El disco de la semana 169: The last days of Oakland, Fantastic Negrito


Hay en el mundo de la música historias que llaman poderosamente la atención, por las experiencias tan intensas que han experimentado sus protagonistas. Vidas tan interesantes como complicadas, en las que pese a las dificultades, el talento se abre paso y acaba triunfando, o al menos dejando para la historia un puñado de grandes canciones con las que conformar un disco de esos que nos dejan con la boca abierta. Leí hace poco en Wikipedia la historia de Xavier Amin Dphrepaulezz,​ más conocido como Fantastic Negrito, cuyo disco de 2016, The Last Days of Oakland, llegó a ganar un Grammy al "mejor álbum de blues contemporáneo". Un disco que, nada más escucharlo, decidí reseñar en 7días7notas, preso de la excitación de haber encontrado lo que consideraba una joya en lo musical, y con el aliciente adicional de contar su complicado camino hasta llegar a la publicación de ese disco y a probar por primera vez las mieles del éxito y el reconocimiento.

Xavier nació en Massachussets, en el seno de una familia musulmana de origen somalí, y siendo el octavo en una familia numerosa de quince hermanos.​ A la edad de 12 años, dos acontecimientos marcaron el fututo del joven Dphrepaulezz. El primero fue el cambio de residencia de la familia, que tuvo que mudarse al completo a Oakland, en California. Lejos de encontrar allí el paraíso soleado, el chico entró en contacto con la parte oscura de los suburbios, comenzando a vender y a consumir crack y otras drogas. El segundo acontecimiento relevante fue escuchar el álbum Dirty Mind de Prince​, tras cuya escucha decidió aprender a hacer música, como vía de escape de la difícil vida a la que parecía estar condenado. De manera autodidacta, y colándose en las clases de música de la Universidad de Berkeley, el joven Xavier empezó un camino que tuvo su siguiente parada, años después, en Los Ángeles, a dónde se mudó de nuevo para llevarle una maqueta a Joe Ruffalo, uno de los ex miembros de la tripleta de managers "Cavallo, Ruffalo y Fargnoli", que llevaron el management de Prince durante su etapa gloriosa de los años ochenta. Con Ruffalo llegó su primer contrato con la discográfica Interscope Records, con la que en 1996 publicó "The X Factor", un primer LP de escasa repercusión, firmado con su nombre de pila "Xavier".



Un grave accidente de tráfico le tuvo en coma durante tres semanas en 1999, período tras el cuál se encontró con que la discográfica le había rescindido el contrato. Era el principio del final, del primer intento de Xavier de abrirse paso en el mundo de la música. De nuevo las drogas ocuparon el lugar de la música, ya que en su regreso a Oakland abandonó su carrera musical y se dedicó a cultivar marihuana como medio de subsistencia​. Sin embargo, y en lo que por el momento es un final feliz a este agridulce cuento, en 2014 regresó a la música con un EP de siete canciones, titulado y firmado por primera vez como Fantastic Negrito, al que seguiría en 2016 un disco que perfeccionaba el sonido y el peculiar estilo que había encontrado en aquellos temas, a camino entre el blues moderno y el canto de los esclavos en los campos de algodón, y con las influencias de Leadbelly, Robert Johnson o el ya mencionado Prince, combinadas con intensos colores soul y R&B de la instrumentación y las melodías. Eso es The Last Days of Oakland, un disco imprescindible para seguir disfrutando del sabor añejo de los discos de los sesenta, sin dejar por ello de mirar hacia el futuro con un sonido "fantástico".


THE LAST DAYS OF OAKLAND

El disco abre con la canción que le da título, The last days of Oakland, en realidad sólo una intro de mensajes contrapuestos, recitados por varias voces sobre una base de blues. Estamos ante un disco que ofrece una amplia variedad de sonidos crudos y minimalistas, especialmente en lo relativo a la percusión. A lo largo de los quince temas, irán apareciendo originales recursos rítmicos, como el uso de pies golpeando el suelo, palmas y efectos sonoros de todo tipo.

El primer tema completo es Working poor, con un marcado toque funky y un colorido órgano hammond, y una melodía vocal digna del mejor Prince. Buen ejemplo de la tónica general del disco, en el que abundan los con abrasivos teclados, y un característico uso de varias capas de voces corales que le dan el toque de "letanía de esclavos" tan característico de algunos temas. Es el caso también de About a Bird, uno de los puntos álgidos del disco, en forma de balada que combina efectivamente ingredientes y toques jazz, soul y blues. Y de ahí pega el salto al brillante y eléctrico Scary Woman, que cierra la primera parte del disco junto con What Do You Do, el primero de dos breves interludios, frases y conversaciones sobre una base musical, que no llegan a la categoría de canción, y que de alguna manera marcan el salto de una parte del disco a otra.


Tras este breve respiro, el disco retoma energía e intensidad con canciones de marcadas raíces y reivindicaciones afroamericanas. Empezando por la impactante The Nigga Song, y continuando con In the Pines, versión del tema de Huddie Ledbetter que ya había popularizado Nirvana con el título "Where did you sleep last night" en su "Unplugged in NY". Negrito cambia la letra de "My girl, don't lie to me" por un "Black girl, don't lie to me" más apropiado al toque blues y de fuertes raíces que tienen sus canciones. El cálido y colorido despliegue vocal e instrumental sigue con Hump Thru the Winter, con una guitarra que nos recuerda por momentos a Lenny Kravitz, dónde encontramos referencias a la complicada vida en Oakland, que imprimió su carácter para siempre. El disco llega a otro de los puntos álgidos con Lost in a Crowd, que fuera tema principal de su anterior EP y la única pieza del mismo que fue rescatada para esta declaración de intenciones de "voy a hacerlo todavía mejor", que se desprende a través de los surcos del disco. Tras este intenso y rotundo tema, llega el segundo interludio de la escucha. En este caso, El Chileno tiene la particularidad de que las voces incluyen frases en castellano. Y es ahí dónde nos deja una de las claves: "La música es medicina"


Y después de esta nueva transición musical, llega la tercera y última parte del disco, que aún nos depara un nuevo giro de tuerca con canciones como The Worst, de nuevo basado en lamentos corales que recuerdan la música de esclavos, y sobre todo a través de cortes más lentos como Rant Rashmore, en la que juega con el falsete de su admirado Prince, o Nothing Without You, masterpiece en forma de baladón de soul clásico. Push Back y The Shadows juegan con un R&B más moderno pero igual de efectivo, y actúan como las piezas complementarias que faltaban para componer el gran arcoiris musical desplegado a lo largo de todo el disco. Nunca es tarde para que los buenos músicos tiren la puerta abajo, y veinte años después de aquel primer disco, la monumental patada en la puerta de Fantastic Negrito nos ha despertado del letargo en el que estábamos sumidos, y aún estamos recogiendo las astillas. Escuchando este disco y el posterior "Please don't be dead" (2018), esta vez tiene pinta de que ha venido para quedarse. Y para recordarnos, por si en los tiempos difíciles a alguno se nos olvida, que "la música es medicina".

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