El disco de la semana 195: Sell Out, The Who


El otro día fui de compras a un "Alcamfour", llamado así porque no quiero hacer publicidad gratuita de ningún supermercado, y porque están todos cortados por el mismo patrón y me cuesta realmente distinguirlos. Todos han ido poco a poco, desterrando y reduciendo a la mínima expresión sus secciones de discos, que ahora apenas ocupan un par de metros de largo, en un escondido estante cercano a la sección de electrodomésticos, en el que ya solo pueden encontrarse las últimas novedades de grupos y artistas tan comerciales que hasta dudaríamos en considerarlos música. Escuálidos y semiescondidos, llenos de huecos vacíos en los que podrían estar discos de Led Zeppelin o The Who, esos estantes me llenan de tristeza, cuando paso por delante con mi cesta llena de comida, y me planteo si realmente esa estrategia comercial es la correcta, porque precisamente los compradores de esa música, barata y perecedera, son los que ya no compran música en formato físico. ¿De verdad las mentes pensantes de "Mercarosky" no se han dado cuenta?

No será porque los Who no lo avisaran, ya en 1967, con su disco Sell Out ("Vendido"), un álbum conceptual en el que las canciones, aparentemente inconexas, se engarzan a través de pequeñas cuñas comerciales, como si realmente estuviéramos escuchando uno de aquellos memorables programas de radio, cuando la radio y la música formaban un todo robusto e indivisible. De ese modo, simulando la programación de una emisora de radio pirata a la que llamaron "Radio London", ironizaban con la idea de un falso grupo musical creado por y para la venta de otros productos de consumo, como las tostadoras y microondas que hoy en día conviven junto a los desterrados discos de música en los grandes supermercados mencionados previamente. Un disco irónico y psicodélico, con los habituales momentos cercanos a la ópera rock que, salvo Quadrophenia y Tommy, todos los discos de los Who iban a ser en su concepción, y que solo en esos dos casos llegaron finalmente a realizarse en ese formato. El tipo de formato que nunca encontraríamos hoy en día en la sección de música de un supermercado.

La ironía comienza directamente en la portada, en la que Pete Townshend (guitarra) está poniéndose desodorante de un desproporcionado frasco de la marca "Odorono", mientras Roger Daltrey (voz) se está dando un baño de judías "Heinz". En la contraportada, podemos leer como "Charles Atlas" hizo que un escuchimizado John Entwistle (bajo) pasara de sesenta a sesenta y dos kilos de peso, convirtiéndole con esa pequeña diferencia en un portento físico. Igualmente ventajoso es el uso de la crema "Medac", que hacía desaparecer el acné juvenil del rostro de Keith Moon (batería). Con esta publicidad, coincidiréis en que es imposible no comprar este disco, que al instante estaba ya..."VENDIDO"


SELL OUT (VENDIDO)

 

Armenia City in the sky, escrita por Speedy Keen, abre el disco con su vertiginosa oferta de rock psicodélico a granel. Tras este primer disparo certero, el primero de los cortes comerciales nos recuerda que las Heinz Baked Beans son las judías con tomate por excelencia del Reino Unido. Firmada por John Entwistle, se trata de la primera de las cuñas comerciales que saltearan el disco, piezas musicales breves e inacabadas pero en las que se intuye que podrían haberse convertido en canciones completas, con sólo un poco más de dedicación y revestimiento. El siguiente tema "completo" es Mary Anne with the shaky hand, firmada por Pete Townshend, compositor habitual de la mayor parte de los temas del grupo, es un tema más melódico y con cierto aire a la música de The Byrds, que actúa como reclamo para el siguiente comercial, porque en cualquier set básico de acicalamiento personal que se precie, no pude faltar el desodorante Orodono.

 

Llega después el turno a otro de los temas "serios" con Tattoo, donde destaca la interpretación vocal de un sentido Roger Daltrey. Los Who vuelven a la senda melódica con Our love was, antes de entregarnos uno de los temas más rotundos de su carrera con I can see for miles, su mayor éxito en Estados Unidos y una canción imprescindible en todos sus directos. En un disco más valorado por la frescura del conjunto y su satírica propuesta, que por la relevancia de sus canciones por separado, ésta canción seguiría destacando en cualquiera de sus míticos discos posteriores.

 

El tono melódico vuelve de nuevo en I can't reach you, finalizando un tramo del disco en el que ya echábamos de menos uno de esos frescos jingles publicitarios. Para calmar nuestro ansia consumista, llega el turno de John Entwistle y su tubo de crema Medac para los granos, ese que Keith Moon nos recomendaba en la contraportada del disco. Una crema a la que, inmediatamente después de usarla, le sigue un recomendable efecto Relax. Y tras relajarnos con la propuesta de Pete Townshend, llega el turno de Silas Stingy, la tercera y última pieza firmada por John Entwistle, antes de abordar el penúltimo escalón con Sunrise.

El disco cierra magistralmente con Rael, concebida en sus inicios como parte de una gran ópera rock que no llegó a concretarse, pero que a lo largo de sus casi seis minutos de duración, mantiene las señas de identidad de lo que la obra completa podría haber sido. Al completo o reducido, no busquéis este tema en la sección de discos del Alcamfour o del Mercarosky. No lo encontraréis, salvo que un cantante de reggaeton, de cuyo nombre no quiero acordarme, se levante un día con el pie izquierdo, y sus productores no consigan disuadirle de su intención de hacer una versión libre de esta canción. Lo peor de todo es que, pocos días después de publicarla, lo tendría todo "vendido".

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