miércoles, 3 de junio de 2026

1980.- I Surrender - Rainbow

 

I Surrender, Rainbow


     En febrero de 1981 Rainbow publica Dificult to Cure. Para entonces, el grupo de Ritchie Blackmore estaba inmerso en una plena mutación sonora, con un giro de sonido comercial mas que evidente. Ritchie Blackmore había dejado atrás la etapa épica y casi mitológica de Ronnie James Dio, y también el breve pero intenso paso de Graham Bonnet. Ahora buscaba un sonido más accesible, más melódico, más cercano al AOR que dominaba las radios estadounidenses. Y para lograrlo, necesitaba una voz capaz de moverse entre la calidez pop y la tensión rockera. Y para ese menester, el elgido fue Joe Lynn TurnerLa producción corrió a cargo de Roger Glover, que ya había demostrado en Deep Purple su habilidad y gran calidad a la hora de producir. En Difficult to Cure apostó por un sonido muy limpio, sin saturar nada. Los teclados de Don Airey se convirtieron en un elemento central, marcando un giro estilístico evidente. El disco se grabó entre los estudios Sweet Silence de Copenhague y los Kingdom Sound de Nueva York, y según contaría Airey años después, Blackmore estaba sorprendentemente relajado durante las sesiones, más interesado en la melodía que en la pirotecnia guitarrera.

En ese contexto se graba I Surrender, una composición de Russ Ballard que ya había circulado por manos de otros artistas, pero que encontró en Rainbow su versión definitiva. La banda la eligió como single principal del álbum, y el tiempo les dio la razón, pues alcanzó el número 3 en las listas británicas, convirtiéndose en el mayor éxito comercial de su carrera en Reino Unido. Para muchos fans, fue el momento en que Rainbow dejó de ser un proyecto de culto para convertirse en un grupo capaz de competir en las listas con los gigantes del rock melódico. La canción se abre con un riff de teclado con Airey construyendo una introducción brillante, casi radiante, que prepara el terreno para la entrada de Turner. Su voz cálida aportaba otra dimensión que Rainbow no había explorado antes. Blackmore, lejos de su habitual despliegue técnico, optó aquí por la contención, con un solo breve y melódico, casi pop. Y en cuanto a la letra, esta es sencilla y directa, nos habla de rendirse al amor, de dejar caer las defensas, de aceptar que uno está perdido sin la otra persona. Hay una anécdota sobre la resistencia inicial de Blackmore. Según contó Glover, el guitarrista no estaba convencido de grabarla, pues le parecía demasiado pop. Pero Turner la defendió con pasión, Airey la reforzó con su riff, y finalmente Blackmore cedió. Cuando el tema se convirtió en un éxito masivo, el guitarrista comentó con su ironía habitual que “Quizá no estaba tan mal después de todo”.

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