La música en historias: Steel Wheels y el #MesRollingStones


Se acaba el verano, y al llegar el mes de septiembre nos ponemos de nuevo serios. La "vuelta al cole" es lo más parecido a un descenso a los infiernos, y para sobrellevarlo, que mejor que escuchar los sabios consejos de sus "Satánicas Majestades". Y para poner en marcha la maquinaria pesada de rock y blues con la que vamos a realizar este viaje, nada mejor que pisar a fondo y que chirrien contra el pavimento las "ruedas de acero" de Jagger, Richards y compañía. Abróchense los cinturones, aquí comienza el #MesRollingStones.

STEEL WHEELS


Comenzamos casi por el final, porque Steel Wheels es el décimo noveno álbum de estudio (en Reino Unido), o el vigésimo primero (en Estados Unidos).  La razón es que, como miembros de lo que se llamó la "Generación X", empezamos a descubrir el poder de la música ya entrada la década de los ochenta. Habíamos oído hablar de los Rolling Stones, y habíamos escuchado sus canciones más representativas, pero en aquel ya lejano 1989, la publicación de un nuevo disco de los Stones, tras varios años de silencio, era para nosotros el momento de acercarnos, en tiempo real y por primera vez, a un disco completo de la banda.


Ayudó bastante que, tras un período de distanciamiento entre Jagger y Richards desde la publicación del anterior disco (el fallido Dirty Works, 1986), este nuevo retorno viniera, además, marcado por una vuelta a su sonido más clásico en buena parte de los temas del disco. Tras un período de composición conjunta, del que salieron más de cuarenta posibles canciones, convocaron al resto de miembros de la banda y comenzaron la grabación de los temas de la que sería su primera grabación digital, entre Montserrat y Londres, a excepción del tema Continental Drift, que se grabó en Tánger con la colaboración de The Master Musicians of Jajouka, lo que le dio a la canción un marcado aire oriental e innovador, que no fue del agrado de los más puristas fans de la banda británica.

El primer single lanzado para promocionar el disco fue Mixed Emotions, un gran ejemplo de esa vuelta a los sonidos de guitarra más clásicos del grupo, y un guiño a la ambivalente relación de amor y odio entre Jagger y Richards. Posteriormente, otros tres singles más fueron lanzados al mercado, en concreto la rotunda Rock and a hard place, la sentida balada para románticos Almost hear you sigh y uno de los temas más brillantes del disco, la rítmica y versátil Terrifying, que mostraba a unos Stones en plena forma en el estudio.

Si a esto unimos que la vibrante Sad Sad Sad, que arranca de manera fiera y engrasada la maquinaria del disco, se quedó sin el merecido premio de convertirse en uno de los singles, y que los dos temas interpretados por Richards (Can't be seen y Slipping Away) rayan también a gran altura, nos encontramos sin duda ante un gran disco en su conjunto. Cierto es que cualquier disco de los Stones a partir de los ochenta, y Steel Wheels incluido, palidece ante sus joyas de finales de los sesenta y primeros de los setenta, pero junto a A bigger bang es, probablemente, el mejor disco de las décadas posteriores y hasta la actualidad.

Tiempo tendremos, durante este mes, para profundizar en éstos y otros discos. Un tiempo que pasará para nosotros, como lo ha hecho este extraño y cálido verano, pero que no parece pasar para sus Satánicas Majestades. Las ruedas de acero han seguido moviendo la máquina, que durante 2020 ha ido soltando perlas de lo que podría ser su nuevo disco, incluida la brillante y profética Living in a ghost town. Mientras seguimos adaptándonos a la nueva vida, añorando la cercanía de los abrazos en ciudades fantasmas marcadas por la distancia, intentaremos hablar de todo esto, y mucho más, en el #MesRollingStones.

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