domingo, 4 de octubre de 2026

2104 - Easy Come, Easy Go - Rory Gallagher


2104 - Easy Come, Easy Go - Rory Gallagher

Hay canciones de Rory Gallagher que parecen hechas para comprobar hasta dónde puede llegar una guitarra. “Easy Come, Easy Go” pertenece a otra categoría. Aquí Gallagher no necesita demostrar nada. La guitarra está, naturalmente, pero no ocupa el centro del escenario como un atleta dispuesto a batir una marca. Se mueve con paciencia, deja espacios y permite que la canción respire. Es uno de esos momentos en los que el músico irlandés demuestra que sabía hacer algo bastante más difícil que tocar fuerte: sabía tocar con contención.

La canción forma parte de Jinx, publicado en 1982, un disco registrado en los estudios Dierks de Colonia y que incorporó algunos cambios en la formación habitual de Gallagher, entre ellos al batería Brendan O'Neill. También aparecen Bob Andrews en los teclados y los saxofonistas Ray Beavis y Dick Parry.

Pero lo interesante de “Easy Come, Easy Go” no está tanto en los créditos como en la atmósfera. Es un blues lento, de esos que no parecen tener ninguna prisa por llegar al siguiente compás. Gallagher utiliza un sonido grueso, cálido, casi táctil. La guitarra eléctrica tiene cuerpo, pero conserva una cierta fragilidad. No es la guitarra de un virtuoso intentando impresionar al oyente; es la herramienta de alguien que está contando algo que ya conoce demasiado bien.

Hay, además, una peculiar sensación de cansancio. No necesariamente tristeza. Cansancio. Como si la canción perteneciera a ese momento de la vida en el que uno deja de pelear contra determinadas cosas y empieza simplemente a observar cómo suceden. El propio título resume una filosofía bastante antigua: lo que llega fácilmente puede marcharse de la misma manera.

Gallagher siempre tuvo una relación especial con el blues. No lo trataba como una pieza de museo ni como una fórmula que hubiera que reproducir religiosamente. Podía llevarlo al rock, al folk, al rhythm and blues o a una interpretación casi íntima. En “Easy Come, Easy Go” aparece precisamente ese Gallagher menos preocupado por el impacto inmediato.

La prensa de la época llegó a describirla como un blues lento y de tono cálido, destacando precisamente el carácter melódico de la interpretación y el diálogo entre las guitarras acústica y eléctrica.

Escucharla hoy permite recordar algo que a veces se pierde cuando se habla demasiado de los grandes guitarristas: tocar bien no consiste únicamente en tocar muchas notas. A veces consiste en saber cuándo no tocar.

“Easy Come, Easy Go” es Rory Gallagher bajando la voz sin perder autoridad. Una canción pequeña en apariencia, pero con ese peso que dejan las cosas que no necesitan explicarse demasiado.

Daniel
Instagram Storyboy

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