El disco de la semana 146: Rock and Roll Animal, Lou Reed





Grabado el 21 de diciembre de 1973 en el Howard Stein’s Academy of Music de Nueva York, fue el primer disco en directo editado por Lou Reed, y se convirtió casi de inmediato en un disco de culto, tanto por la energía con la que revitalizó los temas en directo, interpretados por la que posiblemente sea la mejor banda de acompañamiento que tuvo el poeta de Nueva York y mejorando en muchos casos a las versiones originales, como por la polémica que trajo consigo desde su publicación en 1974, que lejos de perjudicarle, le permitió alargar su vida comercial a lo largo de varios años.

La principal polémica vino por la corta duración del disco, que puso en pie de guerra a los fans del ex de la Velvet. Hasta tal punto llegaron las protestas, que años después se publicó una reedición que incluía dos temas adicionales (How do you think it feels y Caroline Says I). Esta reedición impulsó las ventas del disco en una segunda oleada, aunque seguían siendo pocas canciones y las dos nuevas no aportaban más quilates al conjunto.

En España eran aún tiempos de dictadura, y la férrea censura que, años antes, había eliminado hasta el cigarrillo que Paul McCartney llevaba entre los dedos mientras cruzaba el paso de cebra de la portada de Abbey Road, decidió sustituir en la edición española la canción "Heroin" por otra canción llamada "I Can’t Stand It". La famosa pieza de la Velvet Underground, prolongada en directo hasta los 13 minutos de duración, era tan explícita describiendo la adicción a la heroína del propio Reed, que dificilmente habría podido escapar a la tijera del censor. Posteriores ediciones españolas "post dictadura" retomaron la lista de canciones original, incluyendo de nuevo Heroin e impulsando de nuevo las ventas del disco.

Rock and Roll Animal forma parte del grupo de discos que no vivimos directamente por razones cronológicas, pero que descubrimos en la colección de discos de nuestros hermanos. Y así como David Bowie o Iggy Pop dejaron de ser suyos porque pasaron a ser nuestros, a Lou Reed siempre le dejamos en esa categoría, admirada pero distante, de "disco de nuestro hermano mayor". Y creo que es precisamente por el influjo de Heroin. La intención de ser "Héroes", o la tentación de hacer de la lujuria nuestro modo de vida ("Lust for life") eran atemporales, pero los problemas de la heroína en España eran de una generación anterior, la generación perdida previa a nuestra infancia en los 80. Un temporal de muerte del que, por suerte, solo llegaron a nuestra orilla algunos restos, como las jeringuillas que a veces encontrábamos en los parques, en los que los supervivientes de aquella plaga, ya cerca de la treintena, compartían litronas mientras un grupo de preadolescentes jugábamos al fútbol, y les molestábamos con algún balonazo inoportuno.

El disco comienza de manera impecable con el despliegue de las guitarras de Steve Hunter y Dick Wagner, entrecruzándose en brillantes ráfagas y solos en la intro de la canción, hasta enganchar con el vigoroso riff de Sweet Jane, que levanta los aplausos del público y nos muestra el camino que el disco ya no abandonará hasta el final. Le sigue la mencionada Heroin, cruda y explícita exaltación del sórdido mundo de la heroina, y pieza central que ocupa la mayor parte de la cara A del disco. Las partes recitadas son toda una sobredosis de oscuridad, avivadas únicamente por los ácidos ramalazos de las guitarras en las partes más aceleradas de la canción, que te golpean varias veces en el transcurso de la canción.

La cara B arranca con White light, White heat, otro gran tema de la Velvet Underground, en una vigorosa versión en la que de nuevo el potente juego de guitarras, omnipresente en todo el disco, la elevan hasta lo más alto. Por poner algún pero, dónde probablemente no los haya, yo echo de menos los coros "ohh, ohh" presentes en otras versiones de la canción, como la que interpretaron a dúo Lou Reed y David Bowie en el concierto por el 50 cumpleaños de Bowie en el Madison Square Garden.


Le sigue la única concesión de Lou Reed a su cancionero en solitario, la melancólica y oscura Lady Day, que aunque gana en ritmo y luz con la vestimenta rockera con la que la presenta en este álbum, sigue siendo un gran contraste con Sweet Jane, la otra canción del disco dedicada a una mujer, y que presenta una vitalidad y un colorido de la que la canción del disco Berlín se aleja bastante.

Aún queda espacio en los surcos del vinilo para una generosa versión de 10 minutos de la canción Rock and Roll, que bien podría haber rebautizado para la ocasión, añadiéndole el apellido "Animal" para que diera nombre al disco, y porque de nuevo la banda aborda el tema como si se tratara de describir a un animal salvaje, a una bestia oscura que arrasara con todo lo que encontrara a su paso, un auténtico Animal del Rock and Roll

Comentarios