.jpg)
Publicado en diciembre de 1975, cuando el punk todavía no había cristalizado como movimiento, Horses es una impresionante ráfaga de rock primitivo, poesía beat, garage, improvisación y una forma de cantar que por momentos parecía más cercana al recitado o al monólogo teatral que al rock convencional. Patti Smith llevaba varios años construyendo su personaje artístico en Nueva York, a dónde había llegado a finales de la década de los sesenta, publicando poesía aquí y allá, y frecuentando la escena cultural y underground neoyorquina, en un ambiente en el que literatura, fotografía, improvisación, performance teatral y rock comenzaban a mezclarse. Cuando empezó a actuar regularmente junto al guitarrista Lenny Kaye, y posteriormente con Ivan Král, Jay Dee Daugherty y Richard Sohl, encontró al fin el vehículo adecuado para convertir sus poemas en canciones.
El productor de Horses fue ni más ni menos que John Cale, antiguo miembro de The Velvet Underground, el grupo musical clave del movimiento underground y artístico de Nueva York, abanderado por Lou Reed y el propio Cale como grandes figuras mediáticas de una corriente que había demostrado que el rock podía ser ruido, repetición, vanguardia y literatura al mismo tiempo. Sin embargo, la relación entre productor y artista no fue especialmente cómoda. Mientras Patti Smith quería conservar la crudeza de su grupo, Cale buscaba capturar esa energía y darle una forma capaz de despegar en el estudio de grabación. Pese a lo complicado del parto, el vástago de estas dos personalidades tan fuertes conserva algo esencial: la sensación que genera en el oyente de riesgo y atrevimiento creativo, y de estar escuchando algo que camina por el filo de varios géneros y disciplinas artísticas, en una mezcla imposible que puede descarrilar en cualquier momento.
.jpg)
Le sigue un tema más asequible y luminoso, Redondo Beach, con un contagioso y sorprendente ritmo reggae, dando a entender lo que ya sospechábamos, que el Horses de Patti Smith no va a responder a una fórmula musical única. ¿Es entonces una canción más ligera? No diríamos tanto, porque la supuesta ligereza musical contrasta brutalmente con la historia narrada: una discusión, una separación y la búsqueda posterior de una persona desaparecida que termina asociada a una muerte. El contraste es, cuanto menos, inquietante. El bajo de Ivan Král y la batería de Jay Dee Daugherty sostienen ese movimiento casi caribeño mientras Patti Smith narra los acontecimientos con una extraña distancia emocional.
Birdland está más cerca del recitado poético que de una canción formal, y solo el piano de Richard Sohl consigue que tenga cierta estructura. Inspirada en "A Book of Dreams", del psicoanalista Wilhelm Reich y su hijo Peter, la pieza gira alrededor de una visión casi alucinatoria: un niño que ha perdido a su padre imagina una especie de comunicación trascendente, asociada a máquinas, cielos y presencias extraterrestres. Patti recita, improvisa, grita y transforma gradualmente el relato, sin un estribillo al que regresar para refugiarse, y desplegando todas sus raíces literarias: Arthur Rimbaud, William Blake, Allen Ginsberg, la generación beat, etc. Es uno de los momentos centrales de Horses, y también uno de los que mejor explica por qué el disco resultaba tan difícil de clasificar en 1975.
Con Free Money las tornas vuelven a un plano menor de abstracción y a una mayor convencionalidad musical.
Patti Smith escribió la canción pensando en su madre y en aquellas fantasías domésticas sobre ganar la lotería y escapar de las dificultades económicas. De ahí nace una canción que no trata realmente sobre la riqueza, sino sobre la soñada liberación que traería consigo. Patti imagina billetes cayendo, posibilidades infinitas, una vida en la que el dinero deja de imponer límites, y la banda incrementa progresivamente la velocidad hasta que la fantasía se convierte en una desenfrenada carrera, impulsada por la rotunda batería de Jay Dee Daugherty, en uno de los momentos más puramente rockeros del álbum.
Kimberly está dedicada a la hermana menor de Patti Smith y procede de un recuerdo de su infancia. Smith recuerda el nacimiento de su hermana mientras afuera se desarrollaba una tormenta. A partir de esa imagen construye una visión casi apocalíptica en la que cielo, electricidad, peligro y protección familiar terminan mezclados.
Musicalmente es otra de las piezas más compactas y fácilmente clasificables de Horses, y a pesar de ello no consigue quitarse de encima cierta sensación de ser, precisamente, una "hermana menor" de las piezas más monumentales del disco. Le sigue Break It Up, creada a partir de un sueño relacionado con Jim Morrison, por el que Smith sentía una gran admiración. Escrita junto a Tom Verlaine, guitarrista de Television, comienza con una atmósfera contenida y misteriosa. La guitarra de Verlaine aporta ese toque característico que daría después a las canciones de Marquee Moon.

Después del enorme torbellino de Land, Elegie le pone el broche final a Horses, y lo hace homenajeando a las figuras desaparecidas del rock, como Jimi Hendrix o el ya mencionado Jim Morrison. En Elegie, la guitarra crea una atmósfera más oscura y calmada, y Patti Smith reflexiona lúgubremente sobre la mortalidad de una generación que había prometido cambiar el mundo durante los sesenta, para dejar después un considerable número de cadáveres por el camino. En su oscuridad, la elegía final de Horses es especialmente hermosa, y le da al disco un final a la altura de una obra realmente impresionante. Y no, Horses no incluye el gran hit "Power to the People", canción que recientemente corearon masivamente en Oviedo los afortunados que pudieron cantarla con ella, aprovechando que estaba allí para recibir un Premio Princesa de Asturias 2026, pero pese a esa ausencia significativa, sigue siendo la obra magna de Patti Smith. Y lo es porque, cincuenta años después, aún es difícil encontrar otro disco que suene la mitad de desbordante y arriesgado que Horses.