2113 - O Superman (For Massenet) - Laurie Anderson
Durante unos minutos no ocurre casi nada.
Una voz electrónica repite una figura. Una sílaba aparece una y otra vez. El ritmo parece suspendido. No hay una batería convencional, tampoco un estribillo que llegue para salvar al oyente de la espera. Y, sin embargo, “O Superman” consigue algo extraño: cuanto más tiempo permanece uno dentro de ella, más difícil resulta abandonarla.
Laurie Anderson no construyó esta canción pensando en las reglas habituales del pop. “O Superman (For Massenet)” procede de su universo de performance, electrónica, poesía y experimentación. La pieza apareció vinculada a United States y posteriormente formó parte de Big Science, publicado en 1982. Su estructura toma como punto de partida una referencia a la ópera Le Cid de Jules Massenet, transformándola por completo mediante electrónica, repetición y voz procesada.
Lo extraordinario es que una pieza semejante llegara a convertirse en un éxito. En 1981 alcanzó el número 2 de las listas británicas.
Pero quizá la palabra “éxito” resulte insuficiente para describir lo que sucedió. Anderson no había creado una canción pop convencional que accidentalmente resultara sofisticada. Había hecho prácticamente lo contrario: una pieza artística que terminó entrando en el espacio del pop.
La voz procesada es fundamental. No sabemos muy bien si estamos escuchando a una persona, una máquina o una combinación de ambas. Esa ambigüedad produce buena parte de la tensión de la canción. La voz conserva una dimensión humana, pero el tratamiento electrónico la convierte en algo distante, casi institucional.
Ahí aparece una de las grandes ideas de “O Superman”: la tecnología puede acercarnos y alejarnos al mismo tiempo.
La canción habla de autoridad, protección, dependencia y poder. Su título evoca una figura heroica, pero Anderson parece mucho más interesada en preguntar qué sucede cuando esas figuras que deberían protegernos se convierten también en estructuras de control. La referencia a la madre, al padre, a la patria y a la maquinaria tecnológica termina formando una misma red.
Y todo eso ocurre sin que Anderson necesite levantar la voz.
La repetición es parte del truco. Lo que inicialmente puede parecer minimalista acaba siendo hipnótico. El oyente deja de esperar que ocurra “algo” y comienza a escuchar los pequeños cambios dentro de aquello que aparentemente permanece igual.
Ahí está la modernidad de la pieza.
Más de cuatro décadas después, “O Superman” todavía puede sonar extraña. Y eso no es un defecto. Probablemente sea su mayor virtud. Hay canciones que envejecen porque pertenecen demasiado a su época. Esta sigue inquietando precisamente porque parece estar hablando de una época que todavía no hemos terminado de vivir.
Daniel
Instagram Storyboy
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