La música en historias: Let it Bleed #MesRollingStones



LET IT BLEED (1969)

El que fuera octavo disco de los Rolling Stones (en Reino Unido, el décimo en USA) es, como la surrealista portada diseñada por Robert Brownjohn indica, una tan diversa como genial tarta de cumpleaños, en la que en cada porción podemos encontrar sabores y texturas muy diferentes. La guitarra slide da el punto de blues al conjunto, apareciendo en la mayor parte de los temas y firmada casi siempre por Keith Richards, pero a lo largo del disco van apareciendo diversos instrumentos que le dan al conjunto una atmósfera más ecléctica que la de su predecesor, Beggars Banquet (1968). Para ello, contaron con colaboradores en el estudio de la talla de Ian Stewart (teclado), Nicky Hopkins (teclado), Al Kooper (órgano y trompa), Bobby Keys (saxo) Byron Berline (violín) o Ry Cooder (mandolina).

Let it Bleed es el segundo de los cuatro discos consecutivos que se consideran la cumbre creativa y artística de los Stones. Le seguirían el brillante Sticky Fingers (1971) y el desbordante Exile on Main St. (1972), completando una etapa irrepetible. Es, además, el disco que marca el comienzo de la etapa del guitarrista Mick Taylor, ex guitarrista de John Mayall & The Bluesbreakers, aquí de momento en solo un par de canciones, mientras en cocina aún quedaron un par de recetas residuales en las que participó el malogrado Brian Jones, despedido durante la grabación y fallecido sólo un mes después, ahogado en la piscina de su casa. En estas circunstancias, el peso de la mayor parte del disco recayó en el resto de Stones clásicos, que cocinaron una de sus mejores obras.



Tras el éxito del "Banquete de mendigos", su siguiente plan fue golpear a base de tarta hasta "hacernos sangrar". Y aprovechando el #MesRollingStones, y que en septiembre ya no le tenemos respeto a la "operación bikini", hemos encontrado tanto el hueco, como la excusa, para sentarnos a degustar esta tarta de principio a fin. Y ya desde la primera porción, Gimme Shelter, comprobamos que esto no va a ser una dieta blanda, ni apta para cardíacos. Es una de las canciones míticas del cancionero de los Stones, y en gran parte es culpa de la incendiaria interpretación vocal de Merry Clayton, que canta este incandescente tema junto a Mick Jagger. La letra es una cruda compilación de la violencia de los 60, mencionando desde la guerra de Vietnam, como referencias a asesinatos y violaciones, mientras el protagonista pide a gritos un refugio seguro ante tanta locura.

El siguiente trozo de tarta tiene sabor a blues clásico, el de Love in Vain de Robert Johnson. Un tema sobre el amor no correspondido, al que los Stones dan un toque algo más country y más elaborado que el que tiene el original de Johnson, quizá para que el cambio de estilo no fuera tan abrupto en el siguiente tema, Country Honk, una versión en modo country de una tema que ya había grabado anteriormente el grupo (Honky tonk women). Como curiosidad, y aparte de ser el primer tema en el que aparece Mick Taylor, en este tema hace arreglos Alan Parsons, amigo de Keith Richards y una influencia en algunas de sus composiciones de entonces.
El disco vuelve al rock con Live with Me, toda una declaración de intenciones sobre el estilo de vida del rock and roll. En este tema hace aparición el saxofonista Bobby Keys, que les ha acompañado tanto en la mayor parte de sus giras desde entonces, y es el segundo de los dos temas en los que Mick Taylor deja su particular sello a la guitarra, para lo cual Keith Richards sustituyó a Bill Wyman al bajo, en una formación nada habitual. Tras ese anecdótico pero buen tema, llega Let it Bleed ("Déjalo sangrar") la canción que da título al album, con las habituales alusiones al sexo y a las drogas. Es un tema de aires country, no tan relevante como para haber dado nombre al disco, que inicialmente iba a titularse Automatic Changer ("tocadiscos automático"), y de hecho es en ese título original en lo que se inspiraba la icónica portada, con los cinco miembros de los Stones representados en las figuritas que coronan la tarta, que en sus capas inferiores incluye un neumático, una pizza, el panel de un reloj y una lata de cinta, todo ello sobre el tocadiscos sobre el que iba a girar el título.​

La segunda cara comienza con fuerza con Midnight Rambler (que podría traducirse como el "excursionista de medianoche" o el "merodeador nocturno"), cuya letra narra la historia del asesino en serie conocido como "el estrangulador de Boston". Un tema largo e inquietante, con los Stones clásicos (Brian Jones incluido, a la percusión) en plena forma. El disco está plagado de curiosidades, como la de ser el primero en el que Keith Richards empezó a meter uno o dos temas en los que asumía la voz cantante. Es el caso de You got the Silver, segundo y último tema en el que Brian Jones hizo su aparición, esta vez a los mandos de una cítara.


En la cara B aún hay tiempo la sátira de Monkey Man, en la que Jagger critica la artificial y frívola vida de los que viven en el foco de la imagen pública, rodeados de drogas y aduladores por doquier, y para regalarnos la última joya del disco, el "gran finale" que es You Can't Always Get What You Want, un tema de aires hippies interpretado en modo gospel, con la participación del London Bach Choir, y de nuevo, no exento de curiosidades. Charlie Watts no conseguía sacar correctamente el ritmo en la batería, y en la grabación fue sustituido por Jimmy Miller, el productor del disco. Como el buen vino, Charlie debe haber mejorado con los años, porque es un tema habitual de los conciertos y no ha vuelto a necesitar recambio.

Los Rolling Stones seguían escalando a lo más alto y con paso firme, con su rock de guitarras ásperas y cortantes, y sus influencias blues y country, en una vuelta de tuerca que llevó un paso más allá a lo experimentado en Beggars Banquet, y que en su lanzamiento logró desbancar temporalmente al Abbey Road de los Beatles del número uno británico. Un disco cargado de referencias a la situación social del momento, la guerra, la situación política, la violencia, las drogas... pero también con sus momentos de amor sentido y no correspondido. Su receta, para todas estas "heridas" del ser humano, es tan simple como efectiva. Lo que no te mata, te hace más fuerte: Déjalo sangrar.

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