una gran pregunta. ¿Quién sabe lo que el mañana traerá? Nadie lo sabe, y esperamos que sean más alegrías en forma de discos como este, ideales para cerrar para siempre, y a golpes de blues y rock, algunas profundas cicatrices.

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