La música en historias: I put a spell on you #MesNinaSimone


"Te hechicé" sería la traducción de "I put a spell on you", el disco de Nina Simone grabado entre 1964 y 1965 en Nueva York, y publicado por Philips Records en 1965. Y no deja de ser cierto, Nina nos hechizó en su momento con "Little girl blue", el genial disco de debut que ya comentamos en el #MesNinaSimone. Con esos antecedentes, nos lanzamos a la escucha de este "I put a spell on you" para que el hechizo continuara. Y lo hizo en un principio, con el mágico tema que le da título, una canción que brilla con luz propia en cualquiera de las muchas versiones que de ella se han realizado, y que nos da las primeras pistas de lo que ofrece este disco, mucho más orquestal y melódico que las propuestas anteriores, probablemente el disco más accesible y desenfadado de una artista tradicionalmente asociada a esquema de jazz más clásicos.

 

Ya en Tomorrow is my turn percibimos ese aire desenfadado, con guiños en los vientos a la melodía de las películas de James Bond, y con una producción que apuesta por los arreglos orquestales, sacrificando el sabor a club de jazz en favor de una atmósfera mucho más luminosa y alegre, y con ellos más comercial, en el sentido de la palabra que queráis darle. Ejemplo de ello es la elección del tema Ne me quitte pas, el clásico de la canción francesa, que funciona comercial y emocionalmente a la perfección, y de paso le da al disco el punto ecléctico del cambio de idioma. Le sigue Marriage is for old folks, un tema en tono amable y con ánimo de resultar incluso divertido, y un pícaro alegato en contra del matrimonio, algo que no encaja en el espíritu libre de Nina, reacia a pertenecer a nadie. Bañada en arreglos orquestales propios de un musical de celuloide, carece sin embargo de la garra y el sentimiento de las composiciones de la Nina más intimista.

Parecido resultado se obtiene de la escucha de July Tree, una balada melódica en la que de nuevo aparece arropada por la orquesta, y de la gran pieza swing que es Gimme Some, en la que nos saca de la ensoñación melódica un sorprendente arranque rock and rollero y rasgado de Nina en una de las frases centrales, justo a tiempo de reengancharnos de nuevo a la escucha, y disfrutar después de Feeling good, otro gran tema clásico en el que voz y orquesta brillan con luz propia y al máximo nivel, y su conocida melodía de vientos hace las delicias de los más aficionados al género.

Tras un nuevo viraje hacia la balada melancólica en One september day, apoyada una vez más en los arreglos de la omnipresente orquesta, el disco entra en terrenos más experimentales, tanto en el jazz instrumental de Blues on Purpose (la más cercana musicalmente a la añorada atmósfera de club de jazz de discos anteriores), como en la rareza que es Beautiful land, una breve pieza con aire a cancioncilla infantil, cuyo minimalismo contrasta en un disco tan marcadamente orquestal.

 

Por último, Nina parece retomar la senda y deja para el final un par de buenos temas. You've got to learn es, en mi opinión, el momento más álgido del disco. Tanto a nivel vocal como compositivo, es el tema que suena más redondo y que mejor le sienta a las características vocales de Nina, encajándole como un guante de terciopelo. Take care of business es otro buen tema, en el que vuelven los arreglos orquestales, de nuevo con altas dosis de condimento con sabor al séptimo arte, para poner el broche final a un disco muy trabajado a nivel instrumental, pero que al elegir ese camino, paga también un caro peaje en términos de originalidad e intensidad emocional.

Siendo I put a spell on you un muy buen disco, no puedo evitar echar de menos a la "pequeña chica triste", la reina del club nocturno de Side Street, que con tan solo un piano y un par de músicos de jazz de acompañamiento, hacía elevar la intensidad de la música hasta cotas insuperables. Quizá no estaba tan contenta, ni tan arropada, pero lograba ponerte los pelos de punta. Y eso es algo que, por más que le añadas ingredientes al guiso,  no tienes garantizado conseguir. La magia, y sus secretos, son conocidos sólo por unos pocos, que nunca los compartirían con toda una gran orquesta. Porque de hacerlo, y aunque siguieran siendo buenos trucos, perderían su capacidad de asombrar. Se rompería el hechizo.

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